En la muerte de Little Richard

Publicado el mayo 09, 2020

Con motivo de la muerte de Little Richard recupero el texto que escribí  en 1995

para una enciclopedia de grandes voces del siglo XX

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LITTLE RICHARD

EL “SHOWMAN” DEL ROCK & ROLL

 Little Richard fue el primer artista que introdujo elementos provocadores en sus presentaciones en directo. Supo aprovechar la técnica vocal del gospel para ponerla al servicio de una música pagana como el rock & roll y fue el primero en despojar al piano de su seriedad para convertirlo en un elemento escenográfico más.

No se limitó a ser un cantante de rock & roll sino que potenció su faceta de hombre-espectáculo luciendo indumentarias extravagantes y exhibiendo todo tipo de posturas que enfervorecían a los jóvenes y escandalizaban a los adultos.

Un carromato fue su primer escenario

 Richard Wayne Penniman -este es el verdadero nombre de Little Richard- nació en Macon, Georgia, el 5 de diciembre de 1935.

Sus primeros contactos con la música se produjeron en la iglesia de su barrio, ahí empezó a tocar el órgano y a cantar en el coro, del que llegó a ser la voz solista.

Sus padres tenían unas profundas convicciones espirituales -pertenecían a una congregación llamada “los Adventistas del Séptimo Día”- y vivían en unas  condiciones de pobreza extrema. El dinero no alcanzaba para alimentar a los once hijos y Richard, que era el tercero, asfixiado por la férrea disciplina religiosa y las penurias económicas, decidió en cuanto pudo, a los trece años, abandonar el hogar familiar. Tuvo suerte y fue recogido por un matrimonio blanco -Ann y Enotris Johnson- que le tomaron bajo su tutela y le permitieron vivir con relativa comodidad.

Su primer dinero lo ganó como animador de un “Medicine Show”. Se trataba de un espectáculo ambulante, instalado en un carromato, que ofrecía pequeños números artísticos con el fin de atraer la atención del público y así vender un remedio milagroso, cuyos beneficios pregonaba insistentemente un charlatán.

Después de esta curiosa experiencia trabajó en empleos más comunes hasta que le contrataron en un sórdido club nocturno donde empezó a cantar de forma profesional.

En ese tiempo aún no era conocido como Little Richard, este nombre artístico se lo impusieron cuando tenía dieciséis años y resultó vencedor en un concurso para nuevos valores que se celebró en Atlanta. El premio consistía en un contrato con el sello Camdem -filial de R.C.A.- para el que grabó unos cuantos temas de blues que apenas tuvieron repercusión como “Taxi blues”, “Why did you leave me” y “Ain’t nothin’ happenin’”, este último con el acompañamiento de la orquesta de Billy Wright.

En 1953  fichó por el sello Peacock, ubicado en Houston  y propiedad de Don Robey. Los grabaciones de esta época contaron con el acompañamiento rítmico de los Duces of Rhythm y el soporte vocal de los Tempo Toppers.  Eran mayoritariamente temas de rhythm & blues y sólo “Ain’t that got news” obtuvo una popularidad significativa. Más tarde grabó un nuevo disco que incluía “Little Richard’s boogie”, producido por Johnny Otis sin obtener tampoco resultados muy positivos.

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“Tutti Frutti”

 Al ver que su carrera estaba estancada, pidió consejo a Lloyd Price quien le recomendó que presentara sus canciones a la casa “Speciality Records”, de Nueva Orleans. Los directivos de “Speciality” quedaron gratamente sorprendidos y, tras llegar a un acuerdo económico con Peacock, decidieron  grabar una docena de canciones de Richard con la producción de Robert Blackwell.

La operación se saldó con un gran éxito ya que en 1955 el tema “Tutti Frutti”, consiguió escalar posiciones en las listas de Estados Unidos y Gran Bretaña. Este tema quedaría ya para siempre como sinónimo de rock & roll y sería indisociable de la voz de Little Richard.

Sorprendentemente, ninguna pieza de Little Ricard llegó al número uno de las listas generales de éxitos -aunque sí alcanzó la primera posición en las de rhythm & blues-, pero si echamos un vistazo a los casi tres que van del 55 al 58, encontramos un puñado de temas salidos de la garganta de Richard que hoy forman parte de lo más selecto del museo del rock & roll: “Long tall Sally” -que alcanzó la cima de las listas de rhythm & blues-, “Ready Teddy”, “Rit it up”, “She’s got it”, “Lucille”, “The girl can I help it” -incluída en la película del mismo título-, “Good Golly Miss Molly” -que en los países latinos fue conocida como “La plaga”-, “Keep a knockin’”, etc.

En este corto y glorioso espacio de tiempo, intervino también en dos películas, “Don’t knock the rock” y la mencionada “The girl can’t help it”.

Algunos de sus temas, como “Tutti Frutti” o “Long tall Sally”, tuvieron su versión “blanqueada”, en la voz de Pat Boone el especialista más acreditado en “covers”.

 A-uan-ba-baluba-balam-bambú

El gancho del tema “Tutti Frutti” no era otro que esta celebérrima frase: “A-uan-ba-baluba-balam-bambú”, transcrita tal como suena. Pocas veces se ha dicho tanto sin decir absolutamente nada. Esta retahíla de onomatopeyas sintetizaba el ritmo, la tribalidad -también la trivialidad, todo hay que decirlo- y la fuerza transgresora de la nueva música que iba a conquistar a jóvenes de todo el mundo y de la que Little Richard fue uno de sus principales protagonistas.

Al parecer el texto original de “Tutti Frutti” contenía unas referencias al sexo demasiado explícitas y hubo que rehacer la letra para que el tema pudiera pasar por los canales de difusión, esta misión fue encomendada a la letrista Dorothy La Bostrie, a la que no le hizo falta escribir ningún otro tema durante el resto de su vida.

La “llamada del Señor”

 En 1957, Little Richard inició una gira por Australia que habría de modificar su existencia…En uno de los muchos desplazamientos aéreos que tuvo que realizar, el avión en el que viajaba sufrió un contratiempo y Little Richard se hizo la promesa de que si salía ileso de aquel percance abandonaría la música y se haría monje. Felizmente, el avión pudo tomar tierra y Richard volvió a su frenética carrera artística. Pero quiso el azar que, al poco tiempo, la muerte le diera un segundo aviso y nuevamente a bordo de un aeroplano. Por fortuna tampoco pasó nada grave en aquella ocasión pero Little Richard quedó convencido de que había vuelto a nacer y que esos accidentes eran “la llamada del Señor”. Dos oportunidades ya eran demasiadas para tentar a la suerte una vez más, tenía que abandonar la música y dedicarse a servir a Dios. Con este objetivo espiritual ingresó en la escuela de la congregación de los Oakwood Adventurist donde pasó dos años de ascética reclusión, dedicado al estudio de la teología y entregado a la meditación.

 La casa de discos no se resignó y en 1958 lanzó nuevos singles con temas que no habían visto la luz en su momento como “Baby face”, “True fine mama”, “By the light of the silvery” y “Kansas city” que no tuvieron la acogida de los precedentes, aunque lograron situarse en las listas británicas.

En esta etapa de aislamiento voluntario, sólo la música gospel podía confortarle en las largas horas que pasaba en soledad. Durante los dos años de vida monacal grabó varios discos llenos de misticismo para diversos sellos. Dignos de mención son los producidos por Quincy Jones -entonces diriector de la discográfica Mercury- entre los que destaca el tema “He got what she wanted”, aparecido en 1962. Ese mismo año volvió a los escenarios realizando su primera gira británica que se saldó con un éxito apoteósico y de la que nacería una relación de mútua simpatía con unos chicos que entonces empezaban: los Beatles. Con ellos realizó algunas actuaciones en directo y varias apariciones televisivas. Dos años más tarde fueron los mismos Beatles quienes  revalorizaron a los pioneros del rock & roll como él y Chuck Berry del que grabaron Roll Over Beethoven y “Rock & roll music”.

Soul, rock & roll y religión

 A partir de ese momento, Little Richard decidió que tenía que reivindicar su papel de protagonista en la historia del rock & roll. Regresó al sello Speciality y volvió a la carga con “BamapLama-Bama-Loo”, un númeroIMG_20200509_185939_resized_20200509_071324988 rockero con evidentes reminiscencias de “Tutti Frutti”, al que sucedieron otros como “Money honey”, “I’m black”, “Lawdy miss Clawdy,  “Bring it on home to me” -versión de un tema de Sam Cooke”-, y “Hound dog”, el clásico de Leiber y Stoller popularizado por Elvis Presley. Aunque estos temas le devolvieron a la palestra, decidió cambiar nuevamente de discográfica -primero fichó por el sello Vee Jay Records y más tarde por Okeh- sin una orientación estilística clara, navegando entre el rock & roll de sus inicios y el soul imperante a mediados de los sesenta. De esta etapa merece señalar el impacto de “I don’t know what you’ve got but it’s got me”, en donde se puede escuchar la guitarra de Jimi Hendrix, que estuvo en su grupo de acompañamiento hasta que Little Richard entendió que podía hacerle sombra. Otros temas de esta época son “Poor dog”, “Without love” y “Hurry Sundown”.

Tras una exitosa gira por el Reino Unido, volvió al repertorio de rock & roll con un tema de gran fuerza, “Get down with it”. Pero para entonces Little Richard ya no tenía la rebeldía de sus primeros años, había cambiado su imagen provocativa por otra mucho más  relamida y sus excesos excesos escénicos dieron paso a una inexplicable contención  que nada tenía que ver con la fuerza salvaje que le había encumbrado al éxito. Se había convertido en un artista de lujo para el público maduro de Las Vegas y en una pieza de museo para las nuevas generaciones. Por entonces el público estaba ya más preocupado por cuestiones de índole personal -como su supuesta homosexualidad -que por sus nuevos trabajos musicales.

Esta confusión en su vida privada y en su carrera artística le llevó, en 1973, a buscar de nuevo una vía de escape en los asuntos místicos.

A mediados de los setenta, coincidiendo con la oleada de revival que sacudió a la industria musical, se reeditaron los grandes éxitos de Little Richard y se le adjudicó el puesto privilegiado que merecía dentro de la historia de la música moderna. Fue entonces frecuente su aparición en diversos documentales y películas sobre la época gloriosa del rock & roll. Cabe señalar su participación en  la película “Down and out in Beverly Hills” (1986), que contenía uno de sus últimos éxitos, “Great Gosh a’Mighty”.

La influencia de Little Richard ha sido notable en muchos artistas que le sucedieron entre los que cabe mencionar a los Beatles, los Rolling Stones, Jimi Hendrix y Jerry Lee Lewis, que llevó hasta las últimas consecuencias sus acrobacias sobre el piano.

En los últimos tiempos, Little Richard ha aparecido frecuentemente en vídeo-clips y grabaciones discográficas de ilustres colegas suyos. El último ejemplo data de 1993, cuando participó en álbum “Duets”, de Elton John, interpretando el tema “The Power”.

 ©Antonio Subirana

 

Adiós al maestro y amigo Aute

Publicado el abril 05, 2020

Toni Subirana nos habla de sus encuentros con el cantautor recientemente fallecido

Con Luis Eduardo Aute 2016

 

 

Aunque muchos ya lo echábamos de menos hace tiempo, la muerte de un personaje como Aute nos sorprende y sobrecoge. La fecha del 4 de abril quedará marcada como la de la partida, sólo con unaño de diferencia. de dos grandes cantautores,Con L. E. Aute Alberto Cortez y Luis Eduardo Aute. Poco tengo que añadir a lo que ya todo el mundo sabe de la dimensión artística de este creador polifacético que fue Aute. Sí que puedo desvelar que en mi trato personal con él siempre encontré a un compañero generoso que sabía como hacer que te sintieras bien tratado y querido. Detrás de su aspecto bohemio y algo hippy, de estudiado desaliño, se escondía un trabajador infatigable, totalmente entregado a la creación, y un señor de educación exquisita al que le gustaba cuidar las formas. En esto me recordaba a  Georges Moustaki, un día que coincidí con ambos a la vez, se lo comenté a este último y me dijo que sí, que ciertamente, tenían muchas concomitancias. Cuando le enviaba un nuevo disco mío siempre se tomaba la molestia de escribirme unas letras en las que me comentaba alguna cosa de cada canción. Por cierto, una de las veces que nos vimos le pregunté si le importaría que publicara aquí algunos de esos tarjetones con los que me obsequió y me contestó  que no faltaría más, que las cartas eran mías… y por eso traigo aquí una muestra de esa relación epistolar.

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A mi modo de ver es el que mejor ha evolucionado de todos los cantautoresde su generación, creando un universo propio que no te cansas de explorar porque siempre depara sorpresas, tanto como letrista, siempre encontrando la manera de tocar los temas de siempre desde un punto de vista diferente, y como músico, siempre hallando  melodías inspiradas sin salirse de los márgenes de la canción popular. También como intérprete, con los años, ha depurado un estilo muy personal, magistral en el arte de cantar sin gritar, procurando, además, a sus canciones un envoltorio sonoro tendente a crear climas propicios para entrar en sus historias. En tiempos de confinamiento pienso que él, como yo, y como muchos otros artistas, no sentiría nada especial por no poder salir de su acogedora casa de la calle Jorge Juan, de Madrid, donde siempre tenía ideas que cazar al vuelo y plasmarlas con la guitarra, la pluma o el pincel.

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La última vez que pude conversar largamente con él, poco antes de caer enfermo, fue en un viaje que hicimos los dos solos en AVE de Barcelona a Madrid, le pregunté por su empeño en volver a grabar sus antiguas canciones en la serie “Auterretratos” y me dijo que las grabaciones originales eran insoportables porque en sus inicios no sabía cantar y había llegado a una edad en la que percibía la posibilidad de desaparecer en cualquier momento de este mundo y quería dejar todo ese repertorio revisado, actualizado y en orden. Es decir daba como buena su obra primigenia pero no así su plasmación. De eso y muchas cosas hablamos…por cierto, yo tenía billete de clase  turista y él de preferente pero me invito a quedarme en su vagón…y me regaló su desayuno. Gracias por todo, querido Eduardo.

©Antonio Subirana

 

Toni Subirana canta “Las cuatro y diez” en homenaje a L. E. Aute.

In Memoriam , recupero el texto que escribí en elaño 2.000 dedicado a su figura para una enciclopedia del pop español

imagesLUIS EDUARDO AUTE

Nombre completo: Luis Eduardo Aute Martínez

Lugar y fecha de nacimiento: Manila (Filipinas), 13 de septiembre de 1943

Año de debut: 1967

Álbumes editados en España (excluídas recopilaciones): 23

Mayor éxito: “Al alba”, “Las cuatro y diez”

Discográficas: RCA, Ariola, Movieplay, EL Europeo, Virgin

Sin duda estamos ante el cantautor más singular que ha dado nuestro país. Este Leonardo da Vinci de la canción ha transitado por muchos caminos

Aute en sus primeros años como cantante
Aute en sus primeros años como cantante

artísticos –la pintura, el cine, la poesía, la música…- y en todos ha dejado una huella indeleble, aunque él siempre se ha encargado de puntualizar que no es profesional de nada y aprendiz de todo, o más exactamente “amateur”, que en su sentido original es una persona que ama aquello que hace.

Nació en Manila en el seno de una familia acomodada, su padre era un catalán que había llegado a Filipinas veinticinco años atrás para trabajar en una importante compañía tabaquera, allí conoció a una filipina de ascendencia española con la que se casó y tuvo dos hijos. El primogénito, Luis Eduardo, mostró a muy temprana edad una clara vocación por la pintura. Su educación fue polilingüe: en casa hablaba castellano, en el colegio inglés y en la calle tagalo. En Manila tuvo la oportunidad de ver mucho cine, películas americanas que se estrenaban ahí al mismo tiempo que en Estados Unidos. El séptimo arte se convirtió pronto en otra pasión que con el tiempo daría sus frutos. Sin embargo el gusto por la música no se le despertó hasta que la familia fijó su residencia en España, primero en Barcelona y despuésen Madrid. Luis Eduardo tenía entonces once años. Cuatro años después descubrió a Elvis Presley y para emularlo decidió montar un grupo con dos compañeros de clase, fue su primer contacto con la música que se convertiría en algo más serio cuando entró a formar parte de Los Sonor, un nombre a tener en cuenta entre los pioneros del pop español ya que a algunos de sus componentes posteriores los encontramos en conjuntos verdaderamente famosos como Los Bravos, pero en la época de Aute eran sólo unos debutantes adolescentes con ganas de pasarlo bien.

Aute en su estudio.
Aute en su estudio

Tras unos años en los que logra sobrevivir de la pintura haciendo retratos en París y en los que lleva a cabo sus primeras exposiciones con bastante aceptación, en 1965 se produce un pequeño acontecimiento que cambiará su vida. Durante una fiesta conoce, a través de la que sería su mujer, a una chica que se hace llamar Maciel, es la hija de un conocido representante artístico y tiene prisa por darse a conocer en el mundo de la canción, algo que conseguirá poco después gracias al Festival de Mallorca donde ya se presenta como Massiel. Teniendo como referencia más inmediata a Bob Dylan, Aute empieza a componer unas letras con toques surrealista que se materializan en canciones como “Rojo sobre negro”, “Rosas en el mar” y “Aleluya nº1”.  Esas canciones, compuestas sin muchas aspiraciones, de repente despiertan el interés de mucha gente: por una parte Massiel que había sido en cierto modo la inspiradora, por otra dos cantantes nuevos: un antiguo componente de Los Sonor y otro al que Alain Milhaud quiere producir su disco de debut. Por si fuera poco la casa RCA pretende que las grabe el propio autor con producción de Juan Carlos Calderón que también está favorablemente impresionado con esas composiciones. Finalmente el joven compositor opta por dárselas aimages-2 Massiel que, a fin de cuentas, es en quien pensaba cuando compuso “Rosas en el mar”. Esta es la primera pieza que graba la cantante, a principios de 1967, y  será un éxito incontestable no sólo en España sino en algunos países de Sudmérica, incluso en Cuba.  Poco después el cantante accede a entrar en el estudio de grabación y el resultado es un single que incluye dos piezas, “Made in Spain” y “Don Ramón”. Después sale al mercado “Aleluya nº1”, en la versión de Massiel y del propio autor. El gran éxito de este tema le pilla a Aute desprevenido. Tras grabar algunos otros singles, decide cortar con todo aquello y refugiarse en los pinceles dejando grabado un álbum, “Diálogos de Rodrigo y Ximena” al que seguiría uno de los discos más atípicos de la música popular española, “24 canciones breves”. En ese disco quedan ya representadas las temáticas que abordará en sus futuros discos aunque en el marco de un tipo de canción más convencional, sin embargo el concepto de canción sintética, de alguna manera, lo recuperaría dos décadas después en sus “Poemigas”. Tras “24 canciones breves”, Aute permanece aislado del mundo de la música durante cinco años en los que se dedica a la pintura –llega a diseñar portadas de discos para ganarse la vida- y al cine, sin dejar por ello de escribir poemas y canciones que aparecerían en su álbum “Rito”, de 1973, aunque algunas de ellas como “Las cuatro y diez” y “De alguna manera” se dieran a conocer en la voz de Rosa León. Nuevamente Aute se ve literalmente empujado al estudio de grabación, esta vez por José Manuel Caballero Bonald y alumbra “Rito” que inicia la trilogía “Canciones de amor y muerte” que se completa con “Espuma” –que lleva el subtítulo “canciones eróticas”- y “Sarcófago”, cuyas canciones surgen de un libro de poemas en torno a la muerte. Este es su disco más denso y aparece tras uno más liviano –“Babel”- de canciones satíricas, muchas de las cuales ya habían sonado en la voz de otros intérpretes. En clave humorística también son las canciones de su siguiente álbum, “Forgesound” que realiza en colaboración con el poeta Jesús Munárriz y el humorista gráfico Forges que se encarga de la portada.

Aute en el concierto "Entre amigos" que relanzó su carrera.
Aute en el concierto “Entre amigos” que relanzó su carrera.

Con “Albanta” se inicia una nueva trilogía “Canciones de amor y vida” en la que se incluye también “De par en par” y “Alma”. Se opera entonces un cambio radical en la producción de sus discos que ya no cuentan, a partir de ese momento, con unos arreglos orquestales al uso, sino que el envoltorio instrumental, a cargo de de Teddy Bautista y de Luis Mendo, en sucesivas grabaciones, se torna más espontáneo. También es el momento en el que Aute decide dar la cara en el escenario, el público puede al fin identificar aquellas canciones con una imagen, la de un cantautor sofisticado y triste, un tanto pedante para algunos, pero en todo caso un pedante simpático y entrañable. La canción de esta época es “Al alba”, uno de los cortes de “Albanta” que previamente había grabado Rosa León. Según el propio autor “nació ante la necesidad de hacer algo en contra de la pena de muerte; la escribí con forma de canción de amor para que se pudiera cantar, pero guardando una clave que la gente conocía”. Con “Alma” y “Fuga” se define ya el nuevo sonido de “cantautor con grupo”, un grupo que, por otra parte, tiene entidad propia y nombre propio: Suburbano. Para saber como sonaba en directo lo mejor es escuchar el álbum “Entre amigos”, grabado en directo en 1983, donde el

cantautor hace un repaso a su carrera con ilustres colegas. A partir de este álbum Aute entra de lleno en la esfera de los cantantes populares. Sus siguientes discos -“Cuerpo a cuerpo” y “Fuga”- son superventas antes de salir al mercado y pasa de cantar para unos pocos en el patio de un colegio mayor a llenar plazas de toros. La verdad es que esto no casaba demasiado con su talante introspectivo, los grandes recintos pueden estar bien para gritar “Al alba” pero no propician el grado de intimidad que requieren piezas como “Siento que te estoy perdiendo” o “Dos o tres segundos de ternura”. Con los años las

cosas vuelven a su cauce. Aute sigue siendo una primera figura, respetada y querida, pero álbumes como “Segundos fuera”, “Uff!” o “Slowly”, aunque han sonado asiduamente en las emisoras, no han dejado huella en el oyente, en parte porque en la actualidad las campañas de promoción son muy intensas pero demasiado cortas para trabajos de largo recorrido como los de Aute. De todo esto debió darse cuenta el propio interesado cuando en 1995 cambió de discográfica y editó “Alevosía”, un disco con una producción de Gonzalo Lasheras imaginativa y  respetuosa con el trabajo del creador y que tuvo su continuidad en “Aire / Invisible”, el doble álbum con el que el cantautor celebró sus treinta años en la canción. Como homenaje algunos colegas, en su mayoría de la nueva generación, cantaron sus canciones en un álbum titulado “¡Mira que eres canalla, Aute!”, editado en el 2000.

Luis Eduardo Aute en una actuación reciente
Luis Eduardo Aute en una actuación reciente

DISCOGRAFÍA SELECTA

descarga“Rito” (1973)

(Ariola)

Con este disco el estilo de Aute se concreta ya en canciones sin fisuras como “De alguna manera”, “Las cuatro y diez”, “Amor” o “Dentro”, todas ellas piezas claves en su repertorio. El disco incluye, a modo de epílogo, el jocoso y sorprendente tema “Autotango del cantautor”, donde el autor parece pedir disculpas. Los arreglos de Carlos Montero son adecuados para las canciones pero la voz del cantante –aún muy insegura- no acaba de encajar en ellos.

descarga-1“Alma” (1980)

(Movieplay)

Es un disco fresco y directo que nos muestra a un Aute empeñado en “no aburrir” al oyente con canciones indigestas. Son temas con estructuras clásicas -¡con estribillo y todo!- que demuestran que si él quiere puede llegar directamente al corazón sin rebajar la calidad. Ahí están “No te desnudes todavía”, “Libertad”, “Pasaba por aquí”, Quiero vivir contigo” o “Ay de ti, ay de mí” que también grabó Pepa Flores (Marisol) la voz femenina preferida por Aute.

descarga-2“Entre amigos” (1983)

(Movieplay)

Doble álbum grabado en directo en el Teatro Salamanca de Madrid, el 4 de marzo de 1983. Con este acontecimiento Aute pretendía poner un punto y aparte en su carrera. En él hacía un exhaustivo repaso a su repertorio con la colaboración de cuatro amigos del ramo (Joan Manuel Serrat, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y Teddy Bautista).

descarga-3“Aire / Invisible” (1998)

(Virgin)

Aute quiso hacer algo diferente para celebrar sus treinta años de oficio y en vez de recurrir a su viejo repertorio se impuso componer 30 nuevas canciones, una mitad en castellano y la otra en inglés, idioma en el que por primera vez se aventuraba en la canción. El resultado –al final fueron 31 los temas- es impecable, un esfuerzo tan considerable merecía tener un eco mayor del que tuvo.

Otros discos (excluídos singles y recopilaciones):

“Diálogos de Rodrigo y Ximena” (RCA, 1968), “24 Canciones breves” (RCA, 1968), “Espuma” (Ariola, 1974), “Babel” (Ariola, 1976), “Sarcófago” (Ariola, 1976), “Forgesound” (Ariola, 1977), “Albanta” (Ariola, 1978), “De par en par” (Ariola, 1979), “Fuga” (Movieplay, 1981), “Cuerpo a cuerpo” (Ariola, 1984), “Nudo” (Ariola, 1985), “20 canciones de amor y un poema desesperado” (Ariola, 1986), “Templo” (Ariola, 1987), “Segundos fuera” (Ariola, 1989), “Ufff!” (Ariola, 1991), “Slowly” (Ariola, 1992), “Mano a mano” (Con Silvio Rodríguez) (Ariola, 1993), “Anima-l” (El Europeo, 1994), “Alevosía” (Virgin, 1995).

©Antonio Subirana

Recordando a Judy Garland

Publicado el febrero 19, 2020

Con motivo del estreno de la película dedicada a Judy Garland,

reproduzco aquí una pequeña  biografía suya que escribí

para una colección de grandes voces del siglo XX, editada en 1995 en Portugal

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JUDY GARLAND

LA VOZ DEL ARCO IRIS

 “Miss Showbussines”, este era su sobrenombre y desde luego ella conocía como nadie los fuertes contrastes entre las luces y las sombras que caracterizan el negocio del espectáculo. Judy Garland afirmaba que hubiera cambiado su leyenda por un poco de compañía, y es que nunca aceptó sentirse tan sola en medio de tanta gente.

 

Cuando nace una estrella

 Frances Ethel  Gumm –este es su verdadero nombre— nació en Grand Rapids, Minnesota, el 10 de junio de 1922.

Sus padres, Frank Avent y Ethel Marian, eran artistas de variedades, se presentaban con el nombre artístico de  Jack y Virginia, un dúo que se convirtió en cuarteto con la incorporación de sus hijas mayores, pasando entonces a llamarse “The four Gumms”. La pequeña Frances debutó con ellos a los tres años. A esa edad, sus padres decidieron mudarse a California en busca de fortuna. En las afueras de Los  Ángeles pudieron comprar un pequeño teatro donde interpretaban sus números. A los cinco años, Frances se unió a a sus hermanas mayores, Virginia y Mary Anne, formando así las Gum Sisters en el que la pequeña destacaba claramente. Ante esta evidencia el trío acabó por disolverse en 1934. La madre de las niñas no estaba dispuesta a que la menor también desistiera de dedicarse al mundo artístico y se empeñó en hacer de ella una estrella. En ciertos momentos la consecución de ese fin le sirvió para justificar los medios empleados que llegaron a ser pura explotación. En este aspecto el padre no estaba de acuerdo y fue el motivo de que el matrimonio entrara en crisis. La insensibilidad de la madre era tal que no dudó en llevar a la niña a cantar a un programa de radio cuando el padre agonizaba en el lecho de muerte. Pero tampoco regateó esfuerzos para que su hija tuviera una formación académica, la matriculó en una escuela de arte dramático para niños y la hizo entrar en una compañia de teatro infantil, la Meglin kid dies, donde  obtuvo sus primeros éxitos. Después llegó su presentación en el Teatro Chino de Hollywood  donde le descubrió un agente artístico que le quitó el apellido Gumm y le puso Garland –cuyo significado es guirnalda—  “porque era tan preciosa como una guirnalda de flores”. El primer paso fue conseguir un contrato con la Metro-Goldwyn-Mayer que le proporcionó un papel en el cortometraje “Concierto al aire libre” (“Every sunday afternoon”) (1936), dirigido por Felix Feist, junto a Deanna Durbin. Ese mismo año rodó su primera película con la Fox -“Locuras de estudiantes”- ya que la Metro no tuvo inconveniente en ceder a la joven actriz. A esta siguió “Melodías de Broadway” (“Broadway Melody”) (1938) que significó su descubrimiento masivo a raíz de la interpretación de “Dear Mr. Gable”, ante la foto del mítico actor.

IMG_20200217_121509_resized_20200217_122128860Una película mágica

En 1939 llegó el primer hito de su carrera con el rodaje de “El Mago de Oz” (“The wizard of Oz”), de Víctor Fleming. En principio el papel estaba destinado a Shirley Temple, pero la Fox no quiso ceder su niña prodigio a la Metro y Judy fue elegida para hacer la película por la que más se le reconocería. Parece ser que en esa elección tuvo mucho que ver el productor Arthur Freed que había quedado gratamente sorprendido ante la interpretación de Judy de “Zing went the strings of my heart”, acompañada al piano por su madre. Los otros responsables del film no estaban demasiado convencidos, Judy no tenía ya edad para ser niña prodigio pero tampoco era una mujer capaz de interpretar películas de amor. Finalmente Freed corroboró, una vez terminado el film, su idea de que con el cambio salían ganando. De esa película quedó un tema univrsal, “Over the rainbow”, una pieza magistral que se inicia con un salto de octava que la hace inmediatamente reconocible al escuchar sólo las dos primeras notas del principio.

Esa película y el Oscar a la mejor actriz juvenil obtenido en 1939, fueron el punto de arranque de una fructífera carrera cinematográfica que seguiría con películas de la serie “Andy Hardy”, dirigidas por  Busby Berkley y al lado de Mickey Rooney,  títulos como “Los hijos de la farándula” (“Babes in arms”) (1939), “Armonías de juventud” (“Strike up the band”) (1940), “Los chicos de Broadway” (“Babes on Broadway” (1941). Hay que tener en cuenta que estas películas alegres e inocentes, fueron rodadas durante la guerra, su éxito se debió en gran medida a que eran recibidas como una brisa de aire fresco en medio de los acontecimientos bélicos.

Secuestrada por el éxito

Con la adolescencia empezó a aumentar de peso, se sometió entonces a drásticas dietas acompañadas de píldoras adelgazantes. Como estas le producían insomnio, le administraban somníferos; para contrarrestar el fuerte efecto de estos le daban estimulantes, sólo así podía madrugar y estar a punto para el rodaje… en poco tiempo se halló inmersa en una espiral que le hacía depender cada día de un mayor número de fármacos con la aprobación de los que la rodeaban. Lo peor de todo es que ese caos se convirtió en una rutina para Judy y para Mickey.

Su vida estaba supeditada al trabajo, la niña se había convertido en una máquina de hacer dinero y no se le podía dejar respirar ni un momento sesiones de fotos, de maquillaje, ensayos eternos, rodajes maratonianos…

A los dieciocho años se casó con David Rose, pero esta unión apenas duró un año. Según reveló la propia Garland la causa de la ruptura fue la presión a la que le sometíala productora para que se ocupara sólo del trabajo y descuidara su matrimonio y su vida personal.

En 1942 interpretó por primera vez un personaje adulto en la película “Por mi chica y por mí” “(For me and my gal”), en la que tuvo por compañero a Gene Kelly. En esta película, Judy demostró que también podía dar la talla en papeles de más envergadura que los que le habían asignado junto a Rooney y empezó a perfilarse como la estrella más dotada del musical, al tiempo que se revelaba como una cantante prodigiosa con la canción que daba título al film.

Al año siguiente rodó tres películas “Presenting Lily Mars”, “Thousands cheer” y “Girl crazy”, esta última dirigida Norman Taurog.

Judy y Vincente: el encuentro fue en St Louis.

En un momento en el que parecía sumamente desorientada tuvo un encuentro providencial. El director Vincente Minnelli logró convencerla para que protagonizara “Cita en San Luis” (“Meet me in St.. Louis”), a lo que Judy en un principio era bastante reacia debido a su interés por apartarse de los papeles que le habían encasillado como chica buena y sonriente. Esta película -nuevamente producida por Arthur Freed- aportaba, sin apartarse del esquema clásico,  ingredientes nuevos al musical. De este film se hicieron muy populares temas como “The Trolley song” y “The boy next door”, ambas de Hugh Martin y Ralph Blaine; “Under the bamboo”, de Bob Cole, y “Meet me in St. Louis” de Mills y Sterling.

Completaban el reparto Margaret O’Brien, Mary Astor, Lucille Bremer y Tom Drake.

Como anécdota cabe señalar que en un principio iba a dirigirla George Cukor, pero fue reclamado por el ejército en plena Segunda Guerra Mundial y tuvo que ser sustituído por Minnelli quien hasta el momento sólo había dirigido dos películas para la Metro, aunque tenía gran experiencia como decorador y coreógrafo teatral. Minnelli vio así despegar definitivamente su carrera como cineasta y fue el inicio de una historia de amor que acabaría en boda un año después, el 15 de junio de 1945. De este matrimonio nacería, el 12 de marzo de 1946, la que años después sería una de las artistas más completas del “star system” americano, Liza Minnelli.

A las órdenes de su marido, Judy rodó también su primer largometraje no musical, “The clock” (1946) que no fue aceptado por su público que prefería verla en el género musical al que regresó poco después con “Las chicas de Harvey” (“The harvey girls”), “Ziegfield follies” y “Till the clouds roll by”, todas de 1946. Su nuevo trabajo con Minnelli fue “El pirata” (“The pirate”) (1947), donde compartía protagonismo con Gene Kelly en una espléndida filmación ubicada en un idílico marco caribeño. Ese mismo año rodó “Desfile de Pascua”  (“Easter parade”), junto a Fred Astaire. Ante el tirón comercial de la pareja la productora preparó un nuevo film para ellos, “Vuelve a mí”, pero Judy aquejada de una fuerte depresión no pudo hacer el papel y este fue confiado a Ginger Rogers.

Entre la luz y la sombra

Este contratiempo desencadenó una sucesión de irregularidades en su carrera que pondría frenéticos a los directivos de la productora. Judy no se presentaba en los estudios, o lo hacía demasiado tarde. A última hora anulaba un rodaje cuando todo el equipo estaba ya preparado. La Metro estaba molesta pero tampoco se rendía ante la evidencia de que la actriz necesitaba un prolongado descanso. Intentaba por todos los medios que Judy cumpliera sus compromisos, algo que a veces le resultaba físicamente imposible.

En 1950 la Garland abandonó el rodaje de “La Reina del Oeste” (“Annie Get your gun”) al no poder sobreponerse a una fuerte depresión y la Metro llegó al límite de su paciencia después del interminable rodaje de “Summer stock”, en la que formaba pareja con Gene Kelly. Se rompía así una relación  muy estrecha con el dueño de la productora, Lois B. Mayer. El trato de ambos siempre había sido paterno filial. Judy era la protegida del señor Mayer y a él se lo tenía que agradecer todo, esta relación acabó siendo de una tirana dependencia. Su capacidad de decisión llegaba hasta el punto de que fue Mayer quien se empeñó en que Judy abortara cuando quedó embarazada de su primer marido, aunque también es verdad que contó con el apoyo de la madre de la actriz que veía como la llegada de un niño supondría un obstáculo para su carrera artística.

Lo que nunca le falló a Judy fue el apoyo de sus colegas, sobre todo de Gene Kelly quien nunca dudó en salir en su defensa. Kelly fue el compañero que más la ensalzó, decía de ella que “tenía ángel”.

En 1951 se divorció de Minnelli, rompiendo un matrimonio que apenas había durado seis años. Este nuevo fracaso acabó por hundirle y protagonizó un intento de suicidio que no sería el último ya que la idea de acabar con su vida se convirtió en una obsesión que nunca dejó de rondarle la cabeza.

Los últimos destellos de una estrella

Al igual que le había ocurrido con Minnelli un nuevo amor vino a relanzar su profesión. Su nombre era Michael Sidney Luft -Sid Luft-, se casaron y tuvieron dos hijos. Gracias a Luft, Judy se presentó en el Palladium de IMG_20200217_121554_resized_20200217_122129374Londres y en el Palace Nueva York, cosechando un éxito espectacular.

Así como las productoras de cine tardaron en volver a confiar en ella los empresarios teatrales sabían que su actuación aseguraba un lleno espectacular.

Pero Luft no se resignaba ante la idea de que su mujer desapareciera de la gran pantalla. En 1954 llegaría al punto álgido su carrera cinematográfica. Nos referimos, a la película “Ha nacido una estrella (“A star is born”), producida por la Warner Bros y dirigida por George Cukor. Este fue su mejor papel dramático según la opinión generalizada del público y de la crítica que afirmaba que la Garland había llegado a la perfección. En el plano musical destacan las bellas interpretaciones de “Born in a trunk” o “The man that got away”.

El matrimonio con Luft acabó también por fracasar, a pesar de la llegada de dos hijos, Lorna y Jocy.

Tras aquella colosal interpretación, sus próximos papeles tendrían un toque amargo y melancólico. Sus tres últimas películas fueron “Vencedores y vencidos” (“Judgment at Nuremberg”) (1961), de Stanley Kramer, “Angeles sin paraíso” (“A child is waiting” )(1962), dirigida por John Cassavetes y junto a Burt Lancaster y “I could go on singing” de R. Name. También puso su voz en la película “Pepe” (1960), protagonizada por Cantinflas junto a un extenso plantel de artistas invitados.

Los años siguientes los dedicó a dar recitales. Aquella artista que tiempo atrás había encandilado a un numeroso público con sus fantásticas ensoñaciones en color lograba estremecer al respetable con sus dramáticas interpretaciones en blanco y negro de temas como “The man that got away” o “The Trolley song”.  El disco que recoge su recital de 1968 en el Carnegie Hall dan fe de la maestría de la que hacía gala en la última etapa de su vida. De esa grabación se llegaron a vender más de dos millones de ejemplares.

En Londres, el 22 de junio de 1969, una sobredosis de barbitúricos  acabó con su vida. Fue Mickey Deans, su marido entonces, quien la encontró muerta en el lavabo. En aquel momento se dijo oficialmente que la ingestión de medicamentos había sido de forma “accidental”.

Su situación económica era tan penosa al final de su vida que tuvo que ser enterrada en una tumba provisional porque Mickey Deans no tenía dinero para pagar el nicho que se merecía. Su hija Liza, en su afán por salvar la dignidad, supo ocultar este detalle a todas las grandes estrellas –en su entierro se congregaron veintidós mil personas— que acudieron a darle el último adiós.

La vida y la carrera de Judy Garland sirvieron de base a un musical, “Judy”, estrenado en 1986 en el teatro Strand de Londres. Su papel lo interpretaba magistralmente la actriz Lesley Mackie que ya había llevado a escena la vida de Édith Piaf, otra artista de pasado borrascoso e inconmensurable talento cuya vida guarda cierto paralelismo con nuestra biografiada.

 ©Antonio Subirana

En la muerte de Patxi Andión

Publicado el diciembre 18, 2019

Con motivo de la trágica muerte del apreciado colega, recupero aquí el perfil biográfico que

escribí para una enciclopedia del pop español, veinte años atrás

 

imagesPATXI ANDIÓN

Toni Subirana con Patxi Andión en un encuentro reciente

Toni Subirana con Patxi Andión en un encuentro reciente

Nombre auténtico: Francisco José Andión González

Lugar y fecha de nacimiento: Azpeitia (Guipúzcuoa), 6 de octubre de 1947

Año de debut: 1969

Álbumes grabados: 13

Mayor éxito: “Una, dos y tres”

Discográficas: Orlando, Movieplay, Philips, CBS, Crin

Bohemio, polifacético, sincero, incomprendido… son calificativos que siempre han acompañado a este cantautor que, aunque ha aparecido y desaparecido como el Guadiana, merece un lugar destacado en la canción de autor por su enfoque personal a la hora de componer temas que no pueden dejar indiferente y por su recia manera de interpretarlos.

Sus primeros años transcurrieron en Azpeitia y Ondárroa pero siendo aún niño se trasladó a Madrid con sus padres y sus tres hermanos mayores. La afición a cantar se le despertó a muy temprana edad, con sólo cinco años ya se presentó en público. Cuando aún era un adolescente, formó un grupo que interpretaba tonadas populares del folclore vasco. Más tarde se integró en algunos conjuntos de la primera hornada del pop español como Los Silvers y Los Camperos, aquellos que tenían su primera –y a veces única- oportunidad en las matinales del Price. Al acabar el bachillerato empezó la carrera de Ingeniería de Caminos que dejó abandonada en el tercer curso.  De la música no se podía vivir y pasó una temporada trabajando en un barco antes de recalar en París, en 1967. A la ciudad del Sena llegó en auto-stop, sus primeros recitales –por llamarlos de alguna manera- fueron en una estación de metro, cerca del Boulevard Saint Michel, donde cantó dos semanas. Cuando se le acabó el dinero entró a trabajar como “hombre de la limpieza” en una especie de “meublé” gay –no se llamaban así entonces-, el ambiente era demasiado sórdido y buscó algo más acorde con sus inquietudes artísticas. Lo encontró en un especie de cabaret llamado “La Candelaria” donde se cantaba canción sudamericana, allí actuó un tiempo haciendoimages (2) tres pases diarios y lo curioso es que le dejaron interpretar sus propias creaciones. En aquella sala Patxi Andión cosechó sus primeros éxitos con testigos de excepción como su admirado Jacques Brel, con el que incluso tuvo la oportunidad de charlar largamente una noche de alta graduación etílica o Philips Vitri -director del célebre “Bobino”, que tantos astros de la “chanson” acogía entonces- que le ofreció a Patxi el papel protagonista en una revista que debía estrenarse próximamente asegurándole, de paso, un contrato con la editora Barclay con la única condición de que fijara su residencia en París. Con aquella magnífica propuesta, Patxi ya tuvo suficiente para convencerse de que tenía un talento verdadero y rechazó la oferta para volver a su país con el sueño de triunfar en su propia tierra. Ya en Madrid intentó colocar sus canciones a otros intérpretes. Por esa época Mari Trini –a la que conoció por mediación de Luis Eduardo Aute, artista con el que compartía estudio en París- grabó temas suyos en su primer L.P. con la RCA, compañía que, viendo la valía del compositor, quiso ficharle como cantante a lo que él se negó pues el contrato coartaba demasiado su preciada libertad. Finalmente pudo plasmar –en unas condiciones más favorables- sus composiciones en un single que incluía los temas “Canto” y “La Jacinta”. Este último, dedicado a una prostituta, fue uno de los cortes más escuchados de su primer L.P. -“Retratos”-en el que exponía una galería de tipos humanos como “Esteban” o “Rogelio”. Particularmente mordaz era este último tema en el que se contaba la historia de un pobre paria que asciende de categoría social y “olvida” su origen humilde.  Disco de gran crudeza donde ya se advierten los rasgos más característicos de Patxi Andión, un cantante de voz cazallosa al que le gustaba llamar a las cosas por su nombre, algo que en aquella época resultaba del todo escandaloso y, por su puesto, censurable en el sentido más estricto del término. Aquel trabajo despertó el interés de la casa Philips que editó su siguiente álbum: “Once canciones entre paréntesis”. Entre ellas destacan “Samaritana” y “Veinte aniversario”, una crónica del desamor, del desgaste de una pareja que lleva dos décadas conviviendo: “Qué helada está la casa, será que está cerca el río, / o es que estamos en invierno / y están llegando / están llegando los fríos”. Tras el álbum “Palabra por palabra”, en 1973 apareció el trabajo que le consagró “A donde el agua” en el que sobresale “El maestro”, tema dedicado a un profesor de tendencias progresistas que se permite hablarles a los niños de “un tal Machado” y enseñarle otras cosas que no gustan a las descargaautoridades y a las personas de orden. Pero, sin duda, la canción más popular de aquel trabajo fue aquella cuyo estribillo decía: “una , dos y tres / una, dos y tres / lo que usted no quiera / para el Rastro es”. Esta cantinela de charlatán de feria se quedó en el oído de mucha gente que hasta entonces no había oído hablar del cantautor. Precisamente en el Rastro madrileño tenía el cantante su estudio…siempre le gustó la bohemia. Aquel mismo año salió a la luz un trabajo sugerido por la Real Academia de la Lengua Vasca en el que ponía música a una selección de poemas de Aitor Iparraguirre, poeta y músico del siglo XIX, guipuzcuano como el cantautor y también de talante aventurero. No fue la única ocasión en la que el intérprete recurría a la “musicación” de poemas, así en su siguiente álbum, “Como el viento del Norte” se atrevió con el lorquiano “Verde” que años despuésimages (1) también pondría en solfa Manzanita logrando un fuerte impacto. “El libro del buen amor” fue su álbum de 1975 en el que se recogían poemas del Arcipreste de Hita convertidos en canción, era además la banda sonora de la película de homónimo título en la que debutó como actor. Su compañera de reparto era la Miss Universo Amparo Muñoz con la que se casó poco después dando mucho que hablar a la prensa del corazón, sobre todo cuando llegó la separación matrimonial. En 1978 apareció “Cancionero prohibido”, su álbum más descarnado. Llamaban la atención algunos versos de la canción “Mi niñez” donde el cantautor evocaba el sabor agridulce de aquellos años infantiles con un lenguaje procaz: “Me largué de mi niñez / oliendo a coño y tabaco…”, la crítica convino que esta vez el autor había llegado un poco demasiado lejos. Parecía que su carrera había llegado a un punto muerto cuando en 1980 fue convocado por Nacho Artime para participar en el montaje del musical “Evita”, protagonizado por Paloma San Basilio y en el que él encarnaba el personaje del Ché. La figura del Ché Guevara estaba un poco metida con calzador, representaba la voz de la conciencia de Eva Perón pero, en rigor, no tenía una justificación histórica. Al principio el cantautor se lo tomó como un paréntesis -“casi como hacer una película”, dijo- pero el éxito superó todas las previsiones y marcó su carrera artística que en el futuro se desarrollaría prioritariamente en el campo de la interpretación cinematográfica. Paralelamente acabó sus estudios de sociología y llegó a impartir clases en la universidad.

En los ochenta sólo editó dos discos. De 1983 es “Amor primero”, título tomado de una canción que interpretó con la colaboración de Mocedades. El lenguaje algo soez que antes había empleado para retratar su infancia se tornaba aquí extremadamente correcto: “Ay amor, amor primero / y de segundo, tercero y cuarto / ay amor te quise tanto…”. En ese disco se incluía también “María” una versión de “La casa in riva al mare”, un tema de Lucio Dalla que años después también cantaría el brasileño Toquinho. De otro cantautor italiano, Francesco de Gregory, es el tema “General” que tuvo el honor de abrir su L.P. “El balcón abierto”. Tras este álbum se abrió un largo paréntesis que no se cerró hasta 1999 cuando editó “Nunca, nadie” en el que hacía una revisión de sus antiguos éxitos. En su presentación el cantante justificó así su prolongada ausencia del mundo discográfico: “Llegué a un punto en el que ya no miraba la vida desde mi propia perspectiva sino como los demás esperaban que la viera… pero uno es lo que es y no lo que hace y yo siempre me he sentido un músico”.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      ©Antonio Subirana

DISCOGRAFÍA

R-5753283-1401710484-8594.jpeg“Retratos” (1969)

(Movieplay)

Primer álbum del artista por el que desfilan una serie de personajes pintorescos como “La Jacinta”, “Esteban” o “Rogelio”. Canciones clásicas en el imaginario cantautoril.

descarga (1)“A donde el agua” (1973)

(Philips)

Fue el trabajo que le reportó una mayor popularidad, sobre todo gracias al tema “Una, dos y tres” dedicada al Rastro madrileño. Destaca también “El maestro”, retrato de un profesor de ideas progresistas.

descarga (2)“El balcón abierto” (1986)

(CBS)

Aunque la mayor parte del repertorio fue compuesto por el propio intérprete  en Madrid y Marbella, entre 1985 y 1986, los temas más promocionados fueron “General”, una adaptación de Francesco de Gregory que abría la cara A y “Si yo fuera mujer”, versión de un tema de Andrea Mingardi cuyo mensaje feminista provocaba un curioso contraste con la voz viril del intérprete. La grabación se llevó a cabo en Madrid aunque la mayoría de músicos eran extranjeros.

descarga (3)“Nunca, nadie” (1999)

(Crin)

Aunque se trata de una puesta al día de sus canciones más conocidas, algunas con letras reformadas, es para el autor “un trabajo lleno de dudas y propuestas que mira más al futuro que al pasado y que, básicamente, ayuda a pensar”.

Otros discos:

“Once canciones entre paréntesis” (Philips, 1971),“Palabra por palabra” (Philips, 1972), “Iparraguirre” (Philips, 1973), “Como el viento del Norte (Philips, 1974), “El libro del buen amor” (Philips, 1975), “Viaje de ida (Philips, 1976), “Cancionero prohibido” (CBS, 1978), “Arquitectura” (CBS, 1979), “Amor primero” (CBS, 1983).

En la muerte de Camilo Sesto

Publicado el septiembre 08, 2019

Hoy, 8 de septiembre de 2019, hemos amanecido con la triste noticia de la muerte de Camilo sesto. A modo de homenaje reproduzco aquí el perfil biográfico que escribí para una enciclopedia del pop español en el año 2000

 

Resultado de imagen de camilo sestoCAMILO SESTO

Nombre auténtico: Camilo Blanes Cortés

Lugar y fecha de nacimiento: Alcoy (Alicante), 16 de septiembre de 1946

Año de debut: 1971

Álbumes grabados: 19

Mayor éxito: “Vivir así es morir de amor”

Discográficas: Ariola

Entre el barroquismo escénico de Raphael y las maneras de “cantante de todalavida” de Nino Bravo , los primeros setenta trajeron la opción de Camilo Sesto que aportó a la canción melódica un cierto aire de renovación, era un chico guapo pero no exhibía virilidad, más que un cantante parecía un modelo de esos que aparecen fotografiados a la entrada de las peluquerías con pretensiones. En el aspecto artístico,  Camilo era capaz de cantar a todo pulmón pero también sabía susurrar, como si le cantara al oído a alguna de sus innumerables seguidoras.

Al principio muchos le llamaban Camilo Sexto –así con equis, incluso algún periodista escribía “Camilo VI”- y así debiera haber sido su nombre artístico que adoptó por ser el sexto hermano de la familia, pero dio la casualidad de que ya había un artista que usaba ese nombre y optó por Sesto –con ese- de similar sonoridad.

 Resultado de imagen de camilo sesto daysonLa pasión por la música se le despertó a muy corta edad –algo que suele ser habitual en la región levantina-, casi al mismo tiempo que su afición por la pintura que le sirvió para poder sobrevivir recién llegado a Madrid, donde recaló en el otoño del 65 buscando una oportunidad en el mundo de la música que se le resistió más de lo previsto. Iba cargado de ilusiones y vivió los primeros sinsabores del mundo del espectáculo. Cada dos por tres cambiaba de domicilio y tenía que aceptar trabajos muy por debajo de sus cualidades. Haciendo de tripas corazón, llegó incluso a actuar en los garitos más tronados -hoy se diría cutres- bailar como chico “go-go”. Sus primeros pasos como cantante fueron como integrante de conjuntos pop como los Dayson -unos “versioneros” que apenas tuvieron eco- y Los Botines, un grupo que gozó de cierta popularidad y del que salió en 1968 para cumplir el Servicio Militar. La irrupción en el panorama musical de Camilo Sesto como solista no tendría lugar hasta principios de los setenta cuando Juan Pardo le tomó bajo su tutela y le produjo su primer disco, un single de escasa repercusión que incluía “Llegará el verano” y “Sin dirección”. El primero de los títulos era del propio Juan Pardo. Mejor le fueron las cosas con su segunda entrega discográfica donde encontramos una adaptación pop de la popular “Canción de cuna”, de Brahms –la que se escucha inevitablemente en las cajitas de música de los bebés- y que se tituló “Buenas noches”. Poco después participó en el espacio televisivo “Canción 71”, aunque su pasó por el programa no le reportó grandes satisfacciones, en cambio pocos meses después gozaría del reconocimiento de la crítica que le premió en el Festival de la Canción del Atlántico, celebrado en Tenerife. Antes de cerrar el año cosechó su primer impacto discográfico con el comercial “Ay, ay, Rosseta”. Pero su primer gran éxito llegó al año siguiente con un tema de su propia inspiración, “Algo de mí”, que dio título a su primer disco de larga duración y le abrió las puertas del mercado sudamericano. El camino ya estaba allanado y Camilo  no tardó en alumbrar un segundo álbum, “Sólo un hombre”, que albergaba otro tema a tener en cuenta, “Amor, amar”, cuya letra escribió su amiga –y según la prensa rosa de entonces, “algo más”- Lucía Bosé que además de su faceta de actriz tenía inclinaciones poéticas. Precisamente la carrera de su hijo Miguel le debe a Camilo el primer impulso.

Resultado de imagen de camilo sesto La consagración definitiva le llegó en 1973 con la canción “Todo por nada”  y “Algo más” que dio título a su tercer álbum. Poco después editó “Camilo” y “Amor libre”, en 1974 y 1975 respectivamente. Los éxitos más importantes de esta etapa son “Ayudadme” “Jamás” y “Melina”, esta última dedicada a la actriz griega Melina Mercouri. Por entonces ya había conquistado muchos países de Sudamérica y su voz había penetrado también en Japón y algunos países europeos, principalmente Alemania y Holanda.

Camilo Sesto era por entonces un ídolo de jovencitas que le asediaban a todas horas, pero aún no había conseguido el aplauso unánime del público adulto y deResultado de imagen de camilo sesto la crítica. Lo obtuvo a raíz del estreno de la adaptación española de la ópera rock de Tim Rice y Andrew Lloy Webber, Jesucristo Superstar que él estrenó como protagonista a finales de 1975, al poco de morir Franco. Realmente bordó el personaje de Jesucristo exhibiendo unas cualidades vocales y escénicas muy considerables. Compartía escenario con Ángela Carrasco que también destacó por su interpretación en el papel de María Magdalena. La obra se mantuvo mucho tiempo en cartel en el teatro Alcalá Palace de Madrid y algunas piezas del espectáculo las incluyó en sus presentaciones en directo como el número de “Getsemaní” que concluía con un apoteósico final, con el intérprete hincado de rodillas.

En 1976 obtuvo el premio “al cantante más popular” y volvió a alcanzar los primeros puestos de las listas con “Mi buen amor”. En esta época los discos se sucedieron con suma regularidad: “Memorias”, “Rasgos”, “Entre amigos” y “Sentimientos”… En el último de los citados, de 1978,  encontramos la balada “El amor de mi vida” y “Vivir así es morir de amor”, un impetuoso tema que con el tiempo sería su número más recordado. De este disco de vendieron 200.000 copias, una cifra altísima entonces. Del 78 al 83 fue encadenando un disco con otro con buena aceptación aunque sin generar la misma pasión entre sus fans, que fueron creciendo con él, mientras que la nueva generación de adolescentes mostraban sus preferencias por Miguel Bosé que, paradójicamente, fue durante un tiempo su protegido. Sin embargo aún le llegaban reconocimientos como el Premio Disco Latino por los diez millones de discos vendidos en todo el mundo a lo largo de su carrera. La prensa del corazón empezó a preocuparse más por su vida personal que por sus éxitos artísticos y eso fue contraproducente para su carrera. Mucho se habló entonces del hijo que tuvo, fruto sus relaciones con una mejicana, al que Camilo dedicaría su atención, hasta el punto de afirmar en 1986 que se retiraba de la canción para poderle dedicar todo el tiempo al pequeño. “De continuar estaría mintiéndome una vez más y ya no quiero más mentiras en mi vida”, afirmó entonces. La verdad es que sus últimos discos no habían tenido en España la repercusión deseada y esto también influyó en que el intérprete trasladara su residencia a Miami, sin que en España se tuvieran noticias de él, sólo circulaban rumores malintencionados que hacían conjeturas sobre su voluntario aislamiento.  Volveríamos a saber de sus andanzas en 1991 cuando regresó a su país para presentar un nuevo álbum, “A voluntad del cielo”, en el que se incluían como temas destacables “Amor mío ¿qué me has hecho?” y “Bienvenido amor”. Según afirmó el propioResultado de imagen de camilo sesto artista el motivo de su vuelta no era sólo divino, lo hacía también por su hijo que deseaba ver a su padre en activo. Su vástago apareció fotografiado con su famoso progenitor en la contraportada del siguiente álbum que editó el intérprete tres años después, “Héroes de amor”. Ni este ni el anterior L.P. sirvieron al cantante para reverdecer laureles. Sin embargo, poco después volvió al primer plano de la actualidad, pero no por razones artísticas sino por sus apariciones en programas de humor de dudoso gusto en los que él se prestaba a participar, aunque fuera ofreciendo una imagen algo patética, para escarnio de algunos irrespetuosos presentadores. Es lamentable que artistas que han vivido días de gloria sean utilizados cuando llegan a sus momentos más bajos para llenar programas de entretenimiento banal. Sin embargo, a él no parecía preocuparle el tema: “Sé que hay quien piensa que soy víctima de mi personaje, pero se equivocan…”. De todas formas, quien tuvo retuvo y es difícil ensombrecer del todo la carrera artística de alguien como Camilo que en sus mejores momentos arrastró un público numeroso y entusiasta. Prueba de ello es que a finales de los noventa muchos jóvenes aceptaron con placer -y como nuevos- temas como”Vivir así es morir de amor” que se escuchó mucho –incluso en las discotecas- a raíz de la publicación del antológico “Camilo superstar”. El cantante afirmó entonces con motivo de su retorno: “No vengo a salvar el planeta, que quede claro, pero sí a colaborar, dentro de los que esté en mi mano, para que haya más amor en el mundo”.

©Antonio Subirana

DISCOGRAFÍA

 

Resultado de imagen de camilo sesto algo de mí “Algo de mí” (1972)

(Ariola)

Fue su primer L.P., no tuvo de entrada muy buena acogida pero cuando parecía destinado al olvido empezó a alzar el vuelo y en el verano de 1972 llegó al número uno de las listas de éxito. La canción que le dio título es el tema más representativo de la primera etapa del cantante alcoyano.

 

Resultado de imagen de camilo sesto jesucristo superstar “Jesucristo Superstar” (1975)

(Ariola)

Esta adaptación española de la famosa ópera-rock no desmerece en nada a la original. La interpretación de Camilo Sesto convenció a un público adulto que de otra manera no se hubiera fijado en el intérprete. También participa Ángela Carrasco que estuvo muy bien en el papel de María Magdalena. El número más importante de los interpretados por Camilo es “Getsemaní”.

 

Resultado de imagen de camilo sesto sentimientos“Sentimientos” (1978)

(Ariola)

Puede considerarse su último álbum de éxito. A destacar los temas “El amor de mi vida” y “Vivir así es morir de amor”. Este último es el tema de su repertorio que mejor ha resistido el paso del tiempo.

 

Resultado de imagen de camilo superstar“Camilo superstar” (1999)

(Ariola)

Esta recopilación, en la que encontramos lo más brillante del repertorio del artista, fue objeto de un importante lanzamiento que se saldó con unas ventas sorprendentes. Lo curioso es que su edición no contentó únicamente a las quinceañeras de antaño sino a un público juvenil de ambos sexos.

 

Otros discos:

Nota: No se incluyen recopilaciones.

“Sólo un hombre” (Ariola, 1972), “Algo más” (Ariola, 1973), “Camilo” (Ariola, 1974), “Amor libre” (Ariola, 1975), “Memorias” (Ariola, 1976), “Rasgos” (Ariola, 1977), “Entre amigos” (Ariola, 1977), “Horas de amor” (Ariola, 1979), “Amaneciendo” (Ariola, 1980), “Más y más” (Ariola, 1981), “Con ganas” (Ariola, 1982), “Camilo (en inglés)” (Ariola, 1983), “Amanecer 84” (Ariola, 1984), “Agenda de baile” (Ariola, 1986), “A voluntad del cielo” (Ariola, 1991), “Amor sin vértigo” (Ariola, 1994).

 

 

En la muerte de Doris Day

Publicado el mayo 13, 2019

Con motivo de la muerte de Doris Day, el 13 de mayo de 2019, recupero a modo de homenaje la biografía que escribí en 1995 y que fue publicada en Portugal.

 

DORIS DAY 

LA NOVIA DE AMÉRICA

Doris Day nunca fue el prototipo de mujer que despierta el deseo. Sin embargo, llegó a ser la novia más deseable de América. Con una voz cristalina y una habilidad poco común para dominar múltiples parcelas del espectáculo, fue la estrella indiscutible de una América algo mojigata que veía en ella la mujer que nunca se pasaba de la raya. Sólo sus pecas y la manera de apartarse con un soplo el flequillo de la frente, le daban un aire de inocente rebeldía.

 

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La bailarina que no pudo ser

Dorothy Von Kappelhoff -este es su verdadero nombre- nació el 3 de abril de 1924 en Cincinnati, Ohio.

Su padres, William y Alma Sophia, se separaron cuando ella era una adolescente. Él era un buen pianista que se ganaba la vida dando clases de órgano y de violín y albergaba la ilusión de que su hija se dedicara también a la música clásica; ella era ama de casa, tenía una admiración sin límites por la actriz Doris Kenyon y por eso le impuso ese nombre a su hija, con la esperanza de verla un día convertida en una estrella del espectáculo.

Doris iba para bailarina profesional, a los cuatro años empezó a tomar clases de ballet clásico y a los doce entró en la compañía de Franchon y Marco, después de ganar un concurso para nuevos talentos junto a un joven bailarín llamado Jerry Doherty. Con ese  grupo de baile, en el que también se encontraba su hermano Walter, realizó Doris sus primeras tournées. En uno de los viajes sufrió un aparatoso accidente de coche que le causó varias fracturas de gravedad en la pierna derecha. Este desgraciado suceso le obligó a despedirse del mundo de la danza pero no del espectáculo, quería ser artista a toda costa.

Obligada a desplazarse en una silla de ruedas, pensó que para cantar no necesitaba moverse y descubrió que tenía buena voz. Fue entonces cuando su padre volvió a aparecer por casa para darle lecciones de música y educar su voz. Doris aliviaba de esta forma las tediosas horas que pasaba inmóvil reponiéndose de las múltiples operaciones a las que se tuvo que someter y contrarrestaba así la pesadez de las sesiones de rehabilitación con la alegría que le proporcionaban sus progresos vocales.

Ese grave contratiempo frustró sus ambición de llegar a ser una gran bailarina pero le desveló unas ocultas posibilidades como cantante que seguramente no hubiera descubierto de no ser por aquel desgraciado accidente…nunca hay mal que por bien no venga.

Cuando su padre creyó que ya había “despertado” aquella voz, determinó que prosiguiera sus clases con una profesional del canto, la profesora elegida fue Grace Reine.

 

El “día a día”

Sus progresos físicos y musicales fueron muy rápidos y pronto empezó a frecuentar una emisora local donde tuvo la suerte de que le escuchara el director de orquesta Barney Rapp. Este la colocó como vocalista en su banda y la dio a conocer desde el escenario del “Little club”, de Cincinnati, donde cobró su primer dinero por cantar. Fue precisamente Rapp quien le sugirió cambiar su apellido por uno de más fácil pronunciación. Uno de los números más aplaudidos de Doris con la orquesta de Rapp era el tema “Day by day”  -que más adelante grabaría con Les Brown- y de esa canción tomó su nombre artístico.

Todo esto pasaba en los años de la segunda guerra mundial. La voz cristalina de Doris, unida a su aire angelical, era un soplo de esperanza para una población ávida de sueños.

Doris Day respondía en esta época al tópico de “artista con madre”. Su mamá era quien le acompañaba a todas partes, velando por que su hija no se apartara del camino recto. Supervisaba sus contratos y hacía todo lo posible porque su hija fuera justamente compensada por su arte.

Después de la orquesta de Rapp, estuvo un tiempo con Fred Waring y los Pensylvanians donde coincidió con el ya veterano Rudy Vallee, uno de los primeros “crooners” de los que se tiene noticia.

 

IMG_20190513_204442_resized_20190513_084649622Un viaje sentimental

Por esa época conoció a Al Jordan, trompetista de la orquesta de Jimmy Dorsey, que acabaría por convertirse en su primer marido. Es en este punto de la historia donde surge la primera contradicción entre la vida personal de Doris y la imagen que de ella tenía el público. Pocos de sus seguidores se enteraron entonces de que aquella señorita de intachable moral había sido madre en 1942, un año antes de contraer matrimonio con Jordan. Según se supo después, Al era un perfecto tirano y Doris logró escapar de sus garras sin llegar a cumplir el primer aniversario de boda. El hijo de aquel matrimonio, Terry, sería con los años administrador de una pequeña productora de cine propiedad de su madre. Al parecer, la relación financiera materno-filial acabó en los tribunales.

Mientras su vida sentimental se había complicado, su estilo había ido ganando adeptos gracias a sus apariciones en el programa de radio que conducía el actor Bob Hope y a su paso por diversas orquestas entre las que cabe destacar la de Bob Crosby, hermano del famoso “crooner”, con la que estuvo actuando una breve temporada en el “Strand theater” de Nueva York. Fue allí donde conoció a Les Brown, que sería el músico que sabría sacar el mejor partido a su voz. Con su orquesta estuvo actuando en el casino de Glen Island y realizó sus primeras grabaciones discográficas entre las que se encuentran temas como  “Let’s be Buddies”, “Barbara Allen” , “Easy as a pie” y “Dig it”. Aunque estos temas sorprendieron gratamente a los buenos aficionados, no constituyeron un éxito popular. Este llegaría, tras divorciarse de Al Jordan, con un tema editado por Columbia en 1944, “Sentimental journey”, del que se vendieron más de un millón de ejemplares. La etapa con la orquesta de Les Brown fue la más interesante de su carrera musical en tanto en cuanto refleja la auténtica dimensión de Doris Day como cantante. Su riqueza de matices y su depurada técnica vocal, así como la perfecta compenetración con la orquesta son palpables en temas como “Come to baby, do!”, “Sooner or later” o “There’s good blues tonight”.

Poco a poco había ido recuperándose de sus fracturas en la pierna y decidió matricularse en una escuela de danza de Nueva York con la intención de volver a bailar como una profesional, algo que consiguió en poco tiempo, gracias a su gran fuerza de voluntad.

A los veintidós contrajo su segundo matrimonio, nuevamente  con un músico, esta vez el saxofonista George Weidler . Esta unión también naufragó a los pocos meses.

 

Hollywood, Hollywood

En 1948 Doris decidió marcharse a Hollywood, ante la insistencia de su madre que siempre quería ver a su hija en un puesto más alto.

Tenía ya hecho un nombre en el mundo de la canción y no le fue difícil obtener actuaciones en las salas más lujosas.

Sólo le faltaba dar el salto al mundo del celuloide y en poco tiempo lo consiguió gracias al director húngaro Michael Curtiz que le dio el papel protagonista de  “Amor bajo cubierta” (“Romance in the sea”) (1948), la película que en un principio debía protagonizar Betty Hutton pero que  no pudo hacer al quedar  embarazada. Doris tuvo en ese film el vehículo idóneo para desplegar sus habilidades en el canto y la danza, y de paso estrenarse como actriz, faceta en la que resultó muy convincente, aunque no llegó a tener un éxito masivo.

Doris tenía todos los números para ser la futura estrella que la Warner Bros necesitaba. Pero no una estrella inalcanzable sino asequible y doméstica. Era la buena chica, comprensiva y risueña, que todos querrían tener como novia. Todo lo hacía bien,  actuaba, cantaba y bailaba con la misma facilidad que una casta ama de casa limpiaba, planchaba y guisaba. Además lo hacía sin esfuerzo aparente, daba la impresión de que para ella todo fuera coser y cantar.

Las películas de éxito empezaron a sucederse a un ritmo vertiginoso : “My dream is yours” (1949), también dirigida por Michael Curtiz ; “It’s great a feelling” (1949),   de David Butler, el director que la dirigiría en más ocasiones ; “Young man with a horn” (1950) ; “Tea for two” (1950), basada una opereta de los años veinte titulada “No, no, Nanette”; “”West point story” (1950); “Storm warning” (1950), de Stuart Heisler; “Lullaby of Broadway” (1951); “On moonlight bay” (1951), dirigida por Roy del Ruth; “Starlift” (1951); “I’ll see you in my deams” (1951); “April in Paris” (1952);   “By the light of the silver moon” (1953); “Calamity Jane” (1953); “Young at heart” (1954), dirigida por Gordon Douglas; “Love me or leave me” (1955), de Charles Victor; “The man who knew too much” (1955), de Alfred Hitchcock ; “The Pyjama game” (1959), “Pillow talk” (1959), “Jumbo” (1962)…

 

Millonaria y arruinada

Como cantante siguió grabando discos de éxito. Acostumbrada a verse en el cine acompañada de imponentes galanes, buscó entre los crooners del momento IMG_20190513_204508_resized_20190513_084650340su oponente ideal y así grabó sucesivamente dúos con Johnny Ray (“Let’s walk that away”) y con Frankie Laine (“Sugarbush”).

Inolvidables son sus interpretaciones de “Embracable you”, la célebre composición de George e Ira Gershwin; “Crying my heart out for you”, “Because you’re mine”, etc.

Esos años de gloria y de éxito comercial se debieron en gran medida a las buenas artes de Marty Melcher, un productor de cine que en 1951 se convirtió en su tercer marido. Él fue quien dio el nuevo impulso que necesitaba la carrera cinematográfica de Doris Day, consiguiéndole un fabuloso contrato con la Metro Goldwyn Mayer.

A pesar de que este matrimonio resultó muy rentable en el terreno artístico -para ella- y en el económico -para él-,  también se frustró.  A diferencia de lo que había ocurrido anteriormente, en esta ocasión el final no fue el divorcio sino la muerte de Melcher, acaecida en 1968.

Melcher había velado por los negocios de su esposa y ambos habían visto aumentar su fortuna considerablemente. Cuando ella enviudó, unos desaprensivos gestores intentaron sacar tajada del patrimonio y Doris Day pasó de millonaria a arruinada en muy  poco tiempo, el mismo que tardó en recuperar judicialmente sus propiedades, que incluían pozos de petróleo, hoteles, una editorial musical, una productora de cine y hasta una cadena de heladerías.

Su último éxito discográfico fue “Move over Darling”, compuesto por su hijo Terry, y su última película “Déjame sitio, encanto” (1964). Este era el film cuyo rodaje se había visto interrumpido por la inestabilidad de su inicial protagonista, Marilyn Monroe, y que finalmente había quedado inconcluso debido a la muerte de la sex-symbol en 1962. Tras unas lógicas adaptaciones en el guión, Doris Day  interpretó el papel que debiera haber hecho la malograda actriz.

Después de ese rodaje, Doris Day se retiró a su mansión de Malibú y sólo salió de allí para cumplir un contrato firmado por su difunto marido con una cadena de televisión. El resultado fue una serie de programas que, con el título de “El show de Doris Day”, le mantuvieron ocupada hasta 1974.

En 1976 publicó sus memorias donde dejaba al descubierto las sorprendentes diferencias que existían entre su vida en la ficción y su vida real. Ese mismo año se casó con Barry Comden, pero las infidelidades de él dieron al traste con este cuarto matrimonio.

A partir de ese momento sólo aparecería en público en algún acto humanitario, como el  pase privado de “Calamity Jane” que, en 1993, ofreció en su propia residencia con fines benéficos.

 

images“Qué será, será”

 Curiosamente, la canción que tenemos más asociada a Doris Day no pertenece a una película musical sino a un film de suspense dirigido por el maestro del género, Alfred Hichcock.

“Whathever will be, will be” no era una simple canción de relleno en la película “El hombre que sabía demasiado” (“The man who knew too much”), tenía un papel fundamental en el argumento ya que gracias a ella la protagonista recuperaba a su hijo en el momento cumbre de la filmación. Ese tema llegaría al número uno en 1956 y se convertiría en uno de los clásicos de la canción popular.

Otras películas que debemos destacar por su interés musical son “Romance in the sea” (1948), que incluye “It’s magic”, su primer éxito musical en el cine; “Lullaby of Broadway” (1951) que cuenta con un buen ramillete de canciones de Cole Porter y George Gershwin; “April in Paris”, con excelentes temas de Sammy Cahn y Vernon Duke; “Calamity Jane”, de la que salieron éxitos tan importantes como “Black hills of Dakota” y “Secret love”.

Mención especial merece “Young at heart”, en la que interpreta junto a Frank Sinatra la canción que da título al film -de Johnny Richards y Carolyn Leigh-, además de otros temas sin desperdicio como  “Someone to watch over me”, de Gershwin ; “Just one of those things”, de Cole Porter y “One for my baby”, de Harold Arlen y Johhnny Mercer.

Cabe señalar también, por su aliciente musical, “Young man with a horn” (1950), inspirada en la biografía del genial trompetista Bix Beiderbecke, y “Love me or leave me” (1955) basada en la vida de la cantante de Ruth Etting.

©Antonio Subirana

Diez años sin Mari Trini

Publicado el abril 06, 2019

El 6 de abril de 2009, en el hospital Morales Meseguer, de Murcia, fallecía Mari Trini. La conocí a finales de los ochenta en el Parque de atracciones de Montjuïc cuando racalaban en su escenario grandes artistas y luego me la crucé en alguna ocasión en Ibiza. Con motivo del décimo aniversario de su muerte reproduzco aquí el texto que escribí para una colección dedicada al Pop español que escribí en el año 2000

images (1)MARI TRINI

 Nombre completo: María de la Trinidad Pérez-Miravete Miller

Lugar y fecha de nacimiento: Caravaca de la Cruz (Murcia), 12 de julio de 1947

Año de debut: 1963

Álbumes editados: 23

Mayor éxito: Amores

Discográficas: Pathé-Marconi, RCA, Hispavox, Espectacular, Divucsa

Una larga enfermedad durante la infancia es determinante para cualquier ser humano. Todo lo que nos sucede de pequeños es crucial en nuestro futuro pero si es algo anómalo como una prolongada convalecencia, aún más. Esto es lo que le sucedió a Mari Trini que a los siete años contrajo una infección de riñón que le mantuvo postrada en cama durante seis años.

Aunque nació en un pueblo de la provincia de Murcia, la mayor parte de su infancia y adolescencia transcurrió en su casa de Madrid, donde vivió endescarga (1) compañía de sus padres y tres hermanos menores. Durante el tiempo que duró su dolencia asistió intermitentemente a un colegio de monjas, pero la muchacha estaba acostumbrada a vivir en un mundo de adultos y entre sus compañeras de la escuela no podía evitar sentirse desplazada. En aquellos años difíciles tuvo como fiel compañera una guitarra con la que empezó practicar los primeros acordes hasta que la familia, al percatarse de su afición musical, decidió buscarle un profesor que resultó ser Fernando Arbex, que en el futuro se convertiría en el alma de Los Brincos y en un exitoso compositor. Con él empezó a tocar las canciones de los Everly Brothers que le hacían más llevadera la enfermedad de la que quedaría prácticamente restablecida a los quince años. Con sus pocos conocimientos musicales, pero con mucha ilusión, se presentó a varios concursos para artistas debutantes, pero su estilo, que entonces ya era bastante melodramático, no respondía a lo que en aquellos tiempos se esperaba de una jovencita y tuvo sus primeras decepciones. La primera persona importante del mundo artístico que creyó en ella fue Nicholas Ray –conocido sobre todo por ser el director de “Johnny Guitar” y de “Rebelde sin causa”, el film que mitificó a James Dean-  que entonces era propietario en Madrid de un local nocturno llamado “Nika´s”. El cineasta la tomó bajo su tutela y la envió a Londres, la capital entonces de la música pop. Gracias a las recomendaciones de Ray, Mari Trini hizo algunas apariciones en un show que Peter Ustinov tenía en la BBC. Aquellos años en la capital británica no dieron el fruto apetecido en la carrera musical de la artista aunque le sirvieron para conocer el mundo artístico desde dentro y saludar a algunos astros de la música y del cine. Pero la cantante sentía que su sitio no estaba allí, no se sabe si Ray perdió el interés en su protegida pero el caso es que un día Mari Trini le perdió la pista y decidió volar a París, de pequeña había estudiado francés y se sentía fascinada por la obra de las grandes estrellas de la “chanson”, un género que se aproximaba más al estilo musical que quería desarrollar. De los dieciséis a los veintiún años Mari Trini vivió en la ciudad del Sena pero su carrera musical avanzaba muy lentamente y debía compaginarla con trabajos más prosaicos para ganarse el sustento. A aquella época pertenecen sus primeras grabaciones, algunos singles y un L.P. titulado “Bonne chance” donde se incluía un tema de su cosecha titulado “Ce n’est pas moi” que años más tarde conocería un gran éxito en su versión española (“Yo no soy esa”). Pero todo esto es la prehistoria de la Mari Trini que en España empezó a conocerse a partir de un disco que editó la RCA y en el que dominaban composiciones ajenas de nuevos valores como Juan Carlos Calderón, Patxi Andión y Luis Eduardo Aute de quien se seleccionaron las dos canciones que figuraban en el primer single “El alma no venderé” y “No sé que pasará”. Como anécdota cabe reseñar que esta última fue la primera canción que escribió Aute. Mari Trini introdujo en España el concepto de intérprete seria, alejada de la frivolidad. El mundo de la cantautoría española estaba aún en pañales y tiraba a progre, mientras que el de la canción ligera estaba dominado por intérpretes excesivamente anacrónicos, ella encontró el punto justo entre ambos. Sus canciones decían cosas pero se sustentaban en melodías inspiradas y fáciles de retener, envueltas en unos arreglos consistentes. Aquel disco fue un primer paso que apuntaba lo que Mari Trini podía dar de sí y que pudo constatarse en su siguiente álbum, “Amores” ante el que se rindió la mayor parte de la crítica y un público muy numeroso. Fue su primer disco para Hispavox donde trabajó junto a Rafael Trabucchelli que potenció su talento como compositora y supo entender muy bien el tipo de producción que necesitaba la artista. Aquel álbum albergaba un puñado de excelentes canciones arregladas por Waldo de los Ríos que se convertirían en clásicos, como la que daba título al L.P. y otras inolvidables como “Mañana” y “Cuando me acaricias” que aparecieron en single. Quedó como una obra histórica de la música pop española y en su carrera pesó como una losa, para bien, porque gracias a ella pudo consagrarse como una primera figura, y para mal porque nunca podría superarlo en futuras producciones. Sin embargo, su siguiente álbum, “Escúchame”, no decepcionó en absoluto, contaba con varios números fuertes como el mencionado “Yo no soy esa” o “Yo confieso”. En ese álbum figuraban también versiones del repertorio de Édith Piaf, Gilbert Bécaud y Jacques Brel. La más célebre de este último, “Ne me quitte pas”, incluida  en el álbum “¿Quién?”, de 1974, pasaría a ser un tema fundamental en el repertorio de la artista en directo, aunque en la grabación discográfica peca de sobreactuación. Pero antes de ese trabajo aparecieron “Ventanas” –un disco muy digno en su conjunto pero sin temas de impacto- y “L’automne”, un álbum con destino al mercado francófono en el que se incluía una selección de temas de la cantautora adaptados al francés y que tuvo continuidad en otro L.P. al año siguiente.

descargaEn la segunda mitad de los setenta los álbumes de Mari Trini empezaron a acusar una cierta merma de las facultades de la artista como autora. La exigencia de un disco por año –en Hispavox se seguía a rajatabla- resultaba quizás excesiva para Mari Trini y, aunque seguía arrastrando público a sus actuaciones, sus discos no generaban tantos éxitos. En 1977 con el comercial “Te quiero con locura”, la artista se encaramó a las listas de éxitos. Empezaba así una nueva etapa en la que los singles tuvieron más peso, en detrimento de los discos de larga duración. Periódicamente aparecían temas de impacto comercial que se escuchan a todas horas en las emisoras de radio y se bailaban en las discotecas cuando tocaban “los lentos”. Canciones sentimentales, inteligibles por todos los públicos, que huían algo del tono lúgubre de sus antiguas baladas. Eran más “lights” pero se escuchaban con agrado: “Estoy pensando en ti” (1978), Ayúdala (1979), “Soy un caso perdido” (1980), “Te amaré, te amo y te querré” (1981)…sin embargo, en los álbumes que contenían esos temas se advertía demasiado material “de relleno” y un empeño por modernizar el envoltorio musical donde dejó su huella Danilo Vaona, productor italiano que entonces trabajó con muchos artistas españoles. De 1982 es “Una estrella en mi jardín” que fue un éxito incontestable, aquel tema de títuloimages (2) surrealista le devolvió al primer plano de la actualidad. Dos años más tarde editó un disco en el que daba su visión de boleros mejicanos y rancheras, “las canciones que cantaba de pequeñita” según sus propias palabras. La brillante producción corrió a cargo de Maryní Callejo –pianista y directora del grupo que acompañaba a la artista en directo-  que firmó junto a Jesús Gluck los cuidados arreglos de aquel disco. Tras este trabajo que pasó bastante inadvertido, en 1985 apareció un álbum grabado en vivo que reflejaba fielmente el magnetismo que la artista poseía en escena. No obstante, su compañía creía en ella como artista de fondo de catálogo pero no como una apuesta de futuro. En 1986 Hispavox se fusionaba con la multinacional Emi y empezaba una nueva etapa en la que sólo estaba interesada por promocionar a grupos juveniles y se sentía incómoda con figuras de “toda la vida” como Alberto Cortez o Mari Trini. Así, los últimos trabajos de estos artistas  parecieron ser el fruto de un compromiso contractual y no de un proyecto en el que las dos partes se hallasen ilusionadas.  En 1987 “En tu piel” ponía fin a una relación de diecisiete años entre la artista y su casa de discos. Harta de que la gente tuviera de ella una imagen excesivamente seria y recatada decidió mostrarse más “sexy” en la portada. Pocos meses antes la revista “Interviú” había publicado unas fotos en que la artista aparecía mostrando su cuerpo en una playa de Ibiza -la cantante suele pasar en la isla largas estancias-, Mari Trini parecía empeñada en demostrar que ella también podía ser atractiva, como si su imagen fuera la culpable de que el público le diera la espalda. Cuando un intérprete de la categoría de nuestra protagonista pasa de moda lo más sensato es esperar a que la moda vuelva a pasar por él, pero a veces no se tienen los medios o la paciencia para soportar ese “impasse” y el artista hace cosas que le restan la credibilidad que tantos años le ha costado ganar. “En tu piel” fue producido por Rafael Trabucchelli que, siguiendo su costumbre de adaptar temas clásicos, convirtió en canción la “Sonata Patética”, de Beethoven. (“Te juré”). Esta pieza ya había sido llevada anteriormente por Billy Joel al terreno del pop con el título “This night”. En los arreglos de aquel disco colaboraba el guitarrista Rafael Martínez que cuando la artista se quedó sin casa de discos le dio cobijo en Espectacular, el sello discográfico de corta vida que creó el propio músico. Tras un álbum doble de éxitos que tuvo una excelente acogida, en 1995 recaló en Divucsa donde pudo grabar algunos temas inéditos y sus temas de siempre.

El público no la olvida y sus compañeros de profesión tampoco, pero Mari Trini hace tiempo que no se prodiga en los escenarios que es donde puede demostrar mejor sus habilidades. La industria musical española ingrata con los artistas que no venden discos, aunque tengan un brillante historial a sus espaldas y Mari Trini, hoy por hoy, no tiene la posibilidad de actuar en público con la dignidad que merece una artista como ella que reúne méritos suficientes para figurar en un puesto destacado de la historia de la canción popular española.

 ©Antonio Subirana

DISCOGRAFÍA

 “Amores” (1970) (Hispavox)

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El disco que la descubrió y la consagró al mismo tiempo. LP imprescindible, con brillantes arreglos de Waldo de los Ríos. Echando una ojeada a los títulos que lo componen, parece que se trate de un álbum de “Grandes éxitos” (“Amores, “Cuando me acaricias”, “Un hombre marchó”, “Mañana”, “Vals de otoño”, “Si no te vas con la tarde”, “Déjame”…).

“En vivo” (1985) (Hispavox)

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Mari Trini es una artista a la que no se puede valorar en todas su dimensión si no se le ha visto en directo. Para los que no han asistido a ninguno de sus conciertos y para los que quieran evocarlos, este es un disco muy recomendable, sobre todo porque actualmente no es fácil ver a la intérprete sobre un escenario.

“Mari Trini” (1984) (Hispavox)

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Ofrece un perfil poco conocido de Mari Trini que aquí se adentra en un repertorio bolerístico, un género que años más tarde volvería con fuerza. Ella se anticipó a esta moda con este estupendo L.P. en el que llaman especialmente la atención la sensible interpretación de dos éxitos de Armando Manzanero: “No” y “Contigo aprendí”. Cerraba el trabajo una versión de “La mentira” (“Se te olvida”) que años más tarde también grabó Ana Belén con más éxito pero sin tanta emoción.

“Sus grandes éxitos” (1993) (Hispavox)

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Aunque no somos partidarios de incluir en esta sección discos recopilatorios, recomendamos esta selección porque reúne temas de éxito de todas las épocas –muchos difíciles de encontrar en su edición original- y ofrece una muestra del repertorio de canción francesa que la artista ha grabado a lo largo de su carrera.

Otros discos:

“Bonne chance” (Pathé-Marconi, 1965), “Mari Trini” (RCA, 1969), “Escúchame” (Hispavox, 1971), “Ventanas” (Hispavox, 1973), “L’automne” (Hispavox, 1973), “¿Quién?” (Hispavox, 1974), “Qui?” (Hispavox, 1975), “Transparencias” (Hispavox, 1975), “Como el rocío” (Hispavox, 1976), “El tiempo y yo” (Hispavox, 1977), “Sólo para ti” (Hispavox, 1978), “A mi aire” (Hispavox, 1979), “Oraciones de amor” (Hispavox, 1981), “Una estrella en mi jardín” (Hispavox, 1982), “Diario de una mujer (Hispavox, 1984), “¿Quién me venderá?” (Hispavox, 1986), “En tu piel” (Hispavox, 1987), “Espejismos” (Espectacular, 1990), “Sin barreras” (Divucsa, 1995), “Alas de cristal” (Divucsa, 1996).

Cuando un amigo (y maestro) se va

Publicado el abril 04, 2019

ALBERTO CORTEZ

SAM_2223Ha muerto hoy, 4 de abril de 2019, el gran Alberto Cortez. amigo y  maestro, pero un maestro cercano que siempre me ha acogido con los brazos abiertos. Todas las veces que ha tenido ocasión ha elogiado mi trabajo y nunca me ha faltado su aliento y sus consejos cuando los he necesitado. Hemos compartido horas de amena conversación y alguna que otra confidencia.

Creo no equivocarme al afirmar que mi primer contacto con la canción de autor fue a través de su álbum de 1971 No soy de aquí que dejó en mí una profunda huella. Tendría yo siete u ocho años y fui con mi padre al  Drugstore de la calle Tuset de Barcelona y allí compramos esa casete cuyas canciones en poco tiempo me aprendería de memoria. Quién me iba a decir a mí que, quince años después, en el restaurante de aquel mismo lugar, compartiría con mi admirado artista de la infancia cena y conversación, una madrugada en la que al acabar un recital tuvo el antojo de ir a cenar una “sopa de pollo”. Yo acababa de editar mi primer disco, estábamos en la misma compañía discográfica y además mi productor era Rafael Trabucchelli que tanto protagonismo tuvo en los primeros discos de Alberto y que por entonces volvía a colaborar con el cantautor. Uno de los primeros ejemplares de mi primer L.P. fue para enviárselo a Alberto Cortez que tuvo para mi trabajo de debut palabras muy elogiosas. Recuerdo que le dije que tenía todos sus discos y él, muy agudo, me respondió que también tenía todos los míos.

Disfruté mucho escribiendo los cuadernillos informativos que acompañan los dos CD’s dobles que publicó Rama-Lama en 2005 y 2007 conteniendo su discografía de los primeros años en Hispavox (1967-1972). Él se ofreció generosamente ha explicarme los pormenores de aquellas grabaciones y la historia de las canciones que contenían en largas conversaciones en las que deslizó algunas confidencias. Por problemas de espacio no todo se pudo publicar y quizá una parte que quedó inédita vea la luz algún día.

Poemas y canciones (1 y 2) y Canta a Atahualpa Yupanqui

Sus LP's en Hispavox (1969-1972)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

He realizado otros trabajos sobre su obra. Uno de ellos lo escribí hace ya unos doce años para una colección del pop español y aquí lo reproduzco por si alguien se quiere documentar. Ruego al que desee hacer un buen uso del texto  cite su procedencia, algo que a menudo “se olvida”.

ALBERTO CORTEZ (Biografía)

Nombre auténtico: José Alberto García Gallo

Lugar y fecha de nacimiento: Rancul (Argentina), 11 de marzo de 1940

Año de debut: 1958

Álbumes editados en España (excluídas recopilaciones): 29

Mayores éxitos: “En un rincón del alma”, “Mi árbol y yo”, “Cuando un amigo se va”, “No soy de aquí…”…

Discográficas: Monglow Recording, Hispavox, Polygram, CBS, Emi.

 Resultado de imagen de alberto cortez“El mundo es un arrabal de la Pampa”, suele decir este artista refiriéndose a la tierra que le vio nacer y donde a los seis años empezó a estudiar piano con una maestra del pueblo. A los once ya componía sus primeros temas entre los que se cuenta una canción titulada “Un cigarrillo, la lluvia y tú” que años más tarde grabaría y que pasaría también a formar parte del repertorio de Los Panchos. “La compuse cuando aún tenía prohibido el cigarrillo y, sobre todo, el tú”, suele recordar el compositor. A los doce años marchó a San Rafael (Mendoza) para cursar el bachillerato y cinco años más tarde se instaló en Buenos Aires donde empezó a estudiar Derecho y Ciencias Sociales, carreras que abandonaría para dedicarse por entero a la música. En esa época realizó sus primeras apariciones televisivas en Argentina, en un programa llamado “Media noche en la capital del Plata”, y dirigió una orquesta de boleros llamada San Francisco que le permitió actuar en un prestigioso espectáculo llamado “LR 1 Radio del Mundo”. Cuando le llegó la edad de cumplir el Servicio Militar recibió una propuesta para viajar a Europa con un grupo de música folclórica llamado “Argentina International Ballet Show”. Tras consultar con su padre –que moriría poco después y al que dedicó su canción “Cuando un amigo se va”, el tema con el que suele cerrar, a capella, sus presentaciones en directo-, decidió liarse la manta a la cabeza y lanzarse a la aventura europea. En aquel grupo figuraba también Waldo de los Ríos, el gran músico que con el tiempo sería el responsable de la orquestación de algunos de sus mejores discos. En Alemania, la compañía llegó a una situación económica insostenible y los empresarios les abandonaron a su suerte. Gracias a una llamada casual se enteraron de que en Bélgica les estaban buscando a raíz de un éxito suyo. Allí acudió Alberto Cortez donde en 1960 grabó sus primeros discos como vocalista, en francés, alemán, italiano y español con el sello Monglow Recording. El primero de aquellos EP’s que aparecería editado en España con el sello Hispavox fue “Alberto Cortez y su orquesta” en el que se incluía “El Vagabundo” como tema principal, aunque mayor éxito obtuvieron en su voz “Las palmeras” y “Sucu sucu”. A raíz de la popularidad de este último, un tema de ritmo bailable, los siguientes EP’s aparecieron como “Alberto Cortez, ‘Mr. Sucu-Sucu’”.  El éxito obtenido en España con temas frívolos pero hechos con gran dignidad -a los que hay que sumar “Me lo dijo Pérez”, que daría el triunfo a Karina en Festival de la Canción de Mallorca- le lleva a tomar la decisión de instalarse en nuestro país en 1964. A partir de entonces la discográfica Hispavox  sería la que editaría su obra que cambiaría pronto de orientación. Cortez se reveló de la noche a la mañana como un compositor riguroso y un intérprete con una voz tan grande como su figura. En 1967 editó “Poemas y canciones”, con textos de Neruda y Dávalos, entre otros. Las musicaciones corrieron a cargo de compositores como Eduardo Falú. También incluyó en aquel álbum piezas de Atahualpa Yupanqui al que al año siguiente dedicaría un disco monográfico. Pero antes editó un segundo volumen de “Poemas y canciones” donde ya era el propio Alberto Cortez el que musicaba textos de poetas españoles, principalmente de Lope de Vega y de Antonio Machado. De este último musicó, entre otros poemas, “Yo voy soñando caminos”, “Las moscas” y “Retrato”. Las dos últimas composiciones fueron elegidas por Serrat para el exitoso álbum que al año siguiente dedicaría al poeta sevillano. Alberto Cortez presentó estos trabajos en el madrileño Teatro de la Zarzuela, el 22 de abril de 1967. El concierto fue muy agitado, hubo varios intentos de boicot por parte de algunos sectores ultra conservadores que no veían con buenos ojos que se aireará la obra de algunos poetas considerados de izquierdas. Cortez fue, junto a Paco Ibáñez, pionero en esta rama de la canción de autor, si bien Paco Ibáñez seguiría siempre en esa línea en tanto que Cortez pronto se centraría en composiciones enteramente suyas. “El compositor el cantante” fue la tarjeta de presentación de esta nueva etapa que tendría una consistencia y una constancia dignas de admiración. Álbumes como “Distancia”, “No soy de aquí”, “A mis amigos”, “Soy un charlatán de feria”… Alberto Cortez era el único cantautor popular que veíamos asomarse periódicamente a la pequeña pantalla, Serrat estaba vetado y los otros no eran suficientemente conocidos para aparecer en programas de máxima audiencia o eran incómodos para el ente que sistemáticamente los rechazaba por ser considerados “cantantes de protesta”. Sin embargo las canciones de Alberto Cortez –aunque tenía muchas de fuerte contenido social- estaban vestidas con un lenguaje poético muy cuidado y tuvo acceso a muchos espacios televisivos cuando la primera cadena era la única. Asimismo sus presentaciones en directo eran impecables y cuidó mucho la parte instrumental. A principios de los ochenta llegó al punto más alto de popularidad con la edición de un disco muy cuidado, “Castillos en el aire”. A este sucedieron otros álbumes muy elaborados: “Como el primer día”, “Entre líneas”, ”Como la marea”, etc. Entrados los años noventa presentó y dirigió un agradable programa musical en Antena 3 radio, “Jazmines en el ojal”. En 1993 se unió al cantautor Facundo Cabral para ofrecer unos recitales conjuntos que fueron recogidos en dos discos, “Lo Cortez no quita lo Cabral”. Les acompañaba el pianista Ricardo Miralles junto al que Alberto Cortez inició una nueva etapa de su carrera en la que recuperaba la esencia de la canción a través de unas interpretaciones a piano y voz, desprovistas de todo maquillaje, que formaron parte de su espectáculo “Canciones desnudas” y que también quedarían recogidas en el compacto “A todo corazón”, donde las nuevas versiones de sus temas de siempre se unieron a las piezas de su último CD de temas inéditos, “Fe”, compuesto tras padecer una grave enfermedad que le obligó a alejarse un tiempo de los escenarios y de la que felizmente se repuso para volver a sus actividades profesionales. Es lamentable que algunos de los últimos discos del cantautor no hayan visto la luz en nuestro país por falta de una discográfica interesada en ellos. Por otra parte, Hispavox no siempre ha puesto el empeño necesario en tener en catálogo las grabaciones de un artista como él, considerado “de repertorio” y no de éxito pasajero.

Alberto Cortez es un enamorado de su trabajo y su pasión se refleja en su obra que merecería una mayor consideración por parte de la industria discográfica, de los medios e, incluso, de sus propios colegas.

 ©Antonio Subirana

DISCOGRAFÍA SELECTA

“No soy de aquí” (1971)

No Soy De Aqui (Vinyl, LP, Album) album cover

(Hispavox)

Un disco espléndido con soberbios arreglos de Waldode los Ríos. La canción que da título al álbum es uno de los pocos éxitos de su repertorio del que no es autor. Lleva la firma de Facundo Cabral junto al que compartiría escenarios, pasados más de veinte años. Incluye también “Camina siempre adelante” y una versión de “En un rincón del alma”.

 

“En vivo desde Madrid” (1978)

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(Hispavox)

Aunque el sonido ha quedado un tanto desfasado, este disco -reeditado en 1999- es una buena muestra del directo de este artista que, como los verdaderos profesionales, se crece en el escenario. Incluye un puñado de sus mejores canciones entre las que no faltan “Mi árbol y yo”, “Distancia”, “El abuelo”, “Cuando un amigo se va”, etc.

 

“Como el primer día” (1983)

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(Hispavox)

Aunque no contiene ningún éxito del nivel de “Castillos en el aire”, su anterior L.P., este es el álbum más redondo de cuantos editó en los ochenta. Canciones impecables como “Aquella novia primera”, “La vejez”, “Si nos dejaran” o la nerudiana “Me gusta verte dormida” confieren a este trabajo una altura poética y musical muy estimable.

 

“Coincidencias” (1990)

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(CBS)

Tiene el aliciente de escuchar a Alberto Cortez en compañía de Paco de Lucía (“A mis amigos”), Mercedes Sosa (“Distancia”), Facundo Cabral (“No soy de aquí”), Susana Rinaldi (“Cuando un amigo se va”) o Joan Manuel Serrat (“Las nanas de la cebolla”).

Otros discos (excluídos EP´s y recopilaciones):

“Poemas y canciones” (Hispavox, 1967), “Poemas y canciones Vol. 2 (Poetas españoles)” (Hispavox, 1968), “Canta a Yupanqui” (1968), “El compositor…el cantante” (Hispavox, 1969), “Distancia” (Hispavox, 1970), “Equipaje” (Hispavox, 1972), “Ni poco…ni demasiado…” (Hispavox, 1973), “Como el ave solitaria” (Hispavox, 1974), “A mis amigos” (Hispavox, 1975), “Soy un charlatán de feria” (Hispavox, 1976), “Pensares y sentires” (Hispavox, 1977), “A partir de mañana” (1979, no editado en España), “Castillos en el aire” (Hispavox, 1980), “Gardel…como yo te siento” (Hispavox, 1984), “Entre líneas” (Hispavox, 1985), “Concierto” (Hispavox, 1985), “Sueños y quimeras” (Hispavox, 1986), “Como la marea” (Hispavox, 1988), “Almafuerte” (Polygram, 1989), “Si vieras que fácil” (1991, no editado en España), “Aromas” (1993, no editado en España), “Lo Cortez no quita lo Cabral” (Emi, 1994), “Lo Cortez no quita lo Cabral” (Vol. 2) (Emi, 1995), “A todo corazón” (1996, editado en Sudamérica), “Testimonio” (1997, editado en Sudamérica), “Fe” (Magna Music, 1998), “Cortez al desnudo” (Antología 5 CD´s, no editado en España), “Cortezías y Cabralidades” (1998, no editado en España), “A todo corazón” (1999).

En el centenario del nacimiento de Nat King Cole

Publicado el marzo 17, 2019

El 17 de marzo de 2019 se cumplen cien años del nacimiento de Nat King Cole, me sumo a los homenajes reproduciendo un texto que escribí en un libro, aparecido en 1995, dedicado a ls grandes voces del siglo XX

 

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Para el público español Nat King Cole fue durante mucho tiempo un cantante negro conocido por la canción “Ansiedad”  que interpretaba pronunciando la “j” de la palabra “salvaje” con una voluptuosidad y un exotismo irresistible…pero era mucho más que eso: un pianista  de jazz excepcional y un crooner personalísimo, descubrámoslo.

IMG_20190318_002655_resized_20190318_122930935 Primero, el pianista

 Nathaniel Adams Coles nació el 17 de marzo de 1919, en Montgomery, Alabama. Cuando sólo contaba cuatro años de edad se trasladó con su familia a Chicago.

Era el segundo hijo de un pastor protestante que de muy pequeño ya le orientó al estudio del piano. Su madre también le inculcó el amor a la música, ella dirigía el coro de la congregación en el que pronto participó el joven Nat.

Tomó como modelo al pianista Earl “Fatha” Hines y con su hermano mayor, Eddie, formó un grupo “The Roguers of rhytm” que daría paso al poco tiempo a otro liderado por su hermano, “Eddie Cole’s Solid Swingers” con el que llegaron a grabar varios temas y actuaron en los clubs de Chicago.

En 1936 la compañía de Eubie Blake  le contrató para hacer una gira por Estados Unidos con la revista “Shuffle along” que no llegó al final y Nat se las tuvo que ingeniar para sobrevivir tocando como músico de brasserie hasta que recaudó lo suficiente para trasladarse a Los Angeles. En esta ciudad, a finales de 1937, formó su propio grupo con el contrabajista Wesley Prince y el guitarrista Oscar Moore: el “Nat Cole trio” (a partir de ahí su apellido perdió la s).

Con algunos cambios a lo largo de su carrera (Wesley Prince fue sustituido por Johnny Miller y, en la última etapa, Oscar Moore cedió su puesto a Iruing Ashby), este grupo se estableció como uno de los pilares básicos del jazz durante toda la década de los cuarenta. Fue el primer trío que desarrolló la fórmula, base de muchas formaciones posteriores, de piano, contrabajo y guitarra, intercambiándose el protagonismo indistintamente.

 Oscar Peterson y Ray Charles reconocieron en el Nat Cole pianista un punto de referencia a la hora de edificar su estilo musical.  La característica de la ausencia de percusión se debe a un hecho inesperado: parece ser que el día de su debut en el Hollywood’s Swanee Inn, el percusionista no acudió y tuvieron que actuar sin él. Se las arreglaron tan bien que decidieron prescindir en lo sucesivo de los servicios del percusionista. Otra anécdota explica cómo nació el sobrenombre de “King”. Cuentan que durante una actuación con el trío, un hombre del público se le acercó entusiasmado para imponerle una enorme corona de papel mientras le gritaba “eres el rey”. La prensa recogió la anécdota y a partir de entonces pasó a ser conocido como Nat “King” Cole.

 El cantante

En 1946 el trío grabó el primer tema acompañado por una sección de cuerda, “Christmas song”, de Mel Tormé, que se convirtió en un éxito de primeraIMG_20190318_002725_resized_20190318_122900710 magnitud. A partir de ese momento daría preferencia a su faceta de crooner por encima de la de pianista, terreno en el que en su época se le consideraba uno de los más grandes según la crítica especializada de jazz. Pero el éxito comercial como cantante decantó la balanza hacia esta última actividad.

Aunque la discriminación racial jugó en su contra, Nat King Cole consiguió ser el primer cantante de color en ganarse el favor del público de raza blanca. La perfecta afinación de Cole, su esmerada dicción y la intención que ponía en las románticas melodías le convirtieron en el único rival de Frank Sinatra.

Curiosamente, a pesar de todas estas cualidades, la intención de Nat King Cole distaba mucho de la de ser un cantante. El azar eligió por él: Fue durante una actuación con el trío en un club de lujo, un cliente con dos copas de más le pidió insistentemente que cantara una canción a lo que Nat se negó, el dueño del club le ordenó que lo hiciera si no quería ser despedido y Nat tuvo que acceder. El resultado fue tan aplaudido que abriría una nueva faceta en su carrera.

El primer tema grabado con el trío que le daría popularidad como cantante fue “Sweet Lorraine”, en 1940,al que seguirían “Straighten up and fly right”, “(I love you) For sentimental reasons”, “(Get yor kicks) On Route 66”. A partir del éxito de Christmas song en 1946 su carrera como cantante iría en ascenso. En el 48 grabó por primera vez acompañado de orquesta, el tema era “Nature boy” y llegó al número uno de las listas americanas.

 Inolvidable Nat King Cole

 Durante los años cincuenta vieron la luz los standarts que hoy todos veneramos como “Mona Lisa”, “Too young”, “Smile” o el inolvidable (valga la redundancia) “Unforgettable”. En estas grabaciones contaba con el acompañamiento de las grandes orquestas del momento y con la colaboración de arreglistas tan  reputados como Gordon Jenkins, Nelson Riddle o Billy May, es decir los mismos que rodeaban a los crooners de primera fila como Frank Sinatra.

 También probó suerte en el cine, su mejor interpretación tuvo lugar en la película “St.Louis Blues” en el papel de William Cristopher Handy.

Un cáncer de pulmón acabó con su vida el 15 de febrero de 1965 cuando aún tenía muchos proyectos que realizar.

En 1991 su hija Natalie, que siguió con altibajos los pasos de su padre en la canción, lo “resucitó” para grabar a dúo (obviamente,con ayuda de la técnica) la canción “Unforgettable” en un álbum-homenaje a su padre que tuvo una fantástica acogida en todo el mundo y que sirvió para disparar las reediciones de los viejos discos de Nat King Cole.

Nat King Cole en español

 Durante muchos años se tuvo en España una visión muy limitada de Nat King Cole, que se reducía a los discos que había grabado en español. Era algo así como si Plácido Domingo sólo fuera conocido por un anecdótico disco de tangos.

El primer disco, “Cole en español”, fue grabado en Cuba, unos meses antes de la Revolución castrista y lo dirigió un músico cubano, Armando Romeu jr. Este disco incluía temas como “Adelita”, “Te quiero dijiste”, “Quizás,quizás,quizás”, etc.

Tuvo tan  buena acogida que grabó una segunda entrega tituladA “A mis amigos”,con arreglos y dirección de Dave Cavanaugh. Grabado en Brasil, combinaba  piezas en español y portugués como “Caboclo do rio” y “Nao tenho lagrimas” y fue el que le lanzó al mercado español con canciones como “Perfidia”, “Capullito de aleli”, “Aquellos ojos verdes”, “Fantástico” o “Ansiedad”. Esta última fue la pieza que le identificó durante mucho tiempo en España. Su castellano, a veces incomprensible por su acento norteamericano, le hizo muy atractivo para el público latino que veía en ese “defecto” un punto de exotismo.

Volvió a grabar en español, con arreglos y dirección de Ralph Carmichael, otro álbum, “De nuevo Cole en español”,que incluía “Piel canela” y “Solamente una vez” y que tendría menor repercusión  entre nosotros que el anterior.

Antonio Subirana

En la muerte de Chiquetete

Publicado el diciembre 28, 2018

 El pasado 16 de diciembre de 2018 falleció el cantante Chiquetete, rebuscando en mis archivos he encontrado este perfil biográfico que escribí para una colecció dedicada a los talentos de la música española

imagesEste artista es el solista masculino que mejor ha sabido trasladar el pellizco flamenco a la balada pop convencional. Sudescarga (3) verdadero nombre es José Antonio Cortés Pantoja. Nació en Algeciras, en 1948, en una familia de origen gitano. El padre, que también cantaba, abandonó a los suyos cuando José Antonio era muy pequeño y no lo conoció hasta que ya era un hombre hecho y derecho. El niño se crió con su madre y con sus siete hermanos en casa del abuelo materno, el “Pipoño”. A los ocho años marchó con su madre a Sevilla, estableciéndose en el barrio de Triana. Su primer oficio fue el de aprendiz de tornero y más tarde repartió fruta en los supermercados, por entonces ya se sentía inclinado por el cante. En su familia había antecedentes artísticos, sin ir más lejos su tío, Juan Pantoja –padre de Isabel Pantoja-, tocaba en el grupo Los Gaditanos y es autor de la popular Qué bonita es mi niña. De él tomó su sobrino y ahijado el sobrenombre de Chiquetete. A los diez años, su madre le llevó a un programa de Radio Nacional de España. Aquella experiencia el artista suele recordarla con estas palabras: “lo hice fatal, ‘pa matarme”. Siendo aún muy joven formó el dúo Los Algecireños con un amigo llamado Manuel Domínguez, conocido como “El Rubio”. Poco después el dúo se convirtió en trío con la llegada de Manuel Molina –famoso años después por ser la mitad del dúo Lole y Manuel – y pasaron a llamarse Los Gitanillos del Tardón, una referencia al barrio de su infancia. El trío, con un repertorio esencialmente flamenco, actuaba en tabernas y fue muy reclamado en toda suerte de festejos de Sevilla aunque también tomó parte en algunos actos más serios como el que se realizó en Sevilla en homenaje al cantaor Manolo Caracol. En aquellos tiempos, Chiquetete vivió la vida bohemia de los flamencos, cantando donde podía, la mayoría de las veces en los salones de las casas adineradas y poco en los escenarios. Uno de los que más frecuentó fue el del “tablao” Los Gallos, de vista obligada para todo turista queimages (2) caía por Sevilla. Uno de ellos resultó ser un americano que le ofreció un contrato para actuar en la base americana de Guantánamo para las tropas allá destacadas con un espectáculo que mezclaba baile español  y número flamencos asequibles para el gran público. Durante la década de los setenta la vida artística de Chiquetete transcurrió entre tablao y tablao con su grupo flamenco en el que se integraría también su esposa, en 1972, y años más tarde su prima, la popular tonadillera Isabel Pantoja. El artista se prodigaba mucho en actuaciones en directo y llegó a grabar tres discos de flamenco (Gitano yo he nacío, Triana despierta y Altozano) que no llegaron a tener gran repercusión, sólo el primero fue reeditado muchos años después. Su acertado sentido del compás determinó también que fuera muy solicitado para poner su cante al servicio del baile, secundando a figuras como La Contrahecha o Farruco. También como palmero tuvo el honor de acompañar a Antonio Mairena junto al que se le pudo ver en un especial de TVE. Su prestigio como cantaor aumentó muchos enteros en 1975 cuando recibió el Premio de Cantes Festeros en el Concurso de Mairena de Alcor. Los aficionados al género reconocen unánimemente la voz melodiosa del artista que alcanza brillantes resultados aún con poco volumen.

descargaEn 1981 su carrera artística tomó un nuevo rumbo gracias al éxito de Tú y yo, un tema pegadizo y romántico que fue muy radiado. Dio título genérico al álbum que le marcaría la línea a seguir en el futuro, fundamentada en tipo de canción romántica pero con un deje aflamencado. Hay que destacar al respecto la labor de autores como Juan Bautista, Ignacio Román y, sobre todo, del guitarrista flamenco Paco Cepero con el que Chiquetete ya había trabajado con anterioridad. De Román y Cepero es el tema Aprende a soñar que en 1982 consagró a Chiquetete como un artista de primera fila en su terreno. Del mismo álbum destacan piezas como Corazón de acero, incluida en esta selección, o la que dedicó a su madre (Mi madre Manuela). El disco fue triple platino y le permitió a Chiquetete llevar a cabo un gran número de actuaciones por toda España en unas condiciones muy diferentes a las que estaba acostumbrado en las penosas épocas de cantaor de tablaos. Su siguiente entrega discográfica estuvo enteramente dedicada a las sevillanas. Sin embargo, no era lo que el público esperaba del artista y el trabajo no obtuvo el éxito esperado, con excepción del tema Gitano soy que tuvo una buena acogida y por eso hemos decidido incluirlo en este resumen de su obra. Sin dar tiempo a que su popularidad sufriera un bajón, en 1983 Chiquetete se apresuró a volver donde lo había dejado con el álbum más completo de su carrera, y el más vendedor, donde encontramos temas del tándem Román-Cepero como Ser amante que daba título al trabajo, Volveré o Secretos, todas ellas merecedoras de figurar en la presente antología. Los arreglos, que tanto contribuyeron a crear lo que podría denominarse como “Sonido Chiquetete”, se confiaron nuevamente a Miguel Ángel Varona que ya había colaborado con el artista en el primer álbum de su nueva etapa y de la producción se encargó Paco Cepero a quien también encontramos como principal autor del siguiente álbum del cantante, Eres mía (1984) en el que brilla especialmente una de las piezas más conocidas de Cepero, nos referimos a Esta cobardía que se merece abrir esta selección. Julio Iglesias también quedó prendado de aquel tema y no dudó en grabarlo en su álbum Libra (1985). A pesar de aquel éxito la carrera de Chiquetete sufrió un cierto declive a mediados de los años ochenta,  discos como Bohemio de amor (1986)  o Madrugada (1987) pasaron desapercibidos. Para entonces ya había fichado con una nueva discográfica, la multinacional RCA, dejando atrás una larga etapa con la casa Zafiro. Alzaría nuevamente el vuelo en 1988 con un nuevodescarga (2) trabajo, Sevilla sin tu amor  -título que parece inspirado en el famoso Venecia sin ti, de Azanavour-, en el que el artista hizo una nueva incursión en las sevillanas, aunque en aquel momento muy oportuna, dada la aceptación que ese aire disfrutaba en toda España por esos años. A la puerta de Toledo fue la singular sevillana que más se escuchó de aquel trabajo. La década de los ochenta se cerró con Canalla, un disco que traía aires renovadores gracias a la producción del cantante Juan Pardo que compuso todos lo temas de aquel álbum que, a pesar de sus aciertos, no logró convencer a todos sus seguidores. En 1991 salió a la luz Profesor de sueños, en el que volvió a apostar por el genio de Paco Cepero. Tampoco obtuvo muy buenos resultados y puso fin a su relación laboral con RCA. Un año después, salió al mercado Torero de las estrellas, título tomado de un surrealista tema de Romero San Juan. Al año siguiente volvió a hacer una exitosa incursión en el terreno de las sevillanas. No volvería grabar hasta 1995, año en que la discográfica catalana Discmedi editó su C.D. Sigo siendo río donde tuvo como colaborador al joven guitarrista Pedro Javier González y al productor Roberto Livi, muy apreciado entonces por los llamados “cantantes latinos”, que firmó varios temas de aquel álbum. En el 2002 editó un nuevo disco titulado Andaluz que incluía la canción de homónimo título. El 9 de junio de 2002 se presentó por primera vez en el Palau de la Música Catalana con un excelente concierto, organizado por el radifonista Justo Molinero de la popular emisora “Tele-Taxi”, en el que convocó sus tres vertientes: la canción melódica, las sevillanas y el flamenco, dejando claro ante la crítica y el respetable que, aunque haga lo que se da en llamar canción ligera, su cante no tiene nada de ligero, sino que aúna sabiduría y “jondura”.

©Antonio Subirana