Leonard Cohen cumple 80 años

Publicado el septiembre 9, 2014

El gran cantautor canadiense cumple ochenta años. Para mí la voz de Leonard Cohen es la que escuchaba en el asiento trasero del coche

"Songs of Leonard Cohen" o la banda sonora de los viajes de mi infancia.

“Songs of Leonard Cohen” o la banda sonora de los viajes de mi infancia.

familiar en los trayectos cortos. Mi padre había traído de Londres la casete de “Songs Of Leonard Cohen” y siempre la tenía puesta…el olor del cigarrillo negro de mi padre y la voz de Leonard Cohen resonando en la oscuridad…me parece que la estoy escuchando ahora mismo y han pasado casi cuarenta años desde que lo oí por primera vez. El primer recital al que asistí fue el que hizo en el Palau dels Esports de Barcelona, el 17 de noviembre de 1979. Fui con mi padre que ya lo había visto cinco años antes, en el Palau de la Música, en el que fue su primer concierto en España.

Crónica y entrada del primer concierto al que asistí de Leonard Cohen.

Crónica y entrada del primer concierto al que asistí de Leonard Cohen.

Crónica del concierto de Leonard Cohen en el Palau dels Esports

Crónica del concierto de Leonard Cohen en el Palau dels Esports

 

Hace más de veinte años escrbí esta breve semblanza biográfica que ahora transribo a modo de homenaje:

Leonard Cohen, la poesía hecha canción

Leonard Cohen en una imagen reciente.

Leonard Cohen en una imagen reciente.

 Aunque grabó sus primeros temas a finales de los sesenta, es una figura fuera de época ya que llegó haciendo folk cuando este estilo estaba totalmente superado. Sin embargo, nadando a contracorriente se ha mantenido hasta la actualidad.

Uno de los motivos que explican que sus canciones sigan tan frescas es la consistencia de sus textos, verdaderos poemas poliédricos, y las músicas que aunque a veces asemejen letanías, siempre tienen una línea melódica inspirada y cantable. El sonido de su guitarra española otorga al conjunto un toque diferencial ya que la mayoría de folk-singers utilizaban guitarras acústicas con cuerdas de acero. Pero por encima de todo ello esta su voz, una voz cavernosa, ocasionalmente subrayada por sutiles coros femeninos. Cohen canta -habla casi- desde el alma con pasión y escepticismo a la vez.

Otra de las razones que explican su permanencia es el hecho de haberse mantenido siempre al margen de la industria del espectáculo, ninguna de sus canciones alcanzó los primeros puestos de las listas de éxito y en cambio muchas de ellas han sobrevivido a otras que en su tiempo fueron números uno. Puede que no sea un cantante pero sin duda es una de las grandes voces que ha dado la canción popular en este siglo. Miles de personas que no entienden completamente su poesía se quedan hechizadas ante esa voz que consigue hacer inteligible el significado global de sus canciones aunque no se entiendan las palabras. Muchos de sus seguidores hacen una lectura superficial de su obra y, paradójicamente,  encuentran reposo escuchando esos temas que suelen hablar de una existencia amarga y de un destino trágico. Esa es la magia de Cohen. Él suele decir que lo que pretende con sus canciones es “llegar a corazón y a la cabeza”, no siempre consigue las dos cosas, pero con una de ellas puede darse por satisfecho.

Leonard Cohen nació en Montreal, Canadá, el 21 de septiembre de 1939.

Hijo de unos emigrantes judíos conservadores y de profundas convicciones religiosas que se dedicaban a la fabricación de tejidos y podían disfrutar de un alto nivel de vida.

Cuando en 1968 publicó su primer álbum, “Songs of Leonard Cohen”, ya era un poeta conocido y un reputado novelista.

Antes de publicar sus primeras obras, estudió literatura inglesa en la universidad de McGill y Columbia y desempeñó varios oficios que compaginaba con su afición al country tocando en un grupo llamado The Buckskin boys.

Durante su juventud pasó una larga temporada en Grecia, concretamente en la isla de Hydra. De vuelta a América pensó que podría probar suerte interpretando sus propias canciones ya que una de ellas, “Suzanne”, había sido un gran éxito en la voz de Judy Collins. Fue ella quien le dio a conocer presentándole en un recital celebrado en el verano del 67, en el Central Park de Nueva York.  La C.B.S. se interesó por aquel nuevo judío errante y en 1967 grabó su primer disco que llevaba el escueto título de “Canciones de Leonard Cohen”. Ningún álbum posterior pudo superar el impacto de este en el que todas las canciones -sin excepción- eran auténticas obras maestras. El L.P. se abría con “Suzanne” y seguía con temas como “Sisters of Mercy”, “The stranger song”, “So long Marianne”, o “Hey, that’s no way to say goodbye”.

El segundo disco, “Songs from a room”, fue grabado en Nashville y en él se encuentran también grandes canciones como “Bird on the wire”, “The Butcher” o “Story of Isaac”, así como una de las pocas canciones de su producción que no lleva su firma, “The partisan”, una antigua canción francesa situada en la segunda guerra mundial. Después llegaría “Songs of love and hate” con otros grandes temas como “Joan of Arc”, “Famous blue raincoat” o “Last Years man”.

“New skin for the old ceremony” fue su siguiente trabajo discográfico, con aciertos sorprendentemente comerciales como “Lover,lover, lover” o “Who by fire” que sirvieron de reclamo para un disco igual de denso que los anteriores, aunque en el  aspecto musical la guitarra empezaba a dar paso a orquestaciones más completas. A destacar “Chelsea hotel”, que seguía en la línea de sus obras anteriores.

La década de los setenta se cerró con dos nuevos discos: “Death of ladie’s man” y “Recent songs”. El primero de ellos quizá sea el que menos “suena” a Cohen  a causa de la discutible producción de Phil Spector.

Después de varios años sin grabar, en 1984 retornó al mundo discográfio con “Various positions”, un disco que se abría con un tema muy festivo, “Dance me to the end of love”, y en el que encontramos otros títulos importantes como “Hallelujah”. Cuatro años después apareció “I’m your man”, un disco que según dijo había compuesto prescindiendo de la guitarra y ayudándose de un modesto sintetizador. El toque de modernidad en el sonido de ese L.P., sirvió para que Cohen se diera a conocer a las nuevas generaciones a través de las radiofórmulas con temas como “First we take Manhattan”, “Ain’t no cure for love”, “I’m your man”, “Tower of song” y “Take this waltz”. Este último estaba basado en un poema de Federico García Lorca llamado “Pequeño vals vienés” que ya había sido incluído en el álbum “Poetas en Nueva York” que cantautores de la talla de Moustaki, Chico Buarque y Lluís Llach -entre otros muchos- dedicaron al poeta español.

“The future”, editado en 1992, es su último álbum hasta la fecha con temas inéditos. Dos años después, con motivo de su sesenta cumpleaños, apareció “Cohen live” que recogía una selección de canciones grabadas en directo durante las giras de 1988 y 1993.

A su discografía hay que añadir los discos de homenaje que le han dedicado sus compañeros de profesión, cuyos títulos son réplicas de temas suyos : “I’m your fan” y “Tower of songs”.

Entre sus novelas cabe destacar “El juego favorito” (1974) y entre sus poemarios, “La energía de los esclavos” (1974).

©Antonio Subirana

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