Toni Subirana con Aznavour en el concierto del centenario de Charles Trenet

Publicado el agosto 8, 2013

Concierto en el teatro de Narbonne, ciudad natal de Charles Trenet

Toni Subirana conversó con Aznavour en el camerino del teatro de Narbonne

En la puerta de entrada de la casa junto a la placa

Hacía tiempo que sabía que estaba preparado un concierto de homenaje a Charles Trenet en su ciudad natal con motivo de los cien años de su nacimiento pero no tenía claro si valdría la pena desplazarse. Pero ayer no tenía “bolo” y me dije ¿por qué no? Narbonne está a un tiro de piedra de mi casa y es una oportunidad posiblemente única de ver a mi admirado Aznavour cantar las canciones de su idolatrado Trenet. De hecho no era una novedad, hace unos poco años Aznavour también participó en un concierto en Leucate en el  que las voces de varios artistas se repartían el repertorio de los dos grandes Charles. Como es de suponer no quedaba ni una entrada pero empecé a mover mis contactos y a las pocas horas supe que tendría mi butaca, que no eran numerada pero acabo siendo en primera fila y central, no se podía pedir más. Incluso me fue bien tenerla que recoger con bastante antelación porque hice un “tour” Trenet con el que no contaba.

Un piano de cola preside el salón principal

Nada más llegar me fui a ver la casa natal de  Charles Trenet, una elegante y sencilla casa unifamiliar de tres

Toni Subirana sentado al piano de Trenet

plantas que ya había pertenecido a sus abuelos maternos.  La vivienda se compone de dos pisos y una planta baja en la que se sitúa el salón principal con un piano de cola, en el que  me cuentan que es donde recibía a sus amigos. En la primera planta están las dependencias de su madre en donde podemos ver la habitación en la que ella nació y donde dio a luz a su hijo Charles. La segunda planta es el territorio del cantante, que, por cierto, marcó con sus iniciales en la puerta del descansillo.  Otro piano, en este caso vertical preside un acogedor salón con chimenea. Toda la casa respira sencillez y buen gusto…claro que a mi, a estas alturas, cualquier vivienda en la que no hayan muebles de Ikea ya me parece agradable. Diversos programas de conciertos, portadas de partituras y fotografías personales adornan algunas de las paredes tapizadas pero sin llegar a un abigarramiento asfixiante.

Tras esta visita me fui al ayuntamiento donde está instalada la exposición del centenario que hasta hace poco se exhibía en París. Aquí sí que hay mucha información en los murales, con interesantes fotogafías, audiovisuales, colecciones de vinilos, etc. Para el que le guste (a mí me gusta) está muy bien aunque hay cosas que se leen con más tranquilidad en casa y por eso compré el libro de la exposición.

Toni Subirana posa ante el anuncio del Festival Trenet

Tras tomar una quiche y un croisant de mantequilla, igual de espurio que los que solemos consumir ahora en España, me encaminé al teatro donde un par de horas

Toni Subirana siguió el espectáculo desde la primera fila

antes de empezar el espectáculo ya había bastante gente aguardando a que abrieran las puertas.

En el vestíbulo vi a dos de los artistas anunciados en el programa, Agnes Bihl e Yves Jamait. A la primera ya la había visto en directo en la primera parte de un concierto que ofreció Aznavour hace unos pocos años en el Zénith de Monntpellier y me sorprendió gratamente y así se lo recordé en la conversación que tuvimos antes de que se dispusiera a cenar a las siete de la tarde con un sol de justicia –los franceses so así–  que daba en los ventanales del edificio que  si tenía aire acondicionado era muy deficiente. También estaba reponiendo fuerzas antes de su espectáculo Yves Jamait que, por cierto, no se quita la gorra irlandesa de lana ni para sentarse en el comedor…eso si es ser esclavo de la imagen.

El espectáculo empezó con una larga presentación de Gérard Davoust presidente de las Éditions Raoul Breton y socio de Charles Aznavour en esta empresa editora dueña del catálogo de Trenet y Aznavour y de otros grandes de la chanson y que también gestiona el repertorio de lo mejor de la canción francesa actual. Tras poner los puntos sobre las íes de lo que iba a ser el espectáculo por si la gente aún no tenía claro de qué iba la cosa, advirtió que Aznavour cantaría al final algunas canciones de Trenet a pesar de no hallarse en buena forma vocal debido al “jet-lag” que acusaba tras su regreso de un viaje al Canadá donde había hecho unas actuaciones.

La soirée empezó con la actuación de Alexis HK, un cantautor de línea clásica que expuso sus canciones con un formato sobrio, acompañándose él mismo a la guitarra y eficazmente secundado por un instrumentista que alternó la acústica con el banjo.  Tras unas interpretaciones muy correctas entre las que no destacaría ninguna se despidió con la primera pieza de Tenet que asomó al espectáculo, Boum!, al que sacó mucho partido con el único acompañamiento de su guitarra aunque sin lograr la participación del público como era su deseo.  Tras él llegó el turno de Yves Jamait, más en la línea de un chansonnier que de un cantautor; canciones realistas, dramatizadas, ilustradas, incluso algo coreografiadas, con una voz que a veces abusa de la ronquera pero, por lo general, muy bien utilizada. Compartió algunos temas con la ya citada Agnès Bihl que también sabe ponerse al servicio de los textos, con un amplio abanico de recursos, potenciando su fuerza dramática. Todo iba más o menos bien pero cuando ya llevábamos casi dos horas desde el inicio del espectáculo e Yves Jamait aún seguía en escena el público empezó a impacientarse, hasta el punto que el bueno de Jamait se salió brevemente de su estipulado guión e intentó apaciguarlo : “Charles saldrá en dos canciones”. Con una bastó. En ese momento apareció Aznavour que con su salida provocó ya una “standing ovation”. Con Jamait interpretaron una enérgica Y a d’la joie, algo ipimprovisada.

Entonces Yves Jamait salió del escenario y hubo que cambiar todo el “back line” escénico para adaptarlo al trío de jazz internacional capitaneado por el pianista Giovanni Mirabassi que tenía el cometido de acompañar a la estrella de la noche. Ese tiempo muerto Aznavour se creyó en el deber de rellenarlo con algunos comentarios sobre Trenet pero el cambio de “set” se hacía interminable, se le acababan las ideas y acabó diciendo en tono jocoso que iba a ser el primer espectáculo de silencio de su vida. Finalmente apareció el trío que le acompañó correctamente en un repertorio “trenetiano” bastante previsible para los iniciados, en el que volvió a interpretar Le Grand Café que ya cantara en el comentado espectáculo de Leucate; Ménilmontant que ya interpretó alguna vez en su juventud y que hace poco lo grabó en un disco que Patrick Bruel dedicó a canciones antiguas; y no obvió  dos clásicos: Que reste-t-il de nos amours La Mer en la que estuvo acompañado por Agnès Bihl y por Alexis HK.

Aquí acabó su actuación, con el desconcierto del público al que siguió una sonora bronca por parte del respetable que, bastante iluso, esperaba que pagando una

Entrada al concierto, que anunciaba sólo el nombre de Aznavour, y entrada a la casa natal de Trenet

entrada de 45 € vería un concierto entero de Aznavour. Muchos le pedían explicaiones a su editor, el señor Davoust, un hombre correctísimo que no tenía ninguna culpa. Como es lógico él propuso un espectáculo con artistas de su catálogo, que no hay que olvidar que es el de Trenet, y Aznavour aceptó colaborar desinteresadamente cantando algunas canciones sin confirmar un repertorio cerrado, de hecho se anunciaba como “carte blanche à Aznavour”. Pero el ayuntamiento quiso aprovecharse demasiado del nombre de Aznavour hasta el punto de incluir sólo su nombre y su foto en las entradas, algo que  ocasionó la confusión del público y daños colaterales a los artistas que tuvieron que soportar sentirse atosigados por un públicoansioso por ver aparecer a la estrella en escena.

Al final del concierto estuve charlando con el señor Davoust que en todo momento dio explicaiones al que se las pidiera, con él entré a saludar al gran maestro que como en otras ocasiones se mostró muy comunicativo y afable conmigo.

Quizá para muchos el concierto fue una decepción, no para mí que tuve un día completo.

©Antonio Subirana

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