Recordando a Hilario Camacho a los diez años de su muerte

Publicado el septiembre 9, 2016

Hace unos días, el 16 de agosto, se cumplieron diez años de la muerte de Hilario Camacho, cantautor que me marcó considerablemente en una etapa de mi juventud. Aunque con cierto retraso publico aquí, a modo de homenaje, el texto completo que escribí para la colección Pop Español, seis años antes de su fallecimiento.

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Hilario Camacho en su estudio

Hilario Camacho en su estudio

HILARIO CAMACHO

Nombre completo: Hilario Camacho

Lugar y fecha de nacimiento: Madrid, 8 de junio de 1948

Año de debut: 1966

Álbumes editados: 12

Mayor éxito: “Madrid amanece”, “Tristeza de amor”

Discográficas: Fontana, CFE-Explosión, Zafiro, Movieplay, Pasión, Wea

Intermitente e irregular –como él mismo asume- ha sido la carrera de este artista, uno de los cantautores más interesantes del panorma del pop nacional que ha debido sortear demasiados obstáculos para hacer valer su talento.

Le pusieron de nombre Hilario por su padre, que murió cuando nuestro protagonista era aún muy pequeño. Sus primeros contactos con la música –dejando a un lado el repertorio  bolerístico que la radio difundía en los años cincuenta (él era un rendido admirador de Lucho Gatica) – tuvieron lugar en el coro del Colegio San Antón donde cursó estudios primarios. Ya entonces tenía facilidad para afinar correctamente, una cualidad que mantuvo con los años ya que en la época de esplendor de los cantautores nuestro personaje era de los pocos que siempre daba las notas correctamente, frente a un grupo muy numeroso de colegas que creían que este aspecto era algo secundario. Con la muerte del padre la economía familiar había quedado muy maltrecha y su madre decidió alquilar algunas habitaciones del piso de la madrileña calle Fuencarral donde vivía con un hermano mayor que él ya fallecido. Gracias a uno de los huéspedes, el joven Hilario empezó a familiarizarse con la guitarra. Cuando el inquilino debía ausentarse cogía su guitarra e intentaba hacer las mismas posiciones que le había visto practicar. Ya a los trece años esos conocimientos le servirían para ser apreciado por sus compañeros en un internado de lo Escoplapios donde llegó a formar un grupo de rock totalmente amateur que tocaban las canciones de Elvis Presley, de Los Shadows, etc.

La infancia de Hilario no fue un lecho de rosas, a los catorce años murió su madre dejando al niño aún más desamparado, su tía y más tarde su hermano se harían cargo de su educación. Sólo la guitarra lograba distraerle en aquellos penosos momentos, aunque su relación con ella se reducía a la época vacacional pues en el internado donde permanecía el resto del año no le dejaban llevar el instrumento.

imagesA partir de los dieciocho años, Hilario entró en contacto con otros artistas como Elisa Serna, Moncho Alpuente o Adolfo Celdrán –integrantes de un colectivo que se dio a conocer como “Canción del Pueblo”, inspirado en el movimiento de la “Nova Cançó”- y con ellos compartió actuaciones en colegios mayores y centros parroquiales, interpretando un exiguo repertorio que fue ampliando con la adaptación musical de poemas de autores conocidos como Lorca, Machado o Nicolás Guillén. De este último fueron los textos de las dos canciones –“El fusilamiento” y “El dehaucio”- de su primer single que se tituló “Ensayo II”, un disco calificado por el propio artista como “de aficionado” y al que en realidad podría tacharse “de equivocado”. El tópico del cantautor comprometido en el que el texto prima sobre la música no casaba con el talante de Hilario, más inquieto musicalmente hablando.

Un buen día decidió dejar colgada la carrera de Económicas que había empezado sin demasiado entusiasmo y se lanzó a la aventura, viajando por Europa en auto-stop. Aquella enriquecedora experiencia concluyó en 1970, año en el que debió cumplir el Servicio Militar que pudo compaginar con sus actuaciones en un pequeño café-teatro de Madrid. Allí conoció a la cantante Cecilia que le convenció para que grabara unas maquetas. Una de esas grabaciones fue a parar a manos del productor Alain Milhaud –hombre en la sombra de grupos como Los Bravos o los Pop Tops- al que pudo acceder a través de Moncho Alpuente. Con Milhaud la relación fue fructífera e Hilario, a pesar de su juventud, se dejó guiar por el experimentado productor que le llevó a Londres a grabar su primer disco, “A pesar de todo”. Aunque tuvo una buena acogida por parte de la crítica, el cantautor decidió cambiar de aires y aceptó la propuesta Gonzalo García Pelayo de grabar con Gong, un subsello de Movieplay. El primer fruto de esa asociación fue “De paso”, un disco muy acústico, perfumado con sonoridades de esas que muchos años después recibieron el nombre de “nuevas músicas” y en el que se descubre a un artista inquieto que no se limita a ser un cantautor al uso sino que gusta de enzarzarse en caminos poco trillados, investigando en ritmos de cierta complejidad. Entre los temas que integran el disco destaca “Dolores, Dolores” y “Cuerpo de ola”. El mismo aroma vanguardista rezumaba “La estrella del alba”, su siguiente disco en el que, a pesar de la escasez de medios consiguió un alto nivel de calidad. De mediados de los setenta es también su fructífera, al tiempo que poco aireada, colaboración con la cantante mallorquina Maria del Mar Bonet  -por cierto, ella también había tenido una relación laboral bastante complicada con Milhaud- con la que firmó espléndidas canciones como “Sonet”. Vivió entonces un tiempo en Barcelona donde llegó a formar parte del grupo Pernil Latino.

La carrera de Hilario Camacho experimentó un gran cambio de 1981 a raíz de la publicación de su álbum “La mirada del espejo” con el que se abría

En una de sus actuciones con su inseparable guitarra.

En una de sus actuciones con su inseparable guitarra.

una nueva etapa marcada por un nuevo concepto estético y estilístico que favoreció un mayor impacto comercial. En el disco las guitarras acústicas cedían el protagonismo a las guitarras eléctricas y la onda “folky” daba paso a una sonoridad con apuntes vagamente “soul” y “funk”, aunque encuadradas en un conjunto de gran personalidad en el que se nota la mano del productor Joaquín Torres. Incluía títulos inolvidables como “Final de viaje” o “Madrid amanece” donde el artista se mostraba como un excelente intérprete muy por encima de la media de los cantautores de entonces. Apenas dos años después apareció “Subir, subir”, un disco parecido en sus planteamientos al anterior en el que destacaba un vigoroso grupo instrumental para dar soporte a unas canciones de muy buena factura como “¡Taxi!” y “Negra noche”, cuyos textos firmaba un tal Sabina que en el futuro daría mucho que hablar. La segunda de las canciones citadas la grabaría el propio Sabina en su álbum “Ruleta rusa” aunque la colaboración de ambos artistas se remonta a 1980 cuando Hilario Camacho colaboró como arreglista en el segundo álbum del cantautor de Úbeda, “Malas compañías”.

Hilario Camacho era, a principios de los ochenta, un cantautor con mucho predicamento entre sus colegas y gozaba del favor de un publico muy devoto aunque no muy numeroso. Pero en 1986 una canción suya logró hacerse popular, esto es que la tarareara no sólo el iniciado sino también el hombre de la calle . El tema, incluido en el álbum “Gran ciudad”, era “Tristeza de amor” que sirvió de carátula a la serie del mismo nombre, basada en una novela de Eduardo Mallorquí ambientada en el mundo de la radio y que protagonizó la actriz Concha Cuetos cuyo rostro se haría muy familiar años después por su papel en la serie “Farmacia de guardia”. Hasta 1990 no apareció una nueva entrega discográfica del artista -“El mercader del tiempo”- que editó el sello Pasión, fundado por Paco Martín. Fue un trabajo que se echó a perder por la mala gestión de la empresa discográfica que quebró al poco tiempo de su creación. Tras esta decepción Hilario Camacho optó por tomar él sólo las riendas de su carrera y empezó a trabajar al margen del circuito establecido de representantes y casas de discos.  Gracias a su dominio de la guitarra, se bastaba con su instrumento para realizar magistrales conciertos en solitario –excepcionalmente acompañado de algún músico- en salas de pequeño aforo donde nunca le faltaba un público conocedor de su obra dispuesto a escuchar sus historias en las que el amor y sobre todo las relaciones de pareja vistas desde múltiples ángulos son el tema más recurrente.

A principios de los noventa un disco con lo más representativo de su repertorio sirvió para que una nueva generación de jóvenes se acercara a las composiciones del artista que habían quedado desperdigadas en discos de escasa repercusión y en su mayoría descatalogados. Ya en 1997 un CD grabado en vivo que tuvo una buena acogida –se vendieron casi 40.000 copias- favoreció que el artista volviera a entrar en el estudio de grabación para realizar una nueva obra con temas inéditos (“Lunático veneno”) con el que logró arrancarse la etiqueta de “cantante maldito” que él no acepta aunque se reconoce como un “lobo estepario”.

DISCOGRAFÍA

“A pesar de todo” (1973)

(CFE / Explosión)

Álbum de debut en que el artista aún ha de encontrar su propia voz pero que deja asomar ya un talento singular. Fue grabado en Londres bajo la estrecha vigilancia de Alain Milaud que descubrió al nuevo artista algunos secretos del negocio musical que con el tiempo habrían de serle de utilidad. Entre los números destacados de este L.P. figuran “Ven aquí” y “Los cuatro luceros”. Zafiro reeditó el disco en 1984 sin título genérico y con otra portada.

descarga (1)“La mirada del espejo” (1981)

(Movieplay)

Un disco muy trabajado que descubrió a muchos que un cantautor no tenía por qué ser un personaje “antimusical”. Grabado en los estudios del guitarrista Joaquín Torres, que dirige la producción, incluye temas tan originales como “Final de viaje”, “Tú”, “La misma piedra” o “Madrid amanece”. Un álbum imprescindible del pop español.

descarga (7)“Gran ciudad” (1986)

(Twins)

En la portada se anunciaba en una etiqueta “Incluye su éxito `Tristeza de amor’ de la serie de TVE”. A pesar de que la canción fue muy difundida, el disco apenas tuvo presencia en el mercado. Fue una ocasión un tanto desaprovechada para que el cantautor accediera a un público masivo. En 1994 la discográfica Fonomusic lo reeditó con el título “Tristeza de amor” con otra portada e incorporando tres temas inéditos y eliminando uno de la edición original.

descarga (3)“En concierto” (1997)

(Warner Music)

Grabado en directo en La Nave, de Madrid, en marzo de 1997. Recoge algunos de los temas más representativos de su carrera: “Madrid amanece”, “Los cuatro luceros”, “Ven aquí”, etc. Como aliciente añadido, cuenta con dos composiciones nuevas “Pienso en ti” y “Ni sé que me pasa esta noche”. Destaca la labor de los guitarrista John Parsons, José Antonio Romero y Juan Maya,

Otros discos:

“De paso” (Movieplay, 1975), “La estrella del Alba” (Movieplay, 1976), “Subir, subir” (Movieplay, 1983), “Gran ciudad” (Twins, 1986), “El mercader del tiempo” (Movieplay, 1990), “Lo esencial” (Recopilación. Fonomusic, 1991), “Tristeza de amor” (Reedición de “Gran ciudad”, Fonomusic, 1994), “Lunático veneno” (Warner Music, 1998).

©Antonio Subirana

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