XX aniversario de la muerte de Carlos Cano

Publicado el enero 14, 2021

En 2020 se ha conmemorado el XX aniversario de la muerte de Carlos Cano. Con este motivo recupero un perfil biográfico que publiqué poco después de su muerte en una colección de pop español

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CARLOS CANO

Nombre auténtico: José Carlos Cano Fernández

Lugar y fecha de nacimiento: Granada, 28 de enero de 1946 Lugar y fecha de fallecimiento: Granada, 19 de diciembre de 2000

Año de debut: 1968

Álbumes grabados: 19

Mayor éxito: “María, la portuguesa”

Discográficas: Movieplay (Fonomusic), Ariola, CBS, Dalur Discos.

Su admirada Concha Piquer dijo de él en cierta ocasión: “Hay que esplicarle a ese muchacho que no se canta sólo con el corazón, también hay que hacerlo con la cabeza”. Esta frase que escondía una crítica –muy bien encajada, por cierto, por el propio artista— tiene una poética lectura tras la muerte de este artista que puso la misma intensidad en su obra que en su vida.n 2020

descarga (6)Carlos Cano tuvo una infancia y una adolescencia dificil, marcada por la guerra. Su abuelo fue fusilado “por rojo”, según recordaba el propio artista. Fue el mayor de una familia de tres hermanos que se criaron con su abuela y su madre, sin la presencia del padre. Su madre fue la persona que más le influyó en su fomación, era una mujer cultivada, algo poco común en la Granada de aquellos años donde las mujeres apenas tenían acceso a los estudios.  La guitarra se hizo entonces una inseparable compañera, “me calmó el monstruo que llevaba dentro” declararía años después. Aquel primer instrumento era de un vecino que, curiosamente, no le inició tocando ninguna tonadilla popular sino el éxito de Los Shadows, “Apache”. En su juventud, Carlos Cano conoció en sus propias carnes el problema de la emigración, realizando los más diversos oficios en los meses de verano en Suiza y Alemania. Luego trabajó como peón de albañil en Barcelona al tiempo que estudiaba electrónica en la Escuela Industrial. En la Ciudad Condal su conciencia política fue tomando forma. Sus primeros pasos en movimientos culturales tuvieron lugar en “Poesía 70”, un colectivo que proponía remover las conciencias, exponiendo una nueva visión de Andalucía, alejada del tópico. Tenían sus canales de expresión a través de una revista –de corta vida- y de un programa radiofónico que se emitía en Radio Popular de Granada y de Sevilla. La primera vez que Carlos Cano subió a un escenario fue en la Casa de América, en 1968, de aquella actuación el cantante solía recordar lo mal que lo pasó de esta forma tan gráfica: “Sentía que mi guitarra daba saltos, entre mis rodillas”. No volvería a repetir la experiencia de enfrentarse a un auditorio hasta el año siguiente, fue durante un acto celebrado en la Facultad de Medicina de Granada con sus compañeros de “Poesía 70” con motivo de la presentación del Manifiesto “Canción del Sur”. El debut semiprofesional de Carlos Cano tuvo lugar en 1972 dentro de unos actos organizados en París por la UNESCO en homenaje a Federico García Lorca. A raíz de aquello grabó tres programas de radio en France Cultural junto a Catherine Sauvage y Lluís Llach. Con el citado cantautor ampurdanés estableció una cierta amistad motivada por la admiración que sentía por su música, aunque el único cantautor del que Cano admitía tener alguna influencia era Paco Ibáñez.

Su primer trabajo discográfico no aparecería hasta el cabo de cuatro años. Su título era “A duras penas” y en él se daba a conocer un cantautor que ponía su obra al servicio del nacionalismo andaluz y en el que cargabaimages (5) contra la “España de charanga y pandereta” que durante años se había vendido de su pueblo. De ese disco destaca especialmente “Verde, blanca y verde”, una reivindicación de las señas de identidad, representadas en la bandera andaluza. Siguiendo la misma tónica, en 1976 editó “A la luz de los cantares”, un trabajo que hizo que su música empezara a llegar a un público mayoritario, sobre todo gracias al tema “La murga de los currelantes”, una canción irónica y festiva que está estrechamente vinculada al momento de cambio político que experimentaba entonces España. En 1978 se produjo un hito en su carrera con la salida al mercado de “Crónicas granadinas”, un ambicioso proyecto en el que el cantante buceaba en las raíces árabes de Andalucía. El disco tuvo una sorprendente repercusión en algunos países del mundo árabe tras la caída del Sha de Persia; cuentan que el abogado Rojas Marcos y un político del Partido Andalucista  llevaron como ofrenda a Jomeini un ejemplar de aquella obra y quedó tan impresionado que mandó a las emisoras de Teherán que lo difundieran.

Con la llegada de los ochenta Carlos Cano nos mostró su vertiente más intimista con el disco titulado “De la luna y el sol” donde se proponía demostrar que con canciones de amor también es posible luchar por las ideas. Su andalucismo volvió a ser protagonista en su trabajo de 1981 “El gallo de Morón” donde empezó a incorporar a su música elementos de otras culturas como la música del Caribe, presente en “La rumba del pai-pai”. Se anticipaba así al llamado mestizaje al que con el tiempo dedicaría un álbum monográfico, “Mestizo” (1992). Como consecuencia de su decepción ante la situación política andaluza, el cantautor alumbró en 1983 su trabajo “Si estuvieran abiertas todas las puertas” en el que volvía a aparcar la temática andalucista y ponía sobre el tapete problemáticas de otros países como la de las Madres de la Plaza de Mayo argentina a quienes dedicó su “Tango de las madres locas”. Ese mismo año realizó una gira por Marruecos que aumentó su conexión con el mundo árabe.

images (7)La segunda mitad de los ochenta estuvo marcada por la inmensa labor que dedicó el cantautor a recuperar la copla andaluza y a darle el lugar que se merecía, tras el papel folclórico que le había reservado la dictadura. Con álbumes como “Cuaderno de coplas”, “Quédate con la copla”, o “Ritmo de vida” se propuso devolver al pueblo lo que era del pueblo. Grabó sus primeras versiones de canciones –“no es canción se llama copla”, proclamaba- de temas inmortales como “Ay, Maricruz”, “Falsa monea” o “La bien pagá” a las que masculinizó, despojándolas de la bata de cola y vistiéndolas con una instrumentación sobria, siguiendo el camino que Miguel de Molina había empezado a trazar antes de que su carrera en España fuera truncada de mala manera. Sin embargo, sus mayores éxitos los obtuvo con dos composiciones inéditas: “Habaneras de Cádiz” y “María la portuguesa”. En la primera trazaba un paralelismo entre Cádiz y la Habana partiendo de unas chispeantes declaraciones de Lola Flores: “La Habana es Cádiz con más negritos…”. En “María la portuguesa” -dedicada a Amalia Rodrigues- hacía referencia a un trágico suceso que afectó a unos contrabandistas en la frontera de Ayamonte, con el trasfondo de una historia de amor.

Su cruzada por darle a la copla la dignidad que merecía no le impidió hacer trabajos más personales como “A través del olvido” que sin embargo no obtuvieron la misma repercusión.

Como resumen de esta fecunda etapa, en 1990 apareció un doble álbum en directo grabado en el Teatro del Generalife. La experiencia de grabar en vivo la repetiría cuatro años después en un disco titulado “Algo especial”, pero antes apareció “Forma de ser” que fue el primer disco que produjo él mismo con su propio sello y en el que, entre otras, encontramos una canción de homenaje a Rigoberta Menchú y otra curiosa composición dedicada a su colega Jaume Sisa que por entonces ejercía de bolerista accidental.

En mayo de 1995 una gravísima enfermedad del corazón le puso al borde de la muerte pero, tras ser intervenido en Nueva York, logró recuperarse y volvió a la actividad profesional. Laimages (3) dura experiencia fue recogida en el tema “Habaneras de Nueva York”, incluido en el álbum “El color de la vida” que dio título también al libro que escribió el propio artista. Tanto en la obra literaria como en la musical, retrataba sus impresiones del difícil trance por el que había pasado. 1998 fue el año en el que se conmemoró el centenario del nacimiento de Lorca, a cuya poesía el cantautor siempre se había sentido ligado, y contribuyó a la efeméride con un elaborado proyecto, “El diván del Tamarit”, basado en el homónimo libro de poemas del autor de Fuentevaqueros. La obra se abría a diferentes estilos de música e incluso de intérpretes ya que algunos compañeros de profesión como Javier Krahe, Marina Rossell o Luis Pastor accedieron a colaborar en aquella grabación que contó con arreglos del avanzado músico cubano Leo Brouwer. Aquel mismo año tuvo el honor de que la UNESCO le eligiera “Artista por la paz”.

Antes de terminar el siglo, Carlo Cano editó “La Copla, memoria sentimental”, donde daba nuevos bríos a algunas de las piezas del género por las que sentía más apego.  Su última grabación fue un disco titulado “Así cantan los niños de Cuba” que contó con el apadrinamiento de Compay Segundo. Ambos prestaban así su arte a casi una veintena de niños y niñas del coro Solfa de la Schola Cantourum Coralina, verdaderos protagonistas de este trabajo cuyos beneficios fueron destinados a la ONG “Proyecto Mundo”. Carlos Cano se disponía a promocionar esta obra cuando se le produjo una nueva rotura de aorta. La vida no le dio una segunda oportunidad y el 19 de diciembre murió en el hospital Clínico de Granada. Con su muerte se iba el gran revitalizador de la copla, el hombre que mostró a las nuevas generaciones el valor de la música andaluza (no flamenco) –sin su labor previa discos como “Tatuaje” difícilmente hubieran llegado a imaginarse-, el artista que siempre cantó con el corazón.

  ©Antonio Subirana

DISCOGRAFÍA

 

A duras penas“A duras penas” (1976)

(Movieplay)

Disco de marcado tono andalucista que alcanza su punto álgido en el tema “Verde, blanca y verde”, donde reivindica la bandera de su tierra y en el que alude a la convención andalucista de Ronda, de 1918. Otros canciones hablan de la emigración, como “El salustiano” o “Viva la grasia”, donde, de paso, arremete contra el folclorismo. Como anécdota cabe citar la colaboración de Enrique Morente en el tema “Anochece”.

 

 

 

 

Cuaderno de coplas“Cuaderno de coplas” (1985)

(Ariola)

Fue la primera apuesta decidida del artista por reivindicar la copla andaluza aunque todos los temas fueran inéditos. Además de las famosísimas “Habaneras de Cadiz”, compuestas con Antonio Burgos, encontramos homenajes a personajes singulares como el letrista Rafael de Léon, el cantaor-cómico Emilio el Moro, el pintor marginal Ocaña o el hispanista Gerald Brenan.

 

 

 

 

Quédate con la copla“Quédate con la copla” (1987)

(CBS)

Da un paso más en su lucha por darle a la copla el lugar que se merece -“no es canción se llama copla”, sentencia en “Proclamación de la copla”-, atreviéndose incluso a hacer su propia versión de algunos números inmortales del género como “Falsa monea” o “Ay, maricruz”. Abre el álbum “María la portuguesa”, homenaje la cantante de fados Amalia Rodrigues que quedó como el tema más recordado del repertorio del cantautor.

 

 

 

 

descarga (9)“El color de la vida”

(Dalur Discos, 1996)

Disco que significó su retorno a la escena musical tras la enfermedad del corazón que puso en peligro su vida y de la que afirmaba haber salido gracias al calor de la gente. “Habaneras de Nueva York” es el tema donde cuenta con un saludable tono de humor negro los avatares de su enfermedad que se le antojaban “de tebeo”. Destaca también la canción que dedicó a au amiga María Dolores Pradera, con la que compartió una gira en 1997.

 

 

 

 

Otros discos:

“A la luz de los cantares” (Movieplay, 1976), “Crónicas granadinas” (Movieplay, 1978), “De la luna y el sol” (Fonomusic, 1980), “El gallo de Morón” (Fonomusic, 1981), “Si estuvieran abiertas todas las puertas” (Fonomusic, 1983), “A través del olvido” (Ariola, 1986), “Luna de abril” (CBS, 1988), “Ritmo de vida” (CBS, 1989), “En directo” (CBS, 1990), “Mestizo” (CBS/Sony, 1992), “Forma de ser” (Dalur Discos, 1994), “Algo especial” (Dalur Discos, 1995), “Diván del Tamarit” (Dalur Discos, 1998), “La copla, memoria sentimental” (Dalur Discos, 1999), “Así cantan los niños de Cuba” (Dalur Discos, 2000).