Joséphine Baker entra en el Panteón de París

Publicado el diciembre 12, 2021

El pasado 30 de noviembre Joséphine Baker entró en el Panteón de la República Francesa. Con tal motivo recupero una pequeña biografía que escribí en 1995

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JOSEPHINE BAKER

LA VENUS NEGRA

Fue la revolución del music hall en aquel París de los años veinte que bailaba al ritmo del charleston. Cautivó por igual al pueblo llano y a los intelectuales con su piel canela y con su falda de plátanos que dejaban al descubierto unas “piernas que muerden los ojos del espectador”, según escribió en un artículo el célebre poeta Josep Maria de Sagarra. Demostró que la elegancia no estaba reñida con la sensualidad y que el éxito y el fracaso eran dos caras de la misma moneda.

 

Precoz…por necesidad

 Joséphine Baker nació en Saint Louis, Missouri, el 3 de junio de 1906. Su madre, Carrie McDonald, era una mestiza de sangre india y negra, que se ganaba la vida como lavandera. Su padre, Eddie Carson, era un bohemio percusionista que tocaba en los barcos que navegaban por el Mississippi y en cualquier antro de mala reputación.

Cuando Joséphine aún no había cumplido los dos años, su padre abandonó el hogar ante la imposibilidad de sacar adelante a su familia. Las condiciones de vida eran difíciles y la pequeña Joséphine pronto se vio obligada a trabajar de sirvienta en una casa en la que fue sometida a todo tipo de humillaciones. Llegada la adolescencia, consiguió colocarse de camarera en un club de jazz donde empezó a demostrar su talento sobre las tablas. Con trece años contrajo su primer matrimonio con un chico seis años mayor que ella, Willie Wells, con el que apenas convivió unos meses.

Tras esta fracasada experiencia sentimental, decidió enrolarse en la “The Jones Family Band”, una pequeña banda de animación callejera que ofrecía unos espectáculos musicales con bastante humor grueso Siguiendo en esa línea pasó por otros grupos como The Dixie Steppers que le llevaron a actuar de una punta a otra del país, viajando en unas condiciones deplorables y sufriendo en sus propias carnes la constante discriminación racial. En uno de estos viajes conoció al que, en 1921, se convertiría en su segundo marido, William Howard Baker, de cuyo apellido tomó el nombre artístico. Su vida conyugal acabó cuando se le presentó la oportunidad de trabajar en Broadway  como integrante del coro de la comedia musical negra, “Shuffle along”, escrita por Noble Sissle y Eubie Blake. Sin embargo no empezaría a ser tomada en consideración hasta que intervino en el musical “Chocolate dandies”, de los mismos autores de “Shuffle along”. Ahí empezó a desarrollar su personalidad, introduciendo toques humorísticos en los números musicales. Aparecen ya entonces las señas de identidad que harían de ella un personaje mítico, como su característica forma de bizquear.  El color canela de su piel y la sensualidad de su contoneo, al ritmo frenético de una música tribal, hacían el resto.

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La seducción viaja a París

 A mediados de los años veinte se dio en París  una fuerte atracción por el exotismo. Esto se reflejaba en todos los campos artísticos y también tenía repercusión en el mundo del espectáculo que importaba artistas negros de los clubes norteamericanos. Así las cosas, Joséphine viajó a la ciudad del Sena en 1925 con la compañía de los “Blackbirds”. En aquel París de los “años locos”, ella era la firme candidata a convertirse en la reina del baile de moda, el “charleston”. En París pudo por fin moverse a sus anchas, ser negra no era ya un impedimento sino un pasaporte para el éxito cuya primera escala fue el “Théâtre des Champs Elysées donde la contrataron para trabajar en “La revue nègre”, de  André Daven y Ralph de Maré. Ahí la descubrió Paul Colin que era el encargado de pintar los decorados y que no dudó en pedirle que posara para el cartel publicitario que se convertiría en estampa mítica y que en su momento logró atraer al público en masa. El debut de Joséphine en París fue un éxito rotundo, el público ovacionó números como “Yes, sir, that’s my baby” y sobre todo el tribal “The dance of the savages”, en el que aparecía ligerísima de ropa. Los franceses vieron en el erotismo de la Baker grandes dosis de buen gusto, nadie podía sentirse ofendido por sus desnudeces, alejadas de toda vulgaridad. Quizá, como ya apuntó con agudeza un cronista de la época, su elegancia radicaba en la total ausencia de sofisticación.

Por una vez el pueblo llano y la élite de los intelectuales coincidían. Josephine, guiada por Paul Colin,  enseguida se hizo con una legión de selectos admiradores entre los que encontramos a  escritores como Jean Cocteau, André Gide, Georges Simenon y Paul Morand; y a pintores como Picasso, Henry Laurens y Domergue que la inmortalizó desnuda en un retrato que se hizo muy popular. Asimismo, las firmas de alta costura se inspiraron en sus formas y hacían todo lo posible para que la Baker luciera sus colecciones.

 

Una falda de plátanos

bb26b1236c002145a92c3673555803ee--josephine-baker-chaudCuando llegó el momento en que “La revue nègre” debía iniciar su gira europea, Joséphine decidió quedarse en París, ante la beneficiosa oferta que le hizo el Folies-Bergère, que vivíaimages (1) por entonces sus días de gloria con Maurice Chevalier y Mistinguette. En el citado local debutó con “La folie de jour”, un musical con espléndidas canciones de Irving Berlin. A ese espectáculo pertenece la célebre imagen de Joséphine saliendo de un huevo gigante y avanzando a gatas por las ramas de un árbol ataviada con una falda de plátanos. Ese atuendo sería ya indisociable de su personalidad, al igual que el sobrenombre por el que se la conocería a partir de entonces: “La Venus de ébano”. Su imagen era un reclamo comercial y aparecieron perfumes, bronceadores y otros potingues de belleza que utilizaban su nombre como reclamo.

Es en esta época cuando conoció a Giuseppe Abatino, una especie de play-boy siciliano que se las daba de aristócrata y  que se convertiría en su tercer marido. En los casi diez años que duró su matrimonio con Giusseppe, este se encargó de modelar a su esposa, enseñándole a comportarse en sociedad como una verdadera señora.  Con el asesoramiento de su marido abrió un local nocturno en el barrio de Pigalle,  “Chez Joséphine”,  que pronto se convirtió en el punto de encuentro de los intelectuales parisinos.  Ahí empezó a cultivar su faceta de cantante al margen del cabaret, con temas como “Pretty little baby”.

En 1927 rodó su primera película “La sirène des tropiques” y al año siguiente emprendió una gira mundial que le llevó a actuar en más de treinta países, dejando su estela de seducción en ciudades como Budapest, Amsterdam, Viena, Estocolmo, Oslo, Barcelona –donde recibió clases de flamenco— y Madrid. Una vez finalizado su periplo europeo marchó a Sudamérica donde tampoco encontró dificultades para conquistar al público latino.

“J’ai deux amours”

 En 1930 regresó a París donde firmó un contrato que le ligaba al Casino de París por trece meses. Allí fue donde estrenó su nuevo espectáculo, “Paris qui remue”, en el que se incluía la que sería su más célebre interretación : “J’ai deux amours”. El propio empresario del teatro,Henri Varna, escribió la letra en colaboración  con Géo Koger y  Vincent Scotto compuso la paritura. La letra de esa canción dice así “J’ai deux amours, mon pays et Paris” (“Tengo dos amores, mi país y París”). Tan al pie de la letra se tomó esa letra –valga la redundancia- que en 1937 decidió tomar la nacionalidad francesa. “j’ai deux amours” ha sido una pieza a la que han recurrido, como agradecimiento, cantantes que han sido bien acogidas en Francia  como Petula Clark o Liza Minnelli.  Scotto le escribió otros temas como “Haïti” o “La petite tonkinoise” y la Baker empezó a despuntar también como una intérprete de canciones grabando varios discos. Su producción se dividía entre las canciones francesas y las americanas. Entre las primeras cabe citar “J’attends votre retour”, “Dis-moi Josephine”, “Sans amour”, “Pardon si je t’importune”, “Sous le ciel d’Affrique”… y de las segundas “A message from the man in the moon”, “You’re driving me crazy” e “Easy to love”…

Entre el éxito y el fracaso

A los veinticinco años disfrutaba de una desahogada situación económica y enseguida se dio cuenta de que su dinero podría servir para satisfacer algo más que sus ansias de lujo. Hacía tiempo que deseaba tener un hijo pero la naturaleza iba frustrando esta necesidad y todos sus embarazos acababan en abortos. Ante esta carencia decidió dedicar su tiempo y su dinero a ayudar a niños huérfanos y enfermos. La beneficencia sería a partir de entonces una de sus prioridades.

En 1933, el contrato con el Casino de París tocó a su fin y la Baker decidió emprender una nueva gira que le llevó por Europa durante un año y medio durante la cual conoció la hostilidad del fascismo en ciudades como Viena, Budapest y Praga. A su regreso a París protagonizó una opereta de Offenbach, “La Créole”, en la que tuvo como compañero de escenario al actor y escritor Sacha Guitry. Casi al mismo tiempo rodó “Zouzou”, una película musical en la que tuvo como partenaire al actor y cantante Jean Gabin.

En 1936 volvió a Estados Unidos para interpretar “The zigfield follies”, una obra  con un reparto excepcional encabezado por Bob Hope y Fanny Brice. De los números cantados, como “I can’t get started”, se encargaron Ira Gershwin y Vernon Duke,  y las coreografías recayeron en George Balanchine. Sin embargo, a  pesar de los buenos mimbres con los que contaba la obra, la crítica respondió negativamente en el estreno neoyorquino, esperaban una Baker menos descafeinada. Este  fracaso coincidió con la muerte de su esposo. Ya de vuelta a París, donde se le esperaba para protagonizar un nuevo espectáculo en el “Folies”, un apuesto joven llamado Jean Lion vino a sumarse a su lista de matrimonios y también…de divorcios.

 

Heroína de la Resistencia

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, Joséphine, que con anterioridad se había afiliado a la Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo, colaboró en causas humanitarias dentro y fuera del escenario.

Se convirtió entonces en una heroína de la Resistencia, colaborando con el servicio de inteligencia francés, a través de una red de información secreta que tuvo sus bases en varias ciudades del norte de África. Sabía cómo introducirse en los círculos diplomáticos y montaba increíbles estrategias para pasar información secreta, utilizando incluso partituras en las que escribía con tinta invisible.  Durante sus andanzas bélicas en el Norte de África, estuvo a punto de perder la vida a causa de un aborto. Fue un primer aviso, en 1944 volvió a rozar la muerte cuando la avioneta en que viajaba cayó al mar en las costas de Córcega. Sin perder la sangre fría esperó pacientemente, encima de una de las alas del aparato, a que la vinieran a rescatar. En 1944, cuando París fue liberado, la Baker regresó a la ciudad que le había encumbrado y fue recibida con toda clase de honores. El general de Gaulle premió sus esfuerzos otorgándole la Cruz de Guerra y  la Legión de honor.

Su “Villa del Mundo”

 descarga (1)Estos reconocimientos le empujaron a redoblar sus esfuerzos en favor de los más necesitados. En sus viajes a Estados Unidos pudo comprobar por ella misma la opresión a que estaba sometida la raza negra y se hizo una abanderada de la lucha contra la discriminación racial. A lo largo de su vida luchó por los derechos civiles de los negros y fue una de los rostros famosos que encabezó la Marcha sobre Washington de 1963

Una de las fórmulas de beneficencia que llevó a la práctica fue la adopción de niños de diversas nacionalidades. Cubría así su necesidad de ser madre y constituía a la vez un ejemplo de convivencia entre las diversas etnias. Como no quería que los niños crecieran sin un padre, decidió casarse -por cuarta y última vez- con el director de orquesta Jo Bouillon, con quien compartiría también el escenario.

Con la idea de dar un hogar espléndido a su  familia, compró una mansión del sigo XV, ubicada en la Dordogne y conocida como “Les Milandes”, con la  pretensión de convertirla en una productiva granja para el autoconsumo de su numerosa prole -hasta doce niños de distintas nacionalidades llegó a adoptar entre 1954 y 1965-. En 1956 decidió dedicarse por entero a su proyecto humanitario y, para despedirse de su público, ofreció unos recitales en el Olympia de París.  Joséphine estaba cada día más volcada en sus pequeños y esto fue restando  privacidad al matrimonio, que acabó por romperse.

 Trabajar por necesidad

Las dificultades económicas para sacar a flote a su “Villa del mundo”  eran cada vez más insuperables y en 1959  no le quedó más remedio que volver a la escena.  Su reaparición tuvo lugar en el Olympia, el mismo teatro que casi tres años antes le había visto despedirse. A partir de ese momento seguiría aferrada a las tablas, por pura necesidad.

A pesar del generoso donativo del rey Hassan II,  en 1969 las deudas de “Les Milandes” eran de tal cuantía que fue obligada, de malos modos, a desalojar su vivienda y recluirse en un pequeño apartamento de París. Fue entonces cuando la princesa Grace de Mónaco se compadeció de ella y, a través de la Cruz Roja que presidía,  le cedió una casa en Montecarlo para dar albergue a sus niños.

En 1974 fue la estrella invitada a la gala en beneficio de la cruz roja de Mónaco que presidía la princesa Grace. Tras someterse a una estricta dieta de adelgazamiento, emprendió su última gira que le llevó a actuar a algunos países europeos y sudafricanos y que culminó en marzo del año siguiente en el Bobino de París con un espectáculo llamado “Joséphine” en el que estuvo actuando hasta dos día antes de su muerte.  El fallecimiento se produjo el 12 de abril de 1975 a causa de una hemorragia cerebral. París respondió con fervor popular acudiendo en masa a sus exequias y el gobierno le dedicó los más altos honores funerarios. La princesa Grace se ocupó de que a su amiga no le faltara una última morada digna en el cementerio de Mónaco.

©Antonio Subirana

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