En la muerte de Aretha Franklin

Publicado el agosto 17, 2018

El 16 de agosto falleció Aretha Franklin. A modo de homenaje transcribo una breve biografía que escribí en 1995 para una colección dicográfica de grandes voces del siglo XX publicada en Portugal

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ARETHA FRANKLIN 

 Ninguna otra voz femenina supo aprovechar de forma tan magistral todo el bagaje del gospel para ponerlo al servicio del soul. Dotada de una voz excepcional  y de gran expresividad hace honor al sobrenombre por el que se la conoce, “Lady Soul”.

 

Estaba cantado que sería cantante

Aretha Franklin nació en Memphis (Tennesee), el 25 de marzo de 1942, aunque su infancia transcurrió en Detroit.

Podemos decir que Aretha vino al mundo con un micrófono bajo el brazo. Empezó cantando con sus  cuatro hermanos –dos de ellas, Erma y Carolyn, también serían  artistas de soul—, en el coro de la iglesia donde oficiaba su padre, un conocido predicador  de la iglesia baptista que había grabado gran cantidad de discos –hablados y cantados— de signo religioso. La madre de Aretha abandonó el hogar familiar cuando esta era muy pequeña y poco tiempo después murió prematura y trágicamente. El reverendo Cecil L. Franklin se llevaba a sus hijas de gira en unos fatigosos viajes a bordo de la “Gospel Caravan”, Aretha ya tenía entonces el papel de solista. Sus antecedentes musicales no se limitan a su círculo familiar más directo, a destacar que Clara Ward –reputada cantante de gospel— era tía carnal suya y Mahalia Jackson  amiga de la família. Por cierto, cuando esta murió,en 1972, Aretha le dedicó en su entierro el emotivo “Precious Lord” con que Mahalia despidiera a su vez a Martin Luther King.

Realizó sus primeras grabaciones, de carácter estrictamente religioso, para un modesto sello de Detroit (J.V.P.).  Sam Cooke –que también se dejaba ver a menudo por casa del Reverendo– le invitó a  probar con la musica profana, aún a costa de no ser comprendida por los suyos. De Cooke grabaría más tarde uno de sus últimos éxitos, “A change is gonna come”.

 

Despegue desorientado

 A los dieciocho años su carrera empezó a despegar. Un reputado ejecutivo de la Columbia, John Hammond, oyó unas maquetas de Aretha que le había proporcionado el contrabajista Major Holley y quedó impresionado por su voz, la mejor  que había oído desde Billy Holiday, aseguró. Esta frase, pronunciada como un elogio, revelaba sin embargo lo desencaminado que andaba el directivo respecto al camino a seguir en la carrera de Aretha. Los primeros álbumes que grabó no tenían un sello muy determinado y discurrían en una amalgama de diversas influencias –principalmente de Dinah Washinton— y estilos: rhytm & blues y jazz prioritariamente, pero también standarts; a pesar de la falta de concreción, o quizá gracias a ella, se adivinaba un talento portentoso, no sólo como cantante sino también como pianista, faceta esta más desconocida del gran público. El primer single data de 1960 (“Today I sing the blues”)  y su primer álbum no vio la luz hasta 1964 (“Songs of faith”),no faltaron en esta etapa algunos temas que alcanzaron cierta repercusión como “Running out of fools”(1964).web IMG_20180817_183656

“Vuelo alto”

Sus excelentes dotes se pondrían definitivamente de manifiesto en 1967 cuando  su marido, Ted White, que se encargaba de llevarle los asuntos profesionales, sin unas directrices tempoco muy concretas, le consiguió un contrato con la discográfica Atlantic. Ahí supieron captar el valor potencial  de Aretha. “I never loved a man (The man I love you)” fue su espléndido álbum de debut, producido por Jerry Wexler.  Además de la canción que daba título a la obra había temas tan conseguidos como “Respect”, de Otis Reding, –número uno en Estados Unidos—, ”You make me feel like (A natural woman)”, de Carole King y “Baby I love you”.  1968 se abriría con el éxito de “Chain of fools” y al poco tiempo llegaría su tercer larga duración, “Lady Soul”, –apodo por el que  ya se le conocía popularmente— que le valió un premio Grammy ; en ese disco también aparecía la guitarra de Eric Clapton ejecutando un solo excelente en el tema “Good to me as I am to you”. Ese mismo año realizó su primera gira por Europa que quedó plasmada en su álbum “Aretha in Paris” –grabado en el Olympia—, y dos temas sque erían un auténtico bombazo, “Think” y  “I say little prayer”, su tema más popularizado en España.

Aterrizaje forzoso

 La década se cerró con dos discos más “Soul 69” y “This girl’s in love with you” en la que intentó descafeinar el soul con unos resultados poco halagüeños. Esta pequeña frustración profesional coincidió con otra de índole personal, la ruptura  de su matrimonio que la mantuvo apartada de la actualidad.

En los setenta intentó remontar su carrera con unos discos de indudable valor entre los que destaca “Aretha alive at The Filmore West” una nueva grabación en vivo.

En 1972, Aretha dió un salto retrospectivo a sus orígenes -el gospel-,con un disco doble grabado en vivo en una iglesia baptista de Los Ángeles y acompañada por el reverendo James Cleveland (“Amazing grace”). Ese mismo año ofreció un concierto memorable a dúo con Ray Charles y al año siguiente nueva colaboración especial, esta vez al lado de Stevie Wonder.

A lo largo de la década de los setenta su carrera se mantuvo sin demasiadas estridencias cultivando el campo del soul con álbumes brillantes -producidos por nombres tan importantes como Quincy Jones o Curtis Mayfield- pero que no lograron situarle en primera línea de la actualidad discográfica. Su último éxito de esta época fue “Until you come back to me ( That’s what I’m gonna do)”, de 1974.

Vuelo libre

Con su paso a la editora Arista, en 1980,su carrera se relanzó superando en éxito comercial a suweb brillante primera etapa. Sus nuevos álbumes (“Aretha” y “Love all the hurt away”) volvían a tener la autenticidad que se le requería con temas clásicos del soul como “I can’t turn you loose”, de Otis Reeding ; o “Hold on,I’m coming” de Sam & Dave pero también se aventuró por sendas más poperas con buenos resultados como “Freeway of love”,”Get it right” y “Who’s zoomin’ who”, a la aceptación general por parte del público más joven contribuyeron sus grabaciones a dúo con estrellas pop como George Benson (“Love all the hurt away”,en 1981) ; Annie Lennonx, de Eurythmics (“Sisters are doing it for themselves”,1985); Keith Richards (“Jumpin’ jack flash”,en 1986) ; George Michael (“I Knew you were waiting”,en 1987). Este último llegó al número uno de las listas de éxitos británicas y estadounidenses. Tal como hiciera en 1972 con “Amazing grace”, en 1987 volvió a sus orígenes en el gospel con el doble álbum “One lord,one faith,one baptism”

En el campo cinematográfico Aretha hizo una coyuntural incursión en 1980, con la película musical “Granujas a todo ritmo” ,en la que interpretaba la canción “Think”.

El reconocimiento del que goza Aretha Franklin en la actualidad es total, prueba de ello es el concierto que ofreció el 21 de junio de 1994 en la Casa Blanca ante el presidente Clinton y un selecto grupo de invitados.

©Antonio Subirana

 

En la muerte de María Dolores Pradera

Publicado el mayo 30, 2018

El 29 de mayo de 2018 falleció la gran intérprete María Dolores Pradera. Tuve la suerte de conocerla, de mostrarle mi admiración y de confiarle que su Amarraditos lo llevaba siempre prendido en el ojal desde que lo escogiera para cantarlo en uno de los momentos más importantes de mi vida. A modo de homenaje transcribo aquí una pequeña biografía que publiqué hace unos años en una colección dedicada a los grandes intérpretes de la canción

SAM_0750               María Dolores Pradera,

                  señora de la canción

 Es la gran señora de la canción, lleva cinco décadas paseando por el mundo su repertorio, tan inmarchitable como esos jazmines  que nos invita a  prender del ojal cada vez que la escuchamos cantar el vetusto y entrañable Amarraditos.

Los años cincuenta representaron la revelación de María Dolores Pradera como cantante. Hasta mediados de esa década había desarrollado una interesante carrera como actriz -de teatro principalmente- pero la canción acabó por absorberle totalmente.

María Dolores Fernández Pradera -que así es su nombre completo- nació en Madrid el 29 de agosto de 1925 en el seno de una familia acomodada.

Desde muy pequeña sintió la vocación artística, en cuanto podía se disfrazaba de lo que fuera para interpretar papeles dramáticos en las celebraciones familiares.

Cuando era aún una adolescente su padre falleció y la familia tuvo que apretarse el cinturón. Nunca había destacado como una buena estudianteimages así que se decidió que la niña aprendiera un oficio que le pudiera deparar en el futuro un cierto desahogo económico. Así la joven María Dolores empezó a recibir clases de corte y confección al tiempo que estudiaba piano, instrumento que siempre favorecía a una chica de buenas maneras como era ella.

A pesar de sus inquietudes artísticas no encontró en las teclas bicolor su modo adecuado de expresión. Ella se sentía más actriz y empezó a frecuentar los estudios de cine donde poco a poco le fueron dando pequeños papeles hasta rodar una serie de películas que por su irrelevancia y por escaparse de nuestro terreno no nos detendremos a enumerar .

De esta etapa, en el plano personal, es destacable su matrimonio con el gran actor Fernando Fernán Gómez con quien  mantuvo una relación que duro diez años hasta que decidieron separarse amistosamente. Al respecto María Dolores Pradera ha afirmado en algunas ocasiones, con  mordaz sentido del humor, que se siente “viuda de vivo”. De esa unión nacieron dos hijos, Fernando y Elena, que le han colmado de satisfacciones.

Si en el cine no logró sobresalir, en el teatro realizó trabajos muy dignos, principalmente del repertorio clásico.

Durante sus años de infancia y de adolescencia tuvo la oportunidad de viajar en varias ocasiones a Sudamérica donde se familiarizó con la música folclórica de aquellos países, que sería la base de su repertorio como cantante, sin excluir un amplio muestrario que abarca formas musicales de todas las regiones de la Península. De esta forma, a través de su producción -como ella misma ha afirmado en alguna ocasión-, podemos cerciorarnos de las similitudes que existen entre la música que se hace y se escucha a un lado y otro del “charco”.

Su debut en el mundo de la canción se produjo en una sala de fiestas de Madrid llamada “Alazán” y el éxito obtenido superó las previsiones más optimistas. No obstante siguió compaginando su actividad de cantante con la de actriz, que no abandonaría definitivamente hasta 1967 año en que se despidió con unas soberbias representaciones  de Mariana Pineda, de García Lorca. Sólo regresaría una vez al teatro, fue en 1975 con la obra Cándida.

El éxito de la Pradera está asentado en unos pilares muy sólidos y todos primordiales:

Su presencia escénica ya marca la diferencia, a pesar de ser actriz -o quizá por ello- dosifica sus ademanes y nunca cae en la sobreactuación, su sobriedad en el vestir es vista por el público adulto como una señal inequívoca de elegancia. Sólo se permite algunos juegos escénicos, tales como la utilización de ponchos y otros aditamentos indumentarios, como una forma de ilustrar su repertorio en consonancia con la procedencia de la canción a interpretar.

descargaEsta sobriedad se extiende al campo de la interpretación y de la instrumentación. No es cantante de alardes vocales, es consciente de sus limitaciones vocales que compensa con una perfecta dicción, un saber decir y un gusto exquisito. El acompañamiento instrumental posee un sello inconfundible, conciso y brillante a la vez, que le han conferido los populares Gemelos que también han acompañado a Nati Mistral. Los Gemelos merecerían una mención especial aunque no hubieran sido acompañantes de la Pradera.  Formaban este dúo los hermanos López Hernández, Julián y Santiago, a la guitarra y al requinto respectivamente. Nunca se dedicaron totalmente a la música, ambos tenían otras ocupaciones laborales lo cual no contradice que fueran unos profesionales de primer orden en el campo de la música. Santiago falleció en 1993 dejando tras de sí una labor inmensa en el campo de la música para orquesta de pulso y púa. El segundo ha seguido acompañando a María Dolores al lado de Juan Delgado “Chava” que se ha esforzado en llenar el hueco dejado por Santi. Los Gemelos han sido durante años el único acompañamiento instrumental de María Dolores Pradera aunque en los últimos tiempos el grupo se ha visto reforzado con la incorporación de Pepe Ébano  a la percusión y de José María Panizo al contrabajo.

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El tercer pilar fundamental en la carrera de María Dolores Pradera es el repertorio.

Ella nos ha introducido en la música sudamericana con una rigurosa selección que, aunque obedece a su exquisita sensibilidad, no se haya exenta de valor didáctico. Gracias a su labor nos han llegado las composiciones de Chabuca Granda. De todas, la más celebrada ha sido La flor de la canela, sin lugar a dudas la canción  más representativa de María Dolores Pradera, presente siempre en todos sus recitales.

Su amplísimo repertorio se haya repartido en más de treinta discos de larga duración algunos de ellos grabados en vivo, destaquemos sólo algunosimages (2) títulos: Fina estampa, también de Chabuca Granda; Amanecí en tus brazos,de José Alfredo Jiménez; Guitarras, lloren guitarras, de Cuco Sánchez; Caballo prieto azabache, Caballo viejo, La hija de Don Juan Alba, Negra María, Volver, volver, Que te vaya bonito,  El tiempo que te quede libre, El rosario de mi madre… De entre todas las canciones que ha interpretado la que más simpatías populares se ha granjeado es Amarraditos. Los  versos redondos de esta pieza, sintetizan a la perfección el espíritu que preside la audición de un disco o de un recital de María Dolores Pradera.  “…No se estila, ya sé que no se estila / que te pongas para cenar /jazmines en el ojal /…Desde luego parece un juego / pero no hay nada mejor / que ser un señor de aquellos / que vieron mis abuelos”.

En los últimos tiempos ha adoptado obras de cantautores contemporáneos como es el caso del escritor Manuel Vázquez Montalbán que en colaboración con el músico mallorquín Antoni Parrera Fons le compusieron el tema Tú tenías veinte años. También incorporó a su repertorio algunas canciones de Carlos Cano como Las habaneras de Cádiz -cuya letra surgió de la pluma de Antonio Burgos- y  María la portuguesa. El último disco hasta la fecha data de 1994 y  bajo el título de Toda una vida recoge lo más granado de su repertorio con el interés añadido de las voces de Josep Carreras, Alberto Cortez y Los Sabandeños, con los que canta a dúo algunos temas.

 ©Antonio Subirana

Adiós a Fats Domino

Publicado el noviembre 06, 2017

El pasado 24 de octubre falleció Fats Domino, incustionable pionero del rock & roll, rescato por ello esta breve semblanza del artista que publiqué hace unos años en una colección de música popular

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 Fats Domino se puede considerar un precursor porque, aunque su estilo era el rhytm & blues, lo cierto es que, sin él saberlo, en los años cuarenta ya tocaba rock & roll. Nació el 26 de febrero de 1928 en el seno de una familia numerosa de Nueva Orleans.

 Empezó a tocar en un club nocturno con la banda de Billy Diamond donde trabó amistad  con el director de la orquesta, un trompetista llamado Dave Bartholomew que le abriría las puerta del negocio musical. Fue también en ese local donde le pusieron el mote “Fat” (gordo) por su oronda presencia. Este apodo llegó a dar nombre a su primer éxito en los albores de la década de los cincuenta, The fat Man (El gordo).

 Debido a la discriminación racial, tuvo un difícil acceso al público blanco que se nutría de la música negra pero adescarga (1) través de los “cover”,  versiones edulcoradas y desprovistas de agresividad que hacían cantantes blancos de los éxitos negros  originales. Pero hete aquí que esta, llamémosle injusticia, en principio en su contra se alió a su favor ya que fue a través de un especialista en interpretaciones espurias, Pat Boone, uno de esos chicos aseados y encantadores, promocionados entre público femenino, que una canción suya, Ain´t that a shame, se hizo enormemente popular atrayendo la atención del público blanco hacia su compositor, al que le pedían la primitiva versión. De esta forma en 1955 se colocaría en los primeros puestos de las listas de éxitos de todo el país. A partir de este despegue sus triunfos musicales se prodigaron (Blueberry hill, Walking to New Orleans, I’m in love again, Blue Monday, I’m ready).

En su técnica de acompañarse al piano,fruto de su experiencia tocando bogie en locales del Sur y en su suave tono de voz, radica su carismática personalidad. Aunque el mayor interés de su carrera se concentra en los años cincuenta, en las décadas siguientes consiguió buenos resultados con temas como Red sails in the sunset o la versión de Lady Madonna, de los Beatles, pero que desprovistos del clima innovador que presidía sus primeras creaciones sólo sirvieron para mantenerle en activo en un segundo plano.

©Antonio Subirana

En el centenario de Ella Fitzgerald

Publicado el julio 14, 2017

Este año 2017 se cumple el centenario de Ella Fitzgerald. Con tal motivo reproduzo aquí el texto biográfico que escribí para un libro dedicado a la grandes voces del siglo XX, publicado en 1995 en Portugal

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ELLA FITZGERALD 

 Tres, eran tres las voces femeninas más importantes del jazz vocal Billie Holiday, Sarah Vaughan y…Ella Fitzgerald.

La primera dama de la canción -así la llaman sus compatriotas- es sin duda la cantante de jazz hoy por hoy más popular. Esto se debe a su capacidad para enamorar a un público amplísimo, al tiempo que es venerada por los aficionados y los profesionales del jazz.

 

Un concurso fue su trampolín

Ella Jane Fitzgerald nació en Newport News (Virginia), el 25 de abril de 1917.

Vino al mundo en un ambiente pobre y marginal y pasó su infancia en  Yonkers, pequeña ciudad del extrarradio  de Nueva York. Su madre era lavandera y su padre murió cuando Ella era aún una niña.

Desde sus primeros años de vida mostró una fuerte inclinación artística pero aunque cantaba en la coral del colegio se decantaba más por el baile que por la música. Su formación fue autodidacta, no tuvo acceso a oir música de jazz y su único referente era una cantante blanca de segundo orden llamada Connie Boswell que fue vocalista, entre otras, de las orquestas de Tommy Dorsey y Bob Crosby

Ella Fitzgerald se dio a conocer en festivales para aficionados como los que se organizaban en el Harlem Opera House, donde fue descubierta por Benny Carter, este y John Hammond intentaron sin éxito que la joven cantante fuera integrada en la orquesta de Fletcher Henderson.

En plena adolescencia perdió también a su madre y se mudó a Harlem donde unos parientes le dieron cobijo temporalmente.

Tenía dieciséis años y se encontraba en una situación prácticamente de indigencia cuando se presentó a un concurso organizado por el teatro Apollo de Harlem resultando vencedora.  El baterista Chick Webb se apiadó de ella y la contrató para una actuación en Yale, convencido de sus cualidades decidió incorporarle a su orquesta que tenía su feudo en el “Savoy ballroom”.  Ese fue el primer peldaño de una carrera ascendente.

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Heredó la orquesta de Chick Webb

El repertorio que interpretaba en ese momento era bastante ligero y no hacía honor a sus excelentes cualidades vocales pero pronto se decantaría por piezas de jazz que entrañaran una cierta dificultad.

Con Webb tuvo Ella la oportunidad de grabar su primer disco en 1935, “Love and kisses” al que seguiría “Organ grinder swing”, en 1936, y “A-tisket A-tasket”, en 1938. Este tema, además de suponer un bombazo comercial, le granjeó el respaldo de la crítica especializada que se acostumbró a denominarla “Primera dama de la canción”, título que aún hoy ostenta.

Webb murió en 1939 y Ella, que desde su incorporación a la orquesta actuó como reclamo principal,se hizo cargo de la banda de Webb hasta que en 1942 decidió seguir su carrera en solitario.

El poderoso influjo del Be-bop

Nos encontramos a principios de la década de los cuarenta, el Be-bop había surgido con una fuerza inusitada y Ella con muy buen tino decidió sumarse a esta corriente, colaborando con boppers de la talla de Dizzy Gillespie con quien se unió en 1945 para hacer una gira por Estados Unidos.  Destacó como una buena intérprete de “scat”

-reconociendo en ese estilo la influencia de Leo Watson- pudiendo imitar el sonido de un amplio abanico de instrumentos, no sólo el del saxo -que suele ser el más recurrente- también otros más difíciles de emular con la voz como el contrabajo o la guitarra,así lo atestiguan las grabaciones de 1947 como “Lady be good”, “How high the moon” y sobre todo “Flying home”, la excelente pieza de Goodman y Hampton que en su voz se convirtió en todo un clásico.

Norman Granz,el cerebro

A finales de los cuarenta se casó con el contrabajista de la orquesta de Dizzy Gillespie, Ray Brown -de quien se divorciaría en 1955- y el productor Norman Granz la integraría en sus famosos espéctaculos titulados genéricamente “Jazz at the Philarmonic” que pretendían llevar el jazz a salas concebidas para la música clásica. Granz cuidó de que su estrella tuviera una proyección más amplia,abarcando incluso el mundo cinematográfico en el que Ella debutó en 1955 con la película “Pet Kelly’s blues”, de Jack Webb, en la que también participaba Carmen McRae. Cinco años más tarde interpretó un breve papel en “Let  no man write my epitaph”, de Philip Leacock, que fue aprovechado para editar un álbum a piano y voz con Paul Smith.

Granz tenía su propia firma discográfica y consiguió que Ella grabase para su escudería. Las primeras entregas, producto de esta entente, fueron una colección de discos monográficos dedicados a un autor americano consagrado.

Ella volvió a trabajar con formación de big-band,acompañada por la orquesta de  Count Basie, con el que realizó grabaciones memorables (Ella y Basie) y numerosos conciertos, ampliando el número de sus seguidores, principalmente en Japón. Y es que Ella tenía un público muy heterogéneo que no necesitaba ser entendido en jazz para emocionarse con su arte pero además -salvo unas pocas voces discrepantes que la acusaban principalmente de no saber abordar correctamente el blues- la crítica especializada coincidía con el gusto de ese gran público…y eso es algo harto infrecuente en este mundo en el que la calidad parece siempre reñida con el éxito comercial.

20170704_013746.jpgweb“First lady of song”

Ella se prodigó en directo con pequeñas formaciónes, haciéndose acompañar por  pianistas como Teddy Wilson,Lou  Levy,Tommy Flanagan y Oscar Peterson. También fue solista de grupos  como los Delta Rhytm boys y los Ink Spots.

En los años cincuenta grabó los populares dúos con Louis Armstrong -los conocidos como “Ella y Louis” (1y2) y la versión del musical “Porgy and Bess”- y  los discos “Ella sings sweet songs for swingers” y “Ella swins lightly” con la orquesta de Marty Paich, que como expresan los títulos se mueven en climas suaves e intimistas.

Los sesenta amanecieron con  su espléndida versión de “Mack the knife” recogida en “Ella in Berlin”.

A principios de los años setenta empezó a tener problemas de visión que fueron complicándose progresivamente pero ello no impidió que siguiera actuando, aunque no con la frecuencia de antes, en los mejores festivales de jazz del mundo, acompañada de diversas formaciones.

Ella ha sabido como nadie hermanar en su repertorio piezas intrínsecamente jazzísticas con temas populares a los que ha dado  una nueva dimensión, resaltado valores de la composición que en la voz de otros intérpretes habían pasado desapercibidos. No faltó en los sesenta algún tema de los Beatles como “Can’t buy me love”.

Ella Fitzgerald se halla en el centro de ese triunvirato que compone junto a  Billie Holiday y Sarah Vaughan. Las comparaciones siempre son odiosas -y en el campo de la música aún más- pero no queremos eludir la opinión generalizada que afirma que la Holiday es más cantante de jazz en estado puro y que la Vaughan posee una  técnica vocal más depurada…pero Ella, con su registro más limitado, no les va a la zaga en versatilidad, en sentido del swing, en intencionalidad al expresar los textos con una convicción embaucadora y en carisma. Todo ello se traduce en una inmensa capacidad para conectar con el público que es en definitiva lo que prima en el orden de prioridades de un artista.

Los “Songbook” de Ella

Cole Porter, Rodgers & Hart, Duke Ellington, Irving Berlin, George e Ira Gershwin, Harold Arlen, Jerome Kern, Johnny Mercer y Antonio Carlos Jobim son los nombres que sucesivamente han desfilado en esos discos homenaje que Ella grabó con el incipiente sello Verve, propiedad de Norman Granz, que tienen su origen en un álbum íntegramente dedicado a George Gershwin que Ella grabó en 1950 en colaboración con el pianista Ellis Larkins.

De entre todos los discos monográficos que hemos comentado sin duda el que tuvo mayor repercusión fue “Ella Fitzgerald sings the Duke Ellington songbook” que además generó una estrecha colaboración entre el autor y su intérprete. Tanto el álbum como la presentación que de él se hizo en el Carnegie hall de Nueva York se saldaron con éxitos impresionantes. El tándem Ella-Ellington se repetiría en 1965 (“Ella at Duke’s place”) con un eco similar.

Estos discos de la serie “songbook” son valorados, además de por sus cualidades artísticas que lógicamente son desiguales entre un disco y otro, por su valiosa aportación al conocimiento de la obra de los grandes compositores de la música popular americana. Pero al margen de valoraciones antológicas y didácticas, son un compendio excepcional donde la interpretación está siempre a la altura del repertorio.

 ©Antonio Subirana

 

 

 

Los 90 años de Juliette Gréco

Publicado el febrero 10, 2017

La artista ha cumplido 90 años esta semana y con tal motivo recupero una entrada que escribí en 1995 para una enciclopedia de las grandes voces del siglo xx

Toni Subirana con Juliette Gréco

Toni Subirana con Juliette Gréco

 

imagesJulliette Gréco, nacida el 7 de febrero de 1927, representa la viva imagen del existencialismo. Sus cabellos largos, su negra y ceñida vestimenta, su delgadez, su palidez…han hecho llegar al mundo la idea del existencialismo aunque su “look” era tan contundente que el gran público se quedó con la forma y no con el fondo de la filosofía que representaba, algo que suele pasar a menudo en nuestra sociedad…los símbolos son más asequibles que la idea que venden, y la gente los adopta, por mimetismo, sin preocuparse de averiguar que hay detrás de ellos.

Su carga simbólica dentro del existencialismo no es gratuíta ya que su repertorio está firmado por lo más granado de la intelectualidad francesa del momento (Une fourmi de dix-huit mètres, de Desnos; La rue des blancs-manteaux, de Sartre, Si tu t’imagines, de Queneau; o la eterna Les feuilles mortes, de Prévert, las dos últimas con música de Joseph Kosma). Si tu t’imagines (Si te imaginas), está considerada la primera canción existencialista, pertenece al libro de poemas de Queneau L’Instant fatal, de 1948, y supuso una ruptura con el modelo de canción conocido hasta entonces, por eso fue recibida con polémica por parte del público adulto que quedó sorprendido y a veces escandalizado por el tema y por la interpretación. Pero también llegó como un sopló de aire fresco a aquella juventud intelectual que se arremolinó en torno a ella demandando más de “aquello”, lo que facilitó el rápido ascenso de artistas recién llegados. En cuanto a Les feuilles mortes (Las hojas muertas), Gréco fue la primera en interpretarla aunque se debe a Yves Montand su trascendencia internacional.

images (2)Si la comentada Si tu t’imagines supuso su bautizo artístico, la consagración le llegó con Je hais les dimanches (Odio los domingos) con la que enimages (1) 1952 obtuvo el “Gran Premio del disco”, importante galardón que otorga la S.A.C.E.M., la sociedad de autores francesa. Este éxito supuso también la valoración, por primera vez, de su autor, Charles Aznavour. Este le había propuesto la canción a Édith Piaf y esta  la había despreciado. Con el tiempo Juliette Gréco fue incorporando a su repertorio lo mejor de los mejores (Il n´y a plus d’après, de Guy Béart ; La Javanaise, de Serge Gainsbourg ; Jolie môme, de Léo Ferré…) y estableciéndose como una gran señora de la “chanson” con todas las virtudes y, por qué no decirlo, con todos los tics de la canción francesa en lo que a interpretación y puesta en escena se refiere: perfecta y sosegada dicción, sobriedad en el vestuario, gesticulación precisa y teatral…todo un ejemplo, en fin, de sofisticación.

Juliette Gréco también tuvo una activa presencia en el cine (Orfeo, obra surrealista de Jean Cocteau, en 1950 ; Las raíces del cielo, en 1958, de John Huston y junto a Erroll Flynn ; Elena y los hombres, en 1956, etc).

Antonio Subirana

25 años sin Yves Montand

Publicado el noviembre 09, 2016

Hoy, 9 de noviembre, se cumplen veinticinco años de la muerte de Yves Montand, a modo de homenaje reproduzco este perfil biográfico que publiqué hace unos años en una enciclopedia de “Grandes Voces” del siglo XX

5images-3YVES  MONTAND

Nació el 13 de octubre de 1921 y tenía ascendencia italiana. Sus méritos artísticos se circunscriben al terreno de la interpretación, ya sea como cantante o como actor.

Se crió en Marsella en el seno de una familia muy pobre y antes de pisar las tablas trabajó desde los trece años en innumerables oficios (empleado en una fábrica de galletas, peluquero, descargador del muelle, obrero de la metalurgia…). Empezó cantando las canciones de sus admirados Charles Trenet y Maurice Chevalier e imitando las piruetas de Fred Astaire. Se dio a conocer con el tema “Dans les plains du far west” que cantaba vestido de cow-boy en los cabarets de Marsella, ese número le proporcionó mucho éxito ya que en Francia durante el tiempo de la ocupación no se podían exhibir películas del oeste.

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Su carrera empezó realmente cuando en febrero de 1944 marchó a París donde recaló en la sala ABC. Pasó más tarde al Moulin Rouge donde haría

Yves Montand con Édith Piaf

Yves Montand con Édith Piaf

de telonero de Édith Piaf. Esta le dió el empujón que necesitaba, no sin antes enfrentarse a él y a su vanidad, advirtiéndole de que estaba obligado a desligarse de la influencia norteamericana si quería hacer algo con la suficiente enjundia como para  ser  valorado pasado el tiempo de la ocupación.

Con Piaf vivió un idilio que “la môme” cortó por lo sano cuando se percató de que en sus shows, Montand le empezaba a robar protagonismo. Piaf no era de las que dan segundas oportunidades y lo cambió por Jean-Claude Jaubert, uno de Les Compagnons de la Chanson. Lo cierto es que Montand fue un buen alumno y la Piaf no soportaba que alguien le hiciera la más mínima sombra, aunque fuese un hombre. Montand obtuvo pronto sus primeros éxitos  con canciones del tándem Guingo y Gasté (“Luna Park” y “Battling Joe”) .

A principios de los cincuenta el teatro de L’Étoile fue el escenario de sus grandes triunfos. Montand era ante todo un buen actor-cantante que tenía gancho en el escenario y traspasaba las bambalinas, su cualidades vocales no eran nada del otro mundo pero con su tono grave y envolvente sabía “decir” los textos seduciendo al oyente implacablemente. Además sabía sacar partido de las canciones, si bien –todo hay que decirlo— no le faltó buena materia prima: Francis Lemarque compuso para él grandes temas (“Les routiers”, “A Paris”, “Quand un soldat”, “Mathilda”) ; también el tándem Prévert / Kosma le aprovisionó de buen material (“En sortant de l’ecole”, “Les enfants qui s’aiment”, “Barbara” y,  por encima de todas,  “Les feuilles mortes” ).

4images-2“Les feuilles mortes” (“Las hojas muertas”) es sin duda su canción fetiche. La letra es de Jaques Prévert y la música de Joseph Cosma. Parece ser que la música está inspirada en una melodía de un paso a dos del ballet “Le Rendez-vous” (1945) sobre un libreto de Prévert y puesta en escena por la compañía de Roland Petit. Al año siguiente, el director Marcel Carné llevó ese ballet al cine (“Portes de la nuit”) y la canción, que en un principio estaba destinada a Marlene Dietrich, quedó fuera de la banda sonora siendo “Les enfants qui s’aiment”, interpretada por Fabien Loris, el tema de la película que con el tiempo  Montand  incorporaría también a su repertorio. Los autores, tras varios intentos vanos de sacar adelante “Les feuilles mortes” en la voz de otros intérpretes –Juliette Gréco incluída—, encontraron en Yves Montand el intérprete perfecto. Él la convirtió en “su” canción y la dio a conocer en todo el mundo como ejemplo de la quintaesencia de la música francesa. Existen innumerables versiones entre las que cabe destacar la de Frank Sinatra (“Autumn leaves”).

1-descargaMontand es de esos artistas en los que la persona y el personaje siempre van unidos. Políticamente se definía como un hombre de izquierdas,

durante mucho tiempo estuvo afiliado al partido comunista con el que acabó rompiendo sus relaciones y en los últimos tiempos tomó parte activa

Yves Montand con Marilyn Monroe

Yves Montand con Marilyn Monroe

en la política de su país. Su vida privada siempre ha despertado interés, casado con Simone Signoret, fue sonado su romance con Marilyn Monroe surgido a raiz de la película musical “Le Milliardaire”, de Georges Cuckor. Paralelamente a su carrera musical desarrolló una carrera cinematográfica internacional con una primera etapa con títulos como la comentada “Les portes de la nuit”, en 1946, de Marcel Carné y con guión de Prévert  o “Le salaire de la peur”(“El salario del miedo”), en 1952 de Henry-Geoges Clouzot . La segunda etapa está representada por películas de Claude Sautet como “Garçon” y “César et Rosalie” y de Costa -Gavras (“Z”).

Los últimos tiempos hasta su muerte, acaecida en 1991, los dedicó más a la vida política que a los asuntos del espéctaculo…probablemente ya estaba saturado de ser un clásico.

©Antonio Subirana

Chuck Berry cumple 90 años

Publicado el octubre 18, 2016

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Un 18 de octubre de hace noventa años venía al mundo uno de los padres del rock & roll. A modo de homenaje reproduzco el texto que escribí en el año 1995 para una enciclopedia de la música popular editada en Portugal.

CHUCK BERRY

LEYENDA VIVA DEL ROCK & ROLL

Chuck Berry fue el primer artista negro en salir del gueto del rhythm & blues y entrar de lleno en el ámbito del rock & roll conquistando a miles de adolescentes  con su estilo rompedor. En muy poco tiempo creó algunas de las piezas más emblemáticas del rock and roll y hoy es el superviviente más legendario de aquellos gloriosos años en los que abría los ojos el movimiento musical más popular del siglo.

Un chico con problemas

Charles Edward Anderson Berry -este es su nombre completo-, nació en San José, California, el 18 de octubre de 1926, aunque sobre estos datos circulan diferentes versiones que Berry, siempre reacio a hablar de su vida, nunca ha querido corregir. Hay biógrafos que sitúan su nacimiento en St. Louis, Missouri, donde todos coinciden en señalar que pasó su infancia. Allí empezó a tomar contacto con la música, a los seis años de edad, como integrante del coro de la iglesia baptista de su barrio. Su padre se ganaba bastante bien la vida con su oficio de carpintero, pero tenía que hacer muchas horas extra para poder sacar adelante a sus seis hijos.

Los graves enfrentamientos raciales que se vivieron en St. Louis a principios de siglo, dejaron una estela de odio entre la comunidad blanca y la negra y los que pertenecían a esta última quedaron relegados a los guetos oscuros sin posibilidad de proyectarse en el mundo social y laboral. En uno de ellos, el de Elleardsville, pasó Chuck sus primeros años de vida. Aunque ya hemos dicho que en su familia no había graves problemas económicos, la vida de los jóvenes de aquellos barrios no tenía muchos alicientes, la delincuencia era una práctica habitual y Chuck no fue la excepción. Un mal día, la policía le sorprendió robando un coche a mano armada y, a raíz de ese suceso, fue internado en un reformatorio donde pasó gran parte de su adolescencia.

 Peluquero de día y músico de noche

Cuando al fin pudo salir del centro logró reinsertarse en el mundo laboral como empleado en una cadena de montaje de una fábrica de coches. Más tarde siguió un curso nocturno de peluquería y cuando obtuvo el diploma montó un establecimiento propio. Con sus primeras ganancias compró una guitarra y empezó a aprender por cuenta propia. En poco tiempo llegó a dominar el instrumento y pensó que por ese camino podría conseguir el ascenso social que tanto ansiaba. Al finalizar su jornada laboral acudía a los clubes nocturnos donde se reunía para tocar con otros músicos que compartían sus inquietudes. Con dos de ellos, el pianista Johnnie Johnson y el baterista Ebby Harding, formó un trío con el que llegó a realizar muchas actuaciones, consiguiendo notables éxitos en el “Cosmopolitan Club”, de St.Louis. En aquellas sesiones interpretaban números ajenos, desde temas country de Hank Williams a  baladas de Nat King Cole, pasando por los blues de T. Bone Walker o B.B. King. Sin embargo, Berry estaba convencido de que la única manera de salir a la superficie era convencer a la población blanca que era la que tenía el poder económico. Su obsesión era encontrar la fórmula mágica que fusionara el country blanco con el rhythm & blues negro, que  era calificado despreciativamente como “race music”. Cuando dio con esa sonoridad propia, decidió que había llegado el momento de intentar cruzar la frontera que separaba los dos mundos  y en 1955 marchó a Chicago dejando en St. Louis a su mujer y a sus dos hijos de corta edad.

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 Muddy Waters le dio su primera oportunidad

En cuanto Chuck llegó a Chicago, fue a encontrarse con  Muddy Waters y le pidió que le dejara compartir un tema con él durante una actuación. Waters accedió generosamente y quedó tan satisfecho con el resultado que, sin perder tiempo, le puso en contacto con el dueño del sello Chess.  Chuck acudió a la discográfica con una maqueta en la que figuraba el tema “Ida Mae” que convenció inmediatamente a Leonard Chess, el dueño de la editora.  Tras efectuar algunas modificaciones en la partitura original, el tema salió al mercado con el título de “Maybelline”, en 1955. Chess llamó entonces al disc-jockey Alan Freed pidiéndole que dedicara especial atención a aquel nuevo lanzamiento. Freed vio las posibilidades de éxito del tema y, tras reclamar una participación en los derechos de autor, lo promocionó con insistencia en su emisora y en sus shows cara al público. En poco tiempo logró hacerse popular entre los jóvenes blancos y escalar hasta el número cinco de las listas de éxitos generales y al número uno de las listas de rhythm and blues, consiguiendo vender un millón de ejemplares. Berry no era ningún quinceañero entonces, estaba a punto de cumplir los treinta años, pero logró seducir a los teenagers con su carga de rebeldía y sus letras incisivas con las que los adolescentes podían identificarse. Además, suplía con evidentes referencias sexuales la carencia de un atractivo físico, aspecto en el que no podía competir con figuras como Elvis Presley. Pero ante todo estaba aquella novedosa mezcla musical, compuesta principalmente con ingredientes del blues y del country.

 El gran creador del rock & roll

 “Maybellene”, marcaba la línea de estilo que se repetiría en casi todos sus éxitos sucesivos. La pieza se abría con unos acordes de guitarra y, tras un par de estrofas, daba paso a un solo de fácil asimilación en la parte central.  Fue el primer eslabón de una cadena de éxitos entre los que se encuentran piezas antológicas del primer rock & roll como “Too much monkey business” y “Roll over Beethoven, ambas de 1956; “School days” -uno de los pocos títulos que no llevan su firma-, y “Rock & roll music”, de 1957; “Sweet little sixteen” -que llegó al número dos de las listas de éxitos-, “Johnny B. Goode” y “Carol”, de 1958; “Back in the U.S.A. y “Let it rock”, de 1959; y “Bye, bye Johnny”, de 1960.

El éxito discográfico de Berry tuvo su prolongación en el cine, apareciendo en varias películas como “Rock, rock, rock” (1957) y “Go Johny go” (1959). También intervino en “Jazz on a summer day” (1958), película documental sobre el Festival de jazz de Newport, donde interpretaba “Sweeet little sixteen” y en la que hizo famoso su célebre “Duck walk” (paso del pato). Él mismo desveló años después como se le ocurrió hacer ese número: “Al abrir la maleta observé que mi traje de rayón había quedado completamente arrugado durante el viaje, tenía que salir a actuar y no había tiempo para plancharlo así que me inventé ese número para disimular las arrugas”. El recurso tuvo éxito y luego creó otros pasos de baile con nombre de animales que le valieron  el apodo de “crazy legs” (piernas locas”).

 Los años de presidio

En 1959 su carrera cayó en picado tras conocerse su detención, acusado de hacer proposiciones deshonestas a una menor. Se trataba de una chica india a la que había conocido en  Juárez (Méjico) y a la que convenció para llevarla a trabajar al club que había montado en St. Louis. Al parecer fue la propia muchacha quien, como venganza por haber sido despedida del local, denunció que era menor y que Berry le había introducido en el mundo de la prostitución. Por lo visto el hecho de que la chica -aunque india- fuera blanca y él negro, fue decisivo a la hora de determinar la culpabilidad.  Él insistía en su inocencia, alegando que simplemente habían viajado en el mismo automóvil, pero en ese momento estaba en vigencia la “Ley Mann” que prohibía el traslado de menores de un estado a otro y, tras dos años de pleitos, Berry fue encarcelado en 1962.

Durante ese tiempo la casa Chess editó algunas grabaciones que guardaba en la recámara como “Worried life blues”, “Route 66”, “Memphis Tennessee”, “Go, go, go”, etc.

 La segunda oportunidad

Cuando recuperó la libertad, en 1964, su familia le había vuelto la espalda, el club había pasado a otras manos ante la imposibilidad de que Berry setercera hiciera cargo  de él y el rock & roll, como género, había perdido su empuje inicial, envejeciendo rápidamente ante la nueva corriente beat.  No obstante, los nuevos grupos le habían homenajeado interpretando éxitos suyos. Así los Beatles incluyeron “Roll over Beethoven” en su disco “With the Beatles” y más tarde también grabarían una versión de “Rock and roll music”. Los Rolling Stones hicieron lo propio dándose a conocer, en 1963, con el tema “Come on” y luego hicieron versiones de algunos títulos más.

Berry, por su parte, logró recuperar el espacio perdido en las listas de éxitos con temas como “No particular place to go”, “Nadine” y “You never can tell”, todos ellos aparecidos en 1964, con los que obtuvo una calurosa acogida en Inglaterra, donde realizó una exitosa gira en compañía de Carl Perkins.

A su regreso de Gran Bretaña firmó un contrato con la discográfica Mercury que no aportó mucho material relevante, aunque sí le proporcionó una fuerte suma de dinero que invirtió en un pequeño parque de atracciones situado Wentzwille.

En 1969 volvió a Chess reverdeciendo laureles con un álbum de significativo título: “Back home” (“Vuelta a casa”) al que sucedió “San Francisco dues”. En 1972 llegó  por primera vez al número uno -en Estados Unidos e Inglaterra- con el tema “My ding a ling”, ni en sus tiempos de mayor gloria había alcanzado tan alta posición en las listas.  Ese mismo año obtuvo un nuevo impacto con “Reelin’ and rockin’” que fue determinante para que su discográfica  rescatara del archivo sus viejos temas de los cincuenta y volviera a ponerlos en circulación.

A partir de ese momento su carrera discográfica quedó relegada a un segundo plano, aunque siguió produciendo álbumes como “Bio” o “Rock it”. Pero Berry pertenece a la era del single y sus L.P.’s nunca tuvieron aceptación como obras con peso específico. En cambio los múltiples álbumes recopilatorios que se han editado de sus singles de éxito han gozado de una favorable acogida.

En los noventa aún sigue protagonizando giras internacionales en las que suele actuar con bandas del propio país que visita. A estos conciertos, en los que sigue cantando -ya septuagenario- a los amores adolescentes, acuden los nostálgicos acompañados de sus hijos –y  a veces nietos— con la veneración que se siente al ir a ver un mito viviente…y superviviente.

Un innovador de la guitarra

 Chuck Berry fue el mejor guitarrista de todos los pioneros del rock & roll. Creó un estilo que, si bien acusaba la influencia de guitarristas como T. Bone Walker, B.B. King o Charlie Christian, era totalmente innovador.

Su primera formación fue autodidacta hasta que conoció a Joe Sherman, este  le regaló una guitarra eléctrica “Kay” y le enseñó las particularidades de ese instrumento.

El sonido de Berry sorprendía por su amplitud, lo conseguía utilizando una guitarra Gibson de caja hueca, más propia del jazz que del rock & roll.

Keith Richards, uno de sus más fieles seguidores, afirmó refiriéndose a su estilo guitarrístico: “lo que más nos impresionaba  de Berry era su facilidad para saltarse la parte rítmica, ejecutar un “riff” perfecto, y volver a la parte rítmica”.

©Antonio Subirana

 

El Nobel de literatura para Bob Dylan

Publicado el octubre 13, 2016

Pues yo no veo mal que Bob Dylan sea reconocido por su trabajo literario con el Nobel…puede haber más literatura en cuatro estrofas de una canción que en cuatro tomos de una novela. A los que nos dedicamos a componer canciones debe alegrarnos porque supone el reconocimiento de la figura del letrista que no es otra cosa que un escritor de canciones al que no siempre podemos llamar poeta…aunque también es posible encontrar más poesía en un disco que en un poemario.  

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Tuve la suerte de ser testigo presencial de su primera actuación entre nosotros, en el Mni-estadi del F.C. Barcelona, el 28 de junio de 1984, en un concierto compartido con Carlos Santana.

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Al escuchar la noticia he desmpolvado este perfil biográfico que escribí hace més de veinte años y que se publicó en una colección de grandes voces del siglo XX.

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 Si en las próximas líneas dedicaremos un generoso espacio a este personaje no es por sus cualidades vocales. Su personalísimo tono nasal no es lo que se entiende por una voz de oro sino más bien de óxido. Alguna vez se ha dicho que es el cantante que mejor desafina. Si le damos un trato preferencial es porque su caso, en la música popular de este siglo, sólo es comparable al de los Beatles con los cuales hemos hecho también una excepción. Bob Dylan es sin duda el gran revolucionario de la canción-texto, el poeta, el músico, el cantante… un mito con múltiples aristas que intentaremos sintetizar porque Dylan es de aquellos personajes que cada día puede sorprender con algún nuevo matiz.

Robert Allan Zimmerman -este es el verdadero y difundido nombre de Bob Dylan- nació en Duluth, Minnesota el 24 de mayo de 1941.

Cuando sólo tenía siete años, su familia se mudó a Hibbing, la ciudad minera donde había nacido su madre. Ahí creció, inmerso en una especie de pequeño gheto formado por judíos que se atrincheraban frente al antisemitismo imperante. Su padre, Abraham, tenía polio y trabajaba junto a su otro hijo, David, en una lampistería. El carácter autoritario de su progenitor quizá fuera la causa del retraimiento del Bob Dylan niño de quien su madre, Betty, aseguraba que a los diez años ya se entretenía escribiendo poemas. A los ocho años empezó a tocar el piano y la armónica y a los doce rasgueaba las cuerdas de su primera guitarra. Su padre pensó que aquello no podía ser bueno para el chico y envió a su hijo a una escuela de Pennsylvania para niños “difíciles”.

En su adolescencia fue conformando su propio universo de mitos en el que pululaban héroes de la música como Hank Williams o Woodie Guthrie. Eran personajes que vivían al límite, rebeldes -con o sin causa- como los que encarnaban en el cine James Dean y Marlon Brando.

Cuando estalló el rock & roll, se dejó ganar por la fuerza de Litle Richard. Las canciones de este artista serían la base del repertorio que tocaría junto a su primer grupo, The Golden Chords, integrado por Monte Edwardson, a la guitarra, Leroy Hoikkala, a la batería y él al piano, la armónica y la guitarra. El grupo consiguió actuar en algunas fiestas juveniles pero acabó por separarse ante el interés que Dylan demostraba por cantar temas con más enjundia que los remedos de éxitos ajenos. Este objetivo tampoco lo consiguió con un grupo posterior y sus sueños de convertirse en estrella con luz propia debieron aplazarse.

A los dieciocho años se matriculó en la escuela de letras de la Universidad de Minneapolis y allí empezó a cantar para los amigos en un club debob-dylan-5wfw_o_tn universitarios llamado The Scholar y en otros del barrio de Dinky town. Pronto empezó a abandonar los éxitos de Richard para pasar a los temas folk redescubiertos por Pete Seeger. Esta metamorfosis musical afectó también a su nombre, Robert Zimmermman decidió convertirse en Bob Dylan, dicen que homenajeando al poeta Dylan Thomas, aunque él  ha negado repetidamente que fuera este el motivo.

La universidad exigía que los alumnos prestaran atención al profesor y Dylan en ese momento tenía más ganas de decir que de escuchar. Abandonó los estudios y marchó a Denver donde pudo experimentar lo que era  la vida bohemia, tocando en clubes decadentes.

A principios de 1961 decidió trasladarse a Nueva York para conocer a su ídolo, Woody Guthrie que se encontraba ingresado en un hospital víctima del mal de Huntington, una enfermedad hereditaria y degenerativa que le llevaría a la muerte en 1967. La familia de Woody  le recibió con los brazos abiertos y le introdujo en los ambientes del folk.

Su debut en la ciudad de los rascacielos se produjo en el “Gerde’s folk city”, haciendo de telonero del bluesman John Lee Hooker. Poco después se presentó en el festival de folk de Brandford interpretando temas de Guthrie.

Por esas fechas pisó por primera vez un estudio de grabación para poner su armónica en un disco de Harry Belafonte, “Midnight special”.

 Una elogiosa crítica en el New York Times fue suficiente para convencer a John Hammond, director artístico de Columbia, que decidió financiarle su primera grabación. Ese disco contenía dos canciones suyas : “Talking’ New York” y “Son for Woody”, esta última estaba dedicada al maestro Guthrie y en ella dejaba bien a las claras su posición respecto al mundo que le rodeaba : “Hola, hola Woody Guthrie, te he escrito una canción / sobre un curioso mundo que sigue en marcha / que parece enfermo y tiene hambre, que está cansado y roto / que parece estar muriendo cuando sólo es un recién nacido”.

 En poco tiempo Dylan se convirtió en la revelación del Greenwich Village, el barrio bohemio por excelencia, donde empezó a dar a conocer su corrosiva visión del mundo en cafetines como el “Wha”.  Con su primer disco bajo el brazo, se presentó a Albert Grossman, este le hizo firmar un contrato de management para siete años, pensando que la popularidad de Dylan iba a crecer como la espuma en poco tiempo. Pero las cosas no salieron como esperaban y su primer álbum, “Bob Dylan”, alcanzó unas cifras de ventas ridículas, apenas cinco mil ejemplares.

images-9No obstante Grossman no tiró la toalla y convenció al trío Peter, Paul & Mary  -también bajo su tutela- de que grabaran un tema de Dylan, “Blowin’ in the wind”. Esa canción idealista era la que estaba esperando el público. La poesía de Dylan, pasada por el filtro del folk elegante del mencinado trío, tuvo un eco inmediato y aquel cantautor “underground” vio crecer sus posibilidades de destaparse como la nueva estrella del folk al presentarse junto al trío en el festival de Newport de 1963. Las buenas perspectivas se cumplieron con la edición de su segundo larga duración, “The freewheelin’ Bob Dylan”, que incluía su propia versión de “Blowin’ in the wind” junto a otros dos temas esenciales, “A hard rain’s a -gonna fall” y “Masters of war”.

En 1963 se produjo el encuentro con Joan Baez que cambiaría el rumbo de su carrera. Joan ya era una estrella en el ámbito del folk mientras Dylan era un compositor que empezaba a asomar la cabeza. Ella empezó a incluir canciones de Bob en su repertorio y lo presentó en varios conciertos multitudinarios que hicieron saltar a la fama a aquel “poeta vagabundo”, que así es como le llamaba la intérprete .

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En 1964, después del éxito de “A hard rain’s a gonna fall”, Bob Dylan lanzó un nuevo vaticinio: “The times they are a changin’”.

Junto a Joan Baez se puso al frente de las manifestaciones contra la segregación racial, como la histórica de Washington donde se reunieron más de doscientas mil personas.

Pero Dylan no quería ser un mesías quería ser una estrella —a al menos eso es lo que le recriminaba Joan Baez— y no estaba dispuesto a pasar por el aro de ser abanderado de nada, así que decidió poner tierra de por medio marchándose a Gran Bretaña donde realizó una larga gira durante la cual conoció gente que influiría decisivamente en la nueva orientación que en breve tomaría su carrera. Los Beatles

–sobre todo Harrisson y Lennon— y Eric Burdon le dieron el empujón que necesitaba para apartarse progesivamente del folk y entrar en la esfera del rock. El disco que reflejó este cambio fue “Another side of Bob Dylan”, un título estratégicamente ideado por la discográfica que no las tenía todas consigo, ya que en vez de “otra cara” hubiera sido más exacto decir “la nueva cara”. Ese disco –aún acústico— contenía piezas más intimistas como “To Ramona” o el clásico “It ain’t be me, babe”.

Con su siguiente L.P., “Bringing it all back home” (1965), Dylan entraba de lleno en la era del folk-rock, un estilo musical que iba a dar mucho de sí en los próximos años. De ese disco, con letras mucho más introspectivas y algo surrealistas, no podemos pasar por alto el tema “Mr. Tambourine man” que se convirtió al poco tiempo en un impacto enorme en la versión de los Byrds. A ese álbum seguiría “Highway 61 revisited” que incluía un tema ya aparecido anteriormente en formato single, “Like a Rolling Stone”, con Mike Bloomfield a la guitarra y Al Kooper al piano.

Cundo Dylan se presentó en el Festival de Newport con la guitarra enchufada, fue objeto de un sonoro abucheo hasta el punto de tener que desaparecer del escenario y volver con la acústica. Aunque él aseguró que no era para acallar las protestas sino porque lo había planeado así con anterioridad, pocos le creyeron.

En 1965 ralizó una gira por Gran Bretaña recogida en una película documental de explícito título: “Don’t look back”.

Al año siguiente se casó con Sarah Lowndes, con la que tuvo tres hijos. El matrimonio acabó por romperse tras trece años de convivencia.

En 1966 apareció la que para muchos es la obra cumbre de Dylan, el doble álbum “Blonde on blonde”, con piezas tan magistrales como “Just like aimages-2 woman”, “Visions of Johanna”, I want you” y “Sad Eyed lady of the lowlands”, una pieza que ocupa toda una cara de un disco.

El año de su matrimonio con Sarah  y de “Blonde on blonde” fue también el del grave accidente de moto que marcó una nueva etapa en su vida personal y en su carrera. Se retiró durante un tiempo y no volvió a actuar hasta principios 1968 con motivo del homenaje a Woody Guthrie, desaparecido el año anterior. Durante su convalecencia realizó unas sesiones de grabación con el grupo The Band que no verían la luz hasta 1975, agrupadas en un álbum con el título de “The basement tapes”.

Una vez recuperado, Dylan volvió a sorprender al público dando un nuevo giro a su producción con un álbum de country, “John Wesley Harding”, editado en 1968.

Tras la grabación, en 1969, de otro disco del mismo estilo, “Nashville skyline”, en el que participó Johnny Cash, se produjo su histórica aparición el festival de la isla de Wight donde cantó ante doscientas mil personas.

Su nuevo disco, “Self Portrait” (1970), tuvo duros ataques de la crítica pero el siguiente, “New morning” (1971), calló las voces más disidentes. El primero resulta curioso porque se puede oir a Dylan cantando temas ajenos como “Let it be me”, “The boxer” o “Blue moon”. Del segundo destaca el tema “If not for you” que fue uno de los primeros éxitos de Olivia Newton John.

Después de muchos conflictos se editó en 1971 el libro de Dylan “Tarantula”, del que habían circulado previamente varias ediciones ilegales. El 71 fue también el año del famoso concierto por Bangla Desh, organizado por George Harrison. De ese concierto se editó un álbum triple del que Dylan ocupó toda una cara.

En 1973 salió al mercado la banda sonora de la película “Pat Garret & Billy the Kid“, de Sam Peckinpah, en la que Dylan participaba como actor. De ese film quedó un tema siempre presente en los conciertos de Dylan, “Knockin’ on heavens door”.

“Dylan” sería el último álbum que publicaría antes su ruptura con CBS, un disco que tiene la particularidad de incluir temas ajenos como “Can’t help falling in love”, que popularizó Elvis Presley”, “Mr. Bojangles”, “Mary Ann”, etc.

Sus dos álbumes siguientes -ambos grabados en 1974 para el sello Asylum-, “Planet wavs”  y “Before the flood”, contarían con el respaldo instrumental de The Band. El primero contenía uno de sus números eternos, “Forever young”, y el segundo sería el  testimonio de la gira americana de 1974.

images-1La CBS consiguió recuperar a Dylan tras el pago de una cifra astronómica y publicó dos nuevos álbumes inéditos, “Blood on the tracks” (1975) y “Desire” (1976). Este último despertó el interés de un sector del público, completamente ajeno a la música de Dylan, que se sintió subyugado por el trepidante ritmo de “Hurricane” y por el brillante  arreglo –muy copiado en el futuro— en el que sobresalía un pegadizo “leit-motiv” a cargo de un brillante violín. La letra de “Hurricane” defendía la inocencia del boxeador Rubin Carter condenado por asesinato. Este álbum fue de los más comerciales de su carrera y así lo reflejaba su portada con la consabida leyenda: “nº 1 en U.S..A”.

En 1976 puso en marcha la “Rolling Thunder Revue”, una atípica gira que incluía invitados como Joan Baez, Joni Mitchell, Ringo Starr o Roger McGuinn. De esos espectáculos se grabaría un nuevo L.P., “Hard rain”.

En 1978 se editó el álbum “At Budokan” que recogía los conciertos de su gira en Japón. Ese mismo año salió al mercado “Street legal”, un álbum cuyo tema estrella, “Changing of the guards”, fue otro nuevo impacto que atrajo al mismo publico que había comprado “Hurricane”.

Paralelamente, hizo su debut detrás de las cámaras con la interminable película “Renaldo y Clara”, de floja aceptación.

En 1979 anunció a bombo y platillo su conversión al cristianismo y publicó el álbum “Slow train coming” que reflejaba su nuevo estado espiritual. De ese trabajo se hizo muy popular el tema “Man gave names to all the animals”. Seguría esa línea mística con dos nuevos álbumes “Saved” y “Shot of love”.

Los ochenta fueron años de grandes giras -en 1984 actuó por primera vez en España- y de nuevos discos (“Infidels”, “Empire burlesque”, “Knocked out Loaded”, “Down in the groove”, “Dylan & the dead” y “Oh Mercy”).

Por otra parte, retomó su actividad cinematográfica protagonizando la película “Hearts of fire”, dirigida por Richard Marquand.

En 1988 fundó junto a Roy Orbison –que fallecería dos años más tarde— Tom Petty, George Harrison y Jeff Lyne, un grupo fantasma creado para su propio divertimento llamado “Traveling Wilburys”.

Los noventa se iniciaron con una producción de temas inéditos, “Under the red sky”, a la que siguieron otras dos con versiones de antiguos temas folk, “Good as I been to you” y “World gone wrong”.

En los últimos años no han faltado los homenajes como el títulado “United artists for the poet”, que le dedicaron colegas como Eric Clapton, Bruce Springsteen, Bryan Ferry, etc. Tampoco se libró de las últimas modas de la industria discográfica, como la de rebuscar en el desván de los trastos viejos para resucitar temas de gran calidad que por una u otra razón no habían aparecido en su momento (“The bootleg series”) (1988). Asimismo también se vio afectado por la fiebre de los discos desenchufados (“Unplugged”) (1995), donde recuperaba en versión acústica viejos temas como “Rainy day woman” o “With God on our side”.

 Después de muchos años de no prestar su apoyo a campañas políticas, participó en la ceremonia de investidura del presidente Clinton.

Dylan sigue hoy en la carretera y parece que tiene cuerda para rato.

©Antonio Subirana

 

En el centenario del nacimiento de Léo Ferré

Publicado el septiembre 17, 2016

El pasado 24 de agosto se cumplieron cien añosdel nacimiento de

Léo Ferré

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Tuve la oportunidad de ver a este mito de la canción francesa en un concierto que ofreció en el Institut Français de Barcelona en el que se presentó acompañándose él mismo al piano en unas piezas y, lo más sorprendente, en otras con soporte instrumental grabado. Dejando pasar este último dato que encontré de dudoso gusto, se puede decir que Léo Ferré realizó un recital “de antología” (acaso demasiado largo), poniendo toda la carne en el asador. Recuerdo que ahí estaba su amigo Paco Ibáñez, sentado junto a Maria del Mar Bonet.

Recorte de prensa de la crónica que hizo Carlos Núñez en El Periódico de su concierto de 1988.

Recorte de prensa de la crónica que hizo Carlos Núñez en El Periódico de su concierto de 1988.

Reproduzco aquí el texto que escribí sobre él en 1995 para una obra editada en Portugal sobre las voces másimportantes del siglo XX.

Invitación y programa del conciertoque ofreció Léo Ferré en elInstitut Français de Barcelona el 8 de febrero de 1988.

Invitación y programa del conciertoque ofreció Léo Ferré en elInstitut Français de Barcelona el 8 de febrero de 1988 (la fecha que aparece en el programa no es correcta).

LÉO  FERRE

Nacido en Mónaco, en 1916, era el más viejo de sus compañeros de generación a los que siempre se ha asociado suimages-12 nombre: Brassens y Brel,  con los cuales forma una suerte de Santísima Trinidad de la canción de autor en Fancia. De los tres es quizá el menos conocido en nuestro país pero es el que más tiempo ha permanecido en activo siendo un venerado superviviente hasta su muerte acaecida en 1993.

Cuando tenía veinte años marchó a París para seguir la carrera de derecho y ciencias políticas. Acabada la Segunda Guerra Mundial empezó a darse a conocer en los cabarets de la ciudad principalmente en el “Boeuf sur le toi”.  Intentó colocar sus canciones a intérpretes como Montand, Mouloudji y Trénet pero fue repetidamente rechazado. Finalmente Catherine Sauvage accedió a cantar un tema suyo, “L’homme” y con él consiguió el “Grand prix du disque”, en 1953.

Pero el gran éxito de Ferré llegaría en 1968 cuando ya tenía 52 años. Coincidiendo con el mayo fancés, sus ideas anarquistas encontraron un gran eco popular y la juventud lo adoptó como uno de los suyos. Al respecto solía señalar: “Prefiero atraer a los jóvenes de veinte años que a los viejos de sesenta”. Predicando con el ejemplo se llegó a rodear de un grupo pop con influencias jazzísticas llamado Zoo.

Sus textos ya sean propios o tomados de autores conocidos como Aragon, Verlaine, Apollinaire o Baudelaire tenían siempre todos los ingredientes para hacer de ellos unos temas comprometidos social y políticamente.

Es de esos artistas que siempre se han negado a hacer concesiones de cara a la galería o a la industria y esa es una opciónimages-13 muy complicada si se quiere uno mantener a flote en el negocio del espéctaculo aunque él salió airoso en su empeño. Pero esta idea de ser fiel a sí mismo en vez de acortar sus miras le ensanchó su campo de acción más que a ningún otro de sus colegas, como demuestra su incursión en la música sinfónica, no como una anécdota sino con el mayor rigor. Una de sus obras principales en este campo es la “Sinfonía interrumpida”.

Su interpretación era densa,emocional con altibajos que iban desde el susurro al grito desaforado, sentado al piano o acompañado por una gran orquesta no recurría a una interpretación muy cargada en el aspecto gestual pero su sola presencia tenía fuerza dramática suficiente. Con su larga melena blanca y su gesto uraño y desafiante que le daban un aire de sabio loco o de profeta, tenía más que suficiente para atraer hacia sí todas las miradas.

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La temática de sus canciones abarca un amplio universo desde temas amorosos,nostálgicos,satíricos,revolucionarios…(“Mon petit voyou”,”Chanson pour elle”,”Cannes,la braguette”,”Les temps difficiles”,”Franco,la muerte”,”Y ‘en a marre”,”L’age d’or”…).

©Antonio Subirana

Camilo Sesto cumple 70 años

Publicado el septiembre 16, 2016

Se nos están haciendo mayores aquellos cantantes que en nuestra infancia y adolescencia vimos gozando del éxito en plena juventud. Hoy le toca el turno a Camilo Sesto que entra en el club de los septuagenarios el 16 de septiembre de 2016 . Rescato con tal motivo el texto completo que escribí para la enciclopedia “Pop español” en el año 2.000.

 

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 Nombre auténtico: Camilo Blanes Cortés

Lugar y fecha de nacimiento: Alcoy (Alicante), 16 de septiembre de 1946

Año de debut: 1971

Álbumes grabados: 19

Mayor éxito: “Vivir así es morir de amor”

Discográficas: Ariola

Entre el barroquismo escénico de Raphael y las maneras de “cantante de todalavida” de Nino Bravo , los primeros setenta trajeron la opción de Camilo Sesto que aportó a la canción melódica un cierto aire de renovación, era un chico guapo pero no exhibía virilidad, más que un cantante parecía un modelo de esos que aparecen fotografiados a la entrada de las peluquerías con pretensiones. En el aspecto artístico,  Camilo era capaz de cantar a todo pulmón pero también sabía susurrar, como si le cantara al oído a alguna de sus innumerables seguidoras.

Al principio muchos le llamaban Camilo Sexto –así con equis, incluso algún periodista escribía “Camilo VI”- y así debiera haber sido su nombre artístico que adoptó por ser el sexto hermano de la familia, pero dio la casualidad de que ya había un artista que usaba ese nombre y optó por Sesto –con ese- de similar sonoridad.

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Camilo Sesto en sus primeros años de carrera artística

La pasión por la música se le despertó a muy corta edad –algo que suele ser habitual en la región levantina-, casi al mismo tiempo que su afición por la pintura que le sirvió para poder sobrevivir recién llegado a Madrid, donde recaló en el otoño del 65 buscando una oportunidad en el mundo de la música que se le resistió más de lo previsto. Iba cargado de ilusiones y vivió los primeros sinsabores del mundo del espectáculo. Cada dos por tres cambiaba de domicilio y tenía que aceptar trabajos muy por debajo de sus cualidades. Haciendo de tripas corazón, llegó incluso a actuar en los garitos más tronados -hoy se diría cutres- bailar como chico “go-go”. Sus primeros pasos como cantante fueron como integrante de conjuntos pop como los Dayson -unos “versioneros” que apenas tuvieron eco- y Los Botines, un grupo que gozó de cierta popularidad y del que salió en 1968 para cumplir el Servicio Militar. La irrupción en el panorama musical de Camilo Sesto como solista no tendría lugar hasta principios de los setenta cuando Juan Pardo le tomó bajo su tutela y le produjo su primer disco, un single de escasa repercusión que incluía “Llegará el verano” y “Sin dirección”. El primero de los títulos era del propio Juan Pardo. Mejor le fueron las cosas con su segunda entrega discográfica donde encontramos una adaptación pop de la popular “Canción de cuna”, de Brahms –la que se escucha inevitablemente en las cajitas de música de los bebés- y que se tituló “Buenas noches”. Poco después participó en el espacio televisivo “Canción 71”, aunque su pasó por el programa no le reportó grandes satisfacciones, en cambio pocos meses después gozaría del reconocimiento de la crítica que le premió en el Festival de la Canción del Atlántico, celebrado en Tenerife. Antes de cerrar el año cosechó su primer impacto discográfico con el comercial “Ay, ay, Rosseta”. Pero su primer gran éxito llegó al año siguiente con un tema de su propia inspiración, “Algo de mí”, que dio título a su primer disco de larga duración y le abrió las puertas del mercado sudamericano. El camino ya estaba allanado y Camilo  no tardó en alumbrar un segundo álbum, “Sólo un hombre”, que albergaba otro tema a tener en cuenta, “Amor, amar”, cuya letra escribió su amiga –y según la prensa rosa de entonces, “algo más”- Lucía Bosé que además de su faceta de actriz tenía inclinaciones poéticas. Precisamente la carrera de su hijo Miguel le debe a Camilo el primer impulso.

La consagración definitiva le llegó en 1973 con la canción “Todo por nada”  y “Algo más” que dio título a su tercer álbum. Poco después editó “Camilo” y “Amor libre”, en 1974 y 1975 respectivamente. Los éxitos más importantes de esta etapa son “Ayudadme” “Jamás” y “Melina”, esta última dedicada a la actriz griega Melina Mercouri. Por entonces ya había conquistado muchos países de Sudamérica y su voz había penetrado también en Japón y algunos países europeos, principalmente Alemania y Holanda.

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Camilo Sesto y Ángela Carrasco, una pareja artística muy compenetrada

images-7Camilo Sesto era por entonces un ídolo de jovencitas que le asediaban a todas horas, pero aún no había conseguido el aplauso unánime del público adulto y de la crítica. Lo obtuvo a raíz del estreno de la adaptación española de la ópera rock de Tim Rice y Andrew Lloy Webber, Jesucristo Superstar que él estrenó como protagonista a finales de 1975, al poco de morir Franco. Realmente bordó el personaje de Jesucristo exhibiendo unas cualidades vocales y escénicas muy considerables. Compartía escenario con Ángela Carrasco que también destacó por su interpretación en el papel de María Magdalena. La obra se mantuvo mucho tiempo en cartel en el teatro Alcalá Palace de Madrid y algunas piezas del espectáculo las incluyó en sus presentaciones en directo como el número de “Getsemaní” que concluía con un apoteósico final, con el intérprete hincado de rodillas.

Camilo Sesto caracterizado de Jesucristo Superstar

Camilo Sesto caracterizado de Jesucristo Superstar

En 1976 obtuvo el premio “al cantante más popular” y volvió a alcanzar los primeros puestos de las listas con “Mi buen amor”. En esta época los

Una actuación de Camilo Sesto en su época de éxito.

Una actuación de Camilo Sesto en su época de éxito.

discos se sucedieron con suma regularidad: “Memorias”, “Rasgos”, “Entre amigos” y “Sentimientos”… En el último de los citados, de 1978,  encontramos la balada “El amor de mi vida” y “Vivir así es morir de amor”, un impetuoso tema que con el tiempo sería su número más recordado. De este disco de vendieron 200.000 copias, una cifra altísima entonces. Del 78 al 83 fue encadenando un disco con otro con buena aceptación aunque sin generar la misma pasión entre sus fans, que fueron creciendo con él, mientras que la nueva generación de adolescentes mostraban sus preferencias por Miguel Bosé que, paradójicamente, fue durante un tiempo su protegido. Sin embargo aún le llegaban reconocimientos como el Premio Disco Latino por los diez millones de discos vendidos en todo el mundo a lo largo de su carrera. La prensa del corazón empezó a preocuparse más por su vida personal que por sus éxitos artísticos y eso fue contraproducente para su carrera. Mucho se habló entonces del hijo que tuvo, fruto sus relaciones con una mejicana, al que Camilo dedicaría su atención, hasta el punto de afirmar en 1986 que se retiraba de la canción para poderle dedicar todo el tiempo al pequeño. “De continuar estaría mintiéndome una vez más y ya no quiero más mentiras en mi vida”, afirmó entonces. La verdad es que sus últimos discos no habían tenido en España la repercusión deseada y esto también influyó en que el intérprete trasladara su residencia a Miami, sin que en España se tuvieran noticias de él, sólo circulaban rumores malintencionados que hacían conjeturas sobre su voluntario aislamiento.  Volveríamos a saber de sus andanzas en 1991 cuando regresó a su país para presentar un nuevo álbum, “A voluntad del cielo”, en el que se incluían como temas destacables “Amor mío ¿qué me has hecho?” y “Bienvenido amor”. Según afirmó el propio artista el motivo de su vuelta no era sólo divino, lo hacía también por su hijo que deseaba ver a su padre en activo. Su vástago apareció fotografiado con su famoso progenitor en la contraportada del siguiente álbum que editó el intérprete tres años después, “Héroes de amor”. Ni este ni el anterior L.P. sirvieron al cantante para reverdecer laureles. Sin embargo, poco después volvió a

Camilo Sesto en su última etapa como cantante

Camilo Sesto en su última etapa como cantante

l primer plano de la actualidad, pero no por razones artísticas sino por sus apariciones en programas de humor de dudoso gusto en los que él se prestaba a participar, aunque fuera ofreciendo una imagen algo patética, para escarnio de algunos irrespetuosos presentadores. Es lamentable que artistas que han vivido días de gloria sean utilizados cuando llegan a sus momentos más bajos para llenar programas de entretenimiento banal. Sin embargo, a él no parecía preocuparle el tema: “Sé que hay quien piensa que soy víctima de mi personaje, pero se equivocan…”. De todas formas, quien tuvo retuvo y es difícil ensombrecer del todo la carrera artística de alguien como Camilo que en sus mejores momentos arrastró un público numeroso y entusiasta. Prueba de ello es que a finales de los noventa muchos jóvenes aceptaron con placer -y como nuevos- temas como”Vivir así es morir de amor” que se escuchó mucho –incluso en las discotecas- a raíz de la publicación del antológico “Camilo superstar”. El cantante afirmó entonces con motivo de su retorno: “No vengo a salvar el planeta, que quede claro, pero sí a colaborar, dentro de los que esté en mi mano, para que haya más amor en el mundo”.

DISCOGRAFÍA

front-300x300“Algo de mí” (1972)

(Ariola)

Fue su primer L.P., no tuvo de entrada muy buena acogida pero cuando parecía destinado al olvido empezó a alzar el vuelo y en el verano de 1972 llegó al número uno de las listas de éxito. La canción que le dio título es el tema más representativo de la primera etapa del cantante alcoyano.

bso_jesucristo_superstar-frontal“Jesucristo Superstar” (1975)

(Ariola)

Esta adaptación española de la famosa ópera-rock no desmerece en nada a la original. La interpretación de Camilo Sesto convenció a un público adulto que de otra manera no se hubiera fijado en el intérprete. También participa Ángela Carrasco que estuvo muy bien en el papel de María Magdalena. El número más importante de los interpretados por Camilo es “Getsemaní”.

front-8-300x300“Sentimientos” (1978)

(Ariola)

Puede considerarse su último álbum de éxito. A destacar los temas “El amor de mi vida” y “Vivir así es morir de amor”. Este último es el tema de su repertorio que mejor ha resistido el paso del tiempo.

front-22-300x300“Camilo superstar” (1999)

(Ariola)

Esta recopilación, en la que encontramos lo más brillante del repertorio del artista, fue objeto de un importante lanzamiento que se saldó con unas ventas sorprendentes. Lo curioso es que su edición no contentó únicamente a las quinceañeras de antaño sino a un público juvenil de ambos sexos.

Otros discos:

Nota: No se incluyen recopilaciones.

“Sólo un hombre” (Ariola, 1972), “Algo más” (Ariola, 1973), “Camilo” (Ariola, 1974), “Amor libre” (Ariola, 1975), “Memorias” (Ariola, 1976), “Rasgos” (Ariola, 1977), “Entre amigos” (Ariola, 1977), “Horas de amor” (Ariola, 1979), “Amaneciendo” (Ariola, 1980), “Más y más” (Ariola, 1981), “Con ganas” (Ariola, 1982), “Camilo (en inglés)” (Ariola, 1983), “Amanecer 84” (Ariola, 1984), “Agenda de baile” (Ariola, 1986), “A voluntad del cielo” (Ariola, 1991), “Amor sin vértigo” (Ariola, 1994).

©Antonio Subirana