En la muerte de Doris Day

Publicado el mayo 5, 2019

Con motivo de la muerte de Doris Day, el 13 de mayo de 2019, recupero a modo de homenaje la biografía que escribí en 1995 y que fue publicada en Portugal.

 

DORIS DAY 

LA NOVIA DE AMÉRICA

Doris Day nunca fue el prototipo de mujer que despierta el deseo. Sin embargo, llegó a ser la novia más deseable de América. Con una voz cristalina y una habilidad poco común para dominar múltiples parcelas del espectáculo, fue la estrella indiscutible de una América algo mojigata que veía en ella la mujer que nunca se pasaba de la raya. Sólo sus pecas y la manera de apartarse con un soplo el flequillo de la frente, le daban un aire de inocente rebeldía.

 

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La bailarina que no pudo ser

Dorothy Von Kappelhoff -este es su verdadero nombre- nació el 3 de abril de 1924 en Cincinnati, Ohio.

Su padres, William y Alma Sophia, se separaron cuando ella era una adolescente. Él era un buen pianista que se ganaba la vida dando clases de órgano y de violín y albergaba la ilusión de que su hija se dedicara también a la música clásica; ella era ama de casa, tenía una admiración sin límites por la actriz Doris Kenyon y por eso le impuso ese nombre a su hija, con la esperanza de verla un día convertida en una estrella del espectáculo.

Doris iba para bailarina profesional, a los cuatro años empezó a tomar clases de ballet clásico y a los doce entró en la compañía de Franchon y Marco, después de ganar un concurso para nuevos talentos junto a un joven bailarín llamado Jerry Doherty. Con ese  grupo de baile, en el que también se encontraba su hermano Walter, realizó Doris sus primeras tournées. En uno de los viajes sufrió un aparatoso accidente de coche que le causó varias fracturas de gravedad en la pierna derecha. Este desgraciado suceso le obligó a despedirse del mundo de la danza pero no del espectáculo, quería ser artista a toda costa.

Obligada a desplazarse en una silla de ruedas, pensó que para cantar no necesitaba moverse y descubrió que tenía buena voz. Fue entonces cuando su padre volvió a aparecer por casa para darle lecciones de música y educar su voz. Doris aliviaba de esta forma las tediosas horas que pasaba inmóvil reponiéndose de las múltiples operaciones a las que se tuvo que someter y contrarrestaba así la pesadez de las sesiones de rehabilitación con la alegría que le proporcionaban sus progresos vocales.

Ese grave contratiempo frustró sus ambición de llegar a ser una gran bailarina pero le desveló unas ocultas posibilidades como cantante que seguramente no hubiera descubierto de no ser por aquel desgraciado accidente…nunca hay mal que por bien no venga.

Cuando su padre creyó que ya había “despertado” aquella voz, determinó que prosiguiera sus clases con una profesional del canto, la profesora elegida fue Grace Reine.

 

El “día a día”

Sus progresos físicos y musicales fueron muy rápidos y pronto empezó a frecuentar una emisora local donde tuvo la suerte de que le escuchara el director de orquesta Barney Rapp. Este la colocó como vocalista en su banda y la dio a conocer desde el escenario del “Little club”, de Cincinnati, donde cobró su primer dinero por cantar. Fue precisamente Rapp quien le sugirió cambiar su apellido por uno de más fácil pronunciación. Uno de los números más aplaudidos de Doris con la orquesta de Rapp era el tema “Day by day”  -que más adelante grabaría con Les Brown- y de esa canción tomó su nombre artístico.

Todo esto pasaba en los años de la segunda guerra mundial. La voz cristalina de Doris, unida a su aire angelical, era un soplo de esperanza para una población ávida de sueños.

Doris Day respondía en esta época al tópico de “artista con madre”. Su mamá era quien le acompañaba a todas partes, velando por que su hija no se apartara del camino recto. Supervisaba sus contratos y hacía todo lo posible porque su hija fuera justamente compensada por su arte.

Después de la orquesta de Rapp, estuvo un tiempo con Fred Waring y los Pensylvanians donde coincidió con el ya veterano Rudy Vallee, uno de los primeros “crooners” de los que se tiene noticia.

 

IMG_20190513_204442_resized_20190513_084649622Un viaje sentimental

Por esa época conoció a Al Jordan, trompetista de la orquesta de Jimmy Dorsey, que acabaría por convertirse en su primer marido. Es en este punto de la historia donde surge la primera contradicción entre la vida personal de Doris y la imagen que de ella tenía el público. Pocos de sus seguidores se enteraron entonces de que aquella señorita de intachable moral había sido madre en 1942, un año antes de contraer matrimonio con Jordan. Según se supo después, Al era un perfecto tirano y Doris logró escapar de sus garras sin llegar a cumplir el primer aniversario de boda. El hijo de aquel matrimonio, Terry, sería con los años administrador de una pequeña productora de cine propiedad de su madre. Al parecer, la relación financiera materno-filial acabó en los tribunales.

Mientras su vida sentimental se había complicado, su estilo había ido ganando adeptos gracias a sus apariciones en el programa de radio que conducía el actor Bob Hope y a su paso por diversas orquestas entre las que cabe destacar la de Bob Crosby, hermano del famoso “crooner”, con la que estuvo actuando una breve temporada en el “Strand theater” de Nueva York. Fue allí donde conoció a Les Brown, que sería el músico que sabría sacar el mejor partido a su voz. Con su orquesta estuvo actuando en el casino de Glen Island y realizó sus primeras grabaciones discográficas entre las que se encuentran temas como  “Let’s be Buddies”, “Barbara Allen” , “Easy as a pie” y “Dig it”. Aunque estos temas sorprendieron gratamente a los buenos aficionados, no constituyeron un éxito popular. Este llegaría, tras divorciarse de Al Jordan, con un tema editado por Columbia en 1944, “Sentimental journey”, del que se vendieron más de un millón de ejemplares. La etapa con la orquesta de Les Brown fue la más interesante de su carrera musical en tanto en cuanto refleja la auténtica dimensión de Doris Day como cantante. Su riqueza de matices y su depurada técnica vocal, así como la perfecta compenetración con la orquesta son palpables en temas como “Come to baby, do!”, “Sooner or later” o “There’s good blues tonight”.

Poco a poco había ido recuperándose de sus fracturas en la pierna y decidió matricularse en una escuela de danza de Nueva York con la intención de volver a bailar como una profesional, algo que consiguió en poco tiempo, gracias a su gran fuerza de voluntad.

A los veintidós contrajo su segundo matrimonio, nuevamente  con un músico, esta vez el saxofonista George Weidler . Esta unión también naufragó a los pocos meses.

 

Hollywood, Hollywood

En 1948 Doris decidió marcharse a Hollywood, ante la insistencia de su madre que siempre quería ver a su hija en un puesto más alto.

Tenía ya hecho un nombre en el mundo de la canción y no le fue difícil obtener actuaciones en las salas más lujosas.

Sólo le faltaba dar el salto al mundo del celuloide y en poco tiempo lo consiguió gracias al director húngaro Michael Curtiz que le dio el papel protagonista de  “Amor bajo cubierta” (“Romance in the sea”) (1948), la película que en un principio debía protagonizar Betty Hutton pero que  no pudo hacer al quedar  embarazada. Doris tuvo en ese film el vehículo idóneo para desplegar sus habilidades en el canto y la danza, y de paso estrenarse como actriz, faceta en la que resultó muy convincente, aunque no llegó a tener un éxito masivo.

Doris tenía todos los números para ser la futura estrella que la Warner Bros necesitaba. Pero no una estrella inalcanzable sino asequible y doméstica. Era la buena chica, comprensiva y risueña, que todos querrían tener como novia. Todo lo hacía bien,  actuaba, cantaba y bailaba con la misma facilidad que una casta ama de casa limpiaba, planchaba y guisaba. Además lo hacía sin esfuerzo aparente, daba la impresión de que para ella todo fuera coser y cantar.

Las películas de éxito empezaron a sucederse a un ritmo vertiginoso : “My dream is yours” (1949), también dirigida por Michael Curtiz ; “It’s great a feelling” (1949),   de David Butler, el director que la dirigiría en más ocasiones ; “Young man with a horn” (1950) ; “Tea for two” (1950), basada una opereta de los años veinte titulada “No, no, Nanette”; “”West point story” (1950); “Storm warning” (1950), de Stuart Heisler; “Lullaby of Broadway” (1951); “On moonlight bay” (1951), dirigida por Roy del Ruth; “Starlift” (1951); “I’ll see you in my deams” (1951); “April in Paris” (1952);   “By the light of the silver moon” (1953); “Calamity Jane” (1953); “Young at heart” (1954), dirigida por Gordon Douglas; “Love me or leave me” (1955), de Charles Victor; “The man who knew too much” (1955), de Alfred Hitchcock ; “The Pyjama game” (1959), “Pillow talk” (1959), “Jumbo” (1962)…

 

Millonaria y arruinada

Como cantante siguió grabando discos de éxito. Acostumbrada a verse en el cine acompañada de imponentes galanes, buscó entre los crooners del momento IMG_20190513_204508_resized_20190513_084650340su oponente ideal y así grabó sucesivamente dúos con Johnny Ray (“Let’s walk that away”) y con Frankie Laine (“Sugarbush”).

Inolvidables son sus interpretaciones de “Embracable you”, la célebre composición de George e Ira Gershwin; “Crying my heart out for you”, “Because you’re mine”, etc.

Esos años de gloria y de éxito comercial se debieron en gran medida a las buenas artes de Marty Melcher, un productor de cine que en 1951 se convirtió en su tercer marido. Él fue quien dio el nuevo impulso que necesitaba la carrera cinematográfica de Doris Day, consiguiéndole un fabuloso contrato con la Metro Goldwyn Mayer.

A pesar de que este matrimonio resultó muy rentable en el terreno artístico -para ella- y en el económico -para él-,  también se frustró.  A diferencia de lo que había ocurrido anteriormente, en esta ocasión el final no fue el divorcio sino la muerte de Melcher, acaecida en 1968.

Melcher había velado por los negocios de su esposa y ambos habían visto aumentar su fortuna considerablemente. Cuando ella enviudó, unos desaprensivos gestores intentaron sacar tajada del patrimonio y Doris Day pasó de millonaria a arruinada en muy  poco tiempo, el mismo que tardó en recuperar judicialmente sus propiedades, que incluían pozos de petróleo, hoteles, una editorial musical, una productora de cine y hasta una cadena de heladerías.

Su último éxito discográfico fue “Move over Darling”, compuesto por su hijo Terry, y su última película “Déjame sitio, encanto” (1964). Este era el film cuyo rodaje se había visto interrumpido por la inestabilidad de su inicial protagonista, Marilyn Monroe, y que finalmente había quedado inconcluso debido a la muerte de la sex-symbol en 1962. Tras unas lógicas adaptaciones en el guión, Doris Day  interpretó el papel que debiera haber hecho la malograda actriz.

Después de ese rodaje, Doris Day se retiró a su mansión de Malibú y sólo salió de allí para cumplir un contrato firmado por su difunto marido con una cadena de televisión. El resultado fue una serie de programas que, con el título de “El show de Doris Day”, le mantuvieron ocupada hasta 1974.

En 1976 publicó sus memorias donde dejaba al descubierto las sorprendentes diferencias que existían entre su vida en la ficción y su vida real. Ese mismo año se casó con Barry Comden, pero las infidelidades de él dieron al traste con este cuarto matrimonio.

A partir de ese momento sólo aparecería en público en algún acto humanitario, como el  pase privado de “Calamity Jane” que, en 1993, ofreció en su propia residencia con fines benéficos.

 

images“Qué será, será”

 Curiosamente, la canción que tenemos más asociada a Doris Day no pertenece a una película musical sino a un film de suspense dirigido por el maestro del género, Alfred Hichcock.

“Whathever will be, will be” no era una simple canción de relleno en la película “El hombre que sabía demasiado” (“The man who knew too much”), tenía un papel fundamental en el argumento ya que gracias a ella la protagonista recuperaba a su hijo en el momento cumbre de la filmación. Ese tema llegaría al número uno en 1956 y se convertiría en uno de los clásicos de la canción popular.

Otras películas que debemos destacar por su interés musical son “Romance in the sea” (1948), que incluye “It’s magic”, su primer éxito musical en el cine; “Lullaby of Broadway” (1951) que cuenta con un buen ramillete de canciones de Cole Porter y George Gershwin; “April in Paris”, con excelentes temas de Sammy Cahn y Vernon Duke; “Calamity Jane”, de la que salieron éxitos tan importantes como “Black hills of Dakota” y “Secret love”.

Mención especial merece “Young at heart”, en la que interpreta junto a Frank Sinatra la canción que da título al film -de Johnny Richards y Carolyn Leigh-, además de otros temas sin desperdicio como  “Someone to watch over me”, de Gershwin ; “Just one of those things”, de Cole Porter y “One for my baby”, de Harold Arlen y Johhnny Mercer.

Cabe señalar también, por su aliciente musical, “Young man with a horn” (1950), inspirada en la biografía del genial trompetista Bix Beiderbecke, y “Love me or leave me” (1955) basada en la vida de la cantante de Ruth Etting.

©Antonio Subirana

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