Cuarenta años sin Cecilia

Publicado el agosto 8, 2016

Hoy se cumplen 40 años de la muerte de Cecilia en accidente de tráfico. Recuerdo perfectamente el momento en que conocí la noticia.  Cecilia estaba muy integrada en mi vida, con mi hermana, en casa, cantábamos sus canciones y me impactó mucho aquella muerte. Realmente el titular de esta entrada no es del todo verdad porque nunca en estos 40 años he dejado de escuchar a esta cantautora, sin duda la que más me llegó en su momento y por la que guardo intacta mi devoción. In memoriam reproduzco aquí el texto que escribí en el año 2000 para la colección “Pop español”.

Cecilia

Cecilia

CECILIA

Nombre auténtico: Evangelina Sobredo Galanes

Lugar y fecha de nacimiento: Madrid, 11 de octubre de 1948

Año de debut: 1968

Álbumes editados: 4 (1 póstumo)

Mayores éxitos: “Dama, dama”, “Un ramito de violetas”

Discográficas: CBS

 

 

Morir joven contribuye a veces a mitificar a un artista. No es el caso de Cecilia que ha sobrevivido en la memoria de la gente, no por su muerte sino por su obra. Sus canciones siguen siendo un punto de referencia para muchos cantautores, incluso para aquellos que aún no habían nacido cuando la artista editó sus tres álbumes que conforman una obra corta pero intensa, madura, compacta e inspirada que nunca llega a cansar. Por más que pasen los años siempre se vuelve a Cecilia… la Cecilia azul, la Cecilia verde, la Cecilia rosa, la Cecilia roja… porque en su paleta estaban todos los colores que pintan una vida y que ella sabía combinar para describir paisajes, tipos humanos y sentimientos, aunque siempre sobre un fondo negro.

En el mundo de los cantautores de los setenta era un “handicap” proceder de una familia acomodada. No resultaba fácil hacérselo perdonar en un

Cecilia

Cecilia

contexto donde un origen humilde otorgaba credibilidad y autoridad para cantarle a las amarguras de la vida. Cecilia nos descubrió que una “niña bien” también podía contar cosas con profundidad sobre todo partiendo de unas vivencias cosmopolitas como las que atesoraba su biografía. Su padre, José Ramón Sobredo, era diplomático y por su actividad tuvo que vivir en diversos países con los suyos. Esto hizo que Evangelina –la quinta de ocho hermanos- fuera a corta edad una “persona de mundo”. Cuando contaba tres años, la familia dejó su residencia madrileña para instalarse en Southampton (Inglaterra) durante cinco años. De allí se mudaron a Filadelfia donde siendo aún una niña empezó a tocar la guitarra. Luego saltaron a Portugal –curiosamente fue allí donde empezó a hablar español- y más tarde a Jordania, en la época de la Guerra de los Seis Días. Allí la futura artista conoció de cerca muchos dramas humanos: Cuerpos quemados por el Napalm, campos de refugiados, miseria, hambre… aquello fue un impacto emocional muy fuerte para un chica de quince años a la que todo se lo dieron “del mínimo capricho hasta el menor deseo” como dice en una de sus composiciones. Fue una experiencia que marcó su vida e influyó en su carácter, con una marcada tendencia a la depresión. En todos estos años su primera lengua  fue el inglés,  cuando a los diecisiete años se instaló en España definitivamente aún se expresaba en castellano con dificultad. Lo sorprendente es que llegó a dominar en poco tiempo los entresijos del idioma, como demuestran sus letras que son intrínsecamente españolas, no sólo por la lengua que utilizaba sino también por los patrones métricos que manejaba. Recién llegada a Madrid conoció a Joaquín Díaz, cantautor y musicólogo, que le introdujo en el ambiente musical. Más tarde creó el grupo Expresión junto a Nacho Sáenz de Tejada y Julio Seijas. El primero, con los años se dedicaría al periodismo musical, para después entrar en el departamento artístico de una multinacional, y el segundo gozaría de prestigio como compositor de temas de éxito, formando tándem con Luis Gómez Escolar, autor que, por cierto, estuvo relacionado sentimentalmente con nuestra protagonista. Tras la firma de un contrato -bastante draconiano, dicho sea de paso- con la CBS, la cantante inició su carrera en solitario. Al principio se escogió Eva como nombre artístico pero ya existía una cantante que lo utilizaba y se optó por Cecilia, como el título de la canción que se escuchaba entonces de Simon & Garfunkel, dúo admirado por la artista debutante que alumbraba su primer single en 1971 con los temas “Mañana” y “Reuníos…”. Este último estaba dedicado a sus adorados Beatles que un año antes habían anunciado su disolución. Aquel debut no fue muy alentador y la cantautora siguió sus estudios de derecho que acabó por abandonar cuando su carrera como cantante experimentó un giro de 180 grados tras el éxito de su primer álbum en el que se incluía “Dama, dama”. La crónica de aquella señora de la alta sociedad era muy aguda y se notaba que la autora no hablaba de oídas sino de un tipo humano que había conocido de cerca. No fue el único tema del disco que se convertiría en clásico, también figuraban “Fui” –que abría el L.P.-, “Señor y dueño” –la predilecta entonces de la cantautora- y “Nada de nada”. Entre los doce temas del disco habían también tres temas en inglés, entre ellos una versión de “Dear prudence”, procedente del “Álbum blanco”, de los Beatles, el único título que no firmaba la cantautora. Una fotografía de la cantante ocupaba la portada y la contraportada del disco con una imagen impactante -aparecía con un guante de boxeo- y a la vez osada -lucía un estrecho pantalon vaquero que dejaba a la vista el ombligo- para la época. Para una chica que no iba de sexy y que no era precisamente muy agraciada, aquella fotografía era otra muestra de su postura contestataria, su forma de “épater les bourgeois”, muy propio de la “niña mala de casa bien”. Los arreglos fueron confiados a Juan Carlos Calderón que hizo un excelente trabajo. En su momento se criticó que el productor ornamentara en exceso aquellas canciones, pero hay que reconocer que esas primeras grabaciones le deben al compositor santanderino una parte del impacto comercial y el haber mantenido intacta su frescura durante muchos tiempo.  Su segundo L.P. se tenía que haber titulado “Me quedaré soltera” pero fue descartado por escandaloso pues en la portada aparecía la cantante de perfil, simulando que estaba embarazada. El disco, cuyo definitivo y socorrido título fue “Cecilia 2”, rezumaba pesimismo pero siempre emotivo e inteligente. La temática era muy variada, desde el ecologismo de “Mi ciudad” al pacifismo de “Un millón de sueños”, donde la autora hacía referencia al trágico balance de “un millón de muertos” de nuestra Guerra Civil. No faltaba una mirada nostálgica a la inocencia perdida (“Cuando yo era pequeña”) y un canto a la búsqueda de nuevos horizontes personales (“Yo me iré de aquí”). Mención aparte merece el tema “Si no fuera porque…” en el que la autora enumeraba los motivos –siempre pequeños y cotidianos- que podían poner freno al suicidio, una opción personal que tiempo atrás le había tentado. La muerte planearía en gran parte de la obra de Cecilia, siempre mirándola de frente y con un punto de humor negro. Sin embargo aquel disco no contenía temas de éxito como el anterior, a excepción del machadiano “Andar” que abría el álbum. Los arreglos de Pepe Nieto no desmerecian la materia prima pero tampoco la realzaban como sí lo hacían los de Juan Carlos Calderón a quien se le confió su siguiente producción “Un ramito de violetas”, de 1975. De obra maestra puede calificarse este trabajo y el tema que le daba título, una canción-cuento que, como los buenos relatos, se desea escuchar muchas veces aunque ya se conozca el desenlace. Cecilia se consagraba con este L.P. como una cantante con un mundo propio muy atractivo (“Nuestro cuarto”, “La primera comunión”, “Mi pobre piano”, “Tu retrato”…) temas intimistas que compatibilizaba con otros en los que se adentraba en la realidad española con ojos nuevos y sin prejuicios, ni complejos (“Mi querida España”, “Sevilla”, “Esta tierra”, “Don Roque”…). Aquí acaba realmente la carerra de Cecilia. Su siguiente álbum sería una recopilación de sus mejores temas, hecha a toda prisa por la discográfica para poder incluir “Amor de medianoche”, la canción con la que Cecilia acudió –un poco a regañadientes- al Festival de la OTI donde obtuvo el segundo puesto. Este tema es uno de los pocos en el que su firma no aparece en solitario. El coautor es Juan Carlos Calderón que, aunque como arreglista resultaba brillante, como autor –en este caso concreto- no estuvo a la altura del resto de las composiciones de Cecilia.

En el verano de 1976 apareció un single que inluía en la cara A un pegadizo tema titulado “Tú y yo”, de una alegría inusual en la artista, mientras que en la cara B volvía al tema de la Guerra Civil española con “Una guerra”, pero esta vez poniendo el acento en la definitiva reconciliación que había de traer la rcién inaugurada democracia. Incomprensiblemente ninguno de aquellos temas fue incluido en las recopilaciones de su obra que se hicieron posteriormente. “Tú y yo” fue el último éxito que la cantante pudo saborear en vida. Murió la madrugada del 2 de agosto de 1976, cuando regresaba a Madrid de una actuación celebrada en Vigo. El coche en el que viajaba chocó contra un carro en las afueras de Benavente (Zamora). Había dejado grabadas otras dos canciones que aparecieron en single un mes después, “La lluvia” y “El viaje”.

Cecilia

Cecilia

Cecilia había dejado más temas inéditos, sólo grabados en maqueta, acompañándose ella misma a la guitarra, a veces con la colaboración Julio Seijas. Con aquel material tan casero Juan Carlos Calderón realizó un preciso y precioso trabajo de orfebrería que se tituló “Canciones inéditas”. Como tema de promoción de aquel álbum se escogió “Doña Estefaldina”. A ritmo de vals, Cecilia musicaba un poema de Valle Inclán, autor al que pensaba dedicar un álbum monográfico. Los arreglos eran muy repetuosos con las grabaciones originales y los seguidores de la cantante tuvieron la oportunidad de conocer algo más de la compositora que no desmerecía lo anterior. No puede decirse lo mismo del doble CD “Desde que tú te has ido”, aparecido en 1996, cuyo único aliciente es el tema que le da título que podía escucharse por primera vez en la voz de su autora, aunque ya lo habíamos conocido en la interpretación de Julio Iglesias y de Mocedades. Por lo demás el disco se basaba en unos duetos con varios artistas, algunos metidos con calzador.

Como cantante, Cecilia no estaba  especialmente dotada pero era la voz de sus canciones y por eso sus propias versiones son insuperables. Su obra fue un bocado exquisito que colmó de emociones la canción popular y que hoy nos sabe a poco.

DISCOGRAFÍA

Primer L.P. de cecilia

Primer L.P. de cecilia

 

 

 

“Cecilia” (1972)

(CBS)

Impresionante disco de debut con piezas claves como “Dama, dama”, “Fui”, “Señor y dueño”, “Nada de nada”, “Llora”. Tiene una magia especial e imperecedera.

Segundo L.P. de cecilia

Segundo L.P. de cecilia

“Cecilia 2” (1973)

CBS

Más intimista y personal que el anterior aunque sólo “Andar” tuvo en su momento un éxito relevante. Abandona definitivamente el inglés en sus composiciones y pule su estilo como letrista que es acaso más ácido que en su primer trabajo. Canciones como “Me quedaré soltera”, “Si no fuera porque…”, “Un millón de sueños” o “Equilibrista” son buenas muestras de su osadía como autora.

Portada de "Un ramito de violetas" con ilustraciones de la propia artista.

Portada de “Un ramito de violetas” con ilustraciones de la propia artista.

“Un ramito de violetas” (1975)

CBS

Obra deslumbrante, imprescindible en la discoteca de cualquier aficionado a la canción de autor. El tema que le da título muestra la destreza de la autora para convertir en canción una historia con introducción, nudo y desenlace…con sorpresa. Los arreglos de Juan Carlos Calderón hay que tomarlos como una aportación creativa que realzan el conjunto y no merman su autenticidad.

Disco póstumo de Cecilia.

Disco póstumo de Cecilia.

 

“Canciones inéditas” (1983)

CBS

A partir de unas maquetas caseras, Juan Carlos Calderón instrumentó, con mucha cautela, unas canciones espontáneas y sinceras, más conceptuales y menos descriptivas que las anteriores. Abre el disco “Doña Estefaldina”, un poema de Ramón del Valle Inclán, autor al que Cecilia pensaba dedicar un trabajo monográfico.

Otros discos (recopilaciones):

“Amor de medianoche” (CBS, 1975), “20 grandes canciones” (CBS, 1991), “Desde que tú te has ido” (CBS, 1996).

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