En la muerte de Lucho Gatica

Publicado el noviembre 13, 2018

La gran voz del bolero murió el 13 de noviembre de 2018 a la edad de 90 años. Le recordamos aquí con un perfil biográfico que publiqué en 1995 en una enciclopedia dedicada a las grandes voces del siglo XX

imagesLUCHO GATICA

Su nombre completo es Luis Enrique Gatica, nació en Rancagua (Chile) en 1928.

Su afición a cantar arranca en la niñez aunque también era un apasionado del fútbol  y su ilusión era jugar de interior-izquierda en algún equipo local.  También cursó estudios de mecánico dental, profesión que tenía y sigue teniendo muy buenas espectativas económicas. Sin embargo finalmente apostó por profesionalizarse en el mundo de la canción.

No era el único de la familia que tenía inquietudes artísticas, su hermano se dedicaba a la música folclórica y con él dio Lucho sus primeros pasos en la canción. El ídolo de los hermanos en aquel tiempo era Atahualpa Yupanqui al que pretendían emular, quizá por ello Lucho desde el asentamiento de su estilo de bolerista le rindió homenaje grabando una de sus piezas más celebradas, “Los ejes de mi carreta”.

Su primera gran oportunidad, en 1950, le llegó de la mano del añorado radiofonista chileno Raúl Matas que triunfaría a finales de los cincuenta en España con su programa “Discomanía” desde los estudios de Radio Madrid, pionero en los programas musicales para gente joven.

Durante una larga temporada Lucho cantó en directo en el programa que Matas tenía en una emisora chilena. Paulatinamente Gatica fue derivando su estilo folclórico hacia la canción romántica y más concretamente al bolero.

Lucho Gatica no tuvo nunca una gran voz, era corta y con un punto de afonía, al principio nadie daba un duro por ella, pero su estilo –para sus detractores excesivamente almibarado— le iba muy bien a un tipo de boleros en los que se especializó y creó escuela.

Se rodeó de un grupo de acompañantes fijos, con nombre propio, primero fueron Los Peregrinos y más tarde Roberto Inglez y  su orquesta.

Las primeras canciones de Lucho Gatica que llegaron a tener cierta popularidad fueron “Amor secreto” y “Sinceridad”.

El primer país donde Gatica gozó de un reconocimiento masivo no fue Chile sino Brasil y ahí permaneció hasta que en 1955 fijó su residencia y centro de operaciones en Méjico por ser el país más musical de Sudamérica y la puerta de todos los mercados latinoamericanos además de ser el mejor conectado, por proximidad geográfica, con Estados Unidos. La verdad es que Lucho fue el segundo intérprete — el primero fue Carlos Gardel— que tuvo el honor de cantar en el Carnegie Hall neoyorquino, escenario hasta el momento reservado a la ópera o a los grandes crooners.

En esta época es cuando nace el bolero más recordado de su repertorio, “El Reloj”. Este tema, que tiene la particularidad de quedarse para siempre en la15702197 memoria de quien lo escucha, había pasado desapercibido cuando poco antes de que lo interpretara Gatica lo grabara su autor, Roberto Cantoral, que llegó a ser presidente de la federación de autores mexicanos. A “El Reloj”  le siguió otro éxito del mismo autor, “La barca”.  A muchos este título no les dice nada hasta que oyen aquello de “Dicen que la distancia es el olvido…”. Aunque estos dos temas de Cantoral son los más emblemáticos de su repertorio, fue Agustín Lara el autor que más pobló su repertorio y al que Gatica dedicó un álbum monográfico en 1959 que tuvo mucha repercusión en Estados Unidos (“María Bonita”, “Palabras de mujer”, ”Solamente una vez”, “Noches de Veracruz”). Otro gran bolero que Gatica bordaba era aquel “Tú me acostumbraste”, de Frank Domínguez, del que se cuenta que fue escrito para otro hombre (“…yo no concebía como se quería en tu mundo raro…”) sin olvidar el que fue su primer gran éxito, “Contigo en la distancia”, de César Portillo de la Luz ; También ocupan un puesto de honor en su discografía el clásico “Bésame mucho” de Consuelo Velázquez, que cantaron hasta por los Beatles, e “Historia de un amor”, de Carlos Almarán, aunque es más conocida la versión de Los Panchos y de Libertad Lamarque.

En 1960 se casó con la cantante Mapita Cortés. A ese matrimonio le seguirían otros dos. De esos enlaces nacieron siete hijos, la penúltima nació en 1983 y es ahijada de Julio Iglesias quien ha tenido como colaborador en algunos de sus discos a otro de los hijos de Gatica, Humberto, que es un prestigioso ingeniero de sonido.

Después de vivir 33 años en Méjico decidió fijar su residencia en Los Angeles.

La primera vez que Lucho Gatica pisó nuestro país tuvo lugar a finales de los cincuenta y  fue recibido en loor de multitud, llegando a ser como el mismo se define “El Cordobés de los cantantes de boleros”. Se recuerdan también sus actuaciones en el Teatro Cómico, en 1959,en una revista musical donde Joaquín Gasa le contrató y fue presentado como atracción especial por la añorada actriz Mary Santpere. En aquel momento dijo que se retiraría al cabo de tres años y lo cierto es que la irrupción del beat lo arrinconó en la distancia pero no en el olvido.

En la primavera de 1990 visitó España después de doce años de ausencia con motivo de la edición en nuestro país de un doble álbum conteniendo sus grandesimages (1) éxitos. Durante varios meses estuvo promocionando el disco en varios programas de televisión, incluso le llegamos a ver formando pareja con Dyango,uno de sus ilustres sucesores, y realizando actuaciones por nuestra geografía después de presentarse en la sala madrileña, Florida Park , la misma que había sido testigo de su debut en 1959, ante un nutrido grupo de selectos invitados. Su voz ,debido en parte a una operación de garganta, ya no era la de otros tiempos y que le valió el sobrenombre de “La voz de humo”, nosotros sólo pudimos escuchar una voz más bien “ahumada”, aunque se le recibió con respeto y cariño, aplaudiéndole más por lo que había sido que por lo que era en ese momento. A pesar de todo, en el corazón de todos los que se enamoraron con sus canciones ,el poder evocador de su voz era el mismo de siempre y por eso su disco de éxitos fue un superventas y sus actuaciones un acontecimiento muy celebrado.

Lucho Gatica fue uno de los muchos cantantes que aprovechó el tirón de su popularidad para hacer cine. Rodó en total catorce películas de escaso interés si exceptuamos los pasajes musicales.

©Antonio Subirana

En la muerte de Montserrat Caballé

Publicado el octubre 09, 2018

El mundo de la música y de la cultura en general ha despedido a una de nuestras voces más internacionales

Toni Subirana recuerda el papel que tuvo su padre, el Doctor Manuel Subirana, en un momento crucial de la vida de la soprano

imagesCon Montserrat Caballé se va una gran figura de la música y con este motivo hemos podido ver en televisión algunos programas especiales con entrevistas en profundidad. He disfrutado escuchando sus anécdotas del mundo de la ópera, me ha impresionado su sabiduría en aspectos técnicos y me he identificado con muchas de sus ideas del arte en general. Si embargo, en el plano personal, he echado en falta alguna referencia aunque fuera de pasada, a mi padre, el Doctor Manuel Subirana, cuando se ha rememorado el delicado momento por el que pasó su salud a principios de 1985, no entraré en detalles porque no puedo hablar con propiedad de temas médicos pero, como mi padre también ha fallecido este año, me siento en el deber y en la necesidad de honrar su memoria y esto pasa, no ya por por recordar sus aciertos, sino por impedir que se silencien.

Mi padre era ya un neurólogo de prestigio, a pesar de su juventud, 47 años, y se encontró con la gran responsabilidad de frenar una operación propuesta por un equipo de acreditados médicos norteamericanos que implicaba un altísimo riesgo para el futuro profesional de la cantante: Operarse y no poder cantar o no operarse y poner en riesgo su vida. Ante tal disyuntiva, Montserrat Caballé quiso aplazar la decisión hasta que no la reconociera el Doctor Subirana, al que conocía de bastante tiempo atrás y le inspiraba una gran confianza. Y así fue, como por su expreso deseo, se puso en manos de mi padre, que se tomó el caso con gran implicación personal, hasta el punto de que acudió a recogerla al aeropuerto. Yo no estaba entonces (nuca lo estuve) al corriente de los casos de los pacientes de mi padre, pero el fin de semana atendíamos nosotros el teléfono, que era también el de la consulta, y cuando al preguntar “de parte de quién” oía a Montserrat Caballé decir su nombre…pues algo impresionaba, la verdad. Después de la exploración y de efectuar las pruebas pertinentes, mi padre apostó por descartar la intervención quirúrgica y optar por otro tratamiento con lo que tanto ella como su marido, Bernabé Martí, y  su hermano, Carlos Caballé, respiraron aliviados. La decisión fue acertada, prueba de ello es que gracias a este golpe de timón pudo seguir desarrollando su carrera, sumando triunfos a lo largo de una existencia que, afortunadamente, se ha revelado longeva.

Me consta que estaban agradecidos a mi padre, Carlos Caballé me recibió un tiempo después en su casa, yo buscaba un sello discográfico para grabar mis primeras canciones y me acordó una cita con un director artístico de una discográfica, aunque el contacto no fructificó. Años más tarde una revista de música clásica me encargó que le hiciera una entrevista, hice las gestiones y ella me llamó personalmente para decirme que lo sentía pero no me la podía conceder porque tenía ya apalabrada una con un periodista que escribía para esa misma publicación y no quería traicionarle. Lo entendí perfectamente y aplazamos la cita para otra ocasión que nunca se llegó a dar.

Como a muchos, me hubiera gustado que se instalara la capilla ardiente en el Liceo donde pude admirar su arte en varias ocasiones pero sus razones tendría la familia para optar por un marco menos teatral y más funcional. Descanse en paz Montserrat Caballé.

©Antonio Subirana

40 años sin Jacques Brel

Publicado el octubre 09, 2018

jacques-brel_1503828cHoy, 9 de octubre de 2018, se cumplen cuarenta años de la muerte de Jacques Brel. Me acuerdo perfectamente de aquel día, yo tenía trece años y me impresionó su desaparición porque Brel era para mí un viejo conocido. Yo creo que fue mi primer acercamiento a la canción de autor y, sin duda, a la canción francesa (luego vendrían Moustaki, Aznavour y Brassens). Debía tener seis o siete años y me familiaricé mucho con su repertorio que me llegué a aprender de memoria a fuerza de escucharlo en el asiento trasero del coche familiar en los viajes de fin de semana. 

 

Para conmemorar este aniversario recupero un breve perfil biográfico que incluí en un libro que escribí sobre las grandes voces de la música del siglo XX y que se publcó en Portugal en 1995.

 

JACQUES  BREL

IMG_20181009_173218_resized_20181009_053305108Nació en Bruselas el 8 de abril de 1929. Su familia era de clase acomodada, este es un detalle fundamental para entender una de las principales características de su obra: un sentimiento anti-burgués y una postura anti-acomodaticia. Nadie como él ha sido tan implacable con la burguesía; como parte de ella se aplicó en retratar  las bajezas y  la hipocresía para él inherentes a esa clase social. Pero más que la burguesía, le preocupaba el aburguesamiento ante el que hay que estar alerta porque de otro modo acaba devorando, con la edad, incluso al que ha sido más crítico con él, esto queda magníficamente sintetizado en Les bourgeois. Es por todo ello que, cuando podía haber seguido una vida sin complicaciones trabajando en el negocio familiar de cartones, decidió no sucumbir a tan alienante oficio y marchó a descubrir el mundo. Esta obsesión por saber lo que pasa más allá de las cuatro paredes del confortable hogar, por conocer nuevos paisajes, nuevos olores, nuevos sabores…vivencias nuevas en fin, es otra de las constantes que configuran el universo breliano, como si quisiera con ello exorcizar una vida infantil que se le antoja llena de vulgaridad. Hay que ganar tiempo al tiempo demostrar que él no es uno de Ces gens là (Esta  gente) .

El Brel rebelde que conocemos dio, no obstante, sus primeros pasos en el mundo artístico dentro de un movimiento juvenil cristiano, “Franche-Cordée”, donde aprendió los primeros acordes de guitarra, instrumento que solo le acompañaría en la primera etapa de su carrera.

En 1953 marchó a París, lejos del calor familiar –se había casado y ya tenía su primera hija— abandonándose a la suerte de su aventura musical.  En la capital Jacques Canetti lo recibió en su cabaret de Montmartre, “Trois Baudets”, donde actuaría periódicamente combinando ese local con  el de Patachou donde Brassens ya se había afianzado. Sin embargo Brel no fue aplaudido con tanta unanimidad y rapidez como su antecesor, ni como los otros de su generación: Ferré o Béart –dentro de un estilo próximo al suyo— o Montand y Bécaud, más “crooners”.

Al año siguiente publicó su primer disco que contenía La Foire y IL y a. Juliette Gréco fue la primera que le tomó en consideración interpretando un tema suyo, Le Diable (El diablo), y Cannetti le propuso grabar su primer L.P. para Phillips que, a pesar de contener algún título que se convertiría en clásico de su repertorio como Grand Jacques (C’est trop facile) o Il peut pleuvoir, en su aparición supuso un fracaso total. Sin embargo no cejó en su empeño y siguió actuando en los tres años siguientes en unas condiciones muy por debajo de lo que merecía.

El segundo disco de larga duración, Quand on n’a que l’amour (1957), es ya mejor recibido por el público e incluso obtiene el premio Charles Cros. Esto le empuja a grabar otro más al año siguiente donde destaca Au Printemps y que le prepara para dar el gran salto. En su cuarto disco encontramos la que para muchos es la más excelsa canción de desamor jamás escrita, Ne me quitte pas y La valse à mille temps que con su ritmo endiablado permite descubrir el talento interpretativo de su autor; Les Flamandes, una crítica despiadada que no fue bien recibida por los flamencos; o “Le moribond, un testamento que sorprende por su  vitalidad. Con ellas obtendrá grandes triunfos en sus presentaciones en las salas Alhambra y Bobino de París.

En 1961  llega al Olympia –hasta el momento sólo había actuado ahí de telonero— favorecido por curiosas circunstancias: el empresario Bruno Coquatrix, harto de que los seguidores enloquecidos de Johnny Hallyday le destrozaran a diario el local, pensó que Brel atraería un público más reposado. El caso es que Brel se convirtió a partir de entonces en una estrella indiscutible de la canción. Durante los próximos cinco años se multiplicarían sus  actuaciones por todo el mundo y publicaría varios discos,algunos como testimonio de sus actuaciones en el Olympia, otros con temas inéditos con su nueva discográfica, Barclay.  El homenaje al “País llano” -“que es el suyo”- (Le Plat pays); el tiempo que pasa inexorablemente (Les vieux); la amistad que se manifiesta en los momentos difíciles (Jef) ; el amor-amistad tras muchos años de convivencia (La chanson des vieux amants); el mundo marginal de las clases menos favorecidas (Amsterdam)… son sólo  ejemplos de su obra que abarca una amplia gama de sentimientos, encarando de frente los problemas, sin eufemismos ni concesiones a finales felices. Sus temas no dejan  frío al oyente, le inquietan –le incomodan incluso—y, a pesar de ello, los aplaude.

La interpretación en directo de Brel no dejaba lugar al respiro: cantaba de pie, absolutamente en tensión; empezaba los temas ya en un punto álgido, daba la impresión de que no podría mantenerlo a lo largo de la canción y  sin embargo lo superaba, alcanzando en cada tema un clímax absolutamente desbordado y controlado a la vez.  Resumiendo era lo que los franceses llaman una “bête de scène”.

Después de esos seis años sin respiro, en 1966, Brel decidió retirarse de la canción. Debemos conocer el concepto que tenía de lo que debe ser el trabajo de un artista para entender su determinación: Brel se vaciaba en cada actuación hasta acabar exhausto, no era amigo de las medias tintas. El miedo a no poder seguir al mismo nivel de entrega total le obligó a despedirse en el momento en  que creyó haber dado el máximo de sí mismo.

No obstante siguió haciendo discos de gran madurez y adaptó y protagonizó la versión francesa del “Hombre de La Mancha”, una comedia musical inspirada en el Quijote, personaje con el que llegó a identificarse. (“Soñar un imposible sueño…”) así reza el primer verso del tema principal de la obra, La Quête (“La búsqueda”).

Si sus dotes de actor se revelaban excepcionales puestas al servicio de sus canciones, traspasadas al cine no fueron tan bien valoradas. Entre 1967 y 1973 rodóIMG_20181009_173122_resized_20181009_053356218 ocho películas (Les risques du métier, La bande à Bonnot, Mon oncle Benjamin, Mont Dragon, Les assassins de l’ordre, L’aventure c’est l’aventure, Le bar de la fourche y L’emmerdeur). Siempre intentando ir más allá también probó suerte con la dirección (Franz y Far west), con resultados bastante discretos.

En su vida personal también era amante de los retos. En 1974 se embarcó en un velero con la intención de dar la vuelta al mundo. A mitad de viaje se manifestaron los primeros síntomas de la enfermedad que acabaría con su vida, cáncer de pulmón. Le operaron de urgencia y, después de unas semanas de convalecencia, decidió continuar el viaje desoyendo los consejos médicos. Tras barajar varios destinos  recaló en la Polinesia, en una de las islas Marquesas, Hiva-Oha, ahí pasaría sus últimos años. Sólo abandonaría, momentáneamente, su pacífico retiro en 1977. El motivo valía la pena: grabar en París el que sería su último disco, Brel. De esta obra, realizada en el mayor de los secretos, llegaron a venderse más de dos millones de copias en dos semanas, la gran parte de los derechos de autor los cedió a una fundación de lucha contra el cáncer y el resto a sus hijas y a la madre de estas, con la que siempre mantuvo unas estrechas y distantes relaciones (otra de sus rarezas). Temas como Orly, Le bon dieu o Voir un ami pleurer fueron su último legado; la portada del disco, una espectacular fotografía de unas nubes tormentosas, parecía anunciar el final del artista y del hombre.

Murió en París, el 9 de octubre de 1978. Sus restos reposan en las Marquesas donde “par manque de brise le temps s’inmobilise” (“Por falta de brisa el tiempo se inmoviliza”).

©Antonio Subirana

Adiós al maestro Aznavour

Publicado el octubre 01, 2018

Muy afectado por la muerte del gran maestro Charles Aznavour. Tuve la suerte de conocerle personalmente, de verle actuar en muchas ocasiones y de empaparme de su obra que tanta compañía me ha hecho y que tanto me ha enseñado. Empecé a escucharle siendo niño y con dieciséis años le vi actuar por primera vez. Creo que desde entonces no debe haber pasado un solo día sin que me acordara de él o canturreara alguna de sus canciones.

Tamaño web

 

En esta web le he dedicado algunas entradas  que ahora recuerdo a modo de homenaje:

Aznavour cumple 88 años

Con Aznavour en Montpellier

Con Aznavour en el centenario de Charles Trenet

Aznavour y Barcelona

Crónica de su primer concierto en el Liceo de Barcelona

Toni Subirana habla de Aznavour con Guillermina Motta en un programa de radio

Toni Subirana canta Aznavour. “Je m’voyais déjà”

Toni Subirana volvió a Ibiza

Publicado el septiembre 07, 2018

Emotividad y salitre presidieron el concierto que Toni Subirana ofreció en Sant Antoni de Portmany (Ibiza), el pasado 29 de julio en la acogedora plaza que se haya detrás de la iglesia, un espacio que el ayuntamiento se propone, acertadamente, impulsar con actividades culturales. Emotivo porque el cantautor regresaba a los parajes de su infancia y de gusto salado porque  configuró un repertorio en el que abundaron las canciones de inspiración marinera de su cosecha, como Des del llagut o El pedaló (coreada por el público) , aunque con algún guiño al catálogo ajeno como La Mer o Sapore di Sale. Con el único acompañamiento de su guitarra, el cantautor mantuvo durante dos horas la atención de un público muy afectuoso entre el que se encontraban algunas personas felizmente reencontradas.

Recorte de prensa del Diario de Ibiza del 27 de julio de 2018

Recorte de prensa del Diario de Ibiza del 27 de julio de 2018

IMG-20180730-WA0001IMG-20180730-WA0013

En la muerte de Aretha Franklin

Publicado el agosto 17, 2018

El 16 de agosto falleció Aretha Franklin. A modo de homenaje transcribo una breve biografía que escribí en 1995 para una colección dicográfica de grandes voces del siglo XX publicada en Portugal

web IMG_20180817_183622

ARETHA FRANKLIN 

 Ninguna otra voz femenina supo aprovechar de forma tan magistral todo el bagaje del gospel para ponerlo al servicio del soul. Dotada de una voz excepcional  y de gran expresividad hace honor al sobrenombre por el que se la conoce, “Lady Soul”.

 

Estaba cantado que sería cantante

Aretha Franklin nació en Memphis (Tennesee), el 25 de marzo de 1942, aunque su infancia transcurrió en Detroit.

Podemos decir que Aretha vino al mundo con un micrófono bajo el brazo. Empezó cantando con sus  cuatro hermanos –dos de ellas, Erma y Carolyn, también serían  artistas de soul—, en el coro de la iglesia donde oficiaba su padre, un conocido predicador  de la iglesia baptista que había grabado gran cantidad de discos –hablados y cantados— de signo religioso. La madre de Aretha abandonó el hogar familiar cuando esta era muy pequeña y poco tiempo después murió prematura y trágicamente. El reverendo Cecil L. Franklin se llevaba a sus hijas de gira en unos fatigosos viajes a bordo de la “Gospel Caravan”, Aretha ya tenía entonces el papel de solista. Sus antecedentes musicales no se limitan a su círculo familiar más directo, a destacar que Clara Ward –reputada cantante de gospel— era tía carnal suya y Mahalia Jackson  amiga de la família. Por cierto, cuando esta murió,en 1972, Aretha le dedicó en su entierro el emotivo “Precious Lord” con que Mahalia despidiera a su vez a Martin Luther King.

Realizó sus primeras grabaciones, de carácter estrictamente religioso, para un modesto sello de Detroit (J.V.P.).  Sam Cooke –que también se dejaba ver a menudo por casa del Reverendo– le invitó a  probar con la musica profana, aún a costa de no ser comprendida por los suyos. De Cooke grabaría más tarde uno de sus últimos éxitos, “A change is gonna come”.

 

Despegue desorientado

 A los dieciocho años su carrera empezó a despegar. Un reputado ejecutivo de la Columbia, John Hammond, oyó unas maquetas de Aretha que le había proporcionado el contrabajista Major Holley y quedó impresionado por su voz, la mejor  que había oído desde Billy Holiday, aseguró. Esta frase, pronunciada como un elogio, revelaba sin embargo lo desencaminado que andaba el directivo respecto al camino a seguir en la carrera de Aretha. Los primeros álbumes que grabó no tenían un sello muy determinado y discurrían en una amalgama de diversas influencias –principalmente de Dinah Washinton— y estilos: rhytm & blues y jazz prioritariamente, pero también standarts; a pesar de la falta de concreción, o quizá gracias a ella, se adivinaba un talento portentoso, no sólo como cantante sino también como pianista, faceta esta más desconocida del gran público. El primer single data de 1960 (“Today I sing the blues”)  y su primer álbum no vio la luz hasta 1964 (“Songs of faith”),no faltaron en esta etapa algunos temas que alcanzaron cierta repercusión como “Running out of fools”(1964).web IMG_20180817_183656

“Vuelo alto”

Sus excelentes dotes se pondrían definitivamente de manifiesto en 1967 cuando  su marido, Ted White, que se encargaba de llevarle los asuntos profesionales, sin unas directrices tempoco muy concretas, le consiguió un contrato con la discográfica Atlantic. Ahí supieron captar el valor potencial  de Aretha. “I never loved a man (The man I love you)” fue su espléndido álbum de debut, producido por Jerry Wexler.  Además de la canción que daba título a la obra había temas tan conseguidos como “Respect”, de Otis Reding, –número uno en Estados Unidos—, ”You make me feel like (A natural woman)”, de Carole King y “Baby I love you”.  1968 se abriría con el éxito de “Chain of fools” y al poco tiempo llegaría su tercer larga duración, “Lady Soul”, –apodo por el que  ya se le conocía popularmente— que le valió un premio Grammy ; en ese disco también aparecía la guitarra de Eric Clapton ejecutando un solo excelente en el tema “Good to me as I am to you”. Ese mismo año realizó su primera gira por Europa que quedó plasmada en su álbum “Aretha in Paris” –grabado en el Olympia—, y dos temas sque erían un auténtico bombazo, “Think” y  “I say little prayer”, su tema más popularizado en España.

Aterrizaje forzoso

 La década se cerró con dos discos más “Soul 69” y “This girl’s in love with you” en la que intentó descafeinar el soul con unos resultados poco halagüeños. Esta pequeña frustración profesional coincidió con otra de índole personal, la ruptura  de su matrimonio que la mantuvo apartada de la actualidad.

En los setenta intentó remontar su carrera con unos discos de indudable valor entre los que destaca “Aretha alive at The Filmore West” una nueva grabación en vivo.

En 1972, Aretha dió un salto retrospectivo a sus orígenes -el gospel-,con un disco doble grabado en vivo en una iglesia baptista de Los Ángeles y acompañada por el reverendo James Cleveland (“Amazing grace”). Ese mismo año ofreció un concierto memorable a dúo con Ray Charles y al año siguiente nueva colaboración especial, esta vez al lado de Stevie Wonder.

A lo largo de la década de los setenta su carrera se mantuvo sin demasiadas estridencias cultivando el campo del soul con álbumes brillantes -producidos por nombres tan importantes como Quincy Jones o Curtis Mayfield- pero que no lograron situarle en primera línea de la actualidad discográfica. Su último éxito de esta época fue “Until you come back to me ( That’s what I’m gonna do)”, de 1974.

Vuelo libre

Con su paso a la editora Arista, en 1980,su carrera se relanzó superando en éxito comercial a suweb brillante primera etapa. Sus nuevos álbumes (“Aretha” y “Love all the hurt away”) volvían a tener la autenticidad que se le requería con temas clásicos del soul como “I can’t turn you loose”, de Otis Reeding ; o “Hold on,I’m coming” de Sam & Dave pero también se aventuró por sendas más poperas con buenos resultados como “Freeway of love”,”Get it right” y “Who’s zoomin’ who”, a la aceptación general por parte del público más joven contribuyeron sus grabaciones a dúo con estrellas pop como George Benson (“Love all the hurt away”,en 1981) ; Annie Lennonx, de Eurythmics (“Sisters are doing it for themselves”,1985); Keith Richards (“Jumpin’ jack flash”,en 1986) ; George Michael (“I Knew you were waiting”,en 1987). Este último llegó al número uno de las listas de éxitos británicas y estadounidenses. Tal como hiciera en 1972 con “Amazing grace”, en 1987 volvió a sus orígenes en el gospel con el doble álbum “One lord,one faith,one baptism”

En el campo cinematográfico Aretha hizo una coyuntural incursión en 1980, con la película musical “Granujas a todo ritmo” ,en la que interpretaba la canción “Think”.

El reconocimiento del que goza Aretha Franklin en la actualidad es total, prueba de ello es el concierto que ofreció el 21 de junio de 1994 en la Casa Blanca ante el presidente Clinton y un selecto grupo de invitados.

©Antonio Subirana

 

Concierto en Ibiza con fuerte carga emotiva

Publicado el julio 23, 2018

Toni Subirana  actuará en Ibiza en el marco de la programación Nits amples que organiza el ayuntamiento de Sant Antoni de Portmany 

Domingo, 29 de julio, a las 21 h., en la plaza situada detrás de la iglesia

Cartell web

Sus anteriores actuaciones en la isla datan del año 2000 y 2001 cuando actuó en Sant Miquel y en Sant Antoni respectivamente. De la segunda el cantautor guarda un especial recuerdo pues se llevó a cabo en el auditorio al aire libre de Sa Punta d’es Molí, construido en el mismo lugar donde tantas tardes estivales de su infancia iba a pescar. Y es que Toni Subirana pasó muchos veranos en la casa de sus abuelos de Sant Antoni. Él mismo nos recuerda aquellos días felices de su niñez

 

Toni Subirana con es Cap Nonó al fondo.

Toni Subirana con es Cap Nonó al fondo

 Recuerdos con sabor a sal

Aunque los últimos treinta años de mi vida están ligados al Empordà y su Costa Brava, mi primer mar es el de Ibiza y es por ello que, con motivo de mi próxima actuación en la isla, quiero recordar aquí, aquellos días azules y aquel sol de mi infancia y adolescencia, por decirlo machadianamente.

A finales de los años cuarenta mis abuelos compraron un terreno en la bahía de San Antoni en el que edificarían una casa encantadora. Podían habérsela hecho en primera línea de mar pero mi abuela, de resultas de una tuberculosis, tenía un solo pulmón y se le desaconsejó un exceso de humedad. Este fue el motivo por el que decidieron mandar construirla un poco más retirada pero conservando las vistas a la bahía…Les durarían poco, con el boom del turismo dos filas de hoteles se antepusieron en su campo visual. La pasión por Ibiza era compartida por ambos, tanto es así que muchos fines de semana, antes de tener la casa de Cardedeu, se embarcaban en un avión el viernes para regresar a Barcelona el domingo por la noche, con todas las incomodidades que eso debía comportar y teniendo en cuenta que los vuelos de entonces no eran como los de ahora. En aquella casa de Ibiza pasamos veranos inolvidables, casi siempre durante el mes de julio. La casa era –y es, porque sigue en pie y sigue perteneciendo a la familia– mágica, la había diseñado Fontanals, un afamado decorador y escenógrafo teatral que había trabajado para muchas obras de Josep M. de Sagarra, autor al que, por cierto, dediqué un disco monográfico. El exterior tenía todos los componentes típicos de una casa ibicenca: fachada pulcramente encalada, persianas pintadas de verde, escalera exterior y un torreón que le daba nombre: S’Atalaia baixa. El interior estaba lleno de recovecos y hornacinas que la hacían muy entretenida. El jardín era bastante selvático con pinos y sabinas y un asador de pollos que en funcionamiento desprendía un aroma embriagador…y es que todos los olores en Ibiza se me a mí antojaban más intensos que en ningún otro lugar.

La casa de Ibiza, en 1956

La casa de Ibiza, en 1956

Con seis meses en Ibiza. En elsentido de las agujas del reloj: En la sillita a bordo del Juanito, detrás se ve a mi padre en la lancha. Con mi abuelo Toni, con mi abuelita Maruja y con mi madre (traje de baño blanco), mi tía Vicky y mi prima Gloria.

Con seis meses en Ibiza. En el sentido de las agujas del reloj: En la sillita a bordo del Juanito, detrás se ve a mi padre en la lancha. Con mi abuelo Toni, con mi abuelita Maruja y con mi madre (traje de baño blanco), mi tía Vicky y mi prima Gloria.

La llegada a Ibiza estaba llena de emoción, era algo especial, entrar en otra dimensión. Pero no todo era jauja, los abuelos marcaban unos horarios y un estilo de vida que había que seguir a rajatabla y al que te tenías que amoldar, una organización estricta que difícilmente aceptarían los niños y adolescentes de hoy en día. En el distribuidor de la primera planta, donde estaban los dormitorios, había una mesa con un cencerro que mi abuela hacía sonar cuando creía que era hora de levantarse. Desayunábamos todos juntos en la mesa del comedor unas deliciosas ensaimadas pasadas levemente por la tostadora y después nos preparábamos para salir en barca. El abuelo y la abuelita con sus albornoces y tocados con una gorra blanca y un turbante respectivamente abrían la comitiva. Los  nietos les seguíamos también con nuestro albornoces con la inicial bordada en el bolsillo y provistos cada uno de una cesta de paja con nuestros enseres personales que variaban según la edad. Mi madre se las ingeniaba así para tener organizada a su prole, con siete niños tenía que ser metódica para que la cosa no se le fuera de las manos. Juntos nos encaminábamos a lo que llamábamos “la playa de casa”,  la de Es Pouet –en los tiempos previos a la “normalització lingüística” era “Es Puet”, al menos así la denominaban en las postales que tanto abundaban en la era predigital— donde nos esperaba el marinero con la barca. No era propiamente un patrón sino un buen hombre que venía a echar una mano con las pequeñas embarcaciones. Yo vi pasar por ese puesto de trabajo a personajes variopintos: a José, cuyo oficio real era el de camarero y acabó montando un bar a pocos metros de casa en el que hacía unos sandwiches muy buenos; a Michael, un americano rubio y atlético que vestía invariablemente unos pantalones tejanos cortos y deshilachados. Lo que nos llamaba la atención era que no se los cambiaba ni para meterse en el agua. Al parecer era técnico en computadoras (¡hablamos de principios de los setenta!) y mi abuelo, que sospechaba que era prófugo de la guerra del Vietnam, aprovechaba para hacer prácticas de inglés con él; y Juan, Juan Mena, un saxofonista almeriense que tocaba en la sala de fiestas Sa Tanca y del que con el tiempo me hice muy amigo, llegando a tenerlo como colaborador en varios de mis discos…A menudo evocamos con emoción aquellos tiempos… Las barcas eran dos, un falucho que llevaba pintado en la proa el nombre de “Juanito”, supongo que el de su anterior propietario; y una lancha con motor fueraborda que bautizaron con el nombre de Adela, no sé si por mi bisabuela o por mi tía, aunque todos le llamábamos siempre “el fuerabordo”. Mi abuelo y mi padre sólo querían ir en esta última, una canoa con un motor Evinrude de sesenta caballos. A mi abuelo le gustaba gobernarla e insistía en que mi abuela le acompañara a lo que ella

En Cala Salada, con mis padres y tres de mis seis hermanos: Mónica, Dufi y Laura.

En Cala Salada, con mis padres y tres de mis seis hermanos: Mónica, Dufi y Laura.

accedía complaciente. Aún no comprendo cómo pasados ya los setenta años, los dos seguían yendo tan a gusto en la lancha rápida que daba unas sacudidas secas, dura prueba para unos riñones cansados. A mi abuelo no le gustaba la navegación sosegada, iba persiguiendo gaviotas con infantil alborozo –obsérvese que fue más cazador que pescador—, sin importarle lo más mínimo las olas, era muy intrépido para su edad. Con el Juanito solíamos ir a Cala Gració o a la pequeña playita de Cala Salada. En el trayecto a veces nos acercábamos a Punta Galera de la que una parte era propiedad del abuelo, eso nos impresionaba bastante, aunque no más que la particularidad de que estuviera llena de nudistas, los primeros que vimos, quizá por eso la abuelita no era muy partidaria de que amarráramos en la “cala del abuelo”. Sin embargo, mis hermanos y yo preferíamos ir a las playas “del otro lado”: Cala Bassa, Cala Conta, Cala Tarida…y preferiblemente en el “fuerabordo” porque nos permitía bañarnos en varias calas en el tiempo que el Juanito tardaba en llegar a una. El abuelo disfrutaba del baño y permanecía mucho rato sumergido en las cristalinas aguas con las que nos recomendaba que hiciéramos gárgaras, aseguraba que era una profilaxis perfecta para la garganta. A veces hacíamos el trayecto de vuelta esquiando, en eso mi padre era el mejor, se manejaba con gran destreza con el monoesquí.

La sesión de baño no se eternizaba como ocurre ahora porque a las tres en punto había que estar sentados en la mesa previo paso por la ducha o la manguera, esta segunda opción no agradaba a las chicas porque implicaba tener como espectadores a los ociosos camareros del hotel de enfrente. La verdad es que no nos importaba regresar pronto porque siempre nos esperaban menús exquisitos que, siguiendo las directrices de la abuela, preparaba la cocinera. Isabel se llamaban las dos que conocí y las dos eran andaluzas y muy cariñosas. No he vuelto a comer unas patatas fritas tan crujientes, unas empanadillas tan sabrosas (crestas les llamaban) y unos tomates rellenos tan jugosos…

Con quince años, en el jardín tocando la guitarra, solo y en compañía de mi hermana Mónica.

Con quince años, en el jardín tocando la guitarra, solo y en compañía de mi hermana Mónica.

Por la tarde nada de playa, lecturas y siestas interminables…más tarde comprendí que para los adultos no sólo eran

La casa de Sant Antoni en la actualidad

La casa de Sant Antoni en la actualidad

para dormir…De hecho tampoco para más de un adolescente que en ese tórrido remanso canicular perdió la inocencia, como decía en una canción mi admirado amigo Alberto Cortez…La otra alternativa era contemplar las evoluciones de las lagartijas entre las piedras de las paredes secas del jardín. Al anochecer nos acercábamos a las rocas con la caña a ver si picaba algún pez ignoto o nos acercábamos a la tienda de souvenirs a comprar un polo que degustábamos extasiados ante las puestas de sol, mucho antes de que el Café del Mar las rentabilizara. Algunas tardes salíamos de paseo por el pueblo. El bar Escandell era el punto de reunión, recuerdo también un puesto de crêpes muy buenas que hacía un andaluz muy salao y otro de  hamburguesas que servían con una ensalada muy sabrosa. Otros días mi padre nos subía al Cuatro Latas (el viejo Renault que usaban mis abuelos para sus desplazamientos en la isla) y nos llevaba a Ibiza ciudad. Ahí recorríamos las calles de Dalt Vila, mi padre visitaba alguna galería de arte y nosotros curioseábamos en las paraditas de los hippies que entonces aún eran de verdad. Tampoco faltaban las noches de fiesta en casa, el Doctor

Actuación en 2001 en el Auditori de Sa Punta d'es Molí

Actuación en 2001 en el Auditori de Sa Punta d’es Molí

Subirana tenía poder de convocatoria en la isla y a menudo organizaba encuentros con “gente imortante” y algún personaje excéntrico que se alargaban hasta la madrugada y en los que a veces me invitaron a sacar la guitarra. Las tardes del domingo íbamos a misa, a la pintoresca iglesia de Sant Antoni donde yo quedaba fascinado por el diestro y acompasado manejo del abanico de un ejército de viejecitas ataviadas con tupidos vestidos negros de los que asomaba una larga trenza…iguales que las que forman parte de la iconografía turística. Creo que en Ibiza es donde vi más distendido a mi padre…mi padre, que nos ha dejado este año…es por ello que regresar a los parajes donde  le vi tan contento tiene para mí un significado especial y el concierto, justo detrás de aquella iglesia, se reviste de una carga emotiva que intentaré transmitir al público que acuda a compartir mis canciones con sabor a sal.

Toni Subirana

El Diario La Prensa de Ibiza dedicó esta contraportada a Toni Subirana en 1990.

El Diario La Prensa de Ibiza dedicó esta contraportada a Toni Subirana en 1991.

Concert a Vallromanes

Publicado el julio 05, 2018

Si vols gaudir d’un concert acústic en la distància curta, aquest divendres, 6 de juliol, a les 21 h., Toni Subirana farà un recital a la terrassa del Casalde Vallromanes, repassant la seva llarga trajectòria amb el seu espectacle “30 anys de cançons”. 

 

Cartell freevendres-2018

Casal de Vallromanes

No deixeu passar aquesta oportunitat d’escoltar les velles i noves cançons, plenes de
tendresa i humor, d’aquest artista que a l’escenari es comporta com un chansonnier
que sap utilitzar la veu i el gest, donant a cada paraula la justa intensitat per interessar
i commoure al públic.

Toni Subirana al Litterarum

Publicado el junio 19, 2018

Toni Subirana va participar al Tast de cantautors del festival Litterarum de Móra d’Ebre

Amb una tria del seu repertori integrada per poemes musicats per ell mateix, el cantautor es va presentar, el 24 de maig passat, a una sessió d’aquest festival literari adreçada als programadors culturals. Després d’haver compartit una xerrada informal amb el títol “Cafè i companyia”, on els partcipants van oferir una pinzellada de la seva carrera i van exposar els seus projectes, l’acció es va traslladar al pati del castell de Móra d’Ebre on els cantautors convidats van oferir un tast del seu repertori poètic. Així van desfilar pel bucòlic escenari, sempre en format acústic, les veus de Meritxell Gené que acaba de publicar el seu llibre de poemes, Després dels esbarzers; el menorquí Guiem Soldevila i Ivette Nadal que va presentar un nou projecte acompanyada de Caïm Riba.

28542760878_5cf2eebd7f_k

Toni Subirana al Litterarum

Toni Subirana al Litterarum

41513547225_41400aea15_k

Toni Subirana va tancar la sessió amb poemes musicats de Maragall, La ginesta; de Sagarra, Fem un viatge sense cap raó; i una mostra de fragments de cançons del seu últim disc Toni Subirana canta la poesia del Nadal, totalment fora d’estació i  d’espai…però tot sigui per convèncer als programadors que van assistir a l’acte i que pels comentaris que vam rebre van trobar la jornada molt profitosa.

Web Litterarum

Toni Subirana amb Meritxell Gené, Ivette Nadal i Caïm Riba, units per la poesia i la música, després de la seva actuació.

Toni Subirana amb Meritxell Gené, Ivette Nadal i Caïm Riba, units per la poesia i la música, després de la seva actuació.

 

En la muerte de María Dolores Pradera

Publicado el mayo 30, 2018

El 29 de mayo de 2018 falleció la gran intérprete María Dolores Pradera. Tuve la suerte de conocerla, de mostrarle mi admiración y de confiarle que su Amarraditos lo llevaba siempre prendido en el ojal desde que lo escogiera para cantarlo en uno de los momentos más importantes de mi vida. A modo de homenaje transcribo aquí una pequeña biografía que publiqué hace unos años en una colección dedicada a los grandes intérpretes de la canción

SAM_0750               María Dolores Pradera,

                  señora de la canción

 Es la gran señora de la canción, lleva cinco décadas paseando por el mundo su repertorio, tan inmarchitable como esos jazmines  que nos invita a  prender del ojal cada vez que la escuchamos cantar el vetusto y entrañable Amarraditos.

Los años cincuenta representaron la revelación de María Dolores Pradera como cantante. Hasta mediados de esa década había desarrollado una interesante carrera como actriz -de teatro principalmente- pero la canción acabó por absorberle totalmente.

María Dolores Fernández Pradera -que así es su nombre completo- nació en Madrid el 29 de agosto de 1925 en el seno de una familia acomodada.

Desde muy pequeña sintió la vocación artística, en cuanto podía se disfrazaba de lo que fuera para interpretar papeles dramáticos en las celebraciones familiares.

Cuando era aún una adolescente su padre falleció y la familia tuvo que apretarse el cinturón. Nunca había destacado como una buena estudianteimages así que se decidió que la niña aprendiera un oficio que le pudiera deparar en el futuro un cierto desahogo económico. Así la joven María Dolores empezó a recibir clases de corte y confección al tiempo que estudiaba piano, instrumento que siempre favorecía a una chica de buenas maneras como era ella.

A pesar de sus inquietudes artísticas no encontró en las teclas bicolor su modo adecuado de expresión. Ella se sentía más actriz y empezó a frecuentar los estudios de cine donde poco a poco le fueron dando pequeños papeles hasta rodar una serie de películas que por su irrelevancia y por escaparse de nuestro terreno no nos detendremos a enumerar .

De esta etapa, en el plano personal, es destacable su matrimonio con el gran actor Fernando Fernán Gómez con quien  mantuvo una relación que duro diez años hasta que decidieron separarse amistosamente. Al respecto María Dolores Pradera ha afirmado en algunas ocasiones, con  mordaz sentido del humor, que se siente “viuda de vivo”. De esa unión nacieron dos hijos, Fernando y Elena, que le han colmado de satisfacciones.

Si en el cine no logró sobresalir, en el teatro realizó trabajos muy dignos, principalmente del repertorio clásico.

Durante sus años de infancia y de adolescencia tuvo la oportunidad de viajar en varias ocasiones a Sudamérica donde se familiarizó con la música folclórica de aquellos países, que sería la base de su repertorio como cantante, sin excluir un amplio muestrario que abarca formas musicales de todas las regiones de la Península. De esta forma, a través de su producción -como ella misma ha afirmado en alguna ocasión-, podemos cerciorarnos de las similitudes que existen entre la música que se hace y se escucha a un lado y otro del “charco”.

Su debut en el mundo de la canción se produjo en una sala de fiestas de Madrid llamada “Alazán” y el éxito obtenido superó las previsiones más optimistas. No obstante siguió compaginando su actividad de cantante con la de actriz, que no abandonaría definitivamente hasta 1967 año en que se despidió con unas soberbias representaciones  de Mariana Pineda, de García Lorca. Sólo regresaría una vez al teatro, fue en 1975 con la obra Cándida.

El éxito de la Pradera está asentado en unos pilares muy sólidos y todos primordiales:

Su presencia escénica ya marca la diferencia, a pesar de ser actriz -o quizá por ello- dosifica sus ademanes y nunca cae en la sobreactuación, su sobriedad en el vestir es vista por el público adulto como una señal inequívoca de elegancia. Sólo se permite algunos juegos escénicos, tales como la utilización de ponchos y otros aditamentos indumentarios, como una forma de ilustrar su repertorio en consonancia con la procedencia de la canción a interpretar.

descargaEsta sobriedad se extiende al campo de la interpretación y de la instrumentación. No es cantante de alardes vocales, es consciente de sus limitaciones vocales que compensa con una perfecta dicción, un saber decir y un gusto exquisito. El acompañamiento instrumental posee un sello inconfundible, conciso y brillante a la vez, que le han conferido los populares Gemelos que también han acompañado a Nati Mistral. Los Gemelos merecerían una mención especial aunque no hubieran sido acompañantes de la Pradera.  Formaban este dúo los hermanos López Hernández, Julián y Santiago, a la guitarra y al requinto respectivamente. Nunca se dedicaron totalmente a la música, ambos tenían otras ocupaciones laborales lo cual no contradice que fueran unos profesionales de primer orden en el campo de la música. Santiago falleció en 1993 dejando tras de sí una labor inmensa en el campo de la música para orquesta de pulso y púa. El segundo ha seguido acompañando a María Dolores al lado de Juan Delgado “Chava” que se ha esforzado en llenar el hueco dejado por Santi. Los Gemelos han sido durante años el único acompañamiento instrumental de María Dolores Pradera aunque en los últimos tiempos el grupo se ha visto reforzado con la incorporación de Pepe Ébano  a la percusión y de José María Panizo al contrabajo.

images (1)

El tercer pilar fundamental en la carrera de María Dolores Pradera es el repertorio.

Ella nos ha introducido en la música sudamericana con una rigurosa selección que, aunque obedece a su exquisita sensibilidad, no se haya exenta de valor didáctico. Gracias a su labor nos han llegado las composiciones de Chabuca Granda. De todas, la más celebrada ha sido La flor de la canela, sin lugar a dudas la canción  más representativa de María Dolores Pradera, presente siempre en todos sus recitales.

Su amplísimo repertorio se haya repartido en más de treinta discos de larga duración algunos de ellos grabados en vivo, destaquemos sólo algunosimages (2) títulos: Fina estampa, también de Chabuca Granda; Amanecí en tus brazos,de José Alfredo Jiménez; Guitarras, lloren guitarras, de Cuco Sánchez; Caballo prieto azabache, Caballo viejo, La hija de Don Juan Alba, Negra María, Volver, volver, Que te vaya bonito,  El tiempo que te quede libre, El rosario de mi madre… De entre todas las canciones que ha interpretado la que más simpatías populares se ha granjeado es Amarraditos. Los  versos redondos de esta pieza, sintetizan a la perfección el espíritu que preside la audición de un disco o de un recital de María Dolores Pradera.  “…No se estila, ya sé que no se estila / que te pongas para cenar /jazmines en el ojal /…Desde luego parece un juego / pero no hay nada mejor / que ser un señor de aquellos / que vieron mis abuelos”.

En los últimos tiempos ha adoptado obras de cantautores contemporáneos como es el caso del escritor Manuel Vázquez Montalbán que en colaboración con el músico mallorquín Antoni Parrera Fons le compusieron el tema Tú tenías veinte años. También incorporó a su repertorio algunas canciones de Carlos Cano como Las habaneras de Cádiz -cuya letra surgió de la pluma de Antonio Burgos- y  María la portuguesa. El último disco hasta la fecha data de 1994 y  bajo el título de Toda una vida recoge lo más granado de su repertorio con el interés añadido de las voces de Josep Carreras, Alberto Cortez y Los Sabandeños, con los que canta a dúo algunos temas.

 ©Antonio Subirana