En la muerte de Jerry Lee Lewis

Publicado el noviembre 01, 2022

Con motivo de la muerte de este pionero del rock’n’roll, el 28 de octubre de 2022, recupero la biografía que escribí en 1995 para una colección de figuras de la música popular del siglo XX.

JERRY  LEE  LEWIS

“THE KILLER”

Jerry Lee Lewis ha afirmado en muchas ocasiones que él es el auténtico rey del rock & roll. Nadie más que él se atrevió a otorgarse ese título en vida de Elvis Presley.  “A rey muerto, rey puesto”, dice el refrán, y en este caso parece cumplirse porque nadie duda de que “El Asesino” es el superviviente del grupo de pioneros del rock & roll con más derecho al trono aunque, a diferencia de Elvis, reina pero no gobierna.

Un chico rebelde

Jerry Lee Lewis nació el 29 de septiembre de 1935, en Ferriday, Louisiana, en una pequeña comunidad campesina a orillas del Mississippi, donde fue educado en la iglesia pentecostal. Era hijo de un modesto carpintero, Elmo, que le enseñó los primeros acordes en el piano, a los ocho años. Sin embargo su vocación musical se despertó en el coro de la iglesia, cantando góspel. Pronto se sintió inclinado hacia otros instrumentos, principalmente el piano, pero también el acordeón, la guitarra y el violín demostrando una facilidad para la música innegable. Esta gran vocación musical fue inversamente proporcional a la  religiosa que pretendían imbuirle los pastores del Assembly Good Bible de Waxahatchie, Texas, de donde fue expulsado definitivamente en vista de su rotundo fracaso académico y de su constante rebeldía. Tuvo entonces que buscarse la vida desempeñando diversos oficios como el de vendedor ambulante.

Del country & western al rock & roll

Sus orígenes musicales hay que buscarlos en el country & western. En 1949  obtuvo su primer contrato para tocar el piano en la feria del automóvil celebrada en  Natchez, poco después se presentó en el club “Blue Cat” y se dio a conocer en las emisoras locales. Tocaba el piano y la batería en pequeños garitos y clubes de alterne de Louisiana donde se familiarizó con el “boogie” de los pianistas negros.  La fiebre Elvis decantó su carrera hacia el rock & roll para volver al country a finales de la década prodigiosa, como veremos más adelante.

No cabe duda de que Lewis fue el primer y más espectacular pianista que tuvo el rock & roll. Por ello se le asoció también con el honky tonk, la única música country que admitía el piano. En 1956 presentó una maqueta en la mítica Sun Records, de Memphis, que ya había cobijado los albores de la carrera de Elvis Presley, Johnny Cash y Roy Orbison. El director de la Sun, Sam Phillips, había dejado escapar a Elvis a R.C.A. y buscaba a alguien que pudiera ocupar su puesto. Al principio, el estilo vaquero de Lewis no convenció a Phillips que sólo quería oír hablar de rock & roll. En las primeras maquetas figuraba una versión de un clásico del country, “Peace in the valley”, que llegaría a editarse años más tarde. Jerry vislumbró por donde iban los tiros y, como no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad, volvió a la discográfica al cabo de un mes con lo que su director quería escuchar. Así, sin más dilación, grabó su primer single que incluía “Crazy arms” y “End of the road” consiguiendo una aceptación moderada.

“Gran bola de fuego”

Sólo un año más tarde llegaron sus primeros éxitos, “Whole lotta shakin’ goin’ on” que le convirtió en la estrella del boogie blanco, a raiz de su aparición en el programa televisivo de Steve Allen, y “Great balls of fire”, el tema que más le identifica, incluído en la banda sonora de la película “Jamboree” en la que él mismo participó.

Estos éxitos millonarios le convirtieron, de la noche a la mañana, en una superestrella que gustaba de  exhibirse en lujosos Cadillacs, despertando oleadas de admiración.

En 1958  volvería a situarse en las listas de éxitos, primero con “Breathless” y  después con “High school confidential”, título homónimo de su segunda película.

El hecho de que Lewis procediera de la misma discográfica que Elvis Presley, acentuó una falsa imagen de segundón que no hubiera tenido si ambos artistas fueran de escuderías diferentes o si hubieran aparecido al mismo tiempo, pero en el momento en que apareció “El Asesino” “el Rey” era ya mucho “rey” y su “Heartbreak hotel” coronaba la cima de las listas de éxitos americanas.

El malabarista del piano

Lewis fue el primer y más espectacular pianista que tuvo el rock & roll, se significó por su alocada manera de tocarlo. Desarrolló el estilo ”pumpin“ que consistía en que mientras la mano diestra ejecutaba “glissandos” interminables, la izquierda mantenía el ritmo de “boogie”. Cada interpretación era un despliegue de gestos grandilocuentes y violentos y un recital de posturas inverosímiles.  Cualquier parte del cuerpo servía para producir sonidos en el teclado: brazos, codos, puños, pies…incluso las manos. Parece como si desde el principio viera claro que, al no disponer de la presumible facilidad de movimientos que tenían sus compañeros con la guitarra, tenía que poner todo de su parte para luchar contra el estatismo del piano. Era un showman completo, dispuesto a todo por llamar la atención. Cantaba o vociferaba de pie apoyado sobre el piano que martilleaba incansablemente y que a veces acababa por romper ante la masa enfebrecida convirtiéndose, de este modo, en el primer músico que acababa con su herramienta. En cierta ocasión en que le hicieron actuar de telonero de Chuck Berry, llegó a prenderle fuego a su instrumento creyendo  que con ello reventaría la actuación de su colega. Todas estas brutalidades escénicas le valieron el apodo de “Wild man” (“Hombre salvaje”). Esta conducta un tanto abestiada tenía continuidad fuera del escenario, los hoteles sureños decidieron vetarle la entrada debido a su nefasta costumbre de romper cosas “para liberarse”.

Con él llegó el escándalo

Su matrimonio, en 1958, con una muchacha de trece años llamada Myra Gail Brown, le confirió una imagen de corruptor de menores y su actitud fue tachada de escandalosa. Para más inri, la chica era pariente suya (hija de su primo, que a su vez era el bajista del grupo) y al parecer Lewis no había conseguido aún el divorcio de su segunda esposa, lo que añadía más morbo al asunto.


Jerry Lee Lewis con su prima Myra, que fue su esposa con 13 años.

Sufrió entonces el boicot implacable de una parte del público, principalmente en Inglaterra donde se disponía a emprender una gira que se vio obligado a suspender cuando se hizo pública la noticia. Sin embargo esta anécdota personal hizo que su figura se hiciera muy popular, trascendiendo al ámbito musical en el que le costó volver a levantar cabeza. La verdad es que lo que hizo era una costumbre sureña bastante extendida, pero el público la interpretó fuera de su contexto tachándole sin piedad de inmoral y depravado. El propio Jerry se había casado por primera vez a los quince años y esta era ya su tercera experiencia matrimonial, a los dieciocho años lo había intentado de nuevo. El motivo real de tanto rechazo hay que buscarlo en el rock & roll que en sí mismo era visto, por el público mayoritario y conservador, como una degeneración para la juventud. Los avatares personales de Lewis fueron presentados como la prueba irrefutable de tal afirmación y al pobre le tocó pagar el pato. Así Jerry Lee Lewis fue lanzado a la cuneta justo cuando los pioneros del rock & roll, él incluido, estaban en su apogeo. Pero Lewis no era producto de un boom, era un artista total como demostró enseguida que le dejaron.

Vuelta a las raíces

En 1960 intervino en su tercera película, “Young and deadly”, que no logró sacarle de su ostracismo. Un año más tarde, lanzó uno de los temas más célebres de Ray Charles, “What’d I say”, y empezó a recuperar el éxito perdido.

Su carrera experimentó un cambio notable en 1963, año en el que fichó por el sello Smash (filial de la discográfica Mercury dedicada al country). Su vuelta a las raíces marcó una etapa menos agresiva, con álbumes como “Country songs”, “Return of rock”, “By request” o “Soul my way”. Sin embargo no empezaría a recoger los frutos de esa cosecha hasta finales de la década, apuntándose entonces grandes éxitos con temas como “Another time, another palce”, de 1967 ;  “What’s made Milwaukee famous (Has made a loser out of me)”, de 1968, y “She even woke me up to say goodbye”, en 1969.

En esta época se apuntó un nuevo tanto con su interpretación del personaje de Iago en la versión rock del Otello shakespeariano, que se llamó “Catch my soul” y se estrenó en el Music Center de Los Ángeles.

Decadencia y resistencia

Durante toda esa década y parte de la siguiente se cimentó una fama de hombre conflictivo. El uso y abuso de drogas y alcohol menguaron su salud y  su afición a las armas le metieron en algún buen lío. Todo esto mezclado hacía un cóctel explosivo que le llevó a montar tristes espectáculos, cuando no hilarantes. No le faltaron por ello actuaciones en locales de Las Vegas y en el circuito de música country. Grabó nuevos discos para Mercury con aciertos como “Chantilly Lace” y “Middle age crazy”.

Los  problemas de Lewis fueron también económicos cuando hacienda empezó a reclamarle dinero hasta que finalmente, en 1988, tendría que declararse en bancarrota.

Su vida se serenó algo en 1978 cuando firmó un nuevo contrato con la casa Elektra con la que editó interesantes álbumes, a pesar de que sus relaciones fueron tensas. Paralelamente, coincidiendo con la primera oleada de “revival”, sus viejos éxitos se reeditaron y la historia se encargó de otorgarle el lugar que merecía en el mundo del rock & roll. Pero él, a pesar de la nueva fama que la nostalgia se encargaba de reverdecer, en vez de aprovechar el filón siguió dedicándose a la música country consiguiendo grandes éxitos con “Rockin’ my life away”, “When two worlds collide” y “Who will the next fool be”.

En 1981 se temió seriamente por su vida cuando fue ingresado, por una afección hepática, para ser sometido a una importante operación. La intervención fue un éxito y al poco tiempo estaba nuevamente brincando en los escenarios, si bien tuvo que reducir su actividad, aunque no su ímpetu, y sus grabaciaones se espaciaron considerablemente.

Su personaje volvió a la actualidad en los años ochenta gracias a la película de Orion Pictures, “Great balls of fire”, dirigida por Jim McBride y protagonizada por Denis Quaid. El film, basado en su biografía, recogía el año y medio que Lewis estuvo casado con Myra.

En la actualidad Jerry Lee Lewis sigue apareciendo en el escenario con una asombrosa dignidad, su imagen no pretende ocultar el paso del tiempo ni la huella de los malos momentos vividos, pero aún le queda aliento para emular muy convincentemente al héroe que fue.

Un cúmulo de desgracias

 Su vida personal ha tenido en los últimos años momentos de gran dramatismo. Después de que en 1971 se divorciase de Myra, que se fue con el detective que había indagado en las repetidas infidelidades de Lewis, contrajo matrimonio con la ex-mujer de un policía que moriría ahogada en la piscina de su casa en 1982. Trágico final  tendría también su quinta esposa que murió por sobredosis de droga dos años después.

En la actualidad Jerry Lee Lewis reside en Nesbit, Mississippi, en compañía de su sexta esposa Kerrie McCarver, con la que contrajo matrimonio en 1984 cuando ella contaba veintidós años, y de su tercer hijo —tuvo otros dos que murieron, también de forma trágica— Jerry Lee Lewis III, nacido en 1987. Dedica la mayor parte de su tiempo a la vida hogareña aunque afirma que seguirá tocando rock & roll hasta que muera.

El vasallo que intentó arrebatar la corona al rey

La rivalidad entre Elvis Presley y Jerry Lee Lewis podemos considerarla una auténtica obsesión para el segundo. Así relata el poropio Lewis como conoció a Presley en los estudios de la Sun, en Memphis : “Estaba sentado al piano y no quiso levantarse para dejarme tocar, me dijo que iba a ser el rey del rock & roll y yo le contesté: yo también”

Presley basaba su estilo en la sugerencia, con movimientos de cadera no demasiado sutiles, ciertamente, pero sí insinuantes, en cambio Lewis iba directo al grano, hostigaba a la audiencia a entrar en trance, no les dejaba respirar un momento, todos los ojos debían seguirle a cada instante. Físicamente Lewis tenía menos sexy para las adolescentes, pero su planta de galán y su mechón rubio gustaba por igual a ellos que a ellas. A pesar de que Lewis afirma que por encima de su rivalidad profesional estaba su amistad personal, no tiene reparos en asegurar que él es el vencedor porque Elvis ya no está y por lo tanto es a él a quien le corresponde la corona que no cree heredada sino más bien le fue arrebatada durante un tiempo.

Esta lucha de titanes adquirió un tinte grotesco cuando Lewis fue acusado de apuntar con una pistola a la fachada de la casa de Elvis aunque, según la versión de Lewis, esta leyenda fue el producto de un mal entendido.

Antonio Subirana