En el centenario de Georges Brassens

Publicado el octubre 10, 2021

Hoy, 29 de octubre de 2021, se cumplen cuarenta años de la muerte de Brassens y el pasado 22 se cumplieron los cien años de su nacimiento. Con tales motivos me sumo a los actos de homenaje al gran maestro de cantautores con una breve biografía que escribí para una enciclopedia editada en Portugal en 1995 y una interpretación a voz y guitarra de una de sus canciones que, ocasionalmente, incluyo en el repertorio de mis actuaciones

Toni Subirana canta Georges Brassens: “La première fille”

descarga (2)GEORGES  BRASSENS

 Es el más grande de los grandes en su dominio del idioma, los malabarismos  a los que somete la lengua de Molière –aunque en su caso sería más ajustado decir deimages (1) Rabelais— no son un fin en sí mismos pero convierten en piezas de indudable valor literario todas sus canciones; trufadas de argot. y a veces de palabras malsonantes,  escandalizaron en su momento a ese sector del público que, como bien decía en La mauvaise réputation (La mala reputación), no le gustaba que se siguiera otro camino que no fuera el suyo (el de ellos). Las melodías que acompañan sus versos han sido a menudo tachadas de rudimentarias pero es una idea totalmente superficial. Tras una aparente simplicidad se esconden melodías muy elaboradas que tendrían sentido por sí mismas y aunque el entramado literario sea sobresaliente la música que lo acompaña no lo desmerece en absoluto. Lo que ocurre es que sus canciones cuentan con muy poca instrumentación, su guitarra y un contrabajo (ocasionalmente una segunda guitarra en las grabaciones). Esta ausencia  orquestal no supone la carencia de arreglo instrumental, la guitarra de Brassens es precisa y se complementa a la perfección con el contrabajo. Su voz no es la de un cantante al estilo de un crooner pero es la mejor voz de sus canciones.

Geroges Brassens nació en Sète, el 22 de octubre de 1921. El talante diametralmente opuesto de sus progenitores será decisivo en su obra, muy crítica pero a la vez tolerante ya que podía contrastar en su propia familiadescarga (1) formas de ser y de pensar muy distintas. Su madre era italiana con todos los tópicos que eso supone, carácter extrovertido y gran devoción religiosa. En cambio su padre, albañil de profesión y de ascendencia nórdica, era más reservado y se mostraba más liberal en sus convicciones. La infancia de Georges transcurrió con normalidad, jugando por las calles de ese pueblo mediterráneo. A destacar que tuvo un buen profesor de literatura que le inculcó el interés por la poesía medieval, punto de partida en su manera de componer. Quizá ahí radica el secreto de que sus canciones posean una intemporalidad a prueba de bomba. Su primera influencia artística, reconocida por él mismo, es la de Charles Trenet como así lo atestiguan las primeras canciones que compuso a los diecisiete años. A esa edad abandonó los estudios y marchó a París poniendo tierra de por medio a un turbio suceso que había protagonizado en su pueblo (un robo organizado con una banda callejera). En París publicó por su cuenta un libro de  poemas que le reconciliaría con su pueblo natal.  En 1943 fue  reclutado por el Servicio de Trabajo Obligatorio Alemán y marchó a trabajar a una fábrica de coches en Basdorf en condiciones muy precarias. Aprovechando un permiso decidió no regresar y fue asilado en París en casa de una amiga, Jeanne Bonniec, a la que dedicó canciones como Jeanne y La cane de Jeanne, desplazando a su marido, el pintor Marcel Planche, al cual dedicó su canción más representativa, Chanson pour l’auvergnat, una visión de la amistad con tintes casi evangélicos. Juntos pusieron en marcha una publicación anarquista que prácticamente murió antes de nacer y trabajó como colaborador en otras de la misma cuerda que finalmente abandonó por discrepancias en el rigor literario que para él debían tener…puntilloso que era. También intentó provocar a la opinión pública, sin conseguirlo, con un libro escatológico utilizando el nombre de la prestigiosa editorial Gallimard. En medio de estas andanzas fue pergeñando algunas canciones que marcarían el estilo a seguir en el futuro (Le gorille) y tuvo una sórdida relación con una menor, Jossette, sobre la que ejerció una poderosa influencia, para bien –aprendió a escribir con mucho estilo y para mal pues tan al pie de la letra tomó las lecciones del maestro que acabó en un estado miserable.

 imagesDe 1948 a 1952 intentó en vano que sus canciones fueran aceptadas por algún intérprete, esta frustración laboral se vió algo mitigada por la estabilidad personal que le proporcionó una nueva compañía femenina, Joha Heyman, ella la dio la confianza en sí mismo para lanzarse a interpretar sus propios temas. Debutó en 1951 en una sala llamada Le lapin a Gilles, pero su fracaso fue tan estrepitoso que hasta el año siguiente no se le volvería a presentar otra oportunidad. Fue la cantante Patachou quien le dio cobijo en su cabaret de Montmartre donde hacía las veces de cantante y animadora. Ahí se presentó Brassens, nerviosísimo, el 7 de marzo de 1952. Al día siguiente los periódicos se hacían eco de la actuación de aquel cantante bigotudo y de  pelo largo –para la época— que apuntaba con ácida ironía a las miserias humanas, con unos textos interminables sostenidos por el sucinto acompañamiento de una guitarra e interpretados de una forma monótona que curiosamente no daba lugar a la dispersión del oyente.  Coronaba sus melopeas, sin saludar ni sonreír, agradeciendo al respetable sus aplausos con leves movimientos de cabeza pero sin inclinarse jamás. Y es que Brassens tenía la rara habilidad de cantar-recitar magistralmente sin un alarde vocal. Su matización era tan sutil que no se hacía notar pero conseguía lo más importante: mantener al público  sin perder el hilo de la historia que explicaba. Patachou tendría a partir de ese momento las canciones de Brassens en su repertorio Les amoureux des bancs publics, La chasse aux papillons… está, junto con Le gorille, serían las escogidas por el autor para su primer disco, auspiciado por el descubridor de talentos Jacques Canetti. De ahí pasaría los tres años siguientes a los escenarios más importantes de París (Villa d’Este, Bobino, Olympia, etc). Como les sucedía a todos los cantantes en ese momento, recibió propuestas cinematográficas pero las rechazó por no considerarlas coherentes con su postura de “anti-star”. Excepcionalmente aceptó una breve aparición en la película “Porte des lilas” de René Clair. En 1954 obtuvo el Grand prix du disque de l’Academie Charles Cross pero el premio más importante, por lo que suponía de reconsideración por parte de las instituciones hacia la canción popular, fue el Gran Premio de poesía que le otorgó la Academia francesa en 1967. Le propusieron entrar en la Academia pero el no quiso contradecir su espíritu  anticonformista y declinó la oferta.

A partir de 1963 empezó a sufrir cólicos nefríticos que se le presentaban inoportunamente cuando tenía que cumplir sus compromisos artísticos. En 1976 grabó su último disco. Quedaron muchas grabaciones inéditas, algunas realizadas en su propia casa junto a su fiel contrabajista Pierre Nicolas, que salieron al mercado en ediciones especiales después de que un cáncer pusiera fin a su vida, el 29 de octubre de 1981.

©Antonio Subirana

Toni Subirana canta a Georges Brassens: “La première fille”

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