En la muerte de Montserrat Caballé

Publicado el octubre 09, 2018

El mundo de la música y de la cultura en general ha despedido a una de nuestras voces más internacionales

Toni Subirana recuerda el papel que tuvo su padre, el Doctor Manuel Subirana, en un momento crucial de la vida de la soprano

imagesCon Montserrat Caballé se va una gran figura de la música y con este motivo hemos podido ver en televisión algunos programas especiales con entrevistas en profundidad. He disfrutado escuchando sus anécdotas del mundo de la ópera, me ha impresionado su sabiduría en aspectos técnicos y me he identificado con muchas de sus ideas del arte en general. Si embargo, en el plano personal, he echado en falta alguna referencia aunque fuera de pasada, a mi padre, el Doctor Manuel Subirana, cuando se ha rememorado el delicado momento por el que pasó su salud a principios de 1985, no entraré en detalles porque no puedo hablar con propiedad de temas médicos pero, como mi padre también ha fallecido este año, me siento en el deber y en la necesidad de honrar su memoria y esto pasa, no ya por por recordar sus aciertos, sino por impedir que se silencien.

Mi padre era ya un neurólogo de prestigio, a pesar de su juventud, 47 años, y se encontró con la gran responsabilidad de frenar una operación propuesta por un equipo de acreditados médicos norteamericanos que implicaba un altísimo riesgo para el futuro profesional de la cantante: Operarse y no poder cantar o no operarse y poner en riesgo su vida. Ante tal disyuntiva, Montserrat Caballé quiso aplazar la decisión hasta que no la reconociera el Doctor Subirana, al que conocía de bastante tiempo atrás y le inspiraba una gran confianza. Y así fue, como por su expreso deseo, se puso en manos de mi padre, que se tomó el caso con gran implicación personal, hasta el punto de que acudió a recogerla al aeropuerto. Yo no estaba entonces (nuca lo estuve) al corriente de los casos de los pacientes de mi padre, pero el fin de semana atendíamos nosotros el teléfono, que era también el de la consulta, y cuando al preguntar “de parte de quién” oía a Montserrat Caballé decir su nombre…pues algo impresionaba, la verdad. Después de la exploración y de efectuar las pruebas pertinentes, mi padre apostó por descartar la intervención quirúrgica y optar por otro tratamiento con lo que tanto ella como su marido, Bernabé Martí, y  su hermano, Carlos Caballé, respiraron aliviados. La decisión fue acertada, prueba de ello es que gracias a este golpe de timón pudo seguir desarrollando su carrera, sumando triunfos a lo largo de una existencia que, afortunadamente, se ha revelado longeva.

Me consta que estaban agradecidos a mi padre, Carlos Caballé me recibió un tiempo después en su casa, yo buscaba un sello discográfico para grabar mis primeras canciones y me acordó una cita con un director artístico de una discográfica, aunque el contacto no fructificó. Años más tarde una revista de música clásica me encargó que le hiciera una entrevista, hice las gestiones y ella me llamó personalmente para decirme que lo sentía pero no me la podía conceder porque tenía ya apalabrada una con un periodista que escribía para esa misma publicación y no quería traicionarle. Lo entendí perfectamente y aplazamos la cita para otra ocasión que nunca se llegó a dar.

Como a muchos, me hubiera gustado que se instalara la capilla ardiente en el Liceo donde pude admirar su arte en varias ocasiones pero sus razones tendría la familia para optar por un marco menos teatral y más funcional. Descanse en paz Montserrat Caballé.

©Antonio Subirana

40 años sin Jacques Brel

Publicado el octubre 09, 2018

jacques-brel_1503828cHoy, 9 de octubre de 2018, se cumplen cuarenta años de la muerte de Jacques Brel. Me acuerdo perfectamente de aquel día, yo tenía trece años y me impresionó su desaparición porque Brel era para mí un viejo conocido. Yo creo que fue mi primer acercamiento a la canción de autor y, sin duda, a la canción francesa (luego vendrían Moustaki, Aznavour y Brassens). Debía tener seis o siete años y me familiaricé mucho con su repertorio que me llegué a aprender de memoria a fuerza de escucharlo en el asiento trasero del coche familiar en los viajes de fin de semana. 

 

Para conmemorar este aniversario recupero un breve perfil biográfico que incluí en un libro que escribí sobre las grandes voces de la música del siglo XX y que se publcó en Portugal en 1995.

 

JACQUES  BREL

IMG_20181009_173218_resized_20181009_053305108Nació en Bruselas el 8 de abril de 1929. Su familia era de clase acomodada, este es un detalle fundamental para entender una de las principales características de su obra: un sentimiento anti-burgués y una postura anti-acomodaticia. Nadie como él ha sido tan implacable con la burguesía; como parte de ella se aplicó en retratar  las bajezas y  la hipocresía para él inherentes a esa clase social. Pero más que la burguesía, le preocupaba el aburguesamiento ante el que hay que estar alerta porque de otro modo acaba devorando, con la edad, incluso al que ha sido más crítico con él, esto queda magníficamente sintetizado en Les bourgeois. Es por todo ello que, cuando podía haber seguido una vida sin complicaciones trabajando en el negocio familiar de cartones, decidió no sucumbir a tan alienante oficio y marchó a descubrir el mundo. Esta obsesión por saber lo que pasa más allá de las cuatro paredes del confortable hogar, por conocer nuevos paisajes, nuevos olores, nuevos sabores…vivencias nuevas en fin, es otra de las constantes que configuran el universo breliano, como si quisiera con ello exorcizar una vida infantil que se le antoja llena de vulgaridad. Hay que ganar tiempo al tiempo demostrar que él no es uno de Ces gens là (Esta  gente) .

El Brel rebelde que conocemos dio, no obstante, sus primeros pasos en el mundo artístico dentro de un movimiento juvenil cristiano, “Franche-Cordée”, donde aprendió los primeros acordes de guitarra, instrumento que solo le acompañaría en la primera etapa de su carrera.

En 1953 marchó a París, lejos del calor familiar –se había casado y ya tenía su primera hija— abandonándose a la suerte de su aventura musical.  En la capital Jacques Canetti lo recibió en su cabaret de Montmartre, “Trois Baudets”, donde actuaría periódicamente combinando ese local con  el de Patachou donde Brassens ya se había afianzado. Sin embargo Brel no fue aplaudido con tanta unanimidad y rapidez como su antecesor, ni como los otros de su generación: Ferré o Béart –dentro de un estilo próximo al suyo— o Montand y Bécaud, más “crooners”.

Al año siguiente publicó su primer disco que contenía La Foire y IL y a. Juliette Gréco fue la primera que le tomó en consideración interpretando un tema suyo, Le Diable (El diablo), y Cannetti le propuso grabar su primer L.P. para Phillips que, a pesar de contener algún título que se convertiría en clásico de su repertorio como Grand Jacques (C’est trop facile) o Il peut pleuvoir, en su aparición supuso un fracaso total. Sin embargo no cejó en su empeño y siguió actuando en los tres años siguientes en unas condiciones muy por debajo de lo que merecía.

El segundo disco de larga duración, Quand on n’a que l’amour (1957), es ya mejor recibido por el público e incluso obtiene el premio Charles Cros. Esto le empuja a grabar otro más al año siguiente donde destaca Au Printemps y que le prepara para dar el gran salto. En su cuarto disco encontramos la que para muchos es la más excelsa canción de desamor jamás escrita, Ne me quitte pas y La valse à mille temps que con su ritmo endiablado permite descubrir el talento interpretativo de su autor; Les Flamandes, una crítica despiadada que no fue bien recibida por los flamencos; o “Le moribond, un testamento que sorprende por su  vitalidad. Con ellas obtendrá grandes triunfos en sus presentaciones en las salas Alhambra y Bobino de París.

En 1961  llega al Olympia –hasta el momento sólo había actuado ahí de telonero— favorecido por curiosas circunstancias: el empresario Bruno Coquatrix, harto de que los seguidores enloquecidos de Johnny Hallyday le destrozaran a diario el local, pensó que Brel atraería un público más reposado. El caso es que Brel se convirtió a partir de entonces en una estrella indiscutible de la canción. Durante los próximos cinco años se multiplicarían sus  actuaciones por todo el mundo y publicaría varios discos,algunos como testimonio de sus actuaciones en el Olympia, otros con temas inéditos con su nueva discográfica, Barclay.  El homenaje al “País llano” -“que es el suyo”- (Le Plat pays); el tiempo que pasa inexorablemente (Les vieux); la amistad que se manifiesta en los momentos difíciles (Jef) ; el amor-amistad tras muchos años de convivencia (La chanson des vieux amants); el mundo marginal de las clases menos favorecidas (Amsterdam)… son sólo  ejemplos de su obra que abarca una amplia gama de sentimientos, encarando de frente los problemas, sin eufemismos ni concesiones a finales felices. Sus temas no dejan  frío al oyente, le inquietan –le incomodan incluso—y, a pesar de ello, los aplaude.

La interpretación en directo de Brel no dejaba lugar al respiro: cantaba de pie, absolutamente en tensión; empezaba los temas ya en un punto álgido, daba la impresión de que no podría mantenerlo a lo largo de la canción y  sin embargo lo superaba, alcanzando en cada tema un clímax absolutamente desbordado y controlado a la vez.  Resumiendo era lo que los franceses llaman una “bête de scène”.

Después de esos seis años sin respiro, en 1966, Brel decidió retirarse de la canción. Debemos conocer el concepto que tenía de lo que debe ser el trabajo de un artista para entender su determinación: Brel se vaciaba en cada actuación hasta acabar exhausto, no era amigo de las medias tintas. El miedo a no poder seguir al mismo nivel de entrega total le obligó a despedirse en el momento en  que creyó haber dado el máximo de sí mismo.

No obstante siguió haciendo discos de gran madurez y adaptó y protagonizó la versión francesa del “Hombre de La Mancha”, una comedia musical inspirada en el Quijote, personaje con el que llegó a identificarse. (“Soñar un imposible sueño…”) así reza el primer verso del tema principal de la obra, La Quête (“La búsqueda”).

Si sus dotes de actor se revelaban excepcionales puestas al servicio de sus canciones, traspasadas al cine no fueron tan bien valoradas. Entre 1967 y 1973 rodóIMG_20181009_173122_resized_20181009_053356218 ocho películas (Les risques du métier, La bande à Bonnot, Mon oncle Benjamin, Mont Dragon, Les assassins de l’ordre, L’aventure c’est l’aventure, Le bar de la fourche y L’emmerdeur). Siempre intentando ir más allá también probó suerte con la dirección (Franz y Far west), con resultados bastante discretos.

En su vida personal también era amante de los retos. En 1974 se embarcó en un velero con la intención de dar la vuelta al mundo. A mitad de viaje se manifestaron los primeros síntomas de la enfermedad que acabaría con su vida, cáncer de pulmón. Le operaron de urgencia y, después de unas semanas de convalecencia, decidió continuar el viaje desoyendo los consejos médicos. Tras barajar varios destinos  recaló en la Polinesia, en una de las islas Marquesas, Hiva-Oha, ahí pasaría sus últimos años. Sólo abandonaría, momentáneamente, su pacífico retiro en 1977. El motivo valía la pena: grabar en París el que sería su último disco, Brel. De esta obra, realizada en el mayor de los secretos, llegaron a venderse más de dos millones de copias en dos semanas, la gran parte de los derechos de autor los cedió a una fundación de lucha contra el cáncer y el resto a sus hijas y a la madre de estas, con la que siempre mantuvo unas estrechas y distantes relaciones (otra de sus rarezas). Temas como Orly, Le bon dieu o Voir un ami pleurer fueron su último legado; la portada del disco, una espectacular fotografía de unas nubes tormentosas, parecía anunciar el final del artista y del hombre.

Murió en París, el 9 de octubre de 1978. Sus restos reposan en las Marquesas donde “par manque de brise le temps s’inmobilise” (“Por falta de brisa el tiempo se inmoviliza”).

©Antonio Subirana

Adiós al maestro Aznavour

Publicado el octubre 01, 2018

Muy afectado por la muerte del gran maestro Charles Aznavour. Tuve la suerte de conocerle personalmente, de verle actuar en muchas ocasiones y de empaparme de su obra que tanta compañía me ha hecho y que tanto me ha enseñado. Empecé a escucharle siendo niño y con dieciséis años le vi actuar por primera vez. Creo que desde entonces no debe haber pasado un solo día sin que me acordara de él o canturreara alguna de sus canciones.

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En esta web le he dedicado algunas entradas  que ahora recuerdo a modo de homenaje:

Aznavour cumple 88 años

Con Aznavour en Montpellier

Con Aznavour en el centenario de Charles Trenet

Aznavour y Barcelona

Crónica de su primer concierto en el Liceo de Barcelona

Toni Subirana habla de Aznavour con Guillermina Motta en un programa de radio

Toni Subirana canta Aznavour. “Je m’voyais déjà”

En la muerte de Aretha Franklin

Publicado el agosto 17, 2018

El 16 de agosto falleció Aretha Franklin. A modo de homenaje transcribo una breve biografía que escribí en 1995 para una colección dicográfica de grandes voces del siglo XX publicada en Portugal

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ARETHA FRANKLIN 

 Ninguna otra voz femenina supo aprovechar de forma tan magistral todo el bagaje del gospel para ponerlo al servicio del soul. Dotada de una voz excepcional  y de gran expresividad hace honor al sobrenombre por el que se la conoce, “Lady Soul”.

 

Estaba cantado que sería cantante

Aretha Franklin nació en Memphis (Tennesee), el 25 de marzo de 1942, aunque su infancia transcurrió en Detroit.

Podemos decir que Aretha vino al mundo con un micrófono bajo el brazo. Empezó cantando con sus  cuatro hermanos –dos de ellas, Erma y Carolyn, también serían  artistas de soul—, en el coro de la iglesia donde oficiaba su padre, un conocido predicador  de la iglesia baptista que había grabado gran cantidad de discos –hablados y cantados— de signo religioso. La madre de Aretha abandonó el hogar familiar cuando esta era muy pequeña y poco tiempo después murió prematura y trágicamente. El reverendo Cecil L. Franklin se llevaba a sus hijas de gira en unos fatigosos viajes a bordo de la “Gospel Caravan”, Aretha ya tenía entonces el papel de solista. Sus antecedentes musicales no se limitan a su círculo familiar más directo, a destacar que Clara Ward –reputada cantante de gospel— era tía carnal suya y Mahalia Jackson  amiga de la família. Por cierto, cuando esta murió,en 1972, Aretha le dedicó en su entierro el emotivo “Precious Lord” con que Mahalia despidiera a su vez a Martin Luther King.

Realizó sus primeras grabaciones, de carácter estrictamente religioso, para un modesto sello de Detroit (J.V.P.).  Sam Cooke –que también se dejaba ver a menudo por casa del Reverendo– le invitó a  probar con la musica profana, aún a costa de no ser comprendida por los suyos. De Cooke grabaría más tarde uno de sus últimos éxitos, “A change is gonna come”.

 

Despegue desorientado

 A los dieciocho años su carrera empezó a despegar. Un reputado ejecutivo de la Columbia, John Hammond, oyó unas maquetas de Aretha que le había proporcionado el contrabajista Major Holley y quedó impresionado por su voz, la mejor  que había oído desde Billy Holiday, aseguró. Esta frase, pronunciada como un elogio, revelaba sin embargo lo desencaminado que andaba el directivo respecto al camino a seguir en la carrera de Aretha. Los primeros álbumes que grabó no tenían un sello muy determinado y discurrían en una amalgama de diversas influencias –principalmente de Dinah Washinton— y estilos: rhytm & blues y jazz prioritariamente, pero también standarts; a pesar de la falta de concreción, o quizá gracias a ella, se adivinaba un talento portentoso, no sólo como cantante sino también como pianista, faceta esta más desconocida del gran público. El primer single data de 1960 (“Today I sing the blues”)  y su primer álbum no vio la luz hasta 1964 (“Songs of faith”),no faltaron en esta etapa algunos temas que alcanzaron cierta repercusión como “Running out of fools”(1964).web IMG_20180817_183656

“Vuelo alto”

Sus excelentes dotes se pondrían definitivamente de manifiesto en 1967 cuando  su marido, Ted White, que se encargaba de llevarle los asuntos profesionales, sin unas directrices tempoco muy concretas, le consiguió un contrato con la discográfica Atlantic. Ahí supieron captar el valor potencial  de Aretha. “I never loved a man (The man I love you)” fue su espléndido álbum de debut, producido por Jerry Wexler.  Además de la canción que daba título a la obra había temas tan conseguidos como “Respect”, de Otis Reding, –número uno en Estados Unidos—, ”You make me feel like (A natural woman)”, de Carole King y “Baby I love you”.  1968 se abriría con el éxito de “Chain of fools” y al poco tiempo llegaría su tercer larga duración, “Lady Soul”, –apodo por el que  ya se le conocía popularmente— que le valió un premio Grammy ; en ese disco también aparecía la guitarra de Eric Clapton ejecutando un solo excelente en el tema “Good to me as I am to you”. Ese mismo año realizó su primera gira por Europa que quedó plasmada en su álbum “Aretha in Paris” –grabado en el Olympia—, y dos temas sque erían un auténtico bombazo, “Think” y  “I say little prayer”, su tema más popularizado en España.

Aterrizaje forzoso

 La década se cerró con dos discos más “Soul 69” y “This girl’s in love with you” en la que intentó descafeinar el soul con unos resultados poco halagüeños. Esta pequeña frustración profesional coincidió con otra de índole personal, la ruptura  de su matrimonio que la mantuvo apartada de la actualidad.

En los setenta intentó remontar su carrera con unos discos de indudable valor entre los que destaca “Aretha alive at The Filmore West” una nueva grabación en vivo.

En 1972, Aretha dió un salto retrospectivo a sus orígenes -el gospel-,con un disco doble grabado en vivo en una iglesia baptista de Los Ángeles y acompañada por el reverendo James Cleveland (“Amazing grace”). Ese mismo año ofreció un concierto memorable a dúo con Ray Charles y al año siguiente nueva colaboración especial, esta vez al lado de Stevie Wonder.

A lo largo de la década de los setenta su carrera se mantuvo sin demasiadas estridencias cultivando el campo del soul con álbumes brillantes -producidos por nombres tan importantes como Quincy Jones o Curtis Mayfield- pero que no lograron situarle en primera línea de la actualidad discográfica. Su último éxito de esta época fue “Until you come back to me ( That’s what I’m gonna do)”, de 1974.

Vuelo libre

Con su paso a la editora Arista, en 1980,su carrera se relanzó superando en éxito comercial a suweb brillante primera etapa. Sus nuevos álbumes (“Aretha” y “Love all the hurt away”) volvían a tener la autenticidad que se le requería con temas clásicos del soul como “I can’t turn you loose”, de Otis Reeding ; o “Hold on,I’m coming” de Sam & Dave pero también se aventuró por sendas más poperas con buenos resultados como “Freeway of love”,”Get it right” y “Who’s zoomin’ who”, a la aceptación general por parte del público más joven contribuyeron sus grabaciones a dúo con estrellas pop como George Benson (“Love all the hurt away”,en 1981) ; Annie Lennonx, de Eurythmics (“Sisters are doing it for themselves”,1985); Keith Richards (“Jumpin’ jack flash”,en 1986) ; George Michael (“I Knew you were waiting”,en 1987). Este último llegó al número uno de las listas de éxitos británicas y estadounidenses. Tal como hiciera en 1972 con “Amazing grace”, en 1987 volvió a sus orígenes en el gospel con el doble álbum “One lord,one faith,one baptism”

En el campo cinematográfico Aretha hizo una coyuntural incursión en 1980, con la película musical “Granujas a todo ritmo” ,en la que interpretaba la canción “Think”.

El reconocimiento del que goza Aretha Franklin en la actualidad es total, prueba de ello es el concierto que ofreció el 21 de junio de 1994 en la Casa Blanca ante el presidente Clinton y un selecto grupo de invitados.

©Antonio Subirana

 

En la muerte de María Dolores Pradera

Publicado el mayo 30, 2018

El 29 de mayo de 2018 falleció la gran intérprete María Dolores Pradera. Tuve la suerte de conocerla, de mostrarle mi admiración y de confiarle que su Amarraditos lo llevaba siempre prendido en el ojal desde que lo escogiera para cantarlo en uno de los momentos más importantes de mi vida. A modo de homenaje transcribo aquí una pequeña biografía que publiqué hace unos años en una colección dedicada a los grandes intérpretes de la canción

SAM_0750               María Dolores Pradera,

                  señora de la canción

 Es la gran señora de la canción, lleva cinco décadas paseando por el mundo su repertorio, tan inmarchitable como esos jazmines  que nos invita a  prender del ojal cada vez que la escuchamos cantar el vetusto y entrañable Amarraditos.

Los años cincuenta representaron la revelación de María Dolores Pradera como cantante. Hasta mediados de esa década había desarrollado una interesante carrera como actriz -de teatro principalmente- pero la canción acabó por absorberle totalmente.

María Dolores Fernández Pradera -que así es su nombre completo- nació en Madrid el 29 de agosto de 1925 en el seno de una familia acomodada.

Desde muy pequeña sintió la vocación artística, en cuanto podía se disfrazaba de lo que fuera para interpretar papeles dramáticos en las celebraciones familiares.

Cuando era aún una adolescente su padre falleció y la familia tuvo que apretarse el cinturón. Nunca había destacado como una buena estudianteimages así que se decidió que la niña aprendiera un oficio que le pudiera deparar en el futuro un cierto desahogo económico. Así la joven María Dolores empezó a recibir clases de corte y confección al tiempo que estudiaba piano, instrumento que siempre favorecía a una chica de buenas maneras como era ella.

A pesar de sus inquietudes artísticas no encontró en las teclas bicolor su modo adecuado de expresión. Ella se sentía más actriz y empezó a frecuentar los estudios de cine donde poco a poco le fueron dando pequeños papeles hasta rodar una serie de películas que por su irrelevancia y por escaparse de nuestro terreno no nos detendremos a enumerar .

De esta etapa, en el plano personal, es destacable su matrimonio con el gran actor Fernando Fernán Gómez con quien  mantuvo una relación que duro diez años hasta que decidieron separarse amistosamente. Al respecto María Dolores Pradera ha afirmado en algunas ocasiones, con  mordaz sentido del humor, que se siente “viuda de vivo”. De esa unión nacieron dos hijos, Fernando y Elena, que le han colmado de satisfacciones.

Si en el cine no logró sobresalir, en el teatro realizó trabajos muy dignos, principalmente del repertorio clásico.

Durante sus años de infancia y de adolescencia tuvo la oportunidad de viajar en varias ocasiones a Sudamérica donde se familiarizó con la música folclórica de aquellos países, que sería la base de su repertorio como cantante, sin excluir un amplio muestrario que abarca formas musicales de todas las regiones de la Península. De esta forma, a través de su producción -como ella misma ha afirmado en alguna ocasión-, podemos cerciorarnos de las similitudes que existen entre la música que se hace y se escucha a un lado y otro del “charco”.

Su debut en el mundo de la canción se produjo en una sala de fiestas de Madrid llamada “Alazán” y el éxito obtenido superó las previsiones más optimistas. No obstante siguió compaginando su actividad de cantante con la de actriz, que no abandonaría definitivamente hasta 1967 año en que se despidió con unas soberbias representaciones  de Mariana Pineda, de García Lorca. Sólo regresaría una vez al teatro, fue en 1975 con la obra Cándida.

El éxito de la Pradera está asentado en unos pilares muy sólidos y todos primordiales:

Su presencia escénica ya marca la diferencia, a pesar de ser actriz -o quizá por ello- dosifica sus ademanes y nunca cae en la sobreactuación, su sobriedad en el vestir es vista por el público adulto como una señal inequívoca de elegancia. Sólo se permite algunos juegos escénicos, tales como la utilización de ponchos y otros aditamentos indumentarios, como una forma de ilustrar su repertorio en consonancia con la procedencia de la canción a interpretar.

descargaEsta sobriedad se extiende al campo de la interpretación y de la instrumentación. No es cantante de alardes vocales, es consciente de sus limitaciones vocales que compensa con una perfecta dicción, un saber decir y un gusto exquisito. El acompañamiento instrumental posee un sello inconfundible, conciso y brillante a la vez, que le han conferido los populares Gemelos que también han acompañado a Nati Mistral. Los Gemelos merecerían una mención especial aunque no hubieran sido acompañantes de la Pradera.  Formaban este dúo los hermanos López Hernández, Julián y Santiago, a la guitarra y al requinto respectivamente. Nunca se dedicaron totalmente a la música, ambos tenían otras ocupaciones laborales lo cual no contradice que fueran unos profesionales de primer orden en el campo de la música. Santiago falleció en 1993 dejando tras de sí una labor inmensa en el campo de la música para orquesta de pulso y púa. El segundo ha seguido acompañando a María Dolores al lado de Juan Delgado “Chava” que se ha esforzado en llenar el hueco dejado por Santi. Los Gemelos han sido durante años el único acompañamiento instrumental de María Dolores Pradera aunque en los últimos tiempos el grupo se ha visto reforzado con la incorporación de Pepe Ébano  a la percusión y de José María Panizo al contrabajo.

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El tercer pilar fundamental en la carrera de María Dolores Pradera es el repertorio.

Ella nos ha introducido en la música sudamericana con una rigurosa selección que, aunque obedece a su exquisita sensibilidad, no se haya exenta de valor didáctico. Gracias a su labor nos han llegado las composiciones de Chabuca Granda. De todas, la más celebrada ha sido La flor de la canela, sin lugar a dudas la canción  más representativa de María Dolores Pradera, presente siempre en todos sus recitales.

Su amplísimo repertorio se haya repartido en más de treinta discos de larga duración algunos de ellos grabados en vivo, destaquemos sólo algunosimages (2) títulos: Fina estampa, también de Chabuca Granda; Amanecí en tus brazos,de José Alfredo Jiménez; Guitarras, lloren guitarras, de Cuco Sánchez; Caballo prieto azabache, Caballo viejo, La hija de Don Juan Alba, Negra María, Volver, volver, Que te vaya bonito,  El tiempo que te quede libre, El rosario de mi madre… De entre todas las canciones que ha interpretado la que más simpatías populares se ha granjeado es Amarraditos. Los  versos redondos de esta pieza, sintetizan a la perfección el espíritu que preside la audición de un disco o de un recital de María Dolores Pradera.  “…No se estila, ya sé que no se estila / que te pongas para cenar /jazmines en el ojal /…Desde luego parece un juego / pero no hay nada mejor / que ser un señor de aquellos / que vieron mis abuelos”.

En los últimos tiempos ha adoptado obras de cantautores contemporáneos como es el caso del escritor Manuel Vázquez Montalbán que en colaboración con el músico mallorquín Antoni Parrera Fons le compusieron el tema Tú tenías veinte años. También incorporó a su repertorio algunas canciones de Carlos Cano como Las habaneras de Cádiz -cuya letra surgió de la pluma de Antonio Burgos- y  María la portuguesa. El último disco hasta la fecha data de 1994 y  bajo el título de Toda una vida recoge lo más granado de su repertorio con el interés añadido de las voces de Josep Carreras, Alberto Cortez y Los Sabandeños, con los que canta a dúo algunos temas.

 ©Antonio Subirana

Adiós a Fats Domino

Publicado el noviembre 06, 2017

El pasado 24 de octubre falleció Fats Domino, incustionable pionero del rock & roll, rescato por ello esta breve semblanza del artista que publiqué hace unos años en una colección de música popular

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 Fats Domino se puede considerar un precursor porque, aunque su estilo era el rhytm & blues, lo cierto es que, sin él saberlo, en los años cuarenta ya tocaba rock & roll. Nació el 26 de febrero de 1928 en el seno de una familia numerosa de Nueva Orleans.

 Empezó a tocar en un club nocturno con la banda de Billy Diamond donde trabó amistad  con el director de la orquesta, un trompetista llamado Dave Bartholomew que le abriría las puerta del negocio musical. Fue también en ese local donde le pusieron el mote “Fat” (gordo) por su oronda presencia. Este apodo llegó a dar nombre a su primer éxito en los albores de la década de los cincuenta, The fat Man (El gordo).

 Debido a la discriminación racial, tuvo un difícil acceso al público blanco que se nutría de la música negra pero adescarga (1) través de los “cover”,  versiones edulcoradas y desprovistas de agresividad que hacían cantantes blancos de los éxitos negros  originales. Pero hete aquí que esta, llamémosle injusticia, en principio en su contra se alió a su favor ya que fue a través de un especialista en interpretaciones espurias, Pat Boone, uno de esos chicos aseados y encantadores, promocionados entre público femenino, que una canción suya, Ain´t that a shame, se hizo enormemente popular atrayendo la atención del público blanco hacia su compositor, al que le pedían la primitiva versión. De esta forma en 1955 se colocaría en los primeros puestos de las listas de éxitos de todo el país. A partir de este despegue sus triunfos musicales se prodigaron (Blueberry hill, Walking to New Orleans, I’m in love again, Blue Monday, I’m ready).

En su técnica de acompañarse al piano,fruto de su experiencia tocando bogie en locales del Sur y en su suave tono de voz, radica su carismática personalidad. Aunque el mayor interés de su carrera se concentra en los años cincuenta, en las décadas siguientes consiguió buenos resultados con temas como Red sails in the sunset o la versión de Lady Madonna, de los Beatles, pero que desprovistos del clima innovador que presidía sus primeras creaciones sólo sirvieron para mantenerle en activo en un segundo plano.

©Antonio Subirana

En el centenario de Ella Fitzgerald

Publicado el julio 14, 2017

Este año 2017 se cumple el centenario de Ella Fitzgerald. Con tal motivo reproduzo aquí el texto biográfico que escribí para un libro dedicado a la grandes voces del siglo XX, publicado en 1995 en Portugal

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ELLA FITZGERALD 

 Tres, eran tres las voces femeninas más importantes del jazz vocal Billie Holiday, Sarah Vaughan y…Ella Fitzgerald.

La primera dama de la canción -así la llaman sus compatriotas- es sin duda la cantante de jazz hoy por hoy más popular. Esto se debe a su capacidad para enamorar a un público amplísimo, al tiempo que es venerada por los aficionados y los profesionales del jazz.

 

Un concurso fue su trampolín

Ella Jane Fitzgerald nació en Newport News (Virginia), el 25 de abril de 1917.

Vino al mundo en un ambiente pobre y marginal y pasó su infancia en  Yonkers, pequeña ciudad del extrarradio  de Nueva York. Su madre era lavandera y su padre murió cuando Ella era aún una niña.

Desde sus primeros años de vida mostró una fuerte inclinación artística pero aunque cantaba en la coral del colegio se decantaba más por el baile que por la música. Su formación fue autodidacta, no tuvo acceso a oir música de jazz y su único referente era una cantante blanca de segundo orden llamada Connie Boswell que fue vocalista, entre otras, de las orquestas de Tommy Dorsey y Bob Crosby

Ella Fitzgerald se dio a conocer en festivales para aficionados como los que se organizaban en el Harlem Opera House, donde fue descubierta por Benny Carter, este y John Hammond intentaron sin éxito que la joven cantante fuera integrada en la orquesta de Fletcher Henderson.

En plena adolescencia perdió también a su madre y se mudó a Harlem donde unos parientes le dieron cobijo temporalmente.

Tenía dieciséis años y se encontraba en una situación prácticamente de indigencia cuando se presentó a un concurso organizado por el teatro Apollo de Harlem resultando vencedora.  El baterista Chick Webb se apiadó de ella y la contrató para una actuación en Yale, convencido de sus cualidades decidió incorporarle a su orquesta que tenía su feudo en el “Savoy ballroom”.  Ese fue el primer peldaño de una carrera ascendente.

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Heredó la orquesta de Chick Webb

El repertorio que interpretaba en ese momento era bastante ligero y no hacía honor a sus excelentes cualidades vocales pero pronto se decantaría por piezas de jazz que entrañaran una cierta dificultad.

Con Webb tuvo Ella la oportunidad de grabar su primer disco en 1935, “Love and kisses” al que seguiría “Organ grinder swing”, en 1936, y “A-tisket A-tasket”, en 1938. Este tema, además de suponer un bombazo comercial, le granjeó el respaldo de la crítica especializada que se acostumbró a denominarla “Primera dama de la canción”, título que aún hoy ostenta.

Webb murió en 1939 y Ella, que desde su incorporación a la orquesta actuó como reclamo principal,se hizo cargo de la banda de Webb hasta que en 1942 decidió seguir su carrera en solitario.

El poderoso influjo del Be-bop

Nos encontramos a principios de la década de los cuarenta, el Be-bop había surgido con una fuerza inusitada y Ella con muy buen tino decidió sumarse a esta corriente, colaborando con boppers de la talla de Dizzy Gillespie con quien se unió en 1945 para hacer una gira por Estados Unidos.  Destacó como una buena intérprete de “scat”

-reconociendo en ese estilo la influencia de Leo Watson- pudiendo imitar el sonido de un amplio abanico de instrumentos, no sólo el del saxo -que suele ser el más recurrente- también otros más difíciles de emular con la voz como el contrabajo o la guitarra,así lo atestiguan las grabaciones de 1947 como “Lady be good”, “How high the moon” y sobre todo “Flying home”, la excelente pieza de Goodman y Hampton que en su voz se convirtió en todo un clásico.

Norman Granz,el cerebro

A finales de los cuarenta se casó con el contrabajista de la orquesta de Dizzy Gillespie, Ray Brown -de quien se divorciaría en 1955- y el productor Norman Granz la integraría en sus famosos espéctaculos titulados genéricamente “Jazz at the Philarmonic” que pretendían llevar el jazz a salas concebidas para la música clásica. Granz cuidó de que su estrella tuviera una proyección más amplia,abarcando incluso el mundo cinematográfico en el que Ella debutó en 1955 con la película “Pet Kelly’s blues”, de Jack Webb, en la que también participaba Carmen McRae. Cinco años más tarde interpretó un breve papel en “Let  no man write my epitaph”, de Philip Leacock, que fue aprovechado para editar un álbum a piano y voz con Paul Smith.

Granz tenía su propia firma discográfica y consiguió que Ella grabase para su escudería. Las primeras entregas, producto de esta entente, fueron una colección de discos monográficos dedicados a un autor americano consagrado.

Ella volvió a trabajar con formación de big-band,acompañada por la orquesta de  Count Basie, con el que realizó grabaciones memorables (Ella y Basie) y numerosos conciertos, ampliando el número de sus seguidores, principalmente en Japón. Y es que Ella tenía un público muy heterogéneo que no necesitaba ser entendido en jazz para emocionarse con su arte pero además -salvo unas pocas voces discrepantes que la acusaban principalmente de no saber abordar correctamente el blues- la crítica especializada coincidía con el gusto de ese gran público…y eso es algo harto infrecuente en este mundo en el que la calidad parece siempre reñida con el éxito comercial.

20170704_013746.jpgweb“First lady of song”

Ella se prodigó en directo con pequeñas formaciónes, haciéndose acompañar por  pianistas como Teddy Wilson,Lou  Levy,Tommy Flanagan y Oscar Peterson. También fue solista de grupos  como los Delta Rhytm boys y los Ink Spots.

En los años cincuenta grabó los populares dúos con Louis Armstrong -los conocidos como “Ella y Louis” (1y2) y la versión del musical “Porgy and Bess”- y  los discos “Ella sings sweet songs for swingers” y “Ella swins lightly” con la orquesta de Marty Paich, que como expresan los títulos se mueven en climas suaves e intimistas.

Los sesenta amanecieron con  su espléndida versión de “Mack the knife” recogida en “Ella in Berlin”.

A principios de los años setenta empezó a tener problemas de visión que fueron complicándose progresivamente pero ello no impidió que siguiera actuando, aunque no con la frecuencia de antes, en los mejores festivales de jazz del mundo, acompañada de diversas formaciones.

Ella ha sabido como nadie hermanar en su repertorio piezas intrínsecamente jazzísticas con temas populares a los que ha dado  una nueva dimensión, resaltado valores de la composición que en la voz de otros intérpretes habían pasado desapercibidos. No faltó en los sesenta algún tema de los Beatles como “Can’t buy me love”.

Ella Fitzgerald se halla en el centro de ese triunvirato que compone junto a  Billie Holiday y Sarah Vaughan. Las comparaciones siempre son odiosas -y en el campo de la música aún más- pero no queremos eludir la opinión generalizada que afirma que la Holiday es más cantante de jazz en estado puro y que la Vaughan posee una  técnica vocal más depurada…pero Ella, con su registro más limitado, no les va a la zaga en versatilidad, en sentido del swing, en intencionalidad al expresar los textos con una convicción embaucadora y en carisma. Todo ello se traduce en una inmensa capacidad para conectar con el público que es en definitiva lo que prima en el orden de prioridades de un artista.

Los “Songbook” de Ella

Cole Porter, Rodgers & Hart, Duke Ellington, Irving Berlin, George e Ira Gershwin, Harold Arlen, Jerome Kern, Johnny Mercer y Antonio Carlos Jobim son los nombres que sucesivamente han desfilado en esos discos homenaje que Ella grabó con el incipiente sello Verve, propiedad de Norman Granz, que tienen su origen en un álbum íntegramente dedicado a George Gershwin que Ella grabó en 1950 en colaboración con el pianista Ellis Larkins.

De entre todos los discos monográficos que hemos comentado sin duda el que tuvo mayor repercusión fue “Ella Fitzgerald sings the Duke Ellington songbook” que además generó una estrecha colaboración entre el autor y su intérprete. Tanto el álbum como la presentación que de él se hizo en el Carnegie hall de Nueva York se saldaron con éxitos impresionantes. El tándem Ella-Ellington se repetiría en 1965 (“Ella at Duke’s place”) con un eco similar.

Estos discos de la serie “songbook” son valorados, además de por sus cualidades artísticas que lógicamente son desiguales entre un disco y otro, por su valiosa aportación al conocimiento de la obra de los grandes compositores de la música popular americana. Pero al margen de valoraciones antológicas y didácticas, son un compendio excepcional donde la interpretación está siempre a la altura del repertorio.

 ©Antonio Subirana

 

 

 

Los 90 años de Juliette Gréco

Publicado el febrero 10, 2017

La artista ha cumplido 90 años esta semana y con tal motivo recupero una entrada que escribí en 1995 para una enciclopedia de las grandes voces del siglo xx

Toni Subirana con Juliette Gréco

Toni Subirana con Juliette Gréco

 

imagesJulliette Gréco, nacida el 7 de febrero de 1927, representa la viva imagen del existencialismo. Sus cabellos largos, su negra y ceñida vestimenta, su delgadez, su palidez…han hecho llegar al mundo la idea del existencialismo aunque su “look” era tan contundente que el gran público se quedó con la forma y no con el fondo de la filosofía que representaba, algo que suele pasar a menudo en nuestra sociedad…los símbolos son más asequibles que la idea que venden, y la gente los adopta, por mimetismo, sin preocuparse de averiguar que hay detrás de ellos.

Su carga simbólica dentro del existencialismo no es gratuíta ya que su repertorio está firmado por lo más granado de la intelectualidad francesa del momento (Une fourmi de dix-huit mètres, de Desnos; La rue des blancs-manteaux, de Sartre, Si tu t’imagines, de Queneau; o la eterna Les feuilles mortes, de Prévert, las dos últimas con música de Joseph Kosma). Si tu t’imagines (Si te imaginas), está considerada la primera canción existencialista, pertenece al libro de poemas de Queneau L’Instant fatal, de 1948, y supuso una ruptura con el modelo de canción conocido hasta entonces, por eso fue recibida con polémica por parte del público adulto que quedó sorprendido y a veces escandalizado por el tema y por la interpretación. Pero también llegó como un sopló de aire fresco a aquella juventud intelectual que se arremolinó en torno a ella demandando más de “aquello”, lo que facilitó el rápido ascenso de artistas recién llegados. En cuanto a Les feuilles mortes (Las hojas muertas), Gréco fue la primera en interpretarla aunque se debe a Yves Montand su trascendencia internacional.

images (2)Si la comentada Si tu t’imagines supuso su bautizo artístico, la consagración le llegó con Je hais les dimanches (Odio los domingos) con la que enimages (1) 1952 obtuvo el “Gran Premio del disco”, importante galardón que otorga la S.A.C.E.M., la sociedad de autores francesa. Este éxito supuso también la valoración, por primera vez, de su autor, Charles Aznavour. Este le había propuesto la canción a Édith Piaf y esta  la había despreciado. Con el tiempo Juliette Gréco fue incorporando a su repertorio lo mejor de los mejores (Il n´y a plus d’après, de Guy Béart ; La Javanaise, de Serge Gainsbourg ; Jolie môme, de Léo Ferré…) y estableciéndose como una gran señora de la “chanson” con todas las virtudes y, por qué no decirlo, con todos los tics de la canción francesa en lo que a interpretación y puesta en escena se refiere: perfecta y sosegada dicción, sobriedad en el vestuario, gesticulación precisa y teatral…todo un ejemplo, en fin, de sofisticación.

Juliette Gréco también tuvo una activa presencia en el cine (Orfeo, obra surrealista de Jean Cocteau, en 1950 ; Las raíces del cielo, en 1958, de John Huston y junto a Erroll Flynn ; Elena y los hombres, en 1956, etc).

Antonio Subirana

25 años sin Yves Montand

Publicado el noviembre 09, 2016

Hoy, 9 de noviembre, se cumplen veinticinco años de la muerte de Yves Montand, a modo de homenaje reproduzco este perfil biográfico que publiqué hace unos años en una enciclopedia de “Grandes Voces” del siglo XX

5images-3YVES  MONTAND

Nació el 13 de octubre de 1921 y tenía ascendencia italiana. Sus méritos artísticos se circunscriben al terreno de la interpretación, ya sea como cantante o como actor.

Se crió en Marsella en el seno de una familia muy pobre y antes de pisar las tablas trabajó desde los trece años en innumerables oficios (empleado en una fábrica de galletas, peluquero, descargador del muelle, obrero de la metalurgia…). Empezó cantando las canciones de sus admirados Charles Trenet y Maurice Chevalier e imitando las piruetas de Fred Astaire. Se dio a conocer con el tema “Dans les plains du far west” que cantaba vestido de cow-boy en los cabarets de Marsella, ese número le proporcionó mucho éxito ya que en Francia durante el tiempo de la ocupación no se podían exhibir películas del oeste.

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Su carrera empezó realmente cuando en febrero de 1944 marchó a París donde recaló en la sala ABC. Pasó más tarde al Moulin Rouge donde haría

Yves Montand con Édith Piaf

Yves Montand con Édith Piaf

de telonero de Édith Piaf. Esta le dió el empujón que necesitaba, no sin antes enfrentarse a él y a su vanidad, advirtiéndole de que estaba obligado a desligarse de la influencia norteamericana si quería hacer algo con la suficiente enjundia como para  ser  valorado pasado el tiempo de la ocupación.

Con Piaf vivió un idilio que “la môme” cortó por lo sano cuando se percató de que en sus shows, Montand le empezaba a robar protagonismo. Piaf no era de las que dan segundas oportunidades y lo cambió por Jean-Claude Jaubert, uno de Les Compagnons de la Chanson. Lo cierto es que Montand fue un buen alumno y la Piaf no soportaba que alguien le hiciera la más mínima sombra, aunque fuese un hombre. Montand obtuvo pronto sus primeros éxitos  con canciones del tándem Guingo y Gasté (“Luna Park” y “Battling Joe”) .

A principios de los cincuenta el teatro de L’Étoile fue el escenario de sus grandes triunfos. Montand era ante todo un buen actor-cantante que tenía gancho en el escenario y traspasaba las bambalinas, su cualidades vocales no eran nada del otro mundo pero con su tono grave y envolvente sabía “decir” los textos seduciendo al oyente implacablemente. Además sabía sacar partido de las canciones, si bien –todo hay que decirlo— no le faltó buena materia prima: Francis Lemarque compuso para él grandes temas (“Les routiers”, “A Paris”, “Quand un soldat”, “Mathilda”) ; también el tándem Prévert / Kosma le aprovisionó de buen material (“En sortant de l’ecole”, “Les enfants qui s’aiment”, “Barbara” y,  por encima de todas,  “Les feuilles mortes” ).

4images-2“Les feuilles mortes” (“Las hojas muertas”) es sin duda su canción fetiche. La letra es de Jaques Prévert y la música de Joseph Cosma. Parece ser que la música está inspirada en una melodía de un paso a dos del ballet “Le Rendez-vous” (1945) sobre un libreto de Prévert y puesta en escena por la compañía de Roland Petit. Al año siguiente, el director Marcel Carné llevó ese ballet al cine (“Portes de la nuit”) y la canción, que en un principio estaba destinada a Marlene Dietrich, quedó fuera de la banda sonora siendo “Les enfants qui s’aiment”, interpretada por Fabien Loris, el tema de la película que con el tiempo  Montand  incorporaría también a su repertorio. Los autores, tras varios intentos vanos de sacar adelante “Les feuilles mortes” en la voz de otros intérpretes –Juliette Gréco incluída—, encontraron en Yves Montand el intérprete perfecto. Él la convirtió en “su” canción y la dio a conocer en todo el mundo como ejemplo de la quintaesencia de la música francesa. Existen innumerables versiones entre las que cabe destacar la de Frank Sinatra (“Autumn leaves”).

1-descargaMontand es de esos artistas en los que la persona y el personaje siempre van unidos. Políticamente se definía como un hombre de izquierdas,

durante mucho tiempo estuvo afiliado al partido comunista con el que acabó rompiendo sus relaciones y en los últimos tiempos tomó parte activa

Yves Montand con Marilyn Monroe

Yves Montand con Marilyn Monroe

en la política de su país. Su vida privada siempre ha despertado interés, casado con Simone Signoret, fue sonado su romance con Marilyn Monroe surgido a raiz de la película musical “Le Milliardaire”, de Georges Cuckor. Paralelamente a su carrera musical desarrolló una carrera cinematográfica internacional con una primera etapa con títulos como la comentada “Les portes de la nuit”, en 1946, de Marcel Carné y con guión de Prévert  o “Le salaire de la peur”(“El salario del miedo”), en 1952 de Henry-Geoges Clouzot . La segunda etapa está representada por películas de Claude Sautet como “Garçon” y “César et Rosalie” y de Costa -Gavras (“Z”).

Los últimos tiempos hasta su muerte, acaecida en 1991, los dedicó más a la vida política que a los asuntos del espéctaculo…probablemente ya estaba saturado de ser un clásico.

©Antonio Subirana

Chuck Berry cumple 90 años

Publicado el octubre 18, 2016

primera

Un 18 de octubre de hace noventa años venía al mundo uno de los padres del rock & roll. A modo de homenaje reproduzco el texto que escribí en el año 1995 para una enciclopedia de la música popular editada en Portugal.

CHUCK BERRY

LEYENDA VIVA DEL ROCK & ROLL

Chuck Berry fue el primer artista negro en salir del gueto del rhythm & blues y entrar de lleno en el ámbito del rock & roll conquistando a miles de adolescentes  con su estilo rompedor. En muy poco tiempo creó algunas de las piezas más emblemáticas del rock and roll y hoy es el superviviente más legendario de aquellos gloriosos años en los que abría los ojos el movimiento musical más popular del siglo.

Un chico con problemas

Charles Edward Anderson Berry -este es su nombre completo-, nació en San José, California, el 18 de octubre de 1926, aunque sobre estos datos circulan diferentes versiones que Berry, siempre reacio a hablar de su vida, nunca ha querido corregir. Hay biógrafos que sitúan su nacimiento en St. Louis, Missouri, donde todos coinciden en señalar que pasó su infancia. Allí empezó a tomar contacto con la música, a los seis años de edad, como integrante del coro de la iglesia baptista de su barrio. Su padre se ganaba bastante bien la vida con su oficio de carpintero, pero tenía que hacer muchas horas extra para poder sacar adelante a sus seis hijos.

Los graves enfrentamientos raciales que se vivieron en St. Louis a principios de siglo, dejaron una estela de odio entre la comunidad blanca y la negra y los que pertenecían a esta última quedaron relegados a los guetos oscuros sin posibilidad de proyectarse en el mundo social y laboral. En uno de ellos, el de Elleardsville, pasó Chuck sus primeros años de vida. Aunque ya hemos dicho que en su familia no había graves problemas económicos, la vida de los jóvenes de aquellos barrios no tenía muchos alicientes, la delincuencia era una práctica habitual y Chuck no fue la excepción. Un mal día, la policía le sorprendió robando un coche a mano armada y, a raíz de ese suceso, fue internado en un reformatorio donde pasó gran parte de su adolescencia.

 Peluquero de día y músico de noche

Cuando al fin pudo salir del centro logró reinsertarse en el mundo laboral como empleado en una cadena de montaje de una fábrica de coches. Más tarde siguió un curso nocturno de peluquería y cuando obtuvo el diploma montó un establecimiento propio. Con sus primeras ganancias compró una guitarra y empezó a aprender por cuenta propia. En poco tiempo llegó a dominar el instrumento y pensó que por ese camino podría conseguir el ascenso social que tanto ansiaba. Al finalizar su jornada laboral acudía a los clubes nocturnos donde se reunía para tocar con otros músicos que compartían sus inquietudes. Con dos de ellos, el pianista Johnnie Johnson y el baterista Ebby Harding, formó un trío con el que llegó a realizar muchas actuaciones, consiguiendo notables éxitos en el “Cosmopolitan Club”, de St.Louis. En aquellas sesiones interpretaban números ajenos, desde temas country de Hank Williams a  baladas de Nat King Cole, pasando por los blues de T. Bone Walker o B.B. King. Sin embargo, Berry estaba convencido de que la única manera de salir a la superficie era convencer a la población blanca que era la que tenía el poder económico. Su obsesión era encontrar la fórmula mágica que fusionara el country blanco con el rhythm & blues negro, que  era calificado despreciativamente como “race music”. Cuando dio con esa sonoridad propia, decidió que había llegado el momento de intentar cruzar la frontera que separaba los dos mundos  y en 1955 marchó a Chicago dejando en St. Louis a su mujer y a sus dos hijos de corta edad.

segunda

 Muddy Waters le dio su primera oportunidad

En cuanto Chuck llegó a Chicago, fue a encontrarse con  Muddy Waters y le pidió que le dejara compartir un tema con él durante una actuación. Waters accedió generosamente y quedó tan satisfecho con el resultado que, sin perder tiempo, le puso en contacto con el dueño del sello Chess.  Chuck acudió a la discográfica con una maqueta en la que figuraba el tema “Ida Mae” que convenció inmediatamente a Leonard Chess, el dueño de la editora.  Tras efectuar algunas modificaciones en la partitura original, el tema salió al mercado con el título de “Maybelline”, en 1955. Chess llamó entonces al disc-jockey Alan Freed pidiéndole que dedicara especial atención a aquel nuevo lanzamiento. Freed vio las posibilidades de éxito del tema y, tras reclamar una participación en los derechos de autor, lo promocionó con insistencia en su emisora y en sus shows cara al público. En poco tiempo logró hacerse popular entre los jóvenes blancos y escalar hasta el número cinco de las listas de éxitos generales y al número uno de las listas de rhythm and blues, consiguiendo vender un millón de ejemplares. Berry no era ningún quinceañero entonces, estaba a punto de cumplir los treinta años, pero logró seducir a los teenagers con su carga de rebeldía y sus letras incisivas con las que los adolescentes podían identificarse. Además, suplía con evidentes referencias sexuales la carencia de un atractivo físico, aspecto en el que no podía competir con figuras como Elvis Presley. Pero ante todo estaba aquella novedosa mezcla musical, compuesta principalmente con ingredientes del blues y del country.

 El gran creador del rock & roll

 “Maybellene”, marcaba la línea de estilo que se repetiría en casi todos sus éxitos sucesivos. La pieza se abría con unos acordes de guitarra y, tras un par de estrofas, daba paso a un solo de fácil asimilación en la parte central.  Fue el primer eslabón de una cadena de éxitos entre los que se encuentran piezas antológicas del primer rock & roll como “Too much monkey business” y “Roll over Beethoven, ambas de 1956; “School days” -uno de los pocos títulos que no llevan su firma-, y “Rock & roll music”, de 1957; “Sweet little sixteen” -que llegó al número dos de las listas de éxitos-, “Johnny B. Goode” y “Carol”, de 1958; “Back in the U.S.A. y “Let it rock”, de 1959; y “Bye, bye Johnny”, de 1960.

El éxito discográfico de Berry tuvo su prolongación en el cine, apareciendo en varias películas como “Rock, rock, rock” (1957) y “Go Johny go” (1959). También intervino en “Jazz on a summer day” (1958), película documental sobre el Festival de jazz de Newport, donde interpretaba “Sweeet little sixteen” y en la que hizo famoso su célebre “Duck walk” (paso del pato). Él mismo desveló años después como se le ocurrió hacer ese número: “Al abrir la maleta observé que mi traje de rayón había quedado completamente arrugado durante el viaje, tenía que salir a actuar y no había tiempo para plancharlo así que me inventé ese número para disimular las arrugas”. El recurso tuvo éxito y luego creó otros pasos de baile con nombre de animales que le valieron  el apodo de “crazy legs” (piernas locas”).

 Los años de presidio

En 1959 su carrera cayó en picado tras conocerse su detención, acusado de hacer proposiciones deshonestas a una menor. Se trataba de una chica india a la que había conocido en  Juárez (Méjico) y a la que convenció para llevarla a trabajar al club que había montado en St. Louis. Al parecer fue la propia muchacha quien, como venganza por haber sido despedida del local, denunció que era menor y que Berry le había introducido en el mundo de la prostitución. Por lo visto el hecho de que la chica -aunque india- fuera blanca y él negro, fue decisivo a la hora de determinar la culpabilidad.  Él insistía en su inocencia, alegando que simplemente habían viajado en el mismo automóvil, pero en ese momento estaba en vigencia la “Ley Mann” que prohibía el traslado de menores de un estado a otro y, tras dos años de pleitos, Berry fue encarcelado en 1962.

Durante ese tiempo la casa Chess editó algunas grabaciones que guardaba en la recámara como “Worried life blues”, “Route 66”, “Memphis Tennessee”, “Go, go, go”, etc.

 La segunda oportunidad

Cuando recuperó la libertad, en 1964, su familia le había vuelto la espalda, el club había pasado a otras manos ante la imposibilidad de que Berry setercera hiciera cargo  de él y el rock & roll, como género, había perdido su empuje inicial, envejeciendo rápidamente ante la nueva corriente beat.  No obstante, los nuevos grupos le habían homenajeado interpretando éxitos suyos. Así los Beatles incluyeron “Roll over Beethoven” en su disco “With the Beatles” y más tarde también grabarían una versión de “Rock and roll music”. Los Rolling Stones hicieron lo propio dándose a conocer, en 1963, con el tema “Come on” y luego hicieron versiones de algunos títulos más.

Berry, por su parte, logró recuperar el espacio perdido en las listas de éxitos con temas como “No particular place to go”, “Nadine” y “You never can tell”, todos ellos aparecidos en 1964, con los que obtuvo una calurosa acogida en Inglaterra, donde realizó una exitosa gira en compañía de Carl Perkins.

A su regreso de Gran Bretaña firmó un contrato con la discográfica Mercury que no aportó mucho material relevante, aunque sí le proporcionó una fuerte suma de dinero que invirtió en un pequeño parque de atracciones situado Wentzwille.

En 1969 volvió a Chess reverdeciendo laureles con un álbum de significativo título: “Back home” (“Vuelta a casa”) al que sucedió “San Francisco dues”. En 1972 llegó  por primera vez al número uno -en Estados Unidos e Inglaterra- con el tema “My ding a ling”, ni en sus tiempos de mayor gloria había alcanzado tan alta posición en las listas.  Ese mismo año obtuvo un nuevo impacto con “Reelin’ and rockin’” que fue determinante para que su discográfica  rescatara del archivo sus viejos temas de los cincuenta y volviera a ponerlos en circulación.

A partir de ese momento su carrera discográfica quedó relegada a un segundo plano, aunque siguió produciendo álbumes como “Bio” o “Rock it”. Pero Berry pertenece a la era del single y sus L.P.’s nunca tuvieron aceptación como obras con peso específico. En cambio los múltiples álbumes recopilatorios que se han editado de sus singles de éxito han gozado de una favorable acogida.

En los noventa aún sigue protagonizando giras internacionales en las que suele actuar con bandas del propio país que visita. A estos conciertos, en los que sigue cantando -ya septuagenario- a los amores adolescentes, acuden los nostálgicos acompañados de sus hijos –y  a veces nietos— con la veneración que se siente al ir a ver un mito viviente…y superviviente.

Un innovador de la guitarra

 Chuck Berry fue el mejor guitarrista de todos los pioneros del rock & roll. Creó un estilo que, si bien acusaba la influencia de guitarristas como T. Bone Walker, B.B. King o Charlie Christian, era totalmente innovador.

Su primera formación fue autodidacta hasta que conoció a Joe Sherman, este  le regaló una guitarra eléctrica “Kay” y le enseñó las particularidades de ese instrumento.

El sonido de Berry sorprendía por su amplitud, lo conseguía utilizando una guitarra Gibson de caja hueca, más propia del jazz que del rock & roll.

Keith Richards, uno de sus más fieles seguidores, afirmó refiriéndose a su estilo guitarrístico: “lo que más nos impresionaba  de Berry era su facilidad para saltarse la parte rítmica, ejecutar un “riff” perfecto, y volver a la parte rítmica”.

©Antonio Subirana