Toni Subirana en el recital de Charles Aznavour en Barcelona

Publicado el junio 6, 2014

Toni Subirana con Charles AznavourMe gustaría aportar mi granito de arena la actuación de Aznavour en el Liceo de Barcelona, el pasado 26 de junio de 2014, centrándome en el repertorio escogido por el artista: Empezó por Les Emigrants, un tema  perteneciente a su disco de 1986 cuya letra, junto a Aznavour, firma Jacques Plante, el mismo que escribió La Bohème. Esta canción fue también el inicio de su espectáculo del año 2000 que yo pude ver en el Palais de Congrès de Paris y en Perpignan. Recuerdo que al acabar su interpretación, Aznavour decía que la primera canción del espectáculo era siempre la “canción sacrificada”, porque la gente aún estaba entrando, acabándose de acomodar, mirando a sus vecinos de asiento, comentando cosas con el acompañante, etc. En el concierrto del Liceo también fue la canción castigada porque nada más salir a escena Aznavour hizo notar que había un problema en los monitores que le impedía afinar. Yo hice una versión en catalán (Els emigrants) especialmente para un concierto que ofrecí el 1 de julio de 2001, en el Teatre Modern del Prat de Llobregat, organizado por la Associació d’Amics de la Unesco del Prat, enmarcada en el “Any internacional de mobilització contra el racisme, la xenofòbia i la intolerància”.

Mientras se solucionaba el problema de sonido echo mano de sus tablas y se apresuró a cantar, sólo con el acompañamiento del piano, El barco ya se fue (Les bateaux sont partis), una canción que aunque también la grabó Plácido Domingo, en España es muy desconocida, aspecto que debe ignorar el propio Aznavour.  La letra original es del poeta Bernard Dimey, el único al que Aznavour dedicó un disco monográfico, aunque esta apareció suelta en su álbum de 1987. Es el caso opuesto de la popular Je t’attends, muy conocida tabién en su versión española (Te espero) que fue la que cantó esa noche y que por su ritmo ha sido grabada por bastantes artistas latinos. No en vano era la que abría el disco que Chico & The Gipsies dedicó a Aznavour en 2011, en clave de rumba. Pocos saben o recuerdan que la música de este tema la compuso su buen amigo Gilbert Bécaud que también la grabó y era uno de los platos fuertes de sus directos con una interpretación frenética en las antípodas de la que hace Aznavour. La verdad es que la letra española (hay más de una adaptación) es muy poco fiel a la original y, desde luego, no la mejora.

Siguió con la romántica Paris au mois d’aoû, de 1966, de la película del mismo nombre para dar paso a la anodina Habrá un despertar, versión española de On se reveillera, un tema de 1972 con música de su cuñado Georges Garvarentz que, en un recital antológico como este, se la podría haber ahorrado si no se guiara por lo que ha tenido éxito “en español” sino en España. En cambio para la épica Morir de amor, optó por la versión original (Mourir d’aimer).

Aznavour concentrado en su interpretación. © Foto: J.M. Morales

Aznavour concentrado en su interpretación. © Foto: J.M. Morales

El sexto número fue, por fin, un tema de creación reciente, Je voyage, que daba título a su álbum de 2003.  La elección de este tema y no otro es fácil de averiguar, resulta un número muy goloso porque es una conversación entre un anciano que acaba sus días y una joven que empieza a abrirse camino en la vida y la interpreta a dúo con su hija Katia. Ella tiene una voz magnífica que parece corresponder a una mujer de menor edad de la que tiene realmente. A veces le he preguntado porque no graba discos con un repertorio propio y parece que no tiene interés en hacer una carrera fuera del ámbito de los conciertos de su padre.

Llegó el turno a la canción Sa jeunesse por la cual siempre ha confesado su predilección.  Data de 1956 y lo paradójico del caso es que, siendo un tema de juventud, habla del paso del tiempo.  Confesó que en su primera actuación en Barcelona, allá por el año 57 en el Emporium, la había cantado en una versión española pero no estaba muy satisfecho de ella y había mandado hacer otra, Su juventud.  Le verdad es que esta también deja mucho que desear y  hace añorar la francesa que es una pequeña joya tanto en la parte literaria como en la musical, esta última realzada por las notas del gran pianista clásico Erik Berchot por el que se hace acompañar en directo.

Después la efectista, Mon ami, mon judas, de 1980, dedicada a los “parásitos” que se acercan cuando a uno le van bien las cosas para abandonarle después cuando ya han exprimido la naranja al máximo. El siguiente tema no puede faltar nunca en su repertorio, el Ave Maria con música del ya citado Garvarentz. Confieso quehe recurrido a este tema en varias celebraciones religiosas familiares, acompañado por el órgano de la iglesia y la tengo asociada a momentos muy emotivos: La canté en las bodas de dos de mis hermanos en Sitges en la iglesia de la punta (la de Sant Bartomeu i Santa Tecla) y en la del Vinyet. La última vez que la interpreté fue con motivo de las bodas de oro de mis padres en la parroquia de Núria, en Barcelona, en mi barrio de siempre. A Aznavour le gusta presumir de que la ha cantado no sólo delante del papa Juan Pablo II  sino también ante representantes de otras iglesias y siempre ha sido bien recibida. Yo se la he visto interpretar en versiones más inmpresionantes como la que realizó acompañado por el coro infantil Les petit chanteurs à la croix de bois.

La segunda y última canción de la noche de su repertorio reciente fue Dime que me amas, originalmente aparecida en su álbum de 1997 Plus bleu…  con el título Dis-moi que tu m’aimes fue una de las piezas escogidas en su último disco en español, Tu pintas mi vida, integrado por una selección de su producción de los años 90 y 2000 con adaptaciones de Luis Gómez Escolar. Tras esta balada llegó el momento de hacer un poco el gamberro con Mes emmerdes, un tema tan resultón en directo como en disco donde hace un dúo con él mismo y no con Gilbert Bécaud como mucha gente piensa.

Aznavour en el escenario del Gran Teatre del Liceu. ©Foto: J.M. Morales

Aznavour en el escenario del Gran Teatre del Liceu. ©Foto: J.M. Morales

Para los nostálgicos sesenteros sin duda su canción de la noche fue Il faut savoir, del Aznavour de lentorro de guateque al que reduce una gran parte del público español, que enlazó con Désormais, también sobre el tema de la ruptura de la pareja pero en clave pop de finales de los sesenta. No podía faltar She, un laureado éxito en inglés que fue reverdecido por Elvis Costello que lo dio a conocer a las nuevas generaciones. Tema de éxito planetario en inglés, incluso en Francia donde es más conocida esta versión que la francesa Tous les visages de l’amour.

Otra de las canciones del repertorio aznavouriano que en los últimos años alcanzó nueva popularidad fue De quererte así (De t’avoir aimée) que Luis Miguel grabó en su premiado disco de boleros y que precedió en el programa del concierto a otro éxito internacional, Yesterday When I Was Young pero que en el Liceo cantó en su versión original, Hier encore. En los últimos conciertos que he visto de él en Francia la enlazaba con la comentada Sa jeunesse, aduciendo que las dos hablan sobre la incapacidad de detener las manecillas del reloj, pero en el Liceo no lo hizo. Otra de las variantes que ha introducido hace tiempo en sus shows en vivo es la eliminación de la primera parte de Les plaisirs démodés que le servía para confrontar la manera de bailar de la juventud en las discotecas de los setenta con la de su generación, la del “agarrado de toda la vida”. Ahora sólo canta la parte del slow, en el Liceo lo hizo combinando francés y español (Placeres antiguos) que es uno de sus platos fuertes en escena porque rodeándose con los brazos simula que baila en pareja.

También da mucho de sí en escena Mon émouvant amour  que sirve  de lucimiento para su fiel corista, Claude Lombard.  Es un tema cuya particularidad estriba en la utilización del lenguaje para sordos…por cierto, en su camerino del Zénith de Montpellier, pude conocer hace unos años a la mujer que le enseñó los signos necesarios para gesticular en esta canción…Y es que Aznavour ha comentado en ocasiones que cuando compone piensa más en como defenderá el tema en directo que en cómo quedará plasmado en disco. Esto es obvio también en su interpretación sutilmente amanerada de Comme ils disent en el que se atrevió a tratar el tema de la homosexualidad a través de la personalidad de un transformista…que por cierto vivía en una calle con nombre de músico español, Sarasate. No es que a Aznavour le importara mucho aquel violinista, simplemente buscaba una palabra que rimara con “chate” (gata) que era el animal de compañía del travestí, así que abrió el plano de París y encontró lo que buscaba en una calle que poca gente conoce, en la propia capital.

Después llegó Qui que cantó en su versión española (Quién) y tuvo el detalle de recordar al adaptador que no era otro que el reputado autor de coplas, Rafael de León. No es porque tenga un adaptador ilustre pero es de largo la mejor adaptación española de todas sus canciones. Una verdadera recreación que no desvirtúa la original. Lo mismo pasa con la adpatación de La bohème para la que  León también hizo un excelente trabajo, La bohemia. Hace cuatro años Aznavour la grabó a dúo con Raphael en el disco que este último hizo de duetos. El de Linares, presente en el teatro, se la debía “cantar encima” (perdónenme la expresión) en su palco. Sin embargo, para la noche barcelonesa escogió la letra original que escribió Jacque Plante para la opereta Monsieur Carnaval, con un arreglo orquestal muy fiel al original de Paul Mauriat. Antes de esta pieza puso al público al borde del éxtasis con Les deux guitares, basada en un tema popular ruso. Aznavour, que detesta que la gente siga con palmas sus canciones, la utiliza para dejar al público que se desfogue acompasando este número.

Se acercaba al final y Aznavour antes de que se lo pidieran obsequió con Venecia sin ti. Esta adaptación, y así se lo comenté una vez a él mismo, no está a la altura del original, Que c’est triste Venise, que gira en torno a la evidencia del desamor de una pareja que regresa al mismo escenario en el que vivieron su enamoramiento. En cambio en la versión española el ausente no es el amor sino la pareja, con lo cual pierde bastante de la gracia. Sin embargo, sin este matiz, la versión hispana ha funcionado igualmente.

Tiene mérito que a su edad asuma el reto de cantar Emmenez-moi, en el que las palabras pasan a una velocidad endiablada, pero sabe que su público espera esos pasos de baile que se marca al final. Realmente, una proeza artística. Este era al final, Aznavour nunca hace bises pero esta vez regresó para cantar La mamma. En mis recitales suelo cantar un fragmento de esta canción en un popurrí de canciones dedicadas a la madre que hago para introducir la mía, Mamá y yo. Yo creo que si volvió para cantarla no fue como agradecimiento al respetable sino porque está muy contento con el nuevo arreglo “a la española” (así me lo dijo cuando se la oí en sus recitales de 2011) y al último momento no quiso perder la oportunidad de mostrarla al público español. No le quise desilusionar pero la verdad es que el ritmo de rumba no veo yo que acabe de casar con el dramatismo de esta historia, aunque comprendo que a veces le fatigue cantar una pieza de la misma forma y se divierta cambiando el arreglo orquestal.

He contrastado este repertorio con el que hizo en el Festival de Cap Roig de Calella hace cinco años  y es practicamente igual con la salvedad de que allí interpretó L’amour c’est comme un jour y Non, je n’ai rien oublié y en cambió no cantó De quererte así, Mon émouvant amour y Comme ils disent.

Charles Aznavour en su interpretación de "Emmenez-moi"

Charles Aznavour en su interpretación de “Emmenez-moi”, al final del concierto.

Fue una noche histórica en la canción de autor (sí Aznavour es un cantautor) en Barcelona y, la verdad, como tal eché de menos a muchos colegas de profesión que luego se llenan la boca hablando de la canción francesa. Suerte que Rapahel vino desde Ibiza expresamente, pero me extrañó no ver a muchos que estaban a algunas manzanas.

 ©AntonioSubirana

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