XX aniversario de la muerte de Carlos Cano

Publicado el enero 14, 2021

En 2020 se ha conmemorado el XX aniversario de la muerte de Carlos Cano. Con este motivo recupero un perfil biográfico que publiqué poco después de su muerte en una colección de pop español

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CARLOS CANO

Nombre auténtico: José Carlos Cano Fernández

Lugar y fecha de nacimiento: Granada, 28 de enero de 1946 Lugar y fecha de fallecimiento: Granada, 19 de diciembre de 2000

Año de debut: 1968

Álbumes grabados: 19

Mayor éxito: “María, la portuguesa”

Discográficas: Movieplay (Fonomusic), Ariola, CBS, Dalur Discos.

Su admirada Concha Piquer dijo de él en cierta ocasión: “Hay que esplicarle a ese muchacho que no se canta sólo con el corazón, también hay que hacerlo con la cabeza”. Esta frase que escondía una crítica –muy bien encajada, por cierto, por el propio artista— tiene una poética lectura tras la muerte de este artista que puso la misma intensidad en su obra que en su vida.n 2020

descarga (6)Carlos Cano tuvo una infancia y una adolescencia dificil, marcada por la guerra. Su abuelo fue fusilado “por rojo”, según recordaba el propio artista. Fue el mayor de una familia de tres hermanos que se criaron con su abuela y su madre, sin la presencia del padre. Su madre fue la persona que más le influyó en su fomación, era una mujer cultivada, algo poco común en la Granada de aquellos años donde las mujeres apenas tenían acceso a los estudios.  La guitarra se hizo entonces una inseparable compañera, “me calmó el monstruo que llevaba dentro” declararía años después. Aquel primer instrumento era de un vecino que, curiosamente, no le inició tocando ninguna tonadilla popular sino el éxito de Los Shadows, “Apache”. En su juventud, Carlos Cano conoció en sus propias carnes el problema de la emigración, realizando los más diversos oficios en los meses de verano en Suiza y Alemania. Luego trabajó como peón de albañil en Barcelona al tiempo que estudiaba electrónica en la Escuela Industrial. En la Ciudad Condal su conciencia política fue tomando forma. Sus primeros pasos en movimientos culturales tuvieron lugar en “Poesía 70”, un colectivo que proponía remover las conciencias, exponiendo una nueva visión de Andalucía, alejada del tópico. Tenían sus canales de expresión a través de una revista –de corta vida- y de un programa radiofónico que se emitía en Radio Popular de Granada y de Sevilla. La primera vez que Carlos Cano subió a un escenario fue en la Casa de América, en 1968, de aquella actuación el cantante solía recordar lo mal que lo pasó de esta forma tan gráfica: “Sentía que mi guitarra daba saltos, entre mis rodillas”. No volvería a repetir la experiencia de enfrentarse a un auditorio hasta el año siguiente, fue durante un acto celebrado en la Facultad de Medicina de Granada con sus compañeros de “Poesía 70” con motivo de la presentación del Manifiesto “Canción del Sur”. El debut semiprofesional de Carlos Cano tuvo lugar en 1972 dentro de unos actos organizados en París por la UNESCO en homenaje a Federico García Lorca. A raíz de aquello grabó tres programas de radio en France Cultural junto a Catherine Sauvage y Lluís Llach. Con el citado cantautor ampurdanés estableció una cierta amistad motivada por la admiración que sentía por su música, aunque el único cantautor del que Cano admitía tener alguna influencia era Paco Ibáñez.

Su primer trabajo discográfico no aparecería hasta el cabo de cuatro años. Su título era “A duras penas” y en él se daba a conocer un cantautor que ponía su obra al servicio del nacionalismo andaluz y en el que cargabaimages (5) contra la “España de charanga y pandereta” que durante años se había vendido de su pueblo. De ese disco destaca especialmente “Verde, blanca y verde”, una reivindicación de las señas de identidad, representadas en la bandera andaluza. Siguiendo la misma tónica, en 1976 editó “A la luz de los cantares”, un trabajo que hizo que su música empezara a llegar a un público mayoritario, sobre todo gracias al tema “La murga de los currelantes”, una canción irónica y festiva que está estrechamente vinculada al momento de cambio político que experimentaba entonces España. En 1978 se produjo un hito en su carrera con la salida al mercado de “Crónicas granadinas”, un ambicioso proyecto en el que el cantante buceaba en las raíces árabes de Andalucía. El disco tuvo una sorprendente repercusión en algunos países del mundo árabe tras la caída del Sha de Persia; cuentan que el abogado Rojas Marcos y un político del Partido Andalucista  llevaron como ofrenda a Jomeini un ejemplar de aquella obra y quedó tan impresionado que mandó a las emisoras de Teherán que lo difundieran.

Con la llegada de los ochenta Carlos Cano nos mostró su vertiente más intimista con el disco titulado “De la luna y el sol” donde se proponía demostrar que con canciones de amor también es posible luchar por las ideas. Su andalucismo volvió a ser protagonista en su trabajo de 1981 “El gallo de Morón” donde empezó a incorporar a su música elementos de otras culturas como la música del Caribe, presente en “La rumba del pai-pai”. Se anticipaba así al llamado mestizaje al que con el tiempo dedicaría un álbum monográfico, “Mestizo” (1992). Como consecuencia de su decepción ante la situación política andaluza, el cantautor alumbró en 1983 su trabajo “Si estuvieran abiertas todas las puertas” en el que volvía a aparcar la temática andalucista y ponía sobre el tapete problemáticas de otros países como la de las Madres de la Plaza de Mayo argentina a quienes dedicó su “Tango de las madres locas”. Ese mismo año realizó una gira por Marruecos que aumentó su conexión con el mundo árabe.

images (7)La segunda mitad de los ochenta estuvo marcada por la inmensa labor que dedicó el cantautor a recuperar la copla andaluza y a darle el lugar que se merecía, tras el papel folclórico que le había reservado la dictadura. Con álbumes como “Cuaderno de coplas”, “Quédate con la copla”, o “Ritmo de vida” se propuso devolver al pueblo lo que era del pueblo. Grabó sus primeras versiones de canciones –“no es canción se llama copla”, proclamaba- de temas inmortales como “Ay, Maricruz”, “Falsa monea” o “La bien pagá” a las que masculinizó, despojándolas de la bata de cola y vistiéndolas con una instrumentación sobria, siguiendo el camino que Miguel de Molina había empezado a trazar antes de que su carrera en España fuera truncada de mala manera. Sin embargo, sus mayores éxitos los obtuvo con dos composiciones inéditas: “Habaneras de Cádiz” y “María la portuguesa”. En la primera trazaba un paralelismo entre Cádiz y la Habana partiendo de unas chispeantes declaraciones de Lola Flores: “La Habana es Cádiz con más negritos…”. En “María la portuguesa” -dedicada a Amalia Rodrigues- hacía referencia a un trágico suceso que afectó a unos contrabandistas en la frontera de Ayamonte, con el trasfondo de una historia de amor.

Su cruzada por darle a la copla la dignidad que merecía no le impidió hacer trabajos más personales como “A través del olvido” que sin embargo no obtuvieron la misma repercusión.

Como resumen de esta fecunda etapa, en 1990 apareció un doble álbum en directo grabado en el Teatro del Generalife. La experiencia de grabar en vivo la repetiría cuatro años después en un disco titulado “Algo especial”, pero antes apareció “Forma de ser” que fue el primer disco que produjo él mismo con su propio sello y en el que, entre otras, encontramos una canción de homenaje a Rigoberta Menchú y otra curiosa composición dedicada a su colega Jaume Sisa que por entonces ejercía de bolerista accidental.

En mayo de 1995 una gravísima enfermedad del corazón le puso al borde de la muerte pero, tras ser intervenido en Nueva York, logró recuperarse y volvió a la actividad profesional. Laimages (3) dura experiencia fue recogida en el tema “Habaneras de Nueva York”, incluido en el álbum “El color de la vida” que dio título también al libro que escribió el propio artista. Tanto en la obra literaria como en la musical, retrataba sus impresiones del difícil trance por el que había pasado. 1998 fue el año en el que se conmemoró el centenario del nacimiento de Lorca, a cuya poesía el cantautor siempre se había sentido ligado, y contribuyó a la efeméride con un elaborado proyecto, “El diván del Tamarit”, basado en el homónimo libro de poemas del autor de Fuentevaqueros. La obra se abría a diferentes estilos de música e incluso de intérpretes ya que algunos compañeros de profesión como Javier Krahe, Marina Rossell o Luis Pastor accedieron a colaborar en aquella grabación que contó con arreglos del avanzado músico cubano Leo Brouwer. Aquel mismo año tuvo el honor de que la UNESCO le eligiera “Artista por la paz”.

Antes de terminar el siglo, Carlo Cano editó “La Copla, memoria sentimental”, donde daba nuevos bríos a algunas de las piezas del género por las que sentía más apego.  Su última grabación fue un disco titulado “Así cantan los niños de Cuba” que contó con el apadrinamiento de Compay Segundo. Ambos prestaban así su arte a casi una veintena de niños y niñas del coro Solfa de la Schola Cantourum Coralina, verdaderos protagonistas de este trabajo cuyos beneficios fueron destinados a la ONG “Proyecto Mundo”. Carlos Cano se disponía a promocionar esta obra cuando se le produjo una nueva rotura de aorta. La vida no le dio una segunda oportunidad y el 19 de diciembre murió en el hospital Clínico de Granada. Con su muerte se iba el gran revitalizador de la copla, el hombre que mostró a las nuevas generaciones el valor de la música andaluza (no flamenco) –sin su labor previa discos como “Tatuaje” difícilmente hubieran llegado a imaginarse-, el artista que siempre cantó con el corazón.

  ©Antonio Subirana

DISCOGRAFÍA

 

A duras penas“A duras penas” (1976)

(Movieplay)

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Disco de marcado tono andalucista que alcanza su punto álgido en el tema “Verde, blanca y verde”, donde reivindica la bandera de su tierra y en el que alude a la convención andalucista de Ronda, de 1918. Otros canciones hablan de la emigración, como “El salustiano” o “Viva la grasia”, donde, de paso, arremete contra el folclorismo. Como anécdota cabe citar la colaboración de Enrique Morente en el tema “Anochece”.

 

 

 

 

Cuaderno de coplas“Cuaderno de coplas” (1985)

(Ariola)

Fue la primera apuesta decidida del artista por reivindicar la copla andaluza aunque todos los temas fueran inéditos. Además de las famosísimas “Habaneras de Cadiz”, compuestas con Antonio Burgos, encontramos homenajes a personajes singulares como el letrista Rafael de Léon, el cantaor-cómico Emilio el Moro, el pintor marginal Ocaña o el hispanista Gerald Brenan.

 

 

 

 

Quédate con la copla“Quédate con la copla” (1987)

(CBS)

Da un paso más en su lucha por darle a la copla el lugar que se merece -“no es canción se llama copla”, sentencia en “Proclamación de la copla”-, atreviéndose incluso a hacer su propia versión de algunos números inmortales del género como “Falsa monea” o “Ay, maricruz”. Abre el álbum “María la portuguesa”, homenaje la cantante de fados Amalia Rodrigues que quedó como el tema más recordado del repertorio del cantautor.

 

 

 

 

descarga (9)“El color de la vida”

(Dalur Discos, 1996)

Disco que significó su retorno a la escena musical tras la enfermedad del corazón que puso en peligro su vida y de la que afirmaba haber salido gracias al calor de la gente. “Habaneras de Nueva York” es el tema donde cuenta con un saludable tono de humor negro los avatares de su enfermedad que se le antojaban “de tebeo”. Destaca también la canción que dedicó a au amiga María Dolores Pradera, con la que compartió una gira en 1997.

 

 

 

 

Otros discos:

“A la luz de los cantares” (Movieplay, 1976), “Crónicas granadinas” (Movieplay, 1978), “De la luna y el sol” (Fonomusic, 1980), “El gallo de Morón” (Fonomusic, 1981), “Si estuvieran abiertas todas las puertas” (Fonomusic, 1983), “A través del olvido” (Ariola, 1986), “Luna de abril” (CBS, 1988), “Ritmo de vida” (CBS, 1989), “En directo” (CBS, 1990), “Mestizo” (CBS/Sony, 1992), “Forma de ser” (Dalur Discos, 1994), “Algo especial” (Dalur Discos, 1995), “Diván del Tamarit” (Dalur Discos, 1998), “La copla, memoria sentimental” (Dalur Discos, 1999), “Así cantan los niños de Cuba” (Dalur Discos, 2000).

 

Los ochenta años de Joan Baez

Publicado el enero 13, 2021

Joan Baez llega a unos esplendorosos 80 años y me sumo a las felicitaciones con un texto biográfico que publiqué en 1995 para una colección de grandes voces de la música popular

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JOAN BAEZ

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Por una parte estaba su voz, una voz nítida con tesitura de soprano que llamaba poderosamente la atención.

Por otra estaba lo que representaba, la lucha por la paz y por la igualdad social y la defensa de los pueblos oprimidos

Joan Baez nació el 9 de enero de 1941 en Staten Island, Nueva York. Su padre era un físico de ascendencia mejicana y su madre, maestra de profesión, provenía de una familia irlandesa. Este mestizaje quedó reflejado en las exóticas facciones de su rostro que en más de una ocasión, durante su infancia, fueron objeto de burla, debido a los prejuicios raciales contra los que ella tanto lucharía.

En su familia siempre existieron inquietudes culturales –su padre tenía un puesto en la UNESCO— unidas a profundas convicciones  religiosas –su abuelo materno era pastor de la iglesia presbiteriana y el paterno seguía el rito metodista mejicano—condicionamientos ambientales que ejercieron una poderosa influencia en el carácter de la niña y que con los años se traduciría en una preocupación por los problemas sociales y humanitarios. Tras finalizar sus estudios primarios, se matriculó en música y biología en la universidad de Palo Alto, California, donde empezó a tomar contacto con los movimientos juveniles intelectuales y a concienciarse del largo camino a recorrer en favor de la igualdad de razas.

Siendo aún una adolescente, su familia decidió mudarse a Boston donde empezó a estudiar arte dramático y a interesarse por el incipiente movimiento del nuevo folk. Su modelo en ese momento era la cantante Odetta de quien grabaría varios temas en el futuro. Con canciones de aquella artista y otros temas tradicionales de folk empezó a tocar en pequeños locales y llegó a presentarse en el Harvard Square Folk.

Fue en Chicago donde el nombre de Joan Baez empezó a correr de boca en boca entre el movimiento estudiantil. Sin habérselo planteado se encontró, a los dieciocho años, interpretando una canción popular, “Eastdescarga (2) Virginia”, ante quince mil personas en el primer festival de Newport que supuso el definitivo despegue de su carrera. Allí dejó bien perfiladas las líneas maestras de su estilo, que se mantendrían en el futuro sin apenas modificaciones. Al verla en Newport, un ejecutivo de la poderosa Columbia le ofreció un contrato, pero ella pensó que eso era como traicionar su pureza y prefirió firmar con un pequeño sello de prestigio, esto no le perjudicó en absoluto ya que las multinacionales se encargaron de distribuir sus trabajos en todo el mundo.

En 1960 grabó su primer disco integrado principalmente por canciones tradicionales inglesas y americanas. Son ilustrativas las palabras que en la contraportada del disco servían para presentar a la artista debutante: “Joan Baez pertenece a la “nueva ola” de los jóvenes cantantes folklóricos que se sienten en desacuerdo con la moda de los arreglos y las orquestaciones excesivamente complejas en la música folk”. Realmente ese álbum, con el acompañamiento de su guitarra y con el único refuerzo de Fred Hellermann a cargo de una segunda guitarra, respondía a ese concepto. En ese L.P. encontramos temas como “Silver dagger”, “East Virginia”, “House of the rising sun” y dos temas que siempre figurarían en su repertorio: “Donna, donna” y “El preso número nueve”. En 1962 el huracán Joan Baez se había desencadenado, la revista “Time” le dedicaba su portada y conseguía la hazaña de llegar a situar simultáneamente tres discos en las listas de éxito americanas.

En 1963 volvió a  aparecer en Newport cantando “With good on their side” y “We shall overcome”. Sobre el escenario estaban también Peter Paul & Mary, Freedom singers y un debutante llamado Bob Dylan junto al que participaría en el verano de ese mismo año en la Marcha sobre Washington que, con Martin Luther King al frente, se manifestó por los derechos civiles. A partir de ese momento su lucha por los derechos humanos fue incesante. Con su guitarra, su voz y su negra melena al viento, fue la imagen más emblemática de una juventud idealista que disfrutaba encontrándose en amplios recintos para darse la mano y corear canciones a favor de la paz y contra la discriminación social y racial. En 1964 se negó a pagar los impuestos para sustentar la guerra del Vietnam y fue procesada judicialmente. Poco después fue detenida, acusada de participar en las manifestaciones de la Universidad de Berkeley. Un año después fundó el Instituto para el Estudio de la no violencia, en Carmel, California. En 1967 pasó unos meses entre rejas, junto a su madre y su hermana Mimí, por oposición a la autoridad en el transcurso de una manifestación.

images (1)Con todas esas vivencias no es de extrañar que en 1968 ya tuviera cosas que contar en su autobiografía, “Daybreak”. Dos años más tarde su vida sería también llevada al cine con el título “Carry it”. Por esas fechas se casó con David Harris, un popular activista político y de aquella unión nació su hijo Gabriel Earl, en diciembre de 1969. David Harris fue encarcelado durante tres años por negarse a ir a la guerra del Vietnam, Joan apoyó su causa e incluso se fotografió con él en la portada de un disco. Sin embargo, tras su liberación, Harris no quiso volver con Joan y se separaron amistosamente en 1971. Ese año Joan publicó el L.P. “blessed are” que incluía su versión del tema de Robbie Roberston –líder del grupo The Band— “The night drove old Dixie down” que se situó en los primeros puestos de las listas. Esa canción se apartaba de las melancólicas baladas y hacía que la música de Joan Baez entrara de lleno en los canales más comerciales sin por ello bajar el listón de la calidad.

Durante los años setenta Joan Baez dio su apoyo a Amnistía Internacional y actuó a favor de causas humanitarias en cualquier rincón del planeta, no en vano se ha definido siempre como una “ciudadana del mundo”. En 1979 fundó Humanitas Internacional, una organización en favor de los derechos humanos que promovía la amnistía para los presos políticos del Vietnam y mostraba su repulsa hacia el gobierno de Reagan por su política en América Central.

En el aspecto artístico su carrera se vio afectada por su paso de la discográfica Vanguard a A & M Records. Al fichar por esta nueva compañía, su música viró hacia planteamientos más comerciales en cuanto aldescarga (5) tratamiento de las canciones se refiere. Si en directo seguía habitualmente acompañándose ella misma a la guitarra, en los discos vestía las canciones con arreglos orquestales más elaborados. Uno de los álbumes más populares de esta nueva etapa fue el que grabó en español en 1974, “Gracias a la vida”, donde además del tema de Violeta Parra que daba título al disco encontramos también el combativo “No nos moverán”; “Llegó con tres heridas”, un poema de Miguel Hernández musicado por Joan Manuel Serrat quien incomprensiblemente no figura en los créditos del disco; “Te recuerdo Amanda”, de Víctor Jara… También recuperó para este disco una de los temas más asociados a su nombre, “El preso número nueve”. Con este álbum, Joan Baez saldaba una deuda con la rama paterna y el público latino se lo agradeció convirtiéndolo en un disco millonario.

Recordemos algunos de los autores y de los temas más famosos a los que Joan Baez puso su inconfundible sello: “Farewell Angelina”, “The night drove old Dixie down”, de Robbie Roberston,  “There buth for fortune fortune”, de Phil Ochs; “Help me make it through the  night”, de Kris Kristofferson; “Colours”, de Donovan; “Dangling conversation”,de Paul Simon; “Donna donna”, tomada del folklore judío; “La marcha de Sacco y Vanzetti”, cuya música, firmada por Ennio Morricone, se utilizó en la película del mismo título; “Eleanor Rigby” y  “Let it be”, de Lennon y McCartney; etc. Mención aparte merece, por su cantidad y calidad, el repertorio de Dylan (“Love is just a four-letter word”, “Blowin’ in the wind”, “I pitty the poor immigrant”, “A hard rain’s a-gonna fall”, “It ain’t me, babe”.

descarga (3)Pero Joan Baez no es sólo una voz en un pedestal, ha permanecido en activo hasta la actualidad, editando discos y realizando conciertos en Europa y América, si bien la mayor parte de su tiempo lo ha dedicado a sus preocupaciones sociales y políticas. En 1989 grabó el  álbum “Speaking of dreams” en el que cantaba a dúo con Paul Simon, Jackson Brown y hasta se permitió una versión rumbera de “My way”, junto a los Gypsy Kings. En 1992 editó su último álbum hasta la fecha, “Play me backwards”.

©Antonio Subirana

En la muerte d Armando Manzanero

Publicado el diciembre 28, 2020

images (2)Hoy, lunes 28 de diciembre de 2020, se nos ha ido, víctima de la Covid, el gran Armando Manzanero. Siempre admiré sus inspiradas melodías y su manera de decir esas letras, aparentemente sencillas, que abordaban desde distintos puntos de vista, las etapas por las que puede pasar una relación amorosa.  Tuve la oportunidad de verlo en directo el 22 de enero de 2003 en una actuación que realizó en el Palau de la Música Catalana y al final tener una breve conversación con él, un tipo muy amable y de humor chispeante. A modo de homenaje recupero un breve perfil biográfico que escribí en el año 2002.

 

ARMANDO MANZANERO

En plena época beat, este excelente compositor puso el contrapunto romántico en la banda sonora de muchos novios que todavía hoy guardan en la memoria sentimental sus canciones, entre los mejores recuerdos de aquellos maravillosos años.

images (1)Armando Manzanero nació en Mérida, Yucatán, México, el 7 de diciembre de 1935 en el seno de una modesta familia de ascendencia maya. Su padre era un cantante de tercera fila y su madre una bailarina de folklore. Su talento se hizo notar de forma precoz, a los ocho años inició sus estudios de piano y a los doce empezó a ganarse la vida tocando en una orquesta de circo antes de formar su propio grupo, el Conjunto Tropical. Más tarde marchó a Ciudad de México, donde se integró en varias orquestas. A los catorce años empezó a componer canciones —la primera fue Nunca en el mundo— demostrando una gran habilidad para retratar situaciones de temática amorosa y sorprendiendo por su facilidad para crear melodías inspiradas y pegadizas. Sin embargo, sus primeras composiciones no hallaron el eco esperado en Ciudad de México, y sus gestiones para que algún intérprete las hiciera famosas resultaron infructuosas. La suerte cambió cuando en 1964 compuso el tema Voy a apagar la luz que se convirtió en un gran éxito en la voz de Lucho Gatica al que durante un tiempo acompañó al piano. También sería el pianista de otros intérpretes como Carmela y Rafael, Angélica María o Daniel Riolobos. Como intérprete,  no se dio a conocer hasta 1967. Su voz ronca y su escasa estatura le alejaban del estereotipo que se espera de un solista de canción romántica y ni siquiera él mismo creía que tuviera aptitudes para defender sus propias composiciones en un escenario. De hecho él siempre ha mantenido que no es un buen cantante, aunque admite que sabe “decir” las canciones. En este aspecto su carrera guarda un cierto paralelismo con la de Charles Aznavour, artista que como él supo introducir el aspecto más carnal de las relaciones amorosas en las canciones sin herir susceptibilidades. En 1967 le convencieron de que  grabara sus propias canciones, que en poco tiempo pasarían a formar parte del repertorio romántico universal: Adoro, su primer éxito; Contigo aprendí, una de las preferidas del compositor; Esta tarde vi llover, la que ha tenido un mayor número de versiones en la voz de otros intérpretes; No, Puedo morir mañana, Ya te olvidé, Esperaré, Pensando en ti, Eso eres para mí, Mía, Tengo, Aquel señor… El éxito de Manzanero estribaba en cantar los boleros con sencillez, un rasgo que le acercaba al público joven que no se identificaba con la ampulosidad interpretativa de los antiguos boleristas. Él, ciertamente, no poseía una voz maravillosa, pero sí agradable para escuchar en los momentos de intimidad. Su gran sentido musical revierte además en su forma de interpretar, posee un gusto exquisito para introducir bonitas variaciones en la interpretación de sus temas eternos, haciendo que siempre parezcan nuevos.

En 1993 celebró su treinta aniversario como compositor de boleros con un concierto de homenaje, organizado por la Universidad Autónoma de México, en el que pudo constatar la pasión que despertaban susimages (2) composiciones entre el público más joven. Para Manzanero aquel concierto supuso una experiencia inolvidable que le permitió sentir un calor especial que no notaba en los cabarés y salas de fiestas donde normalmente el cantante realizaba sus presentaciones en directo. Su obra ha resistido muy bien el paso del tiempo, algo que no extraña al propio interesado, quien afirma “el bolero permanece y nunca pasa de moda porque lo que se hace bien dura para siempre”. Manzanero suele recordar con orgullo que muchas parejas se han enamorado escuchando alguna de las más de cuatrocientas composiciones que integran su discografía, muchas de las cuales triunfaron en el difícil mercado anglosajón –es el caso de la versión inglesa de Somos novios (It’s imposible)— en las voces de estrellas como Frank Sinatra, Tony Bennett, Perry Como o Elvis Presley, y han merecido la atención de orquestas como las de Frank Pourcel, Paul Mauriat o Ray Conniff. Entre los intérpretes latinos, Manzanero recuerda con especial cariño a Carlos Lico y al cubano Roberto Ledesma. Entre los que han cosechado mayores éxitos internacionales cabe citar a Roberto Carlos  y a Luis Miguel, uno de los principales revitalizadores del bolero en los últimos años. Entre los cantantes españoles destacan las cantantes Salomé y Amaya.  La que fuera ex solista del grupo Mocedades, para su tercer trabajo en solitario, Seguimos juntos, de 1989, recurrió exclusivamente a un repertorio compuesto por Armando Manzanero especialmente para ella. El compositor se encargó también de la producción del trabajo, que contó con los arreglos de Eduardo Leyva. Después de hablar contigo fue el tema elegido por el autor para cantar a dúo con la intérprete.

©Antonio Subirana

Los ochenta años de Cliff Richard

Publicado el octubre 14, 2020

Cliff Richard ya es octogenario, con este motivo recupero un perfil biográfico que publiqué en 1995

images (2)CLIFF  RICHARD

 Su nombre auténtico es Harry Rodger Webb, nació el 14 de octubre de 1940 en Lucknow, una colonia de la India donde su padre estaba de empleado en una empresa británica.

A los ocho años la familia regresó a Inglaterra donde nueve años más tarde formaría su primer grupo, los Drifters, con Terry Smart a la batería y Norman Mitham a la guitarra. El grupo sufrió varios cambios hasta quedar integrado por Tony Meehan, a la batería; Jet Harris, al bajo; Hank Marvin y Bruce Welch, a las guitarras; y el propio Clif Richard, voz y guitarra.

En 1958 grabó su primer disco, “Move it”, al que muchos consideran el pistoletazo de salida del rock & roll inglés. Curiosamente era la cara B de un single cuyo tema estrella era “Scoolboy crush”, pero fue el programa de televisión “Oh boy”, en el que se presentó Clif Richard en 1958 , el que decantó las preferencias por el tema en cuestión.

Como nuestros lectores ya se habrán percatado, el nombre del grupo, los Drifters, coincide con el del popular grupo de color de rock vocal. Este fue el motivo de que tomaran la determinación de cambiar el nombre por “Theimages Shadows”.

Los Shadows fueron otro de los pilares del rock británico, tanto como acompañantes de Richard como por su singladura en solitario con su inconfundible sonido de guitarras. En solo dos años consiguieron colocar cuatro temas en el primer puesto de las listas, “Living doll” (aún como Drifters), en 1959; “Travellin’ light”, en 1959; “Please don’t tease”, en 1960, y “I love you”, en 1960.

Cliff sí tenía el carisma necesario que a Tommy Steele le faltaba para plantar cara a Elvis Presley. Como este, sabía hacer suyos temas ajenos y también probó suerte en el cine aunque sus interpretaciones en este campo fueron más dignas que las del “Rey”. La primera fue “Serious charge”, en 1959, a la que seguirían “Expresso bongo”,1960; “The young ones”, en 1961, homónima de una canción paradigmática de la época, “Summer holyday”, en 1962, “Wonderful life”, en 1964, y “Finders Keepers, en 1966.

Clif Richard ha demostrado ser un artista intemporal. Sobrevivió a la oleada beat y a todo lo que vino después. En 1966 se refugió en la fe religiosa que ha presidido intermitentemente su carrera.

 Se anticipó a la moda de los conciertos acústicos, con letras de temática espiritual acompañándose a la guitarra, en España pudimos verle así a principios de los ochenta.

images (1)Su carrera, superada la época de auténtico revulsivo juvenil, está salpicada de éxitos en una línea que poco tienen que ver con su auténtica personalidad pero que le han permitido seguir endescarga la brecha hasta la actualidad. Por ejemplo en 1968 concurrió al Festival de la canción de Eurovisión con el tema “Congratulations” que aunque llegó al número uno de las listas del Reino Unido, en el concurso quedó clasificado en segundo lugar por detrás de Massiel que se llevó el primer premio con el “La,la ,la” del Dúo Dinámico. Un éxito del mismo estilo consiguió con “Suddenly”, en 1980, a dúo con Olivia Newton John en la película “Xanadu”.

El público americano se le resistió hasta 1976, año en que consiguió llegar a los primeros puestos de las listas estadounidenses con el tema “Devil woman”. A partir de este momento no estaría ausente del “hit parade” americano pero con un éxito moderado.

Clif Richard goza de un gran reconocimiento entre sus compatriotas, en 1980 fue condecorado por la reina Isabel , y su éxito ya está por encima de los trabajos que aún continúa realizando, es un cantante al que le sigue un público heterogéneo que le admira y además le quiere, algo que sólo logran los que han llevado una larga y fructífera -¡10 números uno!- carrera, y han ido sumando nuevas generaciones a su público.

©Antonio Subirana

En la muerte de Little Richard

Publicado el mayo 09, 2020

Con motivo de la muerte de Little Richard recupero el texto que escribí  en 1995

para una enciclopedia de grandes voces del siglo XX

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LITTLE RICHARD

EL “SHOWMAN” DEL ROCK & ROLL

 Little Richard fue el primer artista que introdujo elementos provocadores en sus presentaciones en directo. Supo aprovechar la técnica vocal del gospel para ponerla al servicio de una música pagana como el rock & roll y fue el primero en despojar al piano de su seriedad para convertirlo en un elemento escenográfico más.

No se limitó a ser un cantante de rock & roll sino que potenció su faceta de hombre-espectáculo luciendo indumentarias extravagantes y exhibiendo todo tipo de posturas que enfervorecían a los jóvenes y escandalizaban a los adultos.

Un carromato fue su primer escenario

 Richard Wayne Penniman -este es el verdadero nombre de Little Richard- nació en Macon, Georgia, el 5 de diciembre de 1935.

Sus primeros contactos con la música se produjeron en la iglesia de su barrio, ahí empezó a tocar el órgano y a cantar en el coro, del que llegó a ser la voz solista.

Sus padres tenían unas profundas convicciones espirituales -pertenecían a una congregación llamada “los Adventistas del Séptimo Día”- y vivían en unas  condiciones de pobreza extrema. El dinero no alcanzaba para alimentar a los once hijos y Richard, que era el tercero, asfixiado por la férrea disciplina religiosa y las penurias económicas, decidió en cuanto pudo, a los trece años, abandonar el hogar familiar. Tuvo suerte y fue recogido por un matrimonio blanco -Ann y Enotris Johnson- que le tomaron bajo su tutela y le permitieron vivir con relativa comodidad.

Su primer dinero lo ganó como animador de un “Medicine Show”. Se trataba de un espectáculo ambulante, instalado en un carromato, que ofrecía pequeños números artísticos con el fin de atraer la atención del público y así vender un remedio milagroso, cuyos beneficios pregonaba insistentemente un charlatán.

Después de esta curiosa experiencia trabajó en empleos más comunes hasta que le contrataron en un sórdido club nocturno donde empezó a cantar de forma profesional.

En ese tiempo aún no era conocido como Little Richard, este nombre artístico se lo impusieron cuando tenía dieciséis años y resultó vencedor en un concurso para nuevos valores que se celebró en Atlanta. El premio consistía en un contrato con el sello Camdem -filial de R.C.A.- para el que grabó unos cuantos temas de blues que apenas tuvieron repercusión como “Taxi blues”, “Why did you leave me” y “Ain’t nothin’ happenin’”, este último con el acompañamiento de la orquesta de Billy Wright.

En 1953  fichó por el sello Peacock, ubicado en Houston  y propiedad de Don Robey. Los grabaciones de esta época contaron con el acompañamiento rítmico de los Duces of Rhythm y el soporte vocal de los Tempo Toppers.  Eran mayoritariamente temas de rhythm & blues y sólo “Ain’t that got news” obtuvo una popularidad significativa. Más tarde grabó un nuevo disco que incluía “Little Richard’s boogie”, producido por Johnny Otis sin obtener tampoco resultados muy positivos.

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“Tutti Frutti”

 Al ver que su carrera estaba estancada, pidió consejo a Lloyd Price quien le recomendó que presentara sus canciones a la casa “Speciality Records”, de Nueva Orleans. Los directivos de “Speciality” quedaron gratamente sorprendidos y, tras llegar a un acuerdo económico con Peacock, decidieron  grabar una docena de canciones de Richard con la producción de Robert Blackwell.

La operación se saldó con un gran éxito ya que en 1955 el tema “Tutti Frutti”, consiguió escalar posiciones en las listas de Estados Unidos y Gran Bretaña. Este tema quedaría ya para siempre como sinónimo de rock & roll y sería indisociable de la voz de Little Richard.

Sorprendentemente, ninguna pieza de Little Ricard llegó al número uno de las listas generales de éxitos -aunque sí alcanzó la primera posición en las de rhythm & blues-, pero si echamos un vistazo a los casi tres que van del 55 al 58, encontramos un puñado de temas salidos de la garganta de Richard que hoy forman parte de lo más selecto del museo del rock & roll: “Long tall Sally” -que alcanzó la cima de las listas de rhythm & blues-, “Ready Teddy”, “Rit it up”, “She’s got it”, “Lucille”, “The girl can I help it” -incluída en la película del mismo título-, “Good Golly Miss Molly” -que en los países latinos fue conocida como “La plaga”-, “Keep a knockin’”, etc.

En este corto y glorioso espacio de tiempo, intervino también en dos películas, “Don’t knock the rock” y la mencionada “The girl can’t help it”.

Algunos de sus temas, como “Tutti Frutti” o “Long tall Sally”, tuvieron su versión “blanqueada”, en la voz de Pat Boone el especialista más acreditado en “covers”.

 A-uan-ba-baluba-balam-bambú

El gancho del tema “Tutti Frutti” no era otro que esta celebérrima frase: “A-uan-ba-baluba-balam-bambú”, transcrita tal como suena. Pocas veces se ha dicho tanto sin decir absolutamente nada. Esta retahíla de onomatopeyas sintetizaba el ritmo, la tribalidad -también la trivialidad, todo hay que decirlo- y la fuerza transgresora de la nueva música que iba a conquistar a jóvenes de todo el mundo y de la que Little Richard fue uno de sus principales protagonistas.

Al parecer el texto original de “Tutti Frutti” contenía unas referencias al sexo demasiado explícitas y hubo que rehacer la letra para que el tema pudiera pasar por los canales de difusión, esta misión fue encomendada a la letrista Dorothy La Bostrie, a la que no le hizo falta escribir ningún otro tema durante el resto de su vida.

La “llamada del Señor”

 En 1957, Little Richard inició una gira por Australia que habría de modificar su existencia…En uno de los muchos desplazamientos aéreos que tuvo que realizar, el avión en el que viajaba sufrió un contratiempo y Little Richard se hizo la promesa de que si salía ileso de aquel percance abandonaría la música y se haría monje. Felizmente, el avión pudo tomar tierra y Richard volvió a su frenética carrera artística. Pero quiso el azar que, al poco tiempo, la muerte le diera un segundo aviso y nuevamente a bordo de un aeroplano. Por fortuna tampoco pasó nada grave en aquella ocasión pero Little Richard quedó convencido de que había vuelto a nacer y que esos accidentes eran “la llamada del Señor”. Dos oportunidades ya eran demasiadas para tentar a la suerte una vez más, tenía que abandonar la música y dedicarse a servir a Dios. Con este objetivo espiritual ingresó en la escuela de la congregación de los Oakwood Adventurist donde pasó dos años de ascética reclusión, dedicado al estudio de la teología y entregado a la meditación.

 La casa de discos no se resignó y en 1958 lanzó nuevos singles con temas que no habían visto la luz en su momento como “Baby face”, “True fine mama”, “By the light of the silvery” y “Kansas city” que no tuvieron la acogida de los precedentes, aunque lograron situarse en las listas británicas.

En esta etapa de aislamiento voluntario, sólo la música gospel podía confortarle en las largas horas que pasaba en soledad. Durante los dos años de vida monacal grabó varios discos llenos de misticismo para diversos sellos. Dignos de mención son los producidos por Quincy Jones -entonces diriector de la discográfica Mercury- entre los que destaca el tema “He got what she wanted”, aparecido en 1962. Ese mismo año volvió a los escenarios realizando su primera gira británica que se saldó con un éxito apoteósico y de la que nacería una relación de mútua simpatía con unos chicos que entonces empezaban: los Beatles. Con ellos realizó algunas actuaciones en directo y varias apariciones televisivas. Dos años más tarde fueron los mismos Beatles quienes  revalorizaron a los pioneros del rock & roll como él y Chuck Berry del que grabaron Roll Over Beethoven y “Rock & roll music”.

Soul, rock & roll y religión

 A partir de ese momento, Little Richard decidió que tenía que reivindicar su papel de protagonista en la historia del rock & roll. Regresó al sello Speciality y volvió a la carga con “BamapLama-Bama-Loo”, un númeroIMG_20200509_185939_resized_20200509_071324988 rockero con evidentes reminiscencias de “Tutti Frutti”, al que sucedieron otros como “Money honey”, “I’m black”, “Lawdy miss Clawdy,  “Bring it on home to me” -versión de un tema de Sam Cooke”-, y “Hound dog”, el clásico de Leiber y Stoller popularizado por Elvis Presley. Aunque estos temas le devolvieron a la palestra, decidió cambiar nuevamente de discográfica -primero fichó por el sello Vee Jay Records y más tarde por Okeh- sin una orientación estilística clara, navegando entre el rock & roll de sus inicios y el soul imperante a mediados de los sesenta. De esta etapa merece señalar el impacto de “I don’t know what you’ve got but it’s got me”, en donde se puede escuchar la guitarra de Jimi Hendrix, que estuvo en su grupo de acompañamiento hasta que Little Richard entendió que podía hacerle sombra. Otros temas de esta época son “Poor dog”, “Without love” y “Hurry Sundown”.

Tras una exitosa gira por el Reino Unido, volvió al repertorio de rock & roll con un tema de gran fuerza, “Get down with it”. Pero para entonces Little Richard ya no tenía la rebeldía de sus primeros años, había cambiado su imagen provocativa por otra mucho más  relamida y sus excesos excesos escénicos dieron paso a una inexplicable contención  que nada tenía que ver con la fuerza salvaje que le había encumbrado al éxito. Se había convertido en un artista de lujo para el público maduro de Las Vegas y en una pieza de museo para las nuevas generaciones. Por entonces el público estaba ya más preocupado por cuestiones de índole personal -como su supuesta homosexualidad -que por sus nuevos trabajos musicales.

Esta confusión en su vida privada y en su carrera artística le llevó, en 1973, a buscar de nuevo una vía de escape en los asuntos místicos.

A mediados de los setenta, coincidiendo con la oleada de revival que sacudió a la industria musical, se reeditaron los grandes éxitos de Little Richard y se le adjudicó el puesto privilegiado que merecía dentro de la historia de la música moderna. Fue entonces frecuente su aparición en diversos documentales y películas sobre la época gloriosa del rock & roll. Cabe señalar su participación en  la película “Down and out in Beverly Hills” (1986), que contenía uno de sus últimos éxitos, “Great Gosh a’Mighty”.

La influencia de Little Richard ha sido notable en muchos artistas que le sucedieron entre los que cabe mencionar a los Beatles, los Rolling Stones, Jimi Hendrix y Jerry Lee Lewis, que llevó hasta las últimas consecuencias sus acrobacias sobre el piano.

En los últimos tiempos, Little Richard ha aparecido frecuentemente en vídeo-clips y grabaciones discográficas de ilustres colegas suyos. El último ejemplo data de 1993, cuando participó en álbum “Duets”, de Elton John, interpretando el tema “The Power”.

 ©Antonio Subirana

 

Adiós al maestro y amigo Aute

Publicado el abril 05, 2020

Toni Subirana nos habla de sus encuentros con el cantautor recientemente fallecido

Con Luis Eduardo Aute 2016

 

 

Aunque muchos ya lo echábamos de menos hace tiempo, la muerte de un personaje como Aute nos sorprende y sobrecoge. La fecha del 4 de abril quedará marcada como la de la partida, sólo con unaño de diferencia. de dos grandes cantautores,Con L. E. Aute Alberto Cortez y Luis Eduardo Aute. Poco tengo que añadir a lo que ya todo el mundo sabe de la dimensión artística de este creador polifacético que fue Aute. Sí que puedo desvelar que en mi trato personal con él siempre encontré a un compañero generoso que sabía como hacer que te sintieras bien tratado y querido. Detrás de su aspecto bohemio y algo hippy, de estudiado desaliño, se escondía un trabajador infatigable, totalmente entregado a la creación, y un señor de educación exquisita al que le gustaba cuidar las formas. En esto me recordaba a  Georges Moustaki, un día que coincidí con ambos a la vez, se lo comenté a este último y me dijo que sí, que ciertamente, tenían muchas concomitancias. Cuando le enviaba un nuevo disco mío siempre se tomaba la molestia de escribirme unas letras en las que me comentaba alguna cosa de cada canción. Por cierto, una de las veces que nos vimos le pregunté si le importaría que publicara aquí algunos de esos tarjetones con los que me obsequió y me contestó  que no faltaría más, que las cartas eran mías… y por eso traigo aquí una muestra de esa relación epistolar.

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A mi modo de ver es el que mejor ha evolucionado de todos los cantautoresde su generación, creando un universo propio que no te cansas de explorar porque siempre depara sorpresas, tanto como letrista, siempre encontrando la manera de tocar los temas de siempre desde un punto de vista diferente, y como músico, siempre hallando  melodías inspiradas sin salirse de los márgenes de la canción popular. También como intérprete, con los años, ha depurado un estilo muy personal, magistral en el arte de cantar sin gritar, procurando, además, a sus canciones un envoltorio sonoro tendente a crear climas propicios para entrar en sus historias. En tiempos de confinamiento pienso que él, como yo, y como muchos otros artistas, no sentiría nada especial por no poder salir de su acogedora casa de la calle Jorge Juan, de Madrid, donde siempre tenía ideas que cazar al vuelo y plasmarlas con la guitarra, la pluma o el pincel.

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La última vez que pude conversar largamente con él, poco antes de caer enfermo, fue en un viaje que hicimos los dos solos en AVE de Barcelona a Madrid, le pregunté por su empeño en volver a grabar sus antiguas canciones en la serie “Auterretratos” y me dijo que las grabaciones originales eran insoportables porque en sus inicios no sabía cantar y había llegado a una edad en la que percibía la posibilidad de desaparecer en cualquier momento de este mundo y quería dejar todo ese repertorio revisado, actualizado y en orden. Es decir daba como buena su obra primigenia pero no así su plasmación. De eso y muchas cosas hablamos…por cierto, yo tenía billete de clase  turista y él de preferente pero me invito a quedarme en su vagón…y me regaló su desayuno. Gracias por todo, querido Eduardo.

©Antonio Subirana

 

Toni Subirana canta “Las cuatro y diez” en homenaje a L. E. Aute.

In Memoriam , recupero el texto que escribí en elaño 2.000 dedicado a su figura para una enciclopedia del pop español

imagesLUIS EDUARDO AUTE

Nombre completo: Luis Eduardo Aute Martínez

Lugar y fecha de nacimiento: Manila (Filipinas), 13 de septiembre de 1943

Año de debut: 1967

Álbumes editados en España (excluídas recopilaciones): 23

Mayor éxito: “Al alba”, “Las cuatro y diez”

Discográficas: RCA, Ariola, Movieplay, EL Europeo, Virgin

Sin duda estamos ante el cantautor más singular que ha dado nuestro país. Este Leonardo da Vinci de la canción ha transitado por muchos caminos

Aute en sus primeros años como cantante
Aute en sus primeros años como cantante

artísticos –la pintura, el cine, la poesía, la música…- y en todos ha dejado una huella indeleble, aunque él siempre se ha encargado de puntualizar que no es profesional de nada y aprendiz de todo, o más exactamente “amateur”, que en su sentido original es una persona que ama aquello que hace.

Nació en Manila en el seno de una familia acomodada, su padre era un catalán que había llegado a Filipinas veinticinco años atrás para trabajar en una importante compañía tabaquera, allí conoció a una filipina de ascendencia española con la que se casó y tuvo dos hijos. El primogénito, Luis Eduardo, mostró a muy temprana edad una clara vocación por la pintura. Su educación fue polilingüe: en casa hablaba castellano, en el colegio inglés y en la calle tagalo. En Manila tuvo la oportunidad de ver mucho cine, películas americanas que se estrenaban ahí al mismo tiempo que en Estados Unidos. El séptimo arte se convirtió pronto en otra pasión que con el tiempo daría sus frutos. Sin embargo el gusto por la música no se le despertó hasta que la familia fijó su residencia en España, primero en Barcelona y despuésen Madrid. Luis Eduardo tenía entonces once años. Cuatro años después descubrió a Elvis Presley y para emularlo decidió montar un grupo con dos compañeros de clase, fue su primer contacto con la música que se convertiría en algo más serio cuando entró a formar parte de Los Sonor, un nombre a tener en cuenta entre los pioneros del pop español ya que a algunos de sus componentes posteriores los encontramos en conjuntos verdaderamente famosos como Los Bravos, pero en la época de Aute eran sólo unos debutantes adolescentes con ganas de pasarlo bien.

Aute en su estudio.
Aute en su estudio

Tras unos años en los que logra sobrevivir de la pintura haciendo retratos en París y en los que lleva a cabo sus primeras exposiciones con bastante aceptación, en 1965 se produce un pequeño acontecimiento que cambiará su vida. Durante una fiesta conoce, a través de la que sería su mujer, a una chica que se hace llamar Maciel, es la hija de un conocido representante artístico y tiene prisa por darse a conocer en el mundo de la canción, algo que conseguirá poco después gracias al Festival de Mallorca donde ya se presenta como Massiel. Teniendo como referencia más inmediata a Bob Dylan, Aute empieza a componer unas letras con toques surrealista que se materializan en canciones como “Rojo sobre negro”, “Rosas en el mar” y “Aleluya nº1”.  Esas canciones, compuestas sin muchas aspiraciones, de repente despiertan el interés de mucha gente: por una parte Massiel que había sido en cierto modo la inspiradora, por otra dos cantantes nuevos: un antiguo componente de Los Sonor y otro al que Alain Milhaud quiere producir su disco de debut. Por si fuera poco la casa RCA pretende que las grabe el propio autor con producción de Juan Carlos Calderón que también está favorablemente impresionado con esas composiciones. Finalmente el joven compositor opta por dárselas aimages-2 Massiel que, a fin de cuentas, es en quien pensaba cuando compuso “Rosas en el mar”. Esta es la primera pieza que graba la cantante, a principios de 1967, y  será un éxito incontestable no sólo en España sino en algunos países de Sudmérica, incluso en Cuba.  Poco después el cantante accede a entrar en el estudio de grabación y el resultado es un single que incluye dos piezas, “Made in Spain” y “Don Ramón”. Después sale al mercado “Aleluya nº1”, en la versión de Massiel y del propio autor. El gran éxito de este tema le pilla a Aute desprevenido. Tras grabar algunos otros singles, decide cortar con todo aquello y refugiarse en los pinceles dejando grabado un álbum, “Diálogos de Rodrigo y Ximena” al que seguiría uno de los discos más atípicos de la música popular española, “24 canciones breves”. En ese disco quedan ya representadas las temáticas que abordará en sus futuros discos aunque en el marco de un tipo de canción más convencional, sin embargo el concepto de canción sintética, de alguna manera, lo recuperaría dos décadas después en sus “Poemigas”. Tras “24 canciones breves”, Aute permanece aislado del mundo de la música durante cinco años en los que se dedica a la pintura –llega a diseñar portadas de discos para ganarse la vida- y al cine, sin dejar por ello de escribir poemas y canciones que aparecerían en su álbum “Rito”, de 1973, aunque algunas de ellas como “Las cuatro y diez” y “De alguna manera” se dieran a conocer en la voz de Rosa León. Nuevamente Aute se ve literalmente empujado al estudio de grabación, esta vez por José Manuel Caballero Bonald y alumbra “Rito” que inicia la trilogía “Canciones de amor y muerte” que se completa con “Espuma” –que lleva el subtítulo “canciones eróticas”- y “Sarcófago”, cuyas canciones surgen de un libro de poemas en torno a la muerte. Este es su disco más denso y aparece tras uno más liviano –“Babel”- de canciones satíricas, muchas de las cuales ya habían sonado en la voz de otros intérpretes. En clave humorística también son las canciones de su siguiente álbum, “Forgesound” que realiza en colaboración con el poeta Jesús Munárriz y el humorista gráfico Forges que se encarga de la portada.

Aute en el concierto "Entre amigos" que relanzó su carrera.
Aute en el concierto “Entre amigos” que relanzó su carrera.

Con “Albanta” se inicia una nueva trilogía “Canciones de amor y vida” en la que se incluye también “De par en par” y “Alma”. Se opera entonces un cambio radical en la producción de sus discos que ya no cuentan, a partir de ese momento, con unos arreglos orquestales al uso, sino que el envoltorio instrumental, a cargo de de Teddy Bautista y de Luis Mendo, en sucesivas grabaciones, se torna más espontáneo. También es el momento en el que Aute decide dar la cara en el escenario, el público puede al fin identificar aquellas canciones con una imagen, la de un cantautor sofisticado y triste, un tanto pedante para algunos, pero en todo caso un pedante simpático y entrañable. La canción de esta época es “Al alba”, uno de los cortes de “Albanta” que previamente había grabado Rosa León. Según el propio autor “nació ante la necesidad de hacer algo en contra de la pena de muerte; la escribí con forma de canción de amor para que se pudiera cantar, pero guardando una clave que la gente conocía”. Con “Alma” y “Fuga” se define ya el nuevo sonido de “cantautor con grupo”, un grupo que, por otra parte, tiene entidad propia y nombre propio: Suburbano. Para saber como sonaba en directo lo mejor es escuchar el álbum “Entre amigos”, grabado en directo en 1983, donde el

cantautor hace un repaso a su carrera con ilustres colegas. A partir de este álbum Aute entra de lleno en la esfera de los cantantes populares. Sus siguientes discos -“Cuerpo a cuerpo” y “Fuga”- son superventas antes de salir al mercado y pasa de cantar para unos pocos en el patio de un colegio mayor a llenar plazas de toros. La verdad es que esto no casaba demasiado con su talante introspectivo, los grandes recintos pueden estar bien para gritar “Al alba” pero no propician el grado de intimidad que requieren piezas como “Siento que te estoy perdiendo” o “Dos o tres segundos de ternura”. Con los años las

cosas vuelven a su cauce. Aute sigue siendo una primera figura, respetada y querida, pero álbumes como “Segundos fuera”, “Uff!” o “Slowly”, aunque han sonado asiduamente en las emisoras, no han dejado huella en el oyente, en parte porque en la actualidad las campañas de promoción son muy intensas pero demasiado cortas para trabajos de largo recorrido como los de Aute. De todo esto debió darse cuenta el propio interesado cuando en 1995 cambió de discográfica y editó “Alevosía”, un disco con una producción de Gonzalo Lasheras imaginativa y  respetuosa con el trabajo del creador y que tuvo su continuidad en “Aire / Invisible”, el doble álbum con el que el cantautor celebró sus treinta años en la canción. Como homenaje algunos colegas, en su mayoría de la nueva generación, cantaron sus canciones en un álbum titulado “¡Mira que eres canalla, Aute!”, editado en el 2000.

Luis Eduardo Aute en una actuación reciente
Luis Eduardo Aute en una actuación reciente

DISCOGRAFÍA SELECTA

descarga“Rito” (1973)

(Ariola)

Con este disco el estilo de Aute se concreta ya en canciones sin fisuras como “De alguna manera”, “Las cuatro y diez”, “Amor” o “Dentro”, todas ellas piezas claves en su repertorio. El disco incluye, a modo de epílogo, el jocoso y sorprendente tema “Autotango del cantautor”, donde el autor parece pedir disculpas. Los arreglos de Carlos Montero son adecuados para las canciones pero la voz del cantante –aún muy insegura- no acaba de encajar en ellos.

descarga-1“Alma” (1980)

(Movieplay)

Es un disco fresco y directo que nos muestra a un Aute empeñado en “no aburrir” al oyente con canciones indigestas. Son temas con estructuras clásicas -¡con estribillo y todo!- que demuestran que si él quiere puede llegar directamente al corazón sin rebajar la calidad. Ahí están “No te desnudes todavía”, “Libertad”, “Pasaba por aquí”, Quiero vivir contigo” o “Ay de ti, ay de mí” que también grabó Pepa Flores (Marisol) la voz femenina preferida por Aute.

descarga-2“Entre amigos” (1983)

(Movieplay)

Doble álbum grabado en directo en el Teatro Salamanca de Madrid, el 4 de marzo de 1983. Con este acontecimiento Aute pretendía poner un punto y aparte en su carrera. En él hacía un exhaustivo repaso a su repertorio con la colaboración de cuatro amigos del ramo (Joan Manuel Serrat, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Teddy Bautista).

descarga-3“Aire / Invisible” (1998)

(Virgin)

Aute quiso hacer algo diferente para celebrar sus treinta años de oficio y en vez de recurrir a su viejo repertorio se impuso componer 30 nuevas canciones, una mitad en castellano y la otra en inglés, idioma en el que por primera vez se aventuraba en la canción. El resultado –al final fueron 31 los temas- es impecable, un esfuerzo tan considerable merecía tener un eco mayor del que tuvo.

Otros discos (excluídos singles y recopilaciones):

“Diálogos de Rodrigo y Ximena” (RCA, 1968), “24 Canciones breves” (RCA, 1968), “Espuma” (Ariola, 1974), “Babel” (Ariola, 1976), “Sarcófago” (Ariola, 1976), “Forgesound” (Ariola, 1977), “Albanta” (Ariola, 1978), “De par en par” (Ariola, 1979), “Fuga” (Movieplay, 1981), “Cuerpo a cuerpo” (Ariola, 1984), “Nudo” (Ariola, 1985), “20 canciones de amor y un poema desesperado” (Ariola, 1986), “Templo” (Ariola, 1987), “Segundos fuera” (Ariola, 1989), “Ufff!” (Ariola, 1991), “Slowly” (Ariola, 1992), “Mano a mano” (Con Silvio Rodríguez) (Ariola, 1993), “Anima-l” (El Europeo, 1994), “Alevosía” (Virgin, 1995).

©Antonio Subirana

Recordando a Judy Garland

Publicado el febrero 19, 2020

Con motivo del estreno de la película dedicada a Judy Garland,

reproduzco aquí una pequeña  biografía suya que escribí

para una colección de grandes voces del siglo XX, editada en 1995 en Portugal

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JUDY GARLAND

LA VOZ DEL ARCO IRIS

 “Miss Showbussines”, este era su sobrenombre y desde luego ella conocía como nadie los fuertes contrastes entre las luces y las sombras que caracterizan el negocio del espectáculo. Judy Garland afirmaba que hubiera cambiado su leyenda por un poco de compañía, y es que nunca aceptó sentirse tan sola en medio de tanta gente.

 

Cuando nace una estrella

 Frances Ethel  Gumm –este es su verdadero nombre— nació en Grand Rapids, Minnesota, el 10 de junio de 1922.

Sus padres, Frank Avent y Ethel Marian, eran artistas de variedades, se presentaban con el nombre artístico de  Jack y Virginia, un dúo que se convirtió en cuarteto con la incorporación de sus hijas mayores, pasando entonces a llamarse “The four Gumms”. La pequeña Frances debutó con ellos a los tres años. A esa edad, sus padres decidieron mudarse a California en busca de fortuna. En las afueras de Los  Ángeles pudieron comprar un pequeño teatro donde interpretaban sus números. A los cinco años, Frances se unió a a sus hermanas mayores, Virginia y Mary Anne, formando así las Gum Sisters en el que la pequeña destacaba claramente. Ante esta evidencia el trío acabó por disolverse en 1934. La madre de las niñas no estaba dispuesta a que la menor también desistiera de dedicarse al mundo artístico y se empeñó en hacer de ella una estrella. En ciertos momentos la consecución de ese fin le sirvió para justificar los medios empleados que llegaron a ser pura explotación. En este aspecto el padre no estaba de acuerdo y fue el motivo de que el matrimonio entrara en crisis. La insensibilidad de la madre era tal que no dudó en llevar a la niña a cantar a un programa de radio cuando el padre agonizaba en el lecho de muerte. Pero tampoco regateó esfuerzos para que su hija tuviera una formación académica, la matriculó en una escuela de arte dramático para niños y la hizo entrar en una compañia de teatro infantil, la Meglin kid dies, donde  obtuvo sus primeros éxitos. Después llegó su presentación en el Teatro Chino de Hollywood  donde le descubrió un agente artístico que le quitó el apellido Gumm y le puso Garland –cuyo significado es guirnalda—  “porque era tan preciosa como una guirnalda de flores”. El primer paso fue conseguir un contrato con la Metro-Goldwyn-Mayer que le proporcionó un papel en el cortometraje “Concierto al aire libre” (“Every sunday afternoon”) (1936), dirigido por Felix Feist, junto a Deanna Durbin. Ese mismo año rodó su primera película con la Fox -“Locuras de estudiantes”- ya que la Metro no tuvo inconveniente en ceder a la joven actriz. A esta siguió “Melodías de Broadway” (“Broadway Melody”) (1938) que significó su descubrimiento masivo a raíz de la interpretación de “Dear Mr. Gable”, ante la foto del mítico actor.

IMG_20200217_121509_resized_20200217_122128860Una película mágica

En 1939 llegó el primer hito de su carrera con el rodaje de “El Mago de Oz” (“The wizard of Oz”), de Víctor Fleming. En principio el papel estaba destinado a Shirley Temple, pero la Fox no quiso ceder su niña prodigio a la Metro y Judy fue elegida para hacer la película por la que más se le reconocería. Parece ser que en esa elección tuvo mucho que ver el productor Arthur Freed que había quedado gratamente sorprendido ante la interpretación de Judy de “Zing went the strings of my heart”, acompañada al piano por su madre. Los otros responsables del film no estaban demasiado convencidos, Judy no tenía ya edad para ser niña prodigio pero tampoco era una mujer capaz de interpretar películas de amor. Finalmente Freed corroboró, una vez terminado el film, su idea de que con el cambio salían ganando. De esa película quedó un tema univrsal, “Over the rainbow”, una pieza magistral que se inicia con un salto de octava que la hace inmediatamente reconocible al escuchar sólo las dos primeras notas del principio.

Esa película y el Oscar a la mejor actriz juvenil obtenido en 1939, fueron el punto de arranque de una fructífera carrera cinematográfica que seguiría con películas de la serie “Andy Hardy”, dirigidas por  Busby Berkley y al lado de Mickey Rooney,  títulos como “Los hijos de la farándula” (“Babes in arms”) (1939), “Armonías de juventud” (“Strike up the band”) (1940), “Los chicos de Broadway” (“Babes on Broadway” (1941). Hay que tener en cuenta que estas películas alegres e inocentes, fueron rodadas durante la guerra, su éxito se debió en gran medida a que eran recibidas como una brisa de aire fresco en medio de los acontecimientos bélicos.

Secuestrada por el éxito

Con la adolescencia empezó a aumentar de peso, se sometió entonces a drásticas dietas acompañadas de píldoras adelgazantes. Como estas le producían insomnio, le administraban somníferos; para contrarrestar el fuerte efecto de estos le daban estimulantes, sólo así podía madrugar y estar a punto para el rodaje… en poco tiempo se halló inmersa en una espiral que le hacía depender cada día de un mayor número de fármacos con la aprobación de los que la rodeaban. Lo peor de todo es que ese caos se convirtió en una rutina para Judy y para Mickey.

Su vida estaba supeditada al trabajo, la niña se había convertido en una máquina de hacer dinero y no se le podía dejar respirar ni un momento sesiones de fotos, de maquillaje, ensayos eternos, rodajes maratonianos…

A los dieciocho años se casó con David Rose, pero esta unión apenas duró un año. Según reveló la propia Garland la causa de la ruptura fue la presión a la que le sometíala productora para que se ocupara sólo del trabajo y descuidara su matrimonio y su vida personal.

En 1942 interpretó por primera vez un personaje adulto en la película “Por mi chica y por mí” “(For me and my gal”), en la que tuvo por compañero a Gene Kelly. En esta película, Judy demostró que también podía dar la talla en papeles de más envergadura que los que le habían asignado junto a Rooney y empezó a perfilarse como la estrella más dotada del musical, al tiempo que se revelaba como una cantante prodigiosa con la canción que daba título al film.

Al año siguiente rodó tres películas “Presenting Lily Mars”, “Thousands cheer” y “Girl crazy”, esta última dirigida Norman Taurog.

Judy y Vincente: el encuentro fue en St Louis.

En un momento en el que parecía sumamente desorientada tuvo un encuentro providencial. El director Vincente Minnelli logró convencerla para que protagonizara “Cita en San Luis” (“Meet me in St.. Louis”), a lo que Judy en un principio era bastante reacia debido a su interés por apartarse de los papeles que le habían encasillado como chica buena y sonriente. Esta película -nuevamente producida por Arthur Freed- aportaba, sin apartarse del esquema clásico,  ingredientes nuevos al musical. De este film se hicieron muy populares temas como “The Trolley song” y “The boy next door”, ambas de Hugh Martin y Ralph Blaine; “Under the bamboo”, de Bob Cole, y “Meet me in St. Louis” de Mills y Sterling.

Completaban el reparto Margaret O’Brien, Mary Astor, Lucille Bremer y Tom Drake.

Como anécdota cabe señalar que en un principio iba a dirigirla George Cukor, pero fue reclamado por el ejército en plena Segunda Guerra Mundial y tuvo que ser sustituído por Minnelli quien hasta el momento sólo había dirigido dos películas para la Metro, aunque tenía gran experiencia como decorador y coreógrafo teatral. Minnelli vio así despegar definitivamente su carrera como cineasta y fue el inicio de una historia de amor que acabaría en boda un año después, el 15 de junio de 1945. De este matrimonio nacería, el 12 de marzo de 1946, la que años después sería una de las artistas más completas del “star system” americano, Liza Minnelli.

A las órdenes de su marido, Judy rodó también su primer largometraje no musical, “The clock” (1946) que no fue aceptado por su público que prefería verla en el género musical al que regresó poco después con “Las chicas de Harvey” (“The harvey girls”), “Ziegfield follies” y “Till the clouds roll by”, todas de 1946. Su nuevo trabajo con Minnelli fue “El pirata” (“The pirate”) (1947), donde compartía protagonismo con Gene Kelly en una espléndida filmación ubicada en un idílico marco caribeño. Ese mismo año rodó “Desfile de Pascua”  (“Easter parade”), junto a Fred Astaire. Ante el tirón comercial de la pareja la productora preparó un nuevo film para ellos, “Vuelve a mí”, pero Judy aquejada de una fuerte depresión no pudo hacer el papel y este fue confiado a Ginger Rogers.

Entre la luz y la sombra

Este contratiempo desencadenó una sucesión de irregularidades en su carrera que pondría frenéticos a los directivos de la productora. Judy no se presentaba en los estudios, o lo hacía demasiado tarde. A última hora anulaba un rodaje cuando todo el equipo estaba ya preparado. La Metro estaba molesta pero tampoco se rendía ante la evidencia de que la actriz necesitaba un prolongado descanso. Intentaba por todos los medios que Judy cumpliera sus compromisos, algo que a veces le resultaba físicamente imposible.

En 1950 la Garland abandonó el rodaje de “La Reina del Oeste” (“Annie Get your gun”) al no poder sobreponerse a una fuerte depresión y la Metro llegó al límite de su paciencia después del interminable rodaje de “Summer stock”, en la que formaba pareja con Gene Kelly. Se rompía así una relación  muy estrecha con el dueño de la productora, Lois B. Mayer. El trato de ambos siempre había sido paterno filial. Judy era la protegida del señor Mayer y a él se lo tenía que agradecer todo, esta relación acabó siendo de una tirana dependencia. Su capacidad de decisión llegaba hasta el punto de que fue Mayer quien se empeñó en que Judy abortara cuando quedó embarazada de su primer marido, aunque también es verdad que contó con el apoyo de la madre de la actriz que veía como la llegada de un niño supondría un obstáculo para su carrera artística.

Lo que nunca le falló a Judy fue el apoyo de sus colegas, sobre todo de Gene Kelly quien nunca dudó en salir en su defensa. Kelly fue el compañero que más la ensalzó, decía de ella que “tenía ángel”.

En 1951 se divorció de Minnelli, rompiendo un matrimonio que apenas había durado seis años. Este nuevo fracaso acabó por hundirle y protagonizó un intento de suicidio que no sería el último ya que la idea de acabar con su vida se convirtió en una obsesión que nunca dejó de rondarle la cabeza.

Los últimos destellos de una estrella

Al igual que le había ocurrido con Minnelli un nuevo amor vino a relanzar su profesión. Su nombre era Michael Sidney Luft -Sid Luft-, se casaron y tuvieron dos hijos. Gracias a Luft, Judy se presentó en el Palladium de IMG_20200217_121554_resized_20200217_122129374Londres y en el Palace Nueva York, cosechando un éxito espectacular.

Así como las productoras de cine tardaron en volver a confiar en ella los empresarios teatrales sabían que su actuación aseguraba un lleno espectacular.

Pero Luft no se resignaba ante la idea de que su mujer desapareciera de la gran pantalla. En 1954 llegaría al punto álgido su carrera cinematográfica. Nos referimos, a la película “Ha nacido una estrella (“A star is born”), producida por la Warner Bros y dirigida por George Cukor. Este fue su mejor papel dramático según la opinión generalizada del público y de la crítica que afirmaba que la Garland había llegado a la perfección. En el plano musical destacan las bellas interpretaciones de “Born in a trunk” o “The man that got away”.

El matrimonio con Luft acabó también por fracasar, a pesar de la llegada de dos hijos, Lorna y Jocy.

Tras aquella colosal interpretación, sus próximos papeles tendrían un toque amargo y melancólico. Sus tres últimas películas fueron “Vencedores y vencidos” (“Judgment at Nuremberg”) (1961), de Stanley Kramer, “Angeles sin paraíso” (“A child is waiting” )(1962), dirigida por John Cassavetes y junto a Burt Lancaster y “I could go on singing” de R. Name. También puso su voz en la película “Pepe” (1960), protagonizada por Cantinflas junto a un extenso plantel de artistas invitados.

Los años siguientes los dedicó a dar recitales. Aquella artista que tiempo atrás había encandilado a un numeroso público con sus fantásticas ensoñaciones en color lograba estremecer al respetable con sus dramáticas interpretaciones en blanco y negro de temas como “The man that got away” o “The Trolley song”.  El disco que recoge su recital de 1968 en el Carnegie Hall dan fe de la maestría de la que hacía gala en la última etapa de su vida. De esa grabación se llegaron a vender más de dos millones de ejemplares.

En Londres, el 22 de junio de 1969, una sobredosis de barbitúricos  acabó con su vida. Fue Mickey Deans, su marido entonces, quien la encontró muerta en el lavabo. En aquel momento se dijo oficialmente que la ingestión de medicamentos había sido de forma “accidental”.

Su situación económica era tan penosa al final de su vida que tuvo que ser enterrada en una tumba provisional porque Mickey Deans no tenía dinero para pagar el nicho que se merecía. Su hija Liza, en su afán por salvar la dignidad, supo ocultar este detalle a todas las grandes estrellas –en su entierro se congregaron veintidós mil personas— que acudieron a darle el último adiós.

La vida y la carrera de Judy Garland sirvieron de base a un musical, “Judy”, estrenado en 1986 en el teatro Strand de Londres. Su papel lo interpretaba magistralmente la actriz Lesley Mackie que ya había llevado a escena la vida de Édith Piaf, otra artista de pasado borrascoso e inconmensurable talento cuya vida guarda cierto paralelismo con nuestra biografiada.

 ©Antonio Subirana

En la muerte de Patxi Andión

Publicado el diciembre 18, 2019

Con motivo de la trágica muerte del apreciado colega, recupero aquí el perfil biográfico que

escribí para una enciclopedia del pop español, veinte años atrás

 

imagesPATXI ANDIÓN

Toni Subirana con Patxi Andión en un encuentro reciente

Toni Subirana con Patxi Andión en un encuentro reciente

Nombre auténtico: Francisco José Andión González

Lugar y fecha de nacimiento: Azpeitia (Guipúzcuoa), 6 de octubre de 1947

Año de debut: 1969

Álbumes grabados: 13

Mayor éxito: “Una, dos y tres”

Discográficas: Orlando, Movieplay, Philips, CBS, Crin

Bohemio, polifacético, sincero, incomprendido… son calificativos que siempre han acompañado a este cantautor que, aunque ha aparecido y desaparecido como el Guadiana, merece un lugar destacado en la canción de autor por su enfoque personal a la hora de componer temas que no pueden dejar indiferente y por su recia manera de interpretarlos.

Sus primeros años transcurrieron en Azpeitia y Ondárroa pero siendo aún niño se trasladó a Madrid con sus padres y sus tres hermanos mayores. La afición a cantar se le despertó a muy temprana edad, con sólo cinco años ya se presentó en público. Cuando aún era un adolescente, formó un grupo que interpretaba tonadas populares del folclore vasco. Más tarde se integró en algunos conjuntos de la primera hornada del pop español como Los Silvers y Los Camperos, aquellos que tenían su primera –y a veces única- oportunidad en las matinales del Price. Al acabar el bachillerato empezó la carrera de Ingeniería de Caminos que dejó abandonada en el tercer curso.  De la música no se podía vivir y pasó una temporada trabajando en un barco antes de recalar en París, en 1967. A la ciudad del Sena llegó en auto-stop, sus primeros recitales –por llamarlos de alguna manera- fueron en una estación de metro, cerca del Boulevard Saint Michel, donde cantó dos semanas. Cuando se le acabó el dinero entró a trabajar como “hombre de la limpieza” en una especie de “meublé” gay –no se llamaban así entonces-, el ambiente era demasiado sórdido y buscó algo más acorde con sus inquietudes artísticas. Lo encontró en un especie de cabaret llamado “La Candelaria” donde se cantaba canción sudamericana, allí actuó un tiempo haciendoimages (2) tres pases diarios y lo curioso es que le dejaron interpretar sus propias creaciones. En aquella sala Patxi Andión cosechó sus primeros éxitos con testigos de excepción como su admirado Jacques Brel, con el que incluso tuvo la oportunidad de charlar largamente una noche de alta graduación etílica o Philips Vitri -director del célebre “Bobino”, que tantos astros de la “chanson” acogía entonces- que le ofreció a Patxi el papel protagonista en una revista que debía estrenarse próximamente asegurándole, de paso, un contrato con la editora Barclay con la única condición de que fijara su residencia en París. Con aquella magnífica propuesta, Patxi ya tuvo suficiente para convencerse de que tenía un talento verdadero y rechazó la oferta para volver a su país con el sueño de triunfar en su propia tierra. Ya en Madrid intentó colocar sus canciones a otros intérpretes. Por esa época Mari Trini –a la que conoció por mediación de Luis Eduardo Aute, artista con el que compartía estudio en París- grabó temas suyos en su primer L.P. con la RCA, compañía que, viendo la valía del compositor, quiso ficharle como cantante a lo que él se negó pues el contrato coartaba demasiado su preciada libertad. Finalmente pudo plasmar –en unas condiciones más favorables- sus composiciones en un single que incluía los temas “Canto” y “La Jacinta”. Este último, dedicado a una prostituta, fue uno de los cortes más escuchados de su primer L.P. -“Retratos”-en el que exponía una galería de tipos humanos como “Esteban” o “Rogelio”. Particularmente mordaz era este último tema en el que se contaba la historia de un pobre paria que asciende de categoría social y “olvida” su origen humilde.  Disco de gran crudeza donde ya se advierten los rasgos más característicos de Patxi Andión, un cantante de voz cazallosa al que le gustaba llamar a las cosas por su nombre, algo que en aquella época resultaba del todo escandaloso y, por su puesto, censurable en el sentido más estricto del término. Aquel trabajo despertó el interés de la casa Philips que editó su siguiente álbum: “Once canciones entre paréntesis”. Entre ellas destacan “Samaritana” y “Veinte aniversario”, una crónica del desamor, del desgaste de una pareja que lleva dos décadas conviviendo: “Qué helada está la casa, será que está cerca el río, / o es que estamos en invierno / y están llegando / están llegando los fríos”. Tras el álbum “Palabra por palabra”, en 1973 apareció el trabajo que le consagró “A donde el agua” en el que sobresale “El maestro”, tema dedicado a un profesor de tendencias progresistas que se permite hablarles a los niños de “un tal Machado” y enseñarle otras cosas que no gustan a las descargaautoridades y a las personas de orden. Pero, sin duda, la canción más popular de aquel trabajo fue aquella cuyo estribillo decía: “una , dos y tres / una, dos y tres / lo que usted no quiera / para el Rastro es”. Esta cantinela de charlatán de feria se quedó en el oído de mucha gente que hasta entonces no había oído hablar del cantautor. Precisamente en el Rastro madrileño tenía el cantante su estudio…siempre le gustó la bohemia. Aquel mismo año salió a la luz un trabajo sugerido por la Real Academia de la Lengua Vasca en el que ponía música a una selección de poemas de Aitor Iparraguirre, poeta y músico del siglo XIX, guipuzcuano como el cantautor y también de talante aventurero. No fue la única ocasión en la que el intérprete recurría a la “musicación” de poemas, así en su siguiente álbum, “Como el viento del Norte” se atrevió con el lorquiano “Verde” que años despuésimages (1) también pondría en solfa Manzanita logrando un fuerte impacto. “El libro del buen amor” fue su álbum de 1975 en el que se recogían poemas del Arcipreste de Hita convertidos en canción, era además la banda sonora de la película de homónimo título en la que debutó como actor. Su compañera de reparto era la Miss Universo Amparo Muñoz con la que se casó poco después dando mucho que hablar a la prensa del corazón, sobre todo cuando llegó la separación matrimonial. En 1978 apareció “Cancionero prohibido”, su álbum más descarnado. Llamaban la atención algunos versos de la canción “Mi niñez” donde el cantautor evocaba el sabor agridulce de aquellos años infantiles con un lenguaje procaz: “Me largué de mi niñez / oliendo a coño y tabaco…”, la crítica convino que esta vez el autor había llegado un poco demasiado lejos. Parecía que su carrera había llegado a un punto muerto cuando en 1980 fue convocado por Nacho Artime para participar en el montaje del musical “Evita”, protagonizado por Paloma San Basilio y en el que él encarnaba el personaje del Ché. La figura del Ché Guevara estaba un poco metida con calzador, representaba la voz de la conciencia de Eva Perón pero, en rigor, no tenía una justificación histórica. Al principio el cantautor se lo tomó como un paréntesis -“casi como hacer una película”, dijo- pero el éxito superó todas las previsiones y marcó su carrera artística que en el futuro se desarrollaría prioritariamente en el campo de la interpretación cinematográfica. Paralelamente acabó sus estudios de sociología y llegó a impartir clases en la universidad.

En los ochenta sólo editó dos discos. De 1983 es “Amor primero”, título tomado de una canción que interpretó con la colaboración de Mocedades. El lenguaje algo soez que antes había empleado para retratar su infancia se tornaba aquí extremadamente correcto: “Ay amor, amor primero / y de segundo, tercero y cuarto / ay amor te quise tanto…”. En ese disco se incluía también “María” una versión de “La casa in riva al mare”, un tema de Lucio Dalla que años después también cantaría el brasileño Toquinho. De otro cantautor italiano, Francesco de Gregory, es el tema “General” que tuvo el honor de abrir su L.P. “El balcón abierto”. Tras este álbum se abrió un largo paréntesis que no se cerró hasta 1999 cuando editó “Nunca, nadie” en el que hacía una revisión de sus antiguos éxitos. En su presentación el cantante justificó así su prolongada ausencia del mundo discográfico: “Llegué a un punto en el que ya no miraba la vida desde mi propia perspectiva sino como los demás esperaban que la viera… pero uno es lo que es y no lo que hace y yo siempre me he sentido un músico”.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      ©Antonio Subirana

DISCOGRAFÍA

R-5753283-1401710484-8594.jpeg“Retratos” (1969)

(Movieplay)

Primer álbum del artista por el que desfilan una serie de personajes pintorescos como “La Jacinta”, “Esteban” o “Rogelio”. Canciones clásicas en el imaginario cantautoril.

descarga (1)“A donde el agua” (1973)

(Philips)

Fue el trabajo que le reportó una mayor popularidad, sobre todo gracias al tema “Una, dos y tres” dedicada al Rastro madrileño. Destaca también “El maestro”, retrato de un profesor de ideas progresistas.

descarga (2)“El balcón abierto” (1986)

(CBS)

Aunque la mayor parte del repertorio fue compuesto por el propio intérprete  en Madrid y Marbella, entre 1985 y 1986, los temas más promocionados fueron “General”, una adaptación de Francesco de Gregory que abría la cara A y “Si yo fuera mujer”, versión de un tema de Andrea Mingardi cuyo mensaje feminista provocaba un curioso contraste con la voz viril del intérprete. La grabación se llevó a cabo en Madrid aunque la mayoría de músicos eran extranjeros.

descarga (3)“Nunca, nadie” (1999)

(Crin)

Aunque se trata de una puesta al día de sus canciones más conocidas, algunas con letras reformadas, es para el autor “un trabajo lleno de dudas y propuestas que mira más al futuro que al pasado y que, básicamente, ayuda a pensar”.

Otros discos:

“Once canciones entre paréntesis” (Philips, 1971),“Palabra por palabra” (Philips, 1972), “Iparraguirre” (Philips, 1973), “Como el viento del Norte (Philips, 1974), “El libro del buen amor” (Philips, 1975), “Viaje de ida (Philips, 1976), “Cancionero prohibido” (CBS, 1978), “Arquitectura” (CBS, 1979), “Amor primero” (CBS, 1983).

En la muerte de Camilo Sesto

Publicado el septiembre 08, 2019

Hoy, 8 de septiembre de 2019, hemos amanecido con la triste noticia de la muerte de Camilo sesto. A modo de homenaje reproduzco aquí el perfil biográfico que escribí para una enciclopedia del pop español en el año 2000

 

Resultado de imagen de camilo sestoCAMILO SESTO

Nombre auténtico: Camilo Blanes Cortés

Lugar y fecha de nacimiento: Alcoy (Alicante), 16 de septiembre de 1946

Año de debut: 1971

Álbumes grabados: 19

Mayor éxito: “Vivir así es morir de amor”

Discográficas: Ariola

Entre el barroquismo escénico de Raphael y las maneras de “cantante de todalavida” de Nino Bravo , los primeros setenta trajeron la opción de Camilo Sesto que aportó a la canción melódica un cierto aire de renovación, era un chico guapo pero no exhibía virilidad, más que un cantante parecía un modelo de esos que aparecen fotografiados a la entrada de las peluquerías con pretensiones. En el aspecto artístico,  Camilo era capaz de cantar a todo pulmón pero también sabía susurrar, como si le cantara al oído a alguna de sus innumerables seguidoras.

Al principio muchos le llamaban Camilo Sexto –así con equis, incluso algún periodista escribía “Camilo VI”- y así debiera haber sido su nombre artístico que adoptó por ser el sexto hermano de la familia, pero dio la casualidad de que ya había un artista que usaba ese nombre y optó por Sesto –con ese- de similar sonoridad.

 Resultado de imagen de camilo sesto daysonLa pasión por la música se le despertó a muy corta edad –algo que suele ser habitual en la región levantina-, casi al mismo tiempo que su afición por la pintura que le sirvió para poder sobrevivir recién llegado a Madrid, donde recaló en el otoño del 65 buscando una oportunidad en el mundo de la música que se le resistió más de lo previsto. Iba cargado de ilusiones y vivió los primeros sinsabores del mundo del espectáculo. Cada dos por tres cambiaba de domicilio y tenía que aceptar trabajos muy por debajo de sus cualidades. Haciendo de tripas corazón, llegó incluso a actuar en los garitos más tronados -hoy se diría cutres- bailar como chico “go-go”. Sus primeros pasos como cantante fueron como integrante de conjuntos pop como los Dayson -unos “versioneros” que apenas tuvieron eco- y Los Botines, un grupo que gozó de cierta popularidad y del que salió en 1968 para cumplir el Servicio Militar. La irrupción en el panorama musical de Camilo Sesto como solista no tendría lugar hasta principios de los setenta cuando Juan Pardo le tomó bajo su tutela y le produjo su primer disco, un single de escasa repercusión que incluía “Llegará el verano” y “Sin dirección”. El primero de los títulos era del propio Juan Pardo. Mejor le fueron las cosas con su segunda entrega discográfica donde encontramos una adaptación pop de la popular “Canción de cuna”, de Brahms –la que se escucha inevitablemente en las cajitas de música de los bebés- y que se tituló “Buenas noches”. Poco después participó en el espacio televisivo “Canción 71”, aunque su pasó por el programa no le reportó grandes satisfacciones, en cambio pocos meses después gozaría del reconocimiento de la crítica que le premió en el Festival de la Canción del Atlántico, celebrado en Tenerife. Antes de cerrar el año cosechó su primer impacto discográfico con el comercial “Ay, ay, Rosseta”. Pero su primer gran éxito llegó al año siguiente con un tema de su propia inspiración, “Algo de mí”, que dio título a su primer disco de larga duración y le abrió las puertas del mercado sudamericano. El camino ya estaba allanado y Camilo  no tardó en alumbrar un segundo álbum, “Sólo un hombre”, que albergaba otro tema a tener en cuenta, “Amor, amar”, cuya letra escribió su amiga –y según la prensa rosa de entonces, “algo más”- Lucía Bosé que además de su faceta de actriz tenía inclinaciones poéticas. Precisamente la carrera de su hijo Miguel le debe a Camilo el primer impulso.

Resultado de imagen de camilo sesto La consagración definitiva le llegó en 1973 con la canción “Todo por nada”  y “Algo más” que dio título a su tercer álbum. Poco después editó “Camilo” y “Amor libre”, en 1974 y 1975 respectivamente. Los éxitos más importantes de esta etapa son “Ayudadme” “Jamás” y “Melina”, esta última dedicada a la actriz griega Melina Mercouri. Por entonces ya había conquistado muchos países de Sudamérica y su voz había penetrado también en Japón y algunos países europeos, principalmente Alemania y Holanda.

Camilo Sesto era por entonces un ídolo de jovencitas que le asediaban a todas horas, pero aún no había conseguido el aplauso unánime del público adulto y deResultado de imagen de camilo sesto la crítica. Lo obtuvo a raíz del estreno de la adaptación española de la ópera rock de Tim Rice y Andrew Lloy Webber, Jesucristo Superstar que él estrenó como protagonista a finales de 1975, al poco de morir Franco. Realmente bordó el personaje de Jesucristo exhibiendo unas cualidades vocales y escénicas muy considerables. Compartía escenario con Ángela Carrasco que también destacó por su interpretación en el papel de María Magdalena. La obra se mantuvo mucho tiempo en cartel en el teatro Alcalá Palace de Madrid y algunas piezas del espectáculo las incluyó en sus presentaciones en directo como el número de “Getsemaní” que concluía con un apoteósico final, con el intérprete hincado de rodillas.

En 1976 obtuvo el premio “al cantante más popular” y volvió a alcanzar los primeros puestos de las listas con “Mi buen amor”. En esta época los discos se sucedieron con suma regularidad: “Memorias”, “Rasgos”, “Entre amigos” y “Sentimientos”… En el último de los citados, de 1978,  encontramos la balada “El amor de mi vida” y “Vivir así es morir de amor”, un impetuoso tema que con el tiempo sería su número más recordado. De este disco de vendieron 200.000 copias, una cifra altísima entonces. Del 78 al 83 fue encadenando un disco con otro con buena aceptación aunque sin generar la misma pasión entre sus fans, que fueron creciendo con él, mientras que la nueva generación de adolescentes mostraban sus preferencias por Miguel Bosé que, paradójicamente, fue durante un tiempo su protegido. Sin embargo aún le llegaban reconocimientos como el Premio Disco Latino por los diez millones de discos vendidos en todo el mundo a lo largo de su carrera. La prensa del corazón empezó a preocuparse más por su vida personal que por sus éxitos artísticos y eso fue contraproducente para su carrera. Mucho se habló entonces del hijo que tuvo, fruto sus relaciones con una mejicana, al que Camilo dedicaría su atención, hasta el punto de afirmar en 1986 que se retiraba de la canción para poderle dedicar todo el tiempo al pequeño. “De continuar estaría mintiéndome una vez más y ya no quiero más mentiras en mi vida”, afirmó entonces. La verdad es que sus últimos discos no habían tenido en España la repercusión deseada y esto también influyó en que el intérprete trasladara su residencia a Miami, sin que en España se tuvieran noticias de él, sólo circulaban rumores malintencionados que hacían conjeturas sobre su voluntario aislamiento.  Volveríamos a saber de sus andanzas en 1991 cuando regresó a su país para presentar un nuevo álbum, “A voluntad del cielo”, en el que se incluían como temas destacables “Amor mío ¿qué me has hecho?” y “Bienvenido amor”. Según afirmó el propioResultado de imagen de camilo sesto artista el motivo de su vuelta no era sólo divino, lo hacía también por su hijo que deseaba ver a su padre en activo. Su vástago apareció fotografiado con su famoso progenitor en la contraportada del siguiente álbum que editó el intérprete tres años después, “Héroes de amor”. Ni este ni el anterior L.P. sirvieron al cantante para reverdecer laureles. Sin embargo, poco después volvió al primer plano de la actualidad, pero no por razones artísticas sino por sus apariciones en programas de humor de dudoso gusto en los que él se prestaba a participar, aunque fuera ofreciendo una imagen algo patética, para escarnio de algunos irrespetuosos presentadores. Es lamentable que artistas que han vivido días de gloria sean utilizados cuando llegan a sus momentos más bajos para llenar programas de entretenimiento banal. Sin embargo, a él no parecía preocuparle el tema: “Sé que hay quien piensa que soy víctima de mi personaje, pero se equivocan…”. De todas formas, quien tuvo retuvo y es difícil ensombrecer del todo la carrera artística de alguien como Camilo que en sus mejores momentos arrastró un público numeroso y entusiasta. Prueba de ello es que a finales de los noventa muchos jóvenes aceptaron con placer -y como nuevos- temas como”Vivir así es morir de amor” que se escuchó mucho –incluso en las discotecas- a raíz de la publicación del antológico “Camilo superstar”. El cantante afirmó entonces con motivo de su retorno: “No vengo a salvar el planeta, que quede claro, pero sí a colaborar, dentro de los que esté en mi mano, para que haya más amor en el mundo”.

©Antonio Subirana

DISCOGRAFÍA

 

Resultado de imagen de camilo sesto algo de mí “Algo de mí” (1972)

(Ariola)

Fue su primer L.P., no tuvo de entrada muy buena acogida pero cuando parecía destinado al olvido empezó a alzar el vuelo y en el verano de 1972 llegó al número uno de las listas de éxito. La canción que le dio título es el tema más representativo de la primera etapa del cantante alcoyano.

 

Resultado de imagen de camilo sesto jesucristo superstar “Jesucristo Superstar” (1975)

(Ariola)

Esta adaptación española de la famosa ópera-rock no desmerece en nada a la original. La interpretación de Camilo Sesto convenció a un público adulto que de otra manera no se hubiera fijado en el intérprete. También participa Ángela Carrasco que estuvo muy bien en el papel de María Magdalena. El número más importante de los interpretados por Camilo es “Getsemaní”.

 

Resultado de imagen de camilo sesto sentimientos“Sentimientos” (1978)

(Ariola)

Puede considerarse su último álbum de éxito. A destacar los temas “El amor de mi vida” y “Vivir así es morir de amor”. Este último es el tema de su repertorio que mejor ha resistido el paso del tiempo.

 

Resultado de imagen de camilo superstar“Camilo superstar” (1999)

(Ariola)

Esta recopilación, en la que encontramos lo más brillante del repertorio del artista, fue objeto de un importante lanzamiento que se saldó con unas ventas sorprendentes. Lo curioso es que su edición no contentó únicamente a las quinceañeras de antaño sino a un público juvenil de ambos sexos.

 

Otros discos:

Nota: No se incluyen recopilaciones.

“Sólo un hombre” (Ariola, 1972), “Algo más” (Ariola, 1973), “Camilo” (Ariola, 1974), “Amor libre” (Ariola, 1975), “Memorias” (Ariola, 1976), “Rasgos” (Ariola, 1977), “Entre amigos” (Ariola, 1977), “Horas de amor” (Ariola, 1979), “Amaneciendo” (Ariola, 1980), “Más y más” (Ariola, 1981), “Con ganas” (Ariola, 1982), “Camilo (en inglés)” (Ariola, 1983), “Amanecer 84” (Ariola, 1984), “Agenda de baile” (Ariola, 1986), “A voluntad del cielo” (Ariola, 1991), “Amor sin vértigo” (Ariola, 1994).

 

 

En la muerte de Doris Day

Publicado el mayo 13, 2019

Con motivo de la muerte de Doris Day, el 13 de mayo de 2019, recupero a modo de homenaje la biografía que escribí en 1995 y que fue publicada en Portugal.

 

DORIS DAY 

LA NOVIA DE AMÉRICA

Doris Day nunca fue el prototipo de mujer que despierta el deseo. Sin embargo, llegó a ser la novia más deseable de América. Con una voz cristalina y una habilidad poco común para dominar múltiples parcelas del espectáculo, fue la estrella indiscutible de una América algo mojigata que veía en ella la mujer que nunca se pasaba de la raya. Sólo sus pecas y la manera de apartarse con un soplo el flequillo de la frente, le daban un aire de inocente rebeldía.

 

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La bailarina que no pudo ser

Dorothy Von Kappelhoff -este es su verdadero nombre- nació el 3 de abril de 1924 en Cincinnati, Ohio.

Su padres, William y Alma Sophia, se separaron cuando ella era una adolescente. Él era un buen pianista que se ganaba la vida dando clases de órgano y de violín y albergaba la ilusión de que su hija se dedicara también a la música clásica; ella era ama de casa, tenía una admiración sin límites por la actriz Doris Kenyon y por eso le impuso ese nombre a su hija, con la esperanza de verla un día convertida en una estrella del espectáculo.

Doris iba para bailarina profesional, a los cuatro años empezó a tomar clases de ballet clásico y a los doce entró en la compañía de Franchon y Marco, después de ganar un concurso para nuevos talentos junto a un joven bailarín llamado Jerry Doherty. Con ese  grupo de baile, en el que también se encontraba su hermano Walter, realizó Doris sus primeras tournées. En uno de los viajes sufrió un aparatoso accidente de coche que le causó varias fracturas de gravedad en la pierna derecha. Este desgraciado suceso le obligó a despedirse del mundo de la danza pero no del espectáculo, quería ser artista a toda costa.

Obligada a desplazarse en una silla de ruedas, pensó que para cantar no necesitaba moverse y descubrió que tenía buena voz. Fue entonces cuando su padre volvió a aparecer por casa para darle lecciones de música y educar su voz. Doris aliviaba de esta forma las tediosas horas que pasaba inmóvil reponiéndose de las múltiples operaciones a las que se tuvo que someter y contrarrestaba así la pesadez de las sesiones de rehabilitación con la alegría que le proporcionaban sus progresos vocales.

Ese grave contratiempo frustró sus ambición de llegar a ser una gran bailarina pero le desveló unas ocultas posibilidades como cantante que seguramente no hubiera descubierto de no ser por aquel desgraciado accidente…nunca hay mal que por bien no venga.

Cuando su padre creyó que ya había “despertado” aquella voz, determinó que prosiguiera sus clases con una profesional del canto, la profesora elegida fue Grace Reine.

 

El “día a día”

Sus progresos físicos y musicales fueron muy rápidos y pronto empezó a frecuentar una emisora local donde tuvo la suerte de que le escuchara el director de orquesta Barney Rapp. Este la colocó como vocalista en su banda y la dio a conocer desde el escenario del “Little club”, de Cincinnati, donde cobró su primer dinero por cantar. Fue precisamente Rapp quien le sugirió cambiar su apellido por uno de más fácil pronunciación. Uno de los números más aplaudidos de Doris con la orquesta de Rapp era el tema “Day by day”  -que más adelante grabaría con Les Brown- y de esa canción tomó su nombre artístico.

Todo esto pasaba en los años de la segunda guerra mundial. La voz cristalina de Doris, unida a su aire angelical, era un soplo de esperanza para una población ávida de sueños.

Doris Day respondía en esta época al tópico de “artista con madre”. Su mamá era quien le acompañaba a todas partes, velando por que su hija no se apartara del camino recto. Supervisaba sus contratos y hacía todo lo posible porque su hija fuera justamente compensada por su arte.

Después de la orquesta de Rapp, estuvo un tiempo con Fred Waring y los Pensylvanians donde coincidió con el ya veterano Rudy Vallee, uno de los primeros “crooners” de los que se tiene noticia.

 

IMG_20190513_204442_resized_20190513_084649622Un viaje sentimental

Por esa época conoció a Al Jordan, trompetista de la orquesta de Jimmy Dorsey, que acabaría por convertirse en su primer marido. Es en este punto de la historia donde surge la primera contradicción entre la vida personal de Doris y la imagen que de ella tenía el público. Pocos de sus seguidores se enteraron entonces de que aquella señorita de intachable moral había sido madre en 1942, un año antes de contraer matrimonio con Jordan. Según se supo después, Al era un perfecto tirano y Doris logró escapar de sus garras sin llegar a cumplir el primer aniversario de boda. El hijo de aquel matrimonio, Terry, sería con los años administrador de una pequeña productora de cine propiedad de su madre. Al parecer, la relación financiera materno-filial acabó en los tribunales.

Mientras su vida sentimental se había complicado, su estilo había ido ganando adeptos gracias a sus apariciones en el programa de radio que conducía el actor Bob Hope y a su paso por diversas orquestas entre las que cabe destacar la de Bob Crosby, hermano del famoso “crooner”, con la que estuvo actuando una breve temporada en el “Strand theater” de Nueva York. Fue allí donde conoció a Les Brown, que sería el músico que sabría sacar el mejor partido a su voz. Con su orquesta estuvo actuando en el casino de Glen Island y realizó sus primeras grabaciones discográficas entre las que se encuentran temas como  “Let’s be Buddies”, “Barbara Allen” , “Easy as a pie” y “Dig it”. Aunque estos temas sorprendieron gratamente a los buenos aficionados, no constituyeron un éxito popular. Este llegaría, tras divorciarse de Al Jordan, con un tema editado por Columbia en 1944, “Sentimental journey”, del que se vendieron más de un millón de ejemplares. La etapa con la orquesta de Les Brown fue la más interesante de su carrera musical en tanto en cuanto refleja la auténtica dimensión de Doris Day como cantante. Su riqueza de matices y su depurada técnica vocal, así como la perfecta compenetración con la orquesta son palpables en temas como “Come to baby, do!”, “Sooner or later” o “There’s good blues tonight”.

Poco a poco había ido recuperándose de sus fracturas en la pierna y decidió matricularse en una escuela de danza de Nueva York con la intención de volver a bailar como una profesional, algo que consiguió en poco tiempo, gracias a su gran fuerza de voluntad.

A los veintidós contrajo su segundo matrimonio, nuevamente  con un músico, esta vez el saxofonista George Weidler . Esta unión también naufragó a los pocos meses.

 

Hollywood, Hollywood

En 1948 Doris decidió marcharse a Hollywood, ante la insistencia de su madre que siempre quería ver a su hija en un puesto más alto.

Tenía ya hecho un nombre en el mundo de la canción y no le fue difícil obtener actuaciones en las salas más lujosas.

Sólo le faltaba dar el salto al mundo del celuloide y en poco tiempo lo consiguió gracias al director húngaro Michael Curtiz que le dio el papel protagonista de  “Amor bajo cubierta” (“Romance in the sea”) (1948), la película que en un principio debía protagonizar Betty Hutton pero que  no pudo hacer al quedar  embarazada. Doris tuvo en ese film el vehículo idóneo para desplegar sus habilidades en el canto y la danza, y de paso estrenarse como actriz, faceta en la que resultó muy convincente, aunque no llegó a tener un éxito masivo.

Doris tenía todos los números para ser la futura estrella que la Warner Bros necesitaba. Pero no una estrella inalcanzable sino asequible y doméstica. Era la buena chica, comprensiva y risueña, que todos querrían tener como novia. Todo lo hacía bien,  actuaba, cantaba y bailaba con la misma facilidad que una casta ama de casa limpiaba, planchaba y guisaba. Además lo hacía sin esfuerzo aparente, daba la impresión de que para ella todo fuera coser y cantar.

Las películas de éxito empezaron a sucederse a un ritmo vertiginoso : “My dream is yours” (1949), también dirigida por Michael Curtiz ; “It’s great a feelling” (1949),   de David Butler, el director que la dirigiría en más ocasiones ; “Young man with a horn” (1950) ; “Tea for two” (1950), basada una opereta de los años veinte titulada “No, no, Nanette”; “”West point story” (1950); “Storm warning” (1950), de Stuart Heisler; “Lullaby of Broadway” (1951); “On moonlight bay” (1951), dirigida por Roy del Ruth; “Starlift” (1951); “I’ll see you in my deams” (1951); “April in Paris” (1952);   “By the light of the silver moon” (1953); “Calamity Jane” (1953); “Young at heart” (1954), dirigida por Gordon Douglas; “Love me or leave me” (1955), de Charles Victor; “The man who knew too much” (1955), de Alfred Hitchcock ; “The Pyjama game” (1959), “Pillow talk” (1959), “Jumbo” (1962)…

 

Millonaria y arruinada

Como cantante siguió grabando discos de éxito. Acostumbrada a verse en el cine acompañada de imponentes galanes, buscó entre los crooners del momento IMG_20190513_204508_resized_20190513_084650340su oponente ideal y así grabó sucesivamente dúos con Johnny Ray (“Let’s walk that away”) y con Frankie Laine (“Sugarbush”).

Inolvidables son sus interpretaciones de “Embracable you”, la célebre composición de George e Ira Gershwin; “Crying my heart out for you”, “Because you’re mine”, etc.

Esos años de gloria y de éxito comercial se debieron en gran medida a las buenas artes de Marty Melcher, un productor de cine que en 1951 se convirtió en su tercer marido. Él fue quien dio el nuevo impulso que necesitaba la carrera cinematográfica de Doris Day, consiguiéndole un fabuloso contrato con la Metro Goldwyn Mayer.

A pesar de que este matrimonio resultó muy rentable en el terreno artístico -para ella- y en el económico -para él-,  también se frustró.  A diferencia de lo que había ocurrido anteriormente, en esta ocasión el final no fue el divorcio sino la muerte de Melcher, acaecida en 1968.

Melcher había velado por los negocios de su esposa y ambos habían visto aumentar su fortuna considerablemente. Cuando ella enviudó, unos desaprensivos gestores intentaron sacar tajada del patrimonio y Doris Day pasó de millonaria a arruinada en muy  poco tiempo, el mismo que tardó en recuperar judicialmente sus propiedades, que incluían pozos de petróleo, hoteles, una editorial musical, una productora de cine y hasta una cadena de heladerías.

Su último éxito discográfico fue “Move over Darling”, compuesto por su hijo Terry, y su última película “Déjame sitio, encanto” (1964). Este era el film cuyo rodaje se había visto interrumpido por la inestabilidad de su inicial protagonista, Marilyn Monroe, y que finalmente había quedado inconcluso debido a la muerte de la sex-symbol en 1962. Tras unas lógicas adaptaciones en el guión, Doris Day  interpretó el papel que debiera haber hecho la malograda actriz.

Después de ese rodaje, Doris Day se retiró a su mansión de Malibú y sólo salió de allí para cumplir un contrato firmado por su difunto marido con una cadena de televisión. El resultado fue una serie de programas que, con el título de “El show de Doris Day”, le mantuvieron ocupada hasta 1974.

En 1976 publicó sus memorias donde dejaba al descubierto las sorprendentes diferencias que existían entre su vida en la ficción y su vida real. Ese mismo año se casó con Barry Comden, pero las infidelidades de él dieron al traste con este cuarto matrimonio.

A partir de ese momento sólo aparecería en público en algún acto humanitario, como el  pase privado de “Calamity Jane” que, en 1993, ofreció en su propia residencia con fines benéficos.

 

images“Qué será, será”

 Curiosamente, la canción que tenemos más asociada a Doris Day no pertenece a una película musical sino a un film de suspense dirigido por el maestro del género, Alfred Hichcock.

“Whathever will be, will be” no era una simple canción de relleno en la película “El hombre que sabía demasiado” (“The man who knew too much”), tenía un papel fundamental en el argumento ya que gracias a ella la protagonista recuperaba a su hijo en el momento cumbre de la filmación. Ese tema llegaría al número uno en 1956 y se convertiría en uno de los clásicos de la canción popular.

Otras películas que debemos destacar por su interés musical son “Romance in the sea” (1948), que incluye “It’s magic”, su primer éxito musical en el cine; “Lullaby of Broadway” (1951) que cuenta con un buen ramillete de canciones de Cole Porter y George Gershwin; “April in Paris”, con excelentes temas de Sammy Cahn y Vernon Duke; “Calamity Jane”, de la que salieron éxitos tan importantes como “Black hills of Dakota” y “Secret love”.

Mención especial merece “Young at heart”, en la que interpreta junto a Frank Sinatra la canción que da título al film -de Johnny Richards y Carolyn Leigh-, además de otros temas sin desperdicio como  “Someone to watch over me”, de Gershwin ; “Just one of those things”, de Cole Porter y “One for my baby”, de Harold Arlen y Johhnny Mercer.

Cabe señalar también, por su aliciente musical, “Young man with a horn” (1950), inspirada en la biografía del genial trompetista Bix Beiderbecke, y “Love me or leave me” (1955) basada en la vida de la cantante de Ruth Etting.

©Antonio Subirana