El Nobel de literatura para Bob Dylan

Publicado el octubre 10, 2016

Pues yo no veo mal que Bob Dylan sea reconocido por su trabajo literario con el Nobel…puede haber más literatura en cuatro estrofas de una canción que en cuatro tomos de una novela. A los que nos dedicamos a componer canciones debe alegrarnos porque supone el reconocimiento de la figura del letrista que no es otra cosa que un escritor de canciones al que no siempre podemos llamar poeta…aunque también es posible encontrar más poesía en un disco que en un poemario.  

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Tuve la suerte de ser testigo presencial de su primera actuación entre nosotros, en el Mni-estadi del F.C. Barcelona, el 28 de junio de 1984, en un concierto compartido con Carlos Santana.

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Al escuchar la noticia he desmpolvado este perfil biográfico que escribí hace més de veinte años y que se publicó en una colección de grandes voces del siglo XX.

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 Si en las próximas líneas dedicaremos un generoso espacio a este personaje no es por sus cualidades vocales. Su personalísimo tono nasal no es lo que se entiende por una voz de oro sino más bien de óxido. Alguna vez se ha dicho que es el cantante que mejor desafina. Si le damos un trato preferencial es porque su caso, en la música popular de este siglo, sólo es comparable al de los Beatles con los cuales hemos hecho también una excepción. Bob Dylan es sin duda el gran revolucionario de la canción-texto, el poeta, el músico, el cantante… un mito con múltiples aristas que intentaremos sintetizar porque Dylan es de aquellos personajes que cada día puede sorprender con algún nuevo matiz.

Robert Allan Zimmerman -este es el verdadero y difundido nombre de Bob Dylan- nació en Duluth, Minnesota el 24 de mayo de 1941.

Cuando sólo tenía siete años, su familia se mudó a Hibbing, la ciudad minera donde había nacido su madre. Ahí creció, inmerso en una especie de pequeño gheto formado por judíos que se atrincheraban frente al antisemitismo imperante. Su padre, Abraham, tenía polio y trabajaba junto a su otro hijo, David, en una lampistería. El carácter autoritario de su progenitor quizá fuera la causa del retraimiento del Bob Dylan niño de quien su madre, Betty, aseguraba que a los diez años ya se entretenía escribiendo poemas. A los ocho años empezó a tocar el piano y la armónica y a los doce rasgueaba las cuerdas de su primera guitarra. Su padre pensó que aquello no podía ser bueno para el chico y envió a su hijo a una escuela de Pennsylvania para niños “difíciles”.

En su adolescencia fue conformando su propio universo de mitos en el que pululaban héroes de la música como Hank Williams o Woodie Guthrie. Eran personajes que vivían al límite, rebeldes -con o sin causa- como los que encarnaban en el cine James Dean y Marlon Brando.

Cuando estalló el rock & roll, se dejó ganar por la fuerza de Litle Richard. Las canciones de este artista serían la base del repertorio que tocaría junto a su primer grupo, The Golden Chords, integrado por Monte Edwardson, a la guitarra, Leroy Hoikkala, a la batería y él al piano, la armónica y la guitarra. El grupo consiguió actuar en algunas fiestas juveniles pero acabó por separarse ante el interés que Dylan demostraba por cantar temas con más enjundia que los remedos de éxitos ajenos. Este objetivo tampoco lo consiguió con un grupo posterior y sus sueños de convertirse en estrella con luz propia debieron aplazarse.

A los dieciocho años se matriculó en la escuela de letras de la Universidad de Minneapolis y allí empezó a cantar para los amigos en un club debob-dylan-5wfw_o_tn universitarios llamado The Scholar y en otros del barrio de Dinky town. Pronto empezó a abandonar los éxitos de Richard para pasar a los temas folk redescubiertos por Pete Seeger. Esta metamorfosis musical afectó también a su nombre, Robert Zimmermman decidió convertirse en Bob Dylan, dicen que homenajeando al poeta Dylan Thomas, aunque él  ha negado repetidamente que fuera este el motivo.

La universidad exigía que los alumnos prestaran atención al profesor y Dylan en ese momento tenía más ganas de decir que de escuchar. Abandonó los estudios y marchó a Denver donde pudo experimentar lo que era  la vida bohemia, tocando en clubes decadentes.

A principios de 1961 decidió trasladarse a Nueva York para conocer a su ídolo, Woody Guthrie que se encontraba ingresado en un hospital víctima del mal de Huntington, una enfermedad hereditaria y degenerativa que le llevaría a la muerte en 1967. La familia de Woody  le recibió con los brazos abiertos y le introdujo en los ambientes del folk.

Su debut en la ciudad de los rascacielos se produjo en el “Gerde’s folk city”, haciendo de telonero del bluesman John Lee Hooker. Poco después se presentó en el festival de folk de Brandford interpretando temas de Guthrie.

Por esas fechas pisó por primera vez un estudio de grabación para poner su armónica en un disco de Harry Belafonte, “Midnight special”.

 Una elogiosa crítica en el New York Times fue suficiente para convencer a John Hammond, director artístico de Columbia, que decidió financiarle su primera grabación. Ese disco contenía dos canciones suyas : “Talking’ New York” y “Son for Woody”, esta última estaba dedicada al maestro Guthrie y en ella dejaba bien a las claras su posición respecto al mundo que le rodeaba : “Hola, hola Woody Guthrie, te he escrito una canción / sobre un curioso mundo que sigue en marcha / que parece enfermo y tiene hambre, que está cansado y roto / que parece estar muriendo cuando sólo es un recién nacido”.

 En poco tiempo Dylan se convirtió en la revelación del Greenwich Village, el barrio bohemio por excelencia, donde empezó a dar a conocer su corrosiva visión del mundo en cafetines como el “Wha”.  Con su primer disco bajo el brazo, se presentó a Albert Grossman, este le hizo firmar un contrato de management para siete años, pensando que la popularidad de Dylan iba a crecer como la espuma en poco tiempo. Pero las cosas no salieron como esperaban y su primer álbum, “Bob Dylan”, alcanzó unas cifras de ventas ridículas, apenas cinco mil ejemplares.

images-9No obstante Grossman no tiró la toalla y convenció al trío Peter, Paul & Mary  -también bajo su tutela- de que grabaran un tema de Dylan, “Blowin’ in the wind”. Esa canción idealista era la que estaba esperando el público. La poesía de Dylan, pasada por el filtro del folk elegante del mencinado trío, tuvo un eco inmediato y aquel cantautor “underground” vio crecer sus posibilidades de destaparse como la nueva estrella del folk al presentarse junto al trío en el festival de Newport de 1963. Las buenas perspectivas se cumplieron con la edición de su segundo larga duración, “The freewheelin’ Bob Dylan”, que incluía su propia versión de “Blowin’ in the wind” junto a otros dos temas esenciales, “A hard rain’s a -gonna fall” y “Masters of war”.

En 1963 se produjo el encuentro con Joan Baez que cambiaría el rumbo de su carrera. Joan ya era una estrella en el ámbito del folk mientras Dylan era un compositor que empezaba a asomar la cabeza. Ella empezó a incluir canciones de Bob en su repertorio y lo presentó en varios conciertos multitudinarios que hicieron saltar a la fama a aquel “poeta vagabundo”, que así es como le llamaba la intérprete .

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En 1964, después del éxito de “A hard rain’s a gonna fall”, Bob Dylan lanzó un nuevo vaticinio: “The times they are a changin’”.

Junto a Joan Baez se puso al frente de las manifestaciones contra la segregación racial, como la histórica de Washington donde se reunieron más de doscientas mil personas.

Pero Dylan no quería ser un mesías quería ser una estrella —a al menos eso es lo que le recriminaba Joan Baez— y no estaba dispuesto a pasar por el aro de ser abanderado de nada, así que decidió poner tierra de por medio marchándose a Gran Bretaña donde realizó una larga gira durante la cual conoció gente que influiría decisivamente en la nueva orientación que en breve tomaría su carrera. Los Beatles

–sobre todo Harrisson y Lennon— y Eric Burdon le dieron el empujón que necesitaba para apartarse progesivamente del folk y entrar en la esfera del rock. El disco que reflejó este cambio fue “Another side of Bob Dylan”, un título estratégicamente ideado por la discográfica que no las tenía todas consigo, ya que en vez de “otra cara” hubiera sido más exacto decir “la nueva cara”. Ese disco –aún acústico— contenía piezas más intimistas como “To Ramona” o el clásico “It ain’t be me, babe”.

Con su siguiente L.P., “Bringing it all back home” (1965), Dylan entraba de lleno en la era del folk-rock, un estilo musical que iba a dar mucho de sí en los próximos años. De ese disco, con letras mucho más introspectivas y algo surrealistas, no podemos pasar por alto el tema “Mr. Tambourine man” que se convirtió al poco tiempo en un impacto enorme en la versión de los Byrds. A ese álbum seguiría “Highway 61 revisited” que incluía un tema ya aparecido anteriormente en formato single, “Like a Rolling Stone”, con Mike Bloomfield a la guitarra y Al Kooper al piano.

Cundo Dylan se presentó en el Festival de Newport con la guitarra enchufada, fue objeto de un sonoro abucheo hasta el punto de tener que desaparecer del escenario y volver con la acústica. Aunque él aseguró que no era para acallar las protestas sino porque lo había planeado así con anterioridad, pocos le creyeron.

En 1965 ralizó una gira por Gran Bretaña recogida en una película documental de explícito título: “Don’t look back”.

Al año siguiente se casó con Sarah Lowndes, con la que tuvo tres hijos. El matrimonio acabó por romperse tras trece años de convivencia.

En 1966 apareció la que para muchos es la obra cumbre de Dylan, el doble álbum “Blonde on blonde”, con piezas tan magistrales como “Just like aimages-2 woman”, “Visions of Johanna”, I want you” y “Sad Eyed lady of the lowlands”, una pieza que ocupa toda una cara de un disco.

El año de su matrimonio con Sarah  y de “Blonde on blonde” fue también el del grave accidente de moto que marcó una nueva etapa en su vida personal y en su carrera. Se retiró durante un tiempo y no volvió a actuar hasta principios 1968 con motivo del homenaje a Woody Guthrie, desaparecido el año anterior. Durante su convalecencia realizó unas sesiones de grabación con el grupo The Band que no verían la luz hasta 1975, agrupadas en un álbum con el título de “The basement tapes”.

Una vez recuperado, Dylan volvió a sorprender al público dando un nuevo giro a su producción con un álbum de country, “John Wesley Harding”, editado en 1968.

Tras la grabación, en 1969, de otro disco del mismo estilo, “Nashville skyline”, en el que participó Johnny Cash, se produjo su histórica aparición el festival de la isla de Wight donde cantó ante doscientas mil personas.

Su nuevo disco, “Self Portrait” (1970), tuvo duros ataques de la crítica pero el siguiente, “New morning” (1971), calló las voces más disidentes. El primero resulta curioso porque se puede oir a Dylan cantando temas ajenos como “Let it be me”, “The boxer” o “Blue moon”. Del segundo destaca el tema “If not for you” que fue uno de los primeros éxitos de Olivia Newton John.

Después de muchos conflictos se editó en 1971 el libro de Dylan “Tarantula”, del que habían circulado previamente varias ediciones ilegales. El 71 fue también el año del famoso concierto por Bangla Desh, organizado por George Harrison. De ese concierto se editó un álbum triple del que Dylan ocupó toda una cara.

En 1973 salió al mercado la banda sonora de la película “Pat Garret & Billy the Kid“, de Sam Peckinpah, en la que Dylan participaba como actor. De ese film quedó un tema siempre presente en los conciertos de Dylan, “Knockin’ on heavens door”.

“Dylan” sería el último álbum que publicaría antes su ruptura con CBS, un disco que tiene la particularidad de incluir temas ajenos como “Can’t help falling in love”, que popularizó Elvis Presley”, “Mr. Bojangles”, “Mary Ann”, etc.

Sus dos álbumes siguientes -ambos grabados en 1974 para el sello Asylum-, “Planet wavs”  y “Before the flood”, contarían con el respaldo instrumental de The Band. El primero contenía uno de sus números eternos, “Forever young”, y el segundo sería el  testimonio de la gira americana de 1974.

images-1La CBS consiguió recuperar a Dylan tras el pago de una cifra astronómica y publicó dos nuevos álbumes inéditos, “Blood on the tracks” (1975) y “Desire” (1976). Este último despertó el interés de un sector del público, completamente ajeno a la música de Dylan, que se sintió subyugado por el trepidante ritmo de “Hurricane” y por el brillante  arreglo –muy copiado en el futuro— en el que sobresalía un pegadizo “leit-motiv” a cargo de un brillante violín. La letra de “Hurricane” defendía la inocencia del boxeador Rubin Carter condenado por asesinato. Este álbum fue de los más comerciales de su carrera y así lo reflejaba su portada con la consabida leyenda: “nº 1 en U.S..A”.

En 1976 puso en marcha la “Rolling Thunder Revue”, una atípica gira que incluía invitados como Joan Baez, Joni Mitchell, Ringo Starr o Roger McGuinn. De esos espectáculos se grabaría un nuevo L.P., “Hard rain”.

En 1978 se editó el álbum “At Budokan” que recogía los conciertos de su gira en Japón. Ese mismo año salió al mercado “Street legal”, un álbum cuyo tema estrella, “Changing of the guards”, fue otro nuevo impacto que atrajo al mismo publico que había comprado “Hurricane”.

Paralelamente, hizo su debut detrás de las cámaras con la interminable película “Renaldo y Clara”, de floja aceptación.

En 1979 anunció a bombo y platillo su conversión al cristianismo y publicó el álbum “Slow train coming” que reflejaba su nuevo estado espiritual. De ese trabajo se hizo muy popular el tema “Man gave names to all the animals”. Seguría esa línea mística con dos nuevos álbumes “Saved” y “Shot of love”.

Los ochenta fueron años de grandes giras -en 1984 actuó por primera vez en España- y de nuevos discos (“Infidels”, “Empire burlesque”, “Knocked out Loaded”, “Down in the groove”, “Dylan & the dead” y “Oh Mercy”).

Por otra parte, retomó su actividad cinematográfica protagonizando la película “Hearts of fire”, dirigida por Richard Marquand.

En 1988 fundó junto a Roy Orbison –que fallecería dos años más tarde— Tom Petty, George Harrison y Jeff Lyne, un grupo fantasma creado para su propio divertimento llamado “Traveling Wilburys”.

Los noventa se iniciaron con una producción de temas inéditos, “Under the red sky”, a la que siguieron otras dos con versiones de antiguos temas folk, “Good as I been to you” y “World gone wrong”.

En los últimos años no han faltado los homenajes como el títulado “United artists for the poet”, que le dedicaron colegas como Eric Clapton, Bruce Springsteen, Bryan Ferry, etc. Tampoco se libró de las últimas modas de la industria discográfica, como la de rebuscar en el desván de los trastos viejos para resucitar temas de gran calidad que por una u otra razón no habían aparecido en su momento (“The bootleg series”) (1988). Asimismo también se vio afectado por la fiebre de los discos desenchufados (“Unplugged”) (1995), donde recuperaba en versión acústica viejos temas como “Rainy day woman” o “With God on our side”.

 Después de muchos años de no prestar su apoyo a campañas políticas, participó en la ceremonia de investidura del presidente Clinton.

Dylan sigue hoy en la carretera y parece que tiene cuerda para rato.

©Antonio Subirana

 

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