En la muerte de María Dolores Pradera

Publicado el mayo 30, 2018

El 29 de mayo de 2018 falleció la gran intérprete María Dolores Pradera. Tuve la suerte de conocerla, de mostrarle mi admiración y de confiarle que su Amarraditos lo llevaba siempre prendido en el ojal desde que lo escogiera para cantarlo en uno de los momentos más importantes de mi vida. A modo de homenaje transcribo aquí una pequeña biografía que publiqué hace unos años en una colección dedicada a los grandes intérpretes de la canción

SAM_0750               María Dolores Pradera,

                  señora de la canción

 Es la gran señora de la canción, lleva cinco décadas paseando por el mundo su repertorio, tan inmarchitable como esos jazmines  que nos invita a  prender del ojal cada vez que la escuchamos cantar el vetusto y entrañable Amarraditos.

Los años cincuenta representaron la revelación de María Dolores Pradera como cantante. Hasta mediados de esa década había desarrollado una interesante carrera como actriz -de teatro principalmente- pero la canción acabó por absorberle totalmente.

María Dolores Fernández Pradera -que así es su nombre completo- nació en Madrid el 29 de agosto de 1925 en el seno de una familia acomodada.

Desde muy pequeña sintió la vocación artística, en cuanto podía se disfrazaba de lo que fuera para interpretar papeles dramáticos en las celebraciones familiares.

Cuando era aún una adolescente su padre falleció y la familia tuvo que apretarse el cinturón. Nunca había destacado como una buena estudianteimages así que se decidió que la niña aprendiera un oficio que le pudiera deparar en el futuro un cierto desahogo económico. Así la joven María Dolores empezó a recibir clases de corte y confección al tiempo que estudiaba piano, instrumento que siempre favorecía a una chica de buenas maneras como era ella.

A pesar de sus inquietudes artísticas no encontró en las teclas bicolor su modo adecuado de expresión. Ella se sentía más actriz y empezó a frecuentar los estudios de cine donde poco a poco le fueron dando pequeños papeles hasta rodar una serie de películas que por su irrelevancia y por escaparse de nuestro terreno no nos detendremos a enumerar .

De esta etapa, en el plano personal, es destacable su matrimonio con el gran actor Fernando Fernán Gómez con quien  mantuvo una relación que duro diez años hasta que decidieron separarse amistosamente. Al respecto María Dolores Pradera ha afirmado en algunas ocasiones, con  mordaz sentido del humor, que se siente “viuda de vivo”. De esa unión nacieron dos hijos, Fernando y Elena, que le han colmado de satisfacciones.

Si en el cine no logró sobresalir, en el teatro realizó trabajos muy dignos, principalmente del repertorio clásico.

Durante sus años de infancia y de adolescencia tuvo la oportunidad de viajar en varias ocasiones a Sudamérica donde se familiarizó con la música folclórica de aquellos países, que sería la base de su repertorio como cantante, sin excluir un amplio muestrario que abarca formas musicales de todas las regiones de la Península. De esta forma, a través de su producción -como ella misma ha afirmado en alguna ocasión-, podemos cerciorarnos de las similitudes que existen entre la música que se hace y se escucha a un lado y otro del “charco”.

Su debut en el mundo de la canción se produjo en una sala de fiestas de Madrid llamada “Alazán” y el éxito obtenido superó las previsiones más optimistas. No obstante siguió compaginando su actividad de cantante con la de actriz, que no abandonaría definitivamente hasta 1967 año en que se despidió con unas soberbias representaciones  de Mariana Pineda, de García Lorca. Sólo regresaría una vez al teatro, fue en 1975 con la obra Cándida.

El éxito de la Pradera está asentado en unos pilares muy sólidos y todos primordiales:

Su presencia escénica ya marca la diferencia, a pesar de ser actriz -o quizá por ello- dosifica sus ademanes y nunca cae en la sobreactuación, su sobriedad en el vestir es vista por el público adulto como una señal inequívoca de elegancia. Sólo se permite algunos juegos escénicos, tales como la utilización de ponchos y otros aditamentos indumentarios, como una forma de ilustrar su repertorio en consonancia con la procedencia de la canción a interpretar.

descargaEsta sobriedad se extiende al campo de la interpretación y de la instrumentación. No es cantante de alardes vocales, es consciente de sus limitaciones vocales que compensa con una perfecta dicción, un saber decir y un gusto exquisito. El acompañamiento instrumental posee un sello inconfundible, conciso y brillante a la vez, que le han conferido los populares Gemelos que también han acompañado a Nati Mistral. Los Gemelos merecerían una mención especial aunque no hubieran sido acompañantes de la Pradera.  Formaban este dúo los hermanos López Hernández, Julián y Santiago, a la guitarra y al requinto respectivamente. Nunca se dedicaron totalmente a la música, ambos tenían otras ocupaciones laborales lo cual no contradice que fueran unos profesionales de primer orden en el campo de la música. Santiago falleció en 1993 dejando tras de sí una labor inmensa en el campo de la música para orquesta de pulso y púa. El segundo ha seguido acompañando a María Dolores al lado de Juan Delgado “Chava” que se ha esforzado en llenar el hueco dejado por Santi. Los Gemelos han sido durante años el único acompañamiento instrumental de María Dolores Pradera aunque en los últimos tiempos el grupo se ha visto reforzado con la incorporación de Pepe Ébano  a la percusión y de José María Panizo al contrabajo.

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El tercer pilar fundamental en la carrera de María Dolores Pradera es el repertorio.

Ella nos ha introducido en la música sudamericana con una rigurosa selección que, aunque obedece a su exquisita sensibilidad, no se haya exenta de valor didáctico. Gracias a su labor nos han llegado las composiciones de Chabuca Granda. De todas, la más celebrada ha sido La flor de la canela, sin lugar a dudas la canción  más representativa de María Dolores Pradera, presente siempre en todos sus recitales.

Su amplísimo repertorio se haya repartido en más de treinta discos de larga duración algunos de ellos grabados en vivo, destaquemos sólo algunosimages (2) títulos: Fina estampa, también de Chabuca Granda; Amanecí en tus brazos,de José Alfredo Jiménez; Guitarras, lloren guitarras, de Cuco Sánchez; Caballo prieto azabache, Caballo viejo, La hija de Don Juan Alba, Negra María, Volver, volver, Que te vaya bonito,  El tiempo que te quede libre, El rosario de mi madre… De entre todas las canciones que ha interpretado la que más simpatías populares se ha granjeado es Amarraditos. Los  versos redondos de esta pieza, sintetizan a la perfección el espíritu que preside la audición de un disco o de un recital de María Dolores Pradera.  “…No se estila, ya sé que no se estila / que te pongas para cenar /jazmines en el ojal /…Desde luego parece un juego / pero no hay nada mejor / que ser un señor de aquellos / que vieron mis abuelos”.

En los últimos tiempos ha adoptado obras de cantautores contemporáneos como es el caso del escritor Manuel Vázquez Montalbán que en colaboración con el músico mallorquín Antoni Parrera Fons le compusieron el tema Tú tenías veinte años. También incorporó a su repertorio algunas canciones de Carlos Cano como Las habaneras de Cádiz -cuya letra surgió de la pluma de Antonio Burgos- y  María la portuguesa. El último disco hasta la fecha data de 1994 y  bajo el título de Toda una vida recoge lo más granado de su repertorio con el interés añadido de las voces de Josep Carreras, Alberto Cortez y Los Sabandeños, con los que canta a dúo algunos temas.

 ©Antonio Subirana