En la muerte de Montserrat Caballé

Publicado el octubre 09, 2018

El mundo de la música y de la cultura en general ha despedido a una de nuestras voces más internacionales

Toni Subirana recuerda el papel que tuvo su padre, el Doctor Manuel Subirana, en un momento crucial de la vida de la soprano

imagesCon Montserrat Caballé se va una gran figura de la música y con este motivo hemos podido ver en televisión algunos programas especiales con entrevistas en profundidad. He disfrutado escuchando sus anécdotas del mundo de la ópera, me ha impresionado su sabiduría en aspectos técnicos y me he identificado con muchas de sus ideas del arte en general. Si embargo, en el plano personal, he echado en falta alguna referencia aunque fuera de pasada, a mi padre, el Doctor Manuel Subirana, cuando se ha rememorado el delicado momento por el que pasó su salud a principios de 1985, no entraré en detalles porque no puedo hablar con propiedad de temas médicos pero, como mi padre también ha fallecido este año, me siento en el deber y en la necesidad de honrar su memoria y esto pasa, no ya por por recordar sus aciertos, sino por impedir que se silencien.

Mi padre era ya un neurólogo de prestigio, a pesar de su juventud, 47 años, y se encontró con la gran responsabilidad de frenar una operación propuesta por un equipo de acreditados médicos norteamericanos que implicaba un altísimo riesgo para el futuro profesional de la cantante: Operarse y no poder cantar o no operarse y poner en riesgo su vida. Ante tal disyuntiva, Montserrat Caballé quiso aplazar la decisión hasta que no la reconociera el Doctor Subirana, al que conocía de bastante tiempo atrás y le inspiraba una gran confianza. Y así fue, como por su expreso deseo, se puso en manos de mi padre, que se tomó el caso con gran implicación personal, hasta el punto de que acudió a recogerla al aeropuerto. Yo no estaba entonces (nuca lo estuve) al corriente de los casos de los pacientes de mi padre, pero el fin de semana atendíamos nosotros el teléfono, que era también el de la consulta, y cuando al preguntar “de parte de quién” oía a Montserrat Caballé decir su nombre…pues algo impresionaba, la verdad. Después de la exploración y de efectuar las pruebas pertinentes, mi padre apostó por descartar la intervención quirúrgica y optar por otro tratamiento con lo que tanto ella como su marido, Bernabé Martí, y  su hermano, Carlos Caballé, respiraron aliviados. La decisión fue acertada, prueba de ello es que gracias a este golpe de timón pudo seguir desarrollando su carrera, sumando triunfos a lo largo de una existencia que, afortunadamente, se ha revelado longeva.

Me consta que estaban agradecidos a mi padre, Carlos Caballé me recibió un tiempo después en su casa, yo buscaba un sello discográfico para grabar mis primeras canciones y me acordó una cita con un director artístico de una discográfica, aunque el contacto no fructificó. Años más tarde una revista de música clásica me encargó que le hiciera una entrevista, hice las gestiones y ella me llamó personalmente para decirme que lo sentía pero no me la podía conceder porque tenía ya apalabrada una con un periodista que escribía para esa misma publicación y no quería traicionarle. Lo entendí perfectamente y aplazamos la cita para otra ocasión que nunca se llegó a dar.

Como a muchos, me hubiera gustado que se instalara la capilla ardiente en el Liceo donde pude admirar su arte en varias ocasiones pero sus razones tendría la familia para optar por un marco menos teatral y más funcional. Descanse en paz Montserrat Caballé.

©Antonio Subirana