En la muerte de Little Richard

Publicado el mayo 09, 2020

Con motivo de la muerte de Little Richard recupero el texto que escribí  en 1995

para una enciclopedia de grandes voces del siglo XX

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LITTLE RICHARD

EL “SHOWMAN” DEL ROCK & ROLL

 Little Richard fue el primer artista que introdujo elementos provocadores en sus presentaciones en directo. Supo aprovechar la técnica vocal del gospel para ponerla al servicio de una música pagana como el rock & roll y fue el primero en despojar al piano de su seriedad para convertirlo en un elemento escenográfico más.

No se limitó a ser un cantante de rock & roll sino que potenció su faceta de hombre-espectáculo luciendo indumentarias extravagantes y exhibiendo todo tipo de posturas que enfervorecían a los jóvenes y escandalizaban a los adultos.

Un carromato fue su primer escenario

 Richard Wayne Penniman -este es el verdadero nombre de Little Richard- nació en Macon, Georgia, el 5 de diciembre de 1935.

Sus primeros contactos con la música se produjeron en la iglesia de su barrio, ahí empezó a tocar el órgano y a cantar en el coro, del que llegó a ser la voz solista.

Sus padres tenían unas profundas convicciones espirituales -pertenecían a una congregación llamada “los Adventistas del Séptimo Día”- y vivían en unas  condiciones de pobreza extrema. El dinero no alcanzaba para alimentar a los once hijos y Richard, que era el tercero, asfixiado por la férrea disciplina religiosa y las penurias económicas, decidió en cuanto pudo, a los trece años, abandonar el hogar familiar. Tuvo suerte y fue recogido por un matrimonio blanco -Ann y Enotris Johnson- que le tomaron bajo su tutela y le permitieron vivir con relativa comodidad.

Su primer dinero lo ganó como animador de un “Medicine Show”. Se trataba de un espectáculo ambulante, instalado en un carromato, que ofrecía pequeños números artísticos con el fin de atraer la atención del público y así vender un remedio milagroso, cuyos beneficios pregonaba insistentemente un charlatán.

Después de esta curiosa experiencia trabajó en empleos más comunes hasta que le contrataron en un sórdido club nocturno donde empezó a cantar de forma profesional.

En ese tiempo aún no era conocido como Little Richard, este nombre artístico se lo impusieron cuando tenía dieciséis años y resultó vencedor en un concurso para nuevos valores que se celebró en Atlanta. El premio consistía en un contrato con el sello Camdem -filial de R.C.A.- para el que grabó unos cuantos temas de blues que apenas tuvieron repercusión como “Taxi blues”, “Why did you leave me” y “Ain’t nothin’ happenin’”, este último con el acompañamiento de la orquesta de Billy Wright.

En 1953  fichó por el sello Peacock, ubicado en Houston  y propiedad de Don Robey. Los grabaciones de esta época contaron con el acompañamiento rítmico de los Duces of Rhythm y el soporte vocal de los Tempo Toppers.  Eran mayoritariamente temas de rhythm & blues y sólo “Ain’t that got news” obtuvo una popularidad significativa. Más tarde grabó un nuevo disco que incluía “Little Richard’s boogie”, producido por Johnny Otis sin obtener tampoco resultados muy positivos.

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“Tutti Frutti”

 Al ver que su carrera estaba estancada, pidió consejo a Lloyd Price quien le recomendó que presentara sus canciones a la casa “Speciality Records”, de Nueva Orleans. Los directivos de “Speciality” quedaron gratamente sorprendidos y, tras llegar a un acuerdo económico con Peacock, decidieron  grabar una docena de canciones de Richard con la producción de Robert Blackwell.

La operación se saldó con un gran éxito ya que en 1955 el tema “Tutti Frutti”, consiguió escalar posiciones en las listas de Estados Unidos y Gran Bretaña. Este tema quedaría ya para siempre como sinónimo de rock & roll y sería indisociable de la voz de Little Richard.

Sorprendentemente, ninguna pieza de Little Ricard llegó al número uno de las listas generales de éxitos -aunque sí alcanzó la primera posición en las de rhythm & blues-, pero si echamos un vistazo a los casi tres que van del 55 al 58, encontramos un puñado de temas salidos de la garganta de Richard que hoy forman parte de lo más selecto del museo del rock & roll: “Long tall Sally” -que alcanzó la cima de las listas de rhythm & blues-, “Ready Teddy”, “Rit it up”, “She’s got it”, “Lucille”, “The girl can I help it” -incluída en la película del mismo título-, “Good Golly Miss Molly” -que en los países latinos fue conocida como “La plaga”-, “Keep a knockin’”, etc.

En este corto y glorioso espacio de tiempo, intervino también en dos películas, “Don’t knock the rock” y la mencionada “The girl can’t help it”.

Algunos de sus temas, como “Tutti Frutti” o “Long tall Sally”, tuvieron su versión “blanqueada”, en la voz de Pat Boone el especialista más acreditado en “covers”.

 A-uan-ba-baluba-balam-bambú

El gancho del tema “Tutti Frutti” no era otro que esta celebérrima frase: “A-uan-ba-baluba-balam-bambú”, transcrita tal como suena. Pocas veces se ha dicho tanto sin decir absolutamente nada. Esta retahíla de onomatopeyas sintetizaba el ritmo, la tribalidad -también la trivialidad, todo hay que decirlo- y la fuerza transgresora de la nueva música que iba a conquistar a jóvenes de todo el mundo y de la que Little Richard fue uno de sus principales protagonistas.

Al parecer el texto original de “Tutti Frutti” contenía unas referencias al sexo demasiado explícitas y hubo que rehacer la letra para que el tema pudiera pasar por los canales de difusión, esta misión fue encomendada a la letrista Dorothy La Bostrie, a la que no le hizo falta escribir ningún otro tema durante el resto de su vida.

La “llamada del Señor”

 En 1957, Little Richard inició una gira por Australia que habría de modificar su existencia…En uno de los muchos desplazamientos aéreos que tuvo que realizar, el avión en el que viajaba sufrió un contratiempo y Little Richard se hizo la promesa de que si salía ileso de aquel percance abandonaría la música y se haría monje. Felizmente, el avión pudo tomar tierra y Richard volvió a su frenética carrera artística. Pero quiso el azar que, al poco tiempo, la muerte le diera un segundo aviso y nuevamente a bordo de un aeroplano. Por fortuna tampoco pasó nada grave en aquella ocasión pero Little Richard quedó convencido de que había vuelto a nacer y que esos accidentes eran “la llamada del Señor”. Dos oportunidades ya eran demasiadas para tentar a la suerte una vez más, tenía que abandonar la música y dedicarse a servir a Dios. Con este objetivo espiritual ingresó en la escuela de la congregación de los Oakwood Adventurist donde pasó dos años de ascética reclusión, dedicado al estudio de la teología y entregado a la meditación.

 La casa de discos no se resignó y en 1958 lanzó nuevos singles con temas que no habían visto la luz en su momento como “Baby face”, “True fine mama”, “By the light of the silvery” y “Kansas city” que no tuvieron la acogida de los precedentes, aunque lograron situarse en las listas británicas.

En esta etapa de aislamiento voluntario, sólo la música gospel podía confortarle en las largas horas que pasaba en soledad. Durante los dos años de vida monacal grabó varios discos llenos de misticismo para diversos sellos. Dignos de mención son los producidos por Quincy Jones -entonces diriector de la discográfica Mercury- entre los que destaca el tema “He got what she wanted”, aparecido en 1962. Ese mismo año volvió a los escenarios realizando su primera gira británica que se saldó con un éxito apoteósico y de la que nacería una relación de mútua simpatía con unos chicos que entonces empezaban: los Beatles. Con ellos realizó algunas actuaciones en directo y varias apariciones televisivas. Dos años más tarde fueron los mismos Beatles quienes  revalorizaron a los pioneros del rock & roll como él y Chuck Berry del que grabaron Roll Over Beethoven y “Rock & roll music”.

Soul, rock & roll y religión

 A partir de ese momento, Little Richard decidió que tenía que reivindicar su papel de protagonista en la historia del rock & roll. Regresó al sello Speciality y volvió a la carga con “BamapLama-Bama-Loo”, un númeroIMG_20200509_185939_resized_20200509_071324988 rockero con evidentes reminiscencias de “Tutti Frutti”, al que sucedieron otros como “Money honey”, “I’m black”, “Lawdy miss Clawdy,  “Bring it on home to me” -versión de un tema de Sam Cooke”-, y “Hound dog”, el clásico de Leiber y Stoller popularizado por Elvis Presley. Aunque estos temas le devolvieron a la palestra, decidió cambiar nuevamente de discográfica -primero fichó por el sello Vee Jay Records y más tarde por Okeh- sin una orientación estilística clara, navegando entre el rock & roll de sus inicios y el soul imperante a mediados de los sesenta. De esta etapa merece señalar el impacto de “I don’t know what you’ve got but it’s got me”, en donde se puede escuchar la guitarra de Jimi Hendrix, que estuvo en su grupo de acompañamiento hasta que Little Richard entendió que podía hacerle sombra. Otros temas de esta época son “Poor dog”, “Without love” y “Hurry Sundown”.

Tras una exitosa gira por el Reino Unido, volvió al repertorio de rock & roll con un tema de gran fuerza, “Get down with it”. Pero para entonces Little Richard ya no tenía la rebeldía de sus primeros años, había cambiado su imagen provocativa por otra mucho más  relamida y sus excesos excesos escénicos dieron paso a una inexplicable contención  que nada tenía que ver con la fuerza salvaje que le había encumbrado al éxito. Se había convertido en un artista de lujo para el público maduro de Las Vegas y en una pieza de museo para las nuevas generaciones. Por entonces el público estaba ya más preocupado por cuestiones de índole personal -como su supuesta homosexualidad -que por sus nuevos trabajos musicales.

Esta confusión en su vida privada y en su carrera artística le llevó, en 1973, a buscar de nuevo una vía de escape en los asuntos místicos.

A mediados de los setenta, coincidiendo con la oleada de revival que sacudió a la industria musical, se reeditaron los grandes éxitos de Little Richard y se le adjudicó el puesto privilegiado que merecía dentro de la historia de la música moderna. Fue entonces frecuente su aparición en diversos documentales y películas sobre la época gloriosa del rock & roll. Cabe señalar su participación en  la película “Down and out in Beverly Hills” (1986), que contenía uno de sus últimos éxitos, “Great Gosh a’Mighty”.

La influencia de Little Richard ha sido notable en muchos artistas que le sucedieron entre los que cabe mencionar a los Beatles, los Rolling Stones, Jimi Hendrix y Jerry Lee Lewis, que llevó hasta las últimas consecuencias sus acrobacias sobre el piano.

En los últimos tiempos, Little Richard ha aparecido frecuentemente en vídeo-clips y grabaciones discográficas de ilustres colegas suyos. El último ejemplo data de 1993, cuando participó en álbum “Duets”, de Elton John, interpretando el tema “The Power”.

 ©Antonio Subirana