Toni Subirana realiza una mini gira por centros penitenciarios y residencias geriátricas

Publicado el abril 20, 2017

El cantautor ha participado en un ciclo de conciertos organizado por SGAE que tiene lugar en centros sociales, culturales, penitenciarios, hospitales y ONG. El propio intérprete nos cuenta sus impresiones.

Vista general del auditorio del Can Brians durante la actuación de Toni Subirana

Vista general del auditorio del Can Brians durante la actuación de Toni Subirana

 Cuando me llamaron para actuar en la cárcel lo primero que me vino a la cabeza es que quizá el tipo de canción “de texto” que yo cultivo no era precisamente el estilo de música que espera alguien que está privado de libertad. Imaginé que seguramente preferiría un grupo de rumba, para distraer la pena; o de “metal”, para desfogarse…pero tras meditarlo un rato acepté porque vislumbré que quizá con mis canciones podría llegar a algún rincón del alma de aquellas personas que viven entre rejas y hacerles pasar un buen rato a cambio de una experiencia singular para mí.

El primer “bolo” fue el domingo 12 de marzo en la prisión de alta Seguridad de Can Brians, en Sant Esteve de Sesrovires (Barcelona). Mi concierto se presentaba como el cierre de la semana dedicada a la mujer trabajadora. Allí me estaba esperando la persona que se encarga de coordinar las actividades que me guió y ayudó en todo momento, empezando por descargar el coche, aunque la mayor parte del material que había preparado se quedó en el maletero porque del pàrkimg al auditorio había un buen trecho y además con varios controles, así que con la guitarra y mi taburete giratorio fuimos salvando obstáculos, en este caso puertas de hierro que se abrían y cerraban a nuestro paso…reconozco que me impresionó el ambiente pero, a decir verdad, más a posteriori porque en aquel momento yo no quería distraerme con lo insólito de la actividad sino en hacer mi trabajo lo mejor posible con los medios que pusieron a mi alcance que, todo hay que decirlo, resultaron escasos en cuanto a equipo de sonido se refiere, a pesar de que los internos que llevan este tema pusieron su mejor voluntad. La sonorización era deficiente y no llegaba con claridad al público que, sin embargo, se mostró atento y sumamente repestuoso. Los internos más interesados en el espectáculo estaban en las primeras filas y no perdían detalle. Yo tenía claro que mi concierto sería un asueto para muchos de ellos, un acontecimiento que les sacaba de su tedio y una excusa para encontrarse hombres y mujeres porque el concierto era de asistencia voluntaria para los internos de ambos módulos. En definitiva, un momento feliz para propiciar encuentros aunque dentro de un orden y bajo un estricto control como prueba el hecho de que, mientras estaba cantando, se encendieran las luces de la sala que yo había mandado apagar, como de costumbre en los conciertos convencionales…se ve que un funcionario no lo consideró aconsejable según me comentaron después. El público siguió con sumo interés mi repertorio aunque a la segunda canción ya empezó a acompañar los aplausos con gritos de “otra, otra” como si temieran que aquello fuera a acabarse de un momento a otro. Tuve el  acierto de colocar al principio las baladas y los temas más tranquilos porque a partir de la rumba Barcelona, Barcelona ya noté entre los asistentes ganas de temas más rítmicos e incluso de colaborar, algo que hicieron prestándose a hacerme coros en alguna canción. En definitiva, un público que supo guardar las formas y no se alteró cuando tuvieron que evacuar en mitad del concierto a una interna. Yo no me di cuenta en el escenario, tan metido en faena como estaba, aunque luego me explicaron que había tenido “un brote”. Al final dos chicas me obsequiaron con un recuerdo elaborado por ellas mismas en el taller de manualidades y que hoy guardo en la estantería de mis trofeos, tal como les prometí. Otra se acercó a enseñarme las fotos que había hecho, una de las cuales ilustra este reportaje, con los rostros de los asistentes convenientemente pixelados.

Toni Subirana durante su conciertoen el centro penitenciario de Puig de les Basses de Figueres

Toni Subirana durante su conciertoen el centro penitenciario de Puig de les Basses de Figueres

 Unos días después, el 25 de marzo, volví a actuar en la prisión de Puig de les Basses de Figueres (Girona). La cosa fue más o menos igual aunque el equipo de sonido no dio problemas, el concierto se escuchó bien e incluso había una buena iluminación que dos internos se esmeraron en controlar siguiendo mis indicaciones. El público fue menos numeroso pero igual de entusiasta y participativo, hasta el punto que dos gitanillas se levantaron de sus asientos para bailar un tema (la rumba, claro).Curiosamente el profesor de música que les organiza la actividad, Josep, me conocía desde mis inicios, cuando yo debutaba en el mercado discográfico en Emi-Hispavox donde él llevaba la promoción…cayó en la cuenta cuando ya estaba yo en el escenario y me lo dijo al final de la actuación. Le pude dedicar una postal de esa época que, casualmente, llevo estos días que se celebran los 30 años de la edición de aquel primer L.P….nunca es tarde.

Entre estas dos actuaciones también actué en un geriátrico, fue el 16 de marzo, en la residencia Santa Rosa de Mollet del Vallès (Barcelona), donde

Toni Subirana durante su concierto en la residencia geriátrica Santa Rosa de Mollet del Vallès

Toni Subirana durante su concierto en la residencia geriátrica Santa Rosa de Mollet del Vallès

me esperaba Carles, la persona que tan eficientemente ha organizado estos conciertos de SGAE. Aquí la experiencia fue agridulce: si la cárcel impresiona al entrar, el asilo entristece al salir, pero me encontré muy bien cantando para aquellas personas mayores que disfrutaron tanto de aquel rato de solaz musical. ¡Que gente tan agradecida! realmente me hicieron sentir que mi labor era útil. Para no obligarles a trasladarse (muchos personas tenían movilidad reducida) realicé tres actuaciones de veinticinco minutos en tres salas, empezando por la de la planta baja, para los usuarios del centro de día y continuando por las dos superiores donde están los ancianos más dependientes. Allí fueron muy bien acogidas canciones mías como Enriqueta, homenaje “gastronómico” a un personaje con el que sin duda se debieron sentir identificadas muchas señoras; o Mamá y yo, a cuya interpretación precedió de un popurrí de canciones dedicadas a la figura de la madre, coreado por un público diverso que agradeció que alternara en mi repertorio temas en castellano y en catalán. También me ayudó mucho todo el personal, unas enfermeras animosas que ponían el contrapunto jovial a la senectud de la audiencia. Mientras cantaba observé las complicidades que tenían con sus “viejecitos” y el afecto con el que los trataban. Al final del concierto les dediqué un póster que quedó ahí colgado en la entrada.

El balance de estas actuaciones lo considero positivo pero, por una vez, no lo valoro en el plano artístico sino que prevalece la satisfacción por haber hecho algo por unas personas a las que me consta que proporcioné unos momentos de felicidad que seguramente ya habrán olvidado y que yo siempre recordaré.

©Antonio Subirana